Frankenstein (1910) de J. Searle Dawley

Durante décadas se consideró como desaparecida la primera versión cinematográfica del Frankenstein de Mary Shelley, hasta que se supo que un coleccionista privado poseía una copia que desconocía que fuera la única en el mundo. A partir de aquí el film pudo ver por fin la luz en los años 90 y se comercializó en DVD, hasta el día de hoy en que ha pasado a ser de dominio público (por ello, pueden descargarlo legalmente en el siguiente link, aunque a no muy buena calidad).

Esta primera adaptación fue producida por la compañía de Edison y resulta muy curiosa por dos motivos: por ser la única adaptación que no ha estado influenciada por la conocidísima versión de 1931 de James Whale protagonizada por Boris Karloff, y por su afán de huir del género de terror. En efecto, este Frankenstein elude claramente los elementos de horror del relato original, seguramente por temor a que el público de la época no estuviera preparado para un film tan terrorífico. Eso quiere decir que en sus doce minutos de duración no muere ningún personaje y la violencia es mínima. Incluso el monstruo no se compone a partir de partes de cadáveres, sino de una combinación de pócimas químicas ideada por el Doctor Frankenstein.

Desprovisto de estos elementos, el Frankenstein que nos ocupa viene a ser más un film moral sobre la figura del doble que una obra de terror. El repugnante monstruo representa la parte más primitiva y maléfica del Doctor Frankenstein que se interpone además en su vida normal (su relación con su prometida). Dado que la película se filmó en una época en que el cine todavía no estaba acostumbrado a desarrollar ideas tan profundas, no es nada desdeñable la forma como trata ésta.

A cambio, la realización es claramente hija de su tiempo, basada en planos generales estáticos y con un Doctor Frankenstein gesticulando exageradamente y desmayándose ¡dos veces! después de ver el monstruo. Algunos signos de que se trata de una obra aún algo primitiva son por ejemplo el uso de rótulos explicativos antes de que se desarrolle la acción (se nos dice que el Doctor ha creado un monstruo antes de que se visualicen esos hechos), o la excesiva duración de la escena en que el monstruo cobra vida (muy conseguida a nivel técnico, quemando un muñeco y proyectándolo al revés, de forma que parece que nazca a partir de ese fuego… pero dedicar dos minutos a mostrarlo es excesivo, y más cuando el film dura doce).  No obstante son detalles que no hay que ver como negativos sino como signos de su tiempo.

A cambio el personaje del monstruo está magníficamente recreado y la película contiene alguna escena muy bien planteada, como la del espejo. Ese momento, que se puede ver por el minuto siete, es el más llamativo del film a nivel de puesta en escena por ser el más ingenioso de todos. El Doctor está sentado en una butaca y repentinamente el reflejo del espejo nos muestra la llegada del monstruo. Este espejo en realidad nos está devolviendo el contraplano, pero como por entonces no existía el montaje de plano-contraplano, el reflejo de la imagen cumple esa función para crear suspense. Mejor aún es la escena final en que el monstruo huye y desaparece tras reflejarse en el espejo. Seguidamente llega el Doctor Frankenstein y por un momento se ve reflejado como el monstruo. Es el instante en que más se incide en la idea del doble y que apuesta más firmemente por lo sobrenatural. Creo que sin duda es lo mejor del film.

La película no gozó de mucho éxito en su época, seguramente por el atrevimiento de mostrar a un hombre creando vida, lo cual era muy sacrílego aún cuando la moraleja final vaya contra esa idea. El tiempo le ha otorgado el estatus de curiosidad de culto que merece, y pese a ser una primera versión limitada por las posibilidades de la época, creo que merece mucho la pena.

3 comentarios en “Frankenstein (1910) de J. Searle Dawley

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