Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2015 (III)

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Cuando uno tiene por delante toda una semana repleta de películas muy interesantes por ver, necesariamente se ha de hacer selección y renunciar a algunas. La norma más lógica es renunciar a las más fáciles de visionar fuera del festival, pero aun así servidor no puede resistir la tentación de saltarse esa regla acudiendo por ejemplo a la proyección de un film tan fácil de conseguir como La Máscara del Zorro (1920) o, el año pasado, El Tesoro de Arne (1919). ¿Por qué? En primer lugar porque en Pordenone la música en vivo que acompaña a las películas suele ser muy buena, que ya es más de lo que podemos decir de algunas ediciones en DVD que circulan por ahí. Y en segundo lugar, en el caso de la película de Stiller, por la experiencia de verla en pantalla grande (aún recuerdo lo mucho que me impresionó), y en el de Fairbanks por ser el tipo de película que se agradece ver rodeado de más gente que comparte el mismo entusiasmo. Quizá este Doctor debería emplear esa hora y media en reposar un poco de tanta película y tomar el aire pero, ¿cómo resistirse a la tentación?

6 de octubre

Realmente es muy curioso el programa con el que se nos ofreció empezar el martes en Pordenone: una selección de cortos bajo el título de «Girls will be boys» que tratan de alguna forma sobre la mezcla de géneros y sus roles. The Baby and the Stork (1912) es un Griffith menor pero bien acabado sobre un niño (interpretado en realidad por una niña) que está celoso de su hermano recién nacido y se lo devuelve a la cigüeña del zoo. Paralelamente, al notar que el bebé ha desaparecido, el padre pide ayuda a la policía y detienen a un carbonero italoamericano que se pasea con su hijo en brazos (y que presumiblemente debía de ser el culpable al ser un humilde inmigrante).

The Darling of the C.S.A (1912) es un corto ambientado en la Guerra de Secesión con un muy buen papel de Anna Q. Nilsson como espía que se disfraza de hombre (según parece no es una invención, hubo unas cuantas espías femeninas durante esa guerra), mientras que Making a Man of Her (1912) es una comedia de una muchacha que se hace pasar por un hombre para conseguir un trabajo de cocinera en el rancho. Aquí se explotan los tópicos vinculados a los roles de cada género e inevitablemente hemos de asumir que los hombres son rudos y peleones mientras que las mujeres lloran (¡y se desmayan al cortarse un dedo!). Asimismo, ella acaba consiguiendo un final feliz no demostrando su valía sino casándose con un vaquero, ¡cómo no!

darling of the CSA

Posteriormente vinieron dos comedias. La primera es un Keystone, Dollars and Sense (1916) con Ora Carew interpretando un doble papel como la hija de un granjero y su travieso hermano gemelo. Aunque a nosotros nos resulta obvio que es una mujer, ella está realmente bien en los dos papeles, y además al final debe hacer un doble juego cuando el hermano se disfraza de la hermana (es decir, Carew debe interpretar a un muchacho que se hace pasar por una chica). Lo mejor es una escena onírica en que el padre hace salchichas del perro de la familia metiéndolo en una pianola y el típico desenlace alocado con Keystone Kops y un oso (o, mejor aún, un tipo disfrazado de oso). La segunda es What’s the World Coming to? (1926) del estudio Hal Roach, ambientada en un futuro en que los roles se confunden y los hombres se comportan como mujeres y viceversa. El guión está coescrito por Stan Laurel y podemos ver al eterno secundario de Laurel y Hardy, James Finlayson, en un buen papel secundario. A destacar un divertidísimo Clyde Cook como protagonista.

Le siguió un documental que no pude ver pero que no puedo dejar de mencionar por la situación que denuncia: Cinema: a Public Affair (2015) de Tatiana Bandrup, sobre la precaria situación de la Filmoteca de Moscú. Les invito a echar un vistazo por internet si les interesa el tema.

La siguiente sesión fueron una serie de cortometrajes primitivos coloreados a mano, que incluían imágenes de ropa de moda, una visita a un zoo, un corto de Segundo de Chomón e imágenes de actualidad. Destaco tres: uno llamado Three American Beauties (1906), en el cual las bellezas del título son una rosa, una mujer y… ¡la bandera americana!; The Princess and the Frog (1906) – un día te graban disfrazado de rana haciendo contorsionismo y, cien años después, resulta que docenas de cinéfilos, historiadores y expertos están en una sala visionando tus proezas; la vida es así de imprevisible… – y otro llamado Flowering (1905) de una belleza abstracta realmente cautivadora, tanto por los planos tan detallados de la flor en crecimiento como por los colores utilizados. Finalmente, vimos un corto actual iraní hecho en stop motion, The Junk Girl (2015) de Mohammad Zare, del que me gustó la estética escogida para las figuras pero me decepcionó un poco su desarrollo.

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Le siguió una sesión de cortos de cine de los orígenes extraída de la Colección Sagarmínaga. La selección empezó muy floja, con filmaciones más bien poco edificantes como desfiles del ejército y de la realeza o corridas de toros. Afortunadamente, la cosa empezó a animarse con piezas más interesantes centradas en momentos de ocio populares (hay una carrera muy divertida por un parque) y luego, finalmente, cortos de magia y algunos de Méliès.

Más arriba ya expliqué el motivo por el cual me quedé a ver La Máscara del Zorro (1920) de Fred Niblo en la sala, y no exageraba: un film de Douglas Fairbanks se disfruta aún más en ese ambiente (como sucedió el año pasado con El Pirata Negro, el público aplaudió en el momento en que el Zorro conseguía finalmente a la chica y al acabar la película hubo hasta algunas ovaciones… Fairbanks tiene algo que saca nuestra faceta más entusiasta). Personalmente prefiero sus películas menos épicas y de menor duración. Creo que su estilo tan vitalista se agradece más si se concentra en menos de hora y cuarto sin esa voluntad de darle una factura de «gran obra», pero eso no quita que su adaptación del Zorro sea puro entretenimiento.

Doug está magnífico en ese doble papel de Diego y El Zorro, me gusta mucho cómo contrasta la agilidad y ligereza del Zorro con los movimientos pesados y apáticos de Don Diego. Un detalle interesante: en la posterior Robin de los Bosques (1922), Fairbanks explotaba la idea de Robin como un valeroso aventurero que a cambio era tímido y torpe en los asuntos amorosos. Aquí hay algo parecido: en el primer encuentro con la chica, Don Diego se muestra áspero y poco atento, pero ipso facto vuelve a verla caracterizado como el Zorro para seducirla con un torrente de bonitas palabras románticas. Es como si esa pasión que se ha reprimido en su encuentro como Don Diego necesitara canalizarla al instante a través de la figura del Zorro, su otro yo.

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La sesión nocturna fue bastante variada. Comenzamos con dos cortometrajes recientemente restaurados respetando sus tintados originales: Petite Rosse (1909), una de las primeras películas de Max Linder donde la chica de armas tomar a la que quiere conquistar incluso amenaza con quitarle protagonismo, y Un Drame de Mer (1905), sobre un incendio y rescate en un barco. Le siguió un mediometraje de la sección de comedias soviéticas, Wake Up Lenochka (Razbudite Lenochku, 1934) de Antonina Kudriavtseva, sobre una niña – interpretada por una actriz adulta de forma bastante eficiente – que no logra despertarse por las mañanas y siempre llega tarde a clase. La primera parte en que vemos en paralelo sus sueños con indios y vaqueros mientras su hermano intenta despertarla es la mejor de todas. Al igual que el film que vimos de Fairbanks días atrás, usa el ralentizado para darle un toque irreal al sueño y ese toque surrealista cómico es muy divertido. Luego se convierte en un film más convencional, simpático y con algunos momentos especialmente logrados, pero no hay que olvidar que en realidad era una película infantil y que, una vez más, en su primer montaje era mucho más cómica y menos didáctica. Los censores soviéticos siempre estropeándonos la diversión…

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Pero el gran ganador del día nos llegó con la sección Victor Fleming, del que hasta ahora solo habíamos visto sus dos colaboraciones con Douglas Fairbanks. Por si no lo sabían, Fleming es el tipo de director olvidado por los seguidores de las teorías de autores, ya que no tiene un estilo tan marcado, pero a cambio era el profesional prototípico que tanto gustaba en Hollywood: sabía enfrentarse a muchos géneros y siempre les daba a sus films mucho dinamismo. Mantrap (1926) es una prueba de ello: una divertida comedia para lucimiento de Clara Bow (según ella, es su mejor película de su etapa muda) y con un reparto muy bien aprovechado: Ernest Torrence (lo recordarán por ser el padre de Buster Keaton en El Héroe del Río), Percy Marmont y Eugene Pallette.

Ya los primeros planos de la película y la forma como están montados delatan la agilidad del tipo que está tras la cámara, presentando la situación y los personajes a partir de una suma de planos detalle (la chica que quiere divorciarse y coquetea con el abogado) y de unos rótulos muy divertidos. También me dejaron muy buena impresión las elipsis (la boda de Alverna y Joe se omite por completo, causando un mejor efecto) y algunos planos en el lago donde sucede la mayor parte de la acción. Como broche final, en Mantrap quien tiene siempre la sartén por el mango es Alverna, la flapper que no puede evitar coquetear y que abandona a los dos hombres que la quieren mientras discuten qué hacer con ella, dejándolos a su suerte en mitad del bosque. Al final se supone que ella volverá a ser una esposa fiel, pero sabemos que no es así y que la pareja estará condenada siempre a pelearse y reconciliarse. Todo un precedente de las screwball comedies de los años 30 con muchos de sus ingredientes característicos.

MANTRAP_02 rodajeSeñor Fleming, no hace falta que utilice el megáfono, tiene a Clara Bow justo al lado.

El día acabó no obstante de forma un tanto decepcionante con la primera parte del serial mexicano El Automóvil Gris (1919) de Enrique Rosas. El argumento sobre una peligrosa banda de delincuentes me parecía realmente prometedor, pero es uno de esos casos de películas totalmente echadas a perder por el terrible uso de los rótulos. No solo porque el film abuse de ellos hasta la extenuación, sino porque lo hace de forma innecesaria y empleando un lenguaje demasiado literario y rebuscado que le resta naturalidad a la película y le da un aire casi impostado. Al final acabo casi sospechando que las imágenes son complemento de los rótulos y no viceversa.

A cambio, El Automóvil Gris ostenta el honor de ser la película más mítica del cine mudo mexicano (y quizá eso hizo que elevara demasiado mis expectativas) y tiene un enorme interés por las circunstancias en que se filmó: el argumento está basado en una banda de criminales real que seguía en activo mientras el serial estaba aún realizándose, haciendo curiosas conexiones entre ficción y realidad (hay imágenes auténticas al final de la serie e incluso algunos implicados como el jefe de policía se interpretan a sí mismos). Su gran baza a favor es ese estilo tan crudo amparado en hechos reales y un contexto especialmente conflictivo. Difícilmente veremos en un serial de Louis Feuillade cómo disparan a un niño, pero aquí este tipo de actos crueles nos parecen totalmente verosímiles.

automovil gris

  • Joya a descubrir: Mantrap (1926) de Victor Fleming.
  • Detalle curioso a destacar: la cigüeña en stop motion trayendo un mini Clyde Cook en What’s the World Coming to? En ese momento el propio film debió de ser consciente de que no podía superar eso y optó por pasar al «The End».
  • Momento favorito del público: aparte del momento ya comentado en que Fairbanks por fin se abraza a la chica, en los hilarantes primeros minutos de Mantrap se escucharon algunas de las mayores carcajadas del festival.
  • Mi momento favorito: la belleza casi abstracta de Flowering (1905) y las escenas que comparten juntos Clara Bow y Ernest Torrance en el film de Fleming.

7 de octubre

Iniciamos el miércoles con el ciclo de inicios del western, en esta ocasión una recopilación de cortometrajes que versan sobre nativos americanos, un tema que parecía atraer mucho al público americano en los años 10. El primero de todos, Her Indian Mother (1910), curiosamente los retrata con una gran dignidad: un hombre blanco se casa con una india (bueno, en realidad la compra a su padre) y tiene una hija con ella, luego las abandona y madre e hija vuelven a la tribu. Años después, estando la madre ya muerta, el hombre blanco reconoce a su hija y acude al poblado a comprársela a su abuelo (quien indudablemente ha debido de ganar el premio al padre y abuelo del año). Pero los vínculos de la joven con su gente son demasiado fuertes, y el film se acaba cerrando sin dramatismos, más bien como una historia moral. The Cheyenne’s Bride (1911) también hace un retrato digno de esta cultura a través de una historia de amor entre dos tribus rivales, pero en este caso es normal ya que la dirige un nativo americano, James Young Deer.

cheyenne's bride

Más conflictivo es Curse of the Redman (1911), desolador retrato de un indio que ha conseguido una educación universitaria pero es estigmatizado en su tribu hasta acabar de bruces en el alcoholismo. En su momento fue bastante polémico, y no me extraña, ya que no hay ningún personaje positivo en que apoyarse y el protagonista acaba sin redención. Por otro lado, The Blackfoot Halfbreed (1911) nos cuenta cómo la hija de un militar blanco y una madre nativoamericana vuelve después de sus estudios a ver a su padre, y éste la obliga a pasar un tiempo con la tribu de su madre. Se produce el inevitable choque de civilizaciones y la joven vuelve espantada con los blancos. Aun así, el padre la obliga a volver a la tribu otra temporada para evitar roces con ellos (otro candidato a padre del año) y todo acaba en el inevitable enfrentamiento entre bandos.

Finalmente, The Vanishing Race (1911) vuelve al tema de los fallidos matrimonios entre blancos e indios con menos gracia que los ejemplos anteriores, y el más que notable The Post Telegrapher (1912) de Thomas Ince se deja de tonterías y va ni más ni menos que de batallas entre indios y el ejército americano. Como sabemos, ésta es la línea que preferirá seguir el western.

curse of the redman

Seguidamente el Doctor acudió a la sala Cinemazero, donde ahora también proyectan algunos films, a ver una de las pocas obras escandinavas de esta edición: la sueca A Sister of Six (Flickorna Gyurkovics, 1926) de Ragnar Hyltén-Cavallius, protagonizada por la británica Betty Balfour. Es una comedia romántica de enredos bastante divertida que incluye cambios de identidad, travestismo y burlas a la alta sociedad; en definitiva: una prometedora combinación. Le achaco que es demasiado larga (102 minutos) y que la última media hora a mí se me hizo un poco de más, pero nada grave.

La siguiente sesión tenía por objeto reivindicar una de esas figuras pioneras del cine virtualmente desconocidas para muchos. ¿Les suena Leopoldo Fregoli? Bien, a mí tampoco hasta hace unos días y es una persona muy interesante a la que difícilmente se puede hacer justicia en dos párrafos, pero lo intentaremos.

Flickorna Gyurkovics (1926) Filmografinr 1926/17

El señor Fregoli era un mago que se hizo un nombre a finales del siglo XIX por sus increíbles números de transformismo, en que podía llegar a interpretar hasta 60 personajes diferentes en un mismo show. En su momento de mayor apogeo, Fregoli conoció a los Lumière y se interesó por el cine como una forma de ampliar su número. De esta forma planteó un espectáculo dividido en tres partes, de las cuales una estaba dedicada a la proyección de estos cortos. La mayoría de ellos datan de 1899 y 1900, y es por ello que se le considera uno de los principales introductores del cine en Italia.

La sesión de Pordenone, presentada por el mago Arturo Brachetti, consistió en la proyección de 20 minutos que se han encontrado de filmaciones suyas, algunas seguramente para simple uso doméstico. Son cortometrajes de alrededor de un minuto basados a menudo en un gag o, en alguna ocasión, en exhibir ante la cámara sus dotes como transformista. Me sorprendió mucho uno de una barbería que incluye un pequeño trucaje al hacer aparecer el pelo del cliente (¡estamos hablando de 1900!), y por otro lado, se cree que algunas de estas filmaciones estaban pensadas para ser unidas entre sí, una especie de pre-montaje en una época en que no existía ese concepto. Realmente, un descubrimiento interesantísimo.

FREGOLI_02gFregoli es el personaje travestido de la izquierda.

Pero pasemos ya al gran acontecimiento del día y uno de los grandes puntos fuertes de todo el festival: la proyección de Los Miserables (1925) de Henri Fescourt. Ni más ni menos que seis horas, lo cual impone ya de entrada aunque hubiera pausas entre los cuatro grandes bloques en que se divide el film. Situándonos un poco en contexto, es una de esas adaptaciones de prestigio que se plantearon en la industria cinematográfica francesa de la época, los conocidos como cinéromans. Es decir, películas de calidad basadas en grandes clásicos de la literatura y que pudieron apelar al gusto del gran público. Este tipo de obras en principio lo tienen todo para salir ganando (amplios presupuestos; actores, técnicos y cineastas de primer nivel; guiones basados en novelas reconocidas, etc.), pero aun así el resultado final no siempre está a la altura de sus altas expectativas, y a veces acaban siendo películas demasiado «academicistas». Esa es la impresión que me da uno de los ejemplos por excelencia de esta tendencia, El Milagro de los Lobos (1924) de Raymond Bernard – quien, curiosamente, unos años después haría una muy buena adaptación de Los Miserables, ya comentada por mi ilustre colega, el Doctor Mabuse.

Todo esto viene a cuento de que si Los Miserables de Fescourt me parece una maravilla no es porque me haya dejado deslumbrar por todos esos recursos que buscan crear una película de prestigio. A veces reconozco la calidad de todos los ingredientes utilizados pero no veo una película excepcional. En otros casos, como el que nos ocupa ahora, todo funciona a la perfección. Sí, esta versión de Los Miserables emplea todos los recursos a su alcance para que la película sobresalga en todos los apartados: el reparto es inmejorable (sobre todo los actores que encarnan sus dos principales personajes: Gabriel Gabrio como Jean Valjean y Jean Toulout como Javert), la realización es impecable, el diseño de producción es increíble y la composición de algunas escenas es tan pictórica que apabulla. Todo está planificado para hacer una gran película de la gran novela de la literatura francesa, y funciona sin parecer impostada, porque Fescourt la adapta de forma puramente cinematográfica.

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Uno de los detalles que más me gustan de la película es que efectivamente fluye con naturalidad, sin dar la sensación de estar viendo una recopilación de grandes momentos del libro. Fescourt se toma su tiempo y en los momentos cruciales (por ejemplo, cuando Fantine decide prostituirse) se detiene a observar a los personajes y sus dudas. Pero al mismo tiempo, y este es uno de sus argumentos más poderosos a favor, en sus seis horas no aburre. El ritmo es perfecto: no es precipitado como en algunas adaptaciones que parecen darse prisa por llegar a todos los puntos fundamentales del libro sin excederse en duración, pero tampoco se hace lenta ni tiene un ritmo desigual. Y conseguir eso con seis horas es mucho (un apunte: el montaje original era de ocho, pero se da por perdido).

La proyección de esta monumental obra, una de las primeras que se anunció del festival y a las que más bombo se ha dado, fue inolvidable. Al llegar a su fin, se produjo una de las mayores ovaciones que he oído en Pordenone, que iba tanto por el film como por Neil Brand, pianista encargado de la maratoniana labor de poner música a todo el metraje que subió visiblemente emocionado al escenario a dar las gracias. Sin duda, fue una noche inolvidable.

Una película sobresaliente en todos los aspectos: impecable como adaptación, pero al mismo tiempo intensamente emotiva (no se extrañen si acaban llorando en el desenlace por mucho que lo conozcan). De momento, el gran descubrimiento de esta edición.

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  • Joya a descubrir: ¿a que no lo adivinan?
  • Detalle curioso a destacar: la referencia abierta a la cocaína en A Sister of Six (en el último post del festival daré más detalles).
  • Momento favorito del público: hubo algunas risas inevitables en la escena de Los Miserables en que se mostraba el cadáver del padre de Marius y era claramente visible que estaba respirando. Curioso que un error tan fácil de detectar pasara por alto en un film tan cuidado. Por supuesto, en otro sentido, no puedo dejar de mencionar la enorme ovación final después de esta proyección tan intensa.
  • Mi momento favorito: me es difícil destacar uno de Los Miserables, pero diría el estremecedor primer plano de Javert cuando al final de la película se replantea su sistema de creencias.

Enlaces al resto de las crónicas del Doctor Caligari en Pordenone:

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4 comentarios en “Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2015 (III)

  1. Me ha entusiasmado leer este siguiente informe, pero especialmente lo referido al día de Los Miserables. Tuvo que ser una experiencia única. Una película maravillosa, en un ambiente como ese, en pantalla grande, con pianista, emociones y admiraciones… sin duda, ¡qué memorable! ¡Qué rabia estar tan lejos de Pordenone!

    • Compartiendo opiniones con otra gente, en general tenemos todos la sensación de que fue una noche muy especial de ésas que no se olvidan (el estreno anoche del corto de Laurel y Hardy también lo fue en otro sentido, este fin de semana daré detalles).
      Por otro lado, pregunté a las restauradoras del film si iban a sacarlo en DVD y me dijeron que hay la intención… lo que no se sabe es cuándo. Por tanto casi seguro que esta maravilla acabará estando al alcance de todos.

  2. La crónica me ha impresionado. Merece una atención el cartel publicitario de la Giornatte de este año con el tema de «The Phantom of the Opera», muy policromático. El corto ‘flowering’ es otro momento del que me gustaría disfrutar. El que sí he visionado ha sido ‘Three American Beauties’, de rebosado patriotismo. Y qué decir de ‘Los miserables’, con seis horas de metraje…¡Privilegiados los allí presentes!

    Un saludo de Silveria.

    • El cartel es muy llamativo, yo me pensaba que sería más austero como el de Chaplin del año pasado y es como dices muy colorido. Parece ser que está basado en una fotografía publicitaria de la época.
      Como dije arriba, es probable que acaben sacando Los miserables en DVD, ¡recemos para que así sea!
      Un saludo.

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