Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2026 (III)

6 de octubre – El cowboy con el biberón

La sesión de Griffith destinada a darnos las vitaminas necesarias para afrontar el día nos ofreció un par de cortos hechos con los recursos mínimos: uno o dos decorados para historias de apenas 10 minutos pero que funcionan muy bien y no se hacen pesadas o estáticas, demostrando que un buen trabajo de realización implica también cuidar la escenografía y saber dirigir a los actores para controlar sus movimientos. Un contraste muy interesante respecto al hallazgo que siempre se suele citar de Griffith, que es el montaje, y que nos demuestra lo bueno que era en otras facetas como cineasta.

The Wooden Leg (1909) es un corto cómico que parte de una premisa que luego reutilizaría el genial Charley Chase, en que un compromiso de boda se interrumpe al hacer creer al pretendiente que la novia tiene una pierna de madera (aún me pregunto cuál sería el problema exactamente, ¿esperarían que los hijos nacieran también con una pata de palo?). The Prussian Spy (1909) ofrece una pequeña escena de suspense con solo dos escenarios, en que una joven oculta a un espía en un armario e intenta que su criada lo salve antes de que lo descubran.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2026 (II)

4 de octubre – Bailarinas polacas y granjeras alemanas llevando a hombres a la perdición

Algo que me gusta de las Giornate del Cinema Muto de Pordenone es que tiene cabida todo tipo de películas mientras sean silentes. De hecho, es frecuente que antes de la proyección de un largometraje se pasen algunos cortos de temáticas y estilos de lo más variopintos, o incluso sesiones que consisten en recopilar filmes muy diferentes que tienen un punto en común. Suele ser buena idea leer sobre esos cortos antes de verlos porque algunos de ellos no se pueden apreciar o incluso entender sin saber su contexto. Pero algunas veces me gusta entrar en la sala a ciegas por el puro placer de dejarme sorprender e ir con la mente abierta a que me pueda encontrar cualquier cosa. Y así es como uno en un día normal en Pordenone uno acaba viendo un anuncio de moda animado, filmaciones hechas desde trenes elevados, grabaciones científicas y fragmentos de una película perdida de Murnau.

Mi primer día del festival estuvo dominado por las presencias femeninas empezando por Pola Negri con los 20 minutos que se conservan de Die Marchesa d’Armiani (1920) de Alfred Halm, perteneciente a su etapa alemana. La actriz polaca domina por completo con su presencia este drama en que se venga del hombre que la llevó a la perdición. Hay un plano que me encanta en que Negri recuerda las circunstancias que le llevaron a su situación actual. Se la ve a ella rodeada de su madre y el hombre con el que le obliga a casarse sobre un fondo negro abstracto, como dando a entender más la idea que un momento real. Y al poco rato el resto del contexto se materializa y se empieza a narrar el flashback propiamente dicho. Es el tipo de detalles ingeniosos y tan visuales que uno puede encontrar en filmes mudos de la época no especialmente brillantes pero sí filmados por un director competente y con buenas ideas.

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Música en el cine mudo (I): consideraciones generales y curiosidades

Queridos lectores, hace tiempo que quería preparar un especial temático dedicado a un aspecto de la era muda que no suele estudiarse tanto como merecería, que es la música aplicada al cine silente. ¿Se veían todas las películas con acompañamiento musical? ¿Era este siempre improvisado o ya se componían por entonces banda sonoras para los filmes? ¿Cómo era el trabajo de los músicos que debían desempeñar esta tarea? Este es un tema muy amplio y complejo sobre el que por suerte hay bastante bibliografía disponible para el que le interese profundizar (ver abajo del todo), pero de momento aquí intentaremos dar una visión resumida que pase por los aspectos más esenciales. Comencemos pues por lo más básico: ¿se proyectaban todos los filmes mudos con música?

Siempre se ha dicho que en la era muda todas las películas se proyectaban con un acompañamiento musical, una afirmación tantas veces repetida que se da casi por sentado. No sabemos con seguridad si ya desde las primeras proyecciones de los hermanos Lumière o Skladanowsky estaba presente la música porque no se cita en las crónicas de la época, pero no parece improbable. Dichas proyecciones tenían un componente de evento especial y espectáculo, por tanto no sería descabellado imaginar un músico creando ambiente y luego musicando las imágenes que aparecían. Además, muchas de estas primeras proyecciones tenían lugar en sitios donde había otras actuaciones con música, por tanto no era un elemento adicional que costara hacer encajar en ese ambiente. Por otro lado, en las proyecciones más humildes se sabe que a veces se empleaba un gramófono a modo de acompañamiento con un encargado del cine haciendo de improvisado «DJ».

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A Little Girl Who Did Not Believe in Santa Claus (1907) de J. Searle Dawley y Edwin S. Porter

Amigos lectores, se acercan ya las Navidades y seguramente muchos de ustedes formarán parte de esos cínicos con nulo espíritu navideño, que piensan que es solo una fiesta consumista, que se han perdido sus auténticos valores originales o, mucho peor, ¡que no crean en Santa Claus! Para todos ustedes va dedicado este corto de la factoría Edison, A Little Girl Who Did Not Believe in Santa Claus (1907) de J. Searle Dawley y Edwin S. Porter, con la esperanza de que les haga cambiar de opinión.

El argumento es el siguiente: tenemos dos niños que son amigos pero que discrepan respecto a la figura de Santa Claus: ella no cree que exista, pero él sí. La pequeña pero crucial diferencia entre ambos es que ella está en un hogar humilde donde los regalos navideños seguramente sean escasos o nulos, mientras que él pertenece a una familia adinerada y, por tanto, cada año recibe un montón de regalos, . ¡Así claro que es fácil creer en Santa Claus!

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The Tinderbox (Fyrtøjet, 1907) de Viggo Larsen

En los primeros años del cine era frecuente hacer adaptaciones de cuentos y leyendas populares. Esto tenía múltiples ventajas: atraían al público porque conocían la historia y querían verla en imágenes, pero también compensaban algunas limitaciones narrativas. Las películas a menudo no eran autónomas, implicaban un sobreentendido entre el filme y el espectador, que ya sabía de qué iba la cosa y rellenaba los «huecos». Esto no siempre era así, pero sí sucede en el caso que nos ocupa: The Tinderbox (Fyrtøjet, 1907) de Viggo Larsen. Este simpático cortometraje es una adaptación de un popular cuento de Hans Christian Andersen, El Yesquero. Al ser un filme sin rótulos me temo que el espectador necesita conocer previamente el argumento para poder seguir la trama, que es tal como sigue.

Un soldado se cruza con una bruja que le pide que se meta en el hueco de un árbol para conseguirle un yesquero o mechero de yesca. Allí se encuentra con tres perros monstruosos que custodian dicho mechero así como varias bolsas llenas de dinero. El soldado se lleva todo consigo pero cuando le pregunta a la hechicera para qué quiere el mechero, éste se niega a responderle y la mata. El soldado se entrega a la buena vida y entonces descubre que cuando usa el mechero se cumplen sus deseos. Uno de ellos es hacer aparecer junto a él a una bonita princesa, con quien pasa todas las noches. El rey lo descubre y le encarcela y condena a muerte. Pero en prisión el soldado logra que un niño le traiga su mechero y el día de la ejecución lo usa para salvarse.

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La Guerra Aérea del Futuro (The Airship Destroyer, 1909) de Walter R. Booth

Siempre es un buen momento para volver a reivindicar a los pioneros británicos del cine, pero hoy además vamos a hacerlo con uno de los grandes precedentes de las batallas aéreas del cine bélico: La Guerra Aérea del Futuro (The Airship Destroyer, 1909). Como seguramente sepan, la futura I Guerra Mundial sería la primera gran guerra moderna al basarse en el poder destructor de las nuevas tecnologías, que dieron como resultado un conflicto bélico devastador y especialmente traumático. Pocos años antes de que eso sucediera, y estando ya en el aire la sospecha y el temor de un conflicto de dicha escala (que incluso el gran Alfred Machin ya vaticinó poco antes de que sucediera), el británico Walter R. Booth anticipó en esta película cómo se temía que podrían ser este tipo de guerras en el futuro.

El argumento es muy sencillo: llega un zepelín a Inglaterra que empieza a bombardear a la población civil. ¿Quién lo detendrá? Ni más ni menos que un joven inventor que no puede aspirar a casarse con la mujer que ama por la negativa de su padre. Pero como es lógico, una vez salve el país tendrá vía libre para casarse con ella y ser felices.

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Películas desaparecidas: La Civilisation à travers les Âges (1908) de Georges Méliès

   Cuando hemos hablado en este rincón silente de filmes perdidos, habrán notado que casi nunca hemos tratado películas de los orígenes del cine. La realidad es que en esos primeros años hay tantas obras perdidas que uno no sabe ni por dónde empezar, pero hoy nos centraremos en una concreta que nos sirve para constatar que incluso en la llamada era primitiva hay potenciales joyas que no podemos más que lamentar que se hayan perdido seguramente para siempre.

En 1908 Georges Méliès se encontraba en un momento muy delicado de su carrera. El cine en aquellos años estaba cambiando a una velocidad de vértigo, y el que tan solo unos años atrás era uno de los cineastas más importantes del mundo, en ese momento corría el peligro de quedarse atrás respecto al camino que estaba emprendiendo el medio. No es que sus películas hubieran dejado de ser interesantes, sino que la tendencia general iba hacia otros caminos diferentes de sus filmes de trucajes y fantasmagorías. Sin irse muy lejos, ese mismo año su compatriota Albert Capellani estrenaba una adaptación de La Bella y la Bestia y su primera versión de L’Arlesienne (1908), mientras que en Estados Unidos debutaba un tal D.W. Griffith que enseguida supo aprovechar las posibilidades narrativas del medio. Pero el filme que Méliès tuvo en mente en ese momento era uno italiano: Los Últimos Días de Pompeya (Gli ultimi Giorni di Pompeii, 1908) de Arturo Ambrosio y Luigi Maggi.

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La Course à la Perruque (1906) de Georges Hatot

Uno de los muchos elementos que le da un misterio y magia especiales al cine de las primeras décadas es todo lo relacionado con tantas películas perdidas sobre las que no podemos más que especular sobre su contenido y las curiosas circunstancias en que se hallaron muchas de ellas (siendo mi ejemplo favorito hasta la fecha la única copia superviviente del montaje original de La Pasión de Juana de Arco (La Passion de Jeanne d’Arc, 1928) encontrada en un manicomio noruego). En los años 80 se encontraron en un pueblo de Austria un montón de películas de los primeros años del cine. Lo curioso es que estaban en una fábrica que elaboraba los papeles recubiertos de oro que se utilizaban como acompañamiento de las coronas de flores para funerales, en los cuales se dejaban algunas palabras sobre la persona fallecida como póstumo homenaje. Esto hizo que todas latas de películas estuvieran cubiertas de una fina capa de oro mezclada con polvo, que propició que esta colección fuera bautizada como «Goldstaub-Fund».

Entre todos los filmes hallados allá se encontraba el filme La Course à la Perruque (1906) de Georges Hatot, que se supone que fue el debut del cómico André Deed en el cine, además de contar entre su numeroso reparto con el actor Léon Mathot, cuyo rostro puede serles familiar a los aficionados al cine francés de las primeras décadas.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2024 (II)

5 de octubre – Segunda oportunidad con Protazanov

Hace diez años, cuando me estrené en Pordenone, el primer día me perdí una película de Yakov Protazanov por un error de novato. Una década después parece que el festival me ha ofrecido una segunda oportunidad programando una película de Protazanov el primer día por la tarde a la que también llegaba justo. Pero esta vez pude verla.

Protazanov es de los pocos directores rusos que hizo la transición de la época prerrevolucionaria a la era soviética, y de ésta al sonoro y el estalinismo. Un superviviente nato. El Cuarenta y Uno (Sorok pervyy, 1927) está ambientada durante la Revolución Soviética en el desierto de Karakum, y explica cómo un pequeño destacamento intenta sobrevivir huyendo del ejército blanco a través del desierto y casi sin víveres. Por el camino capturan a un oficial del Ejército Blanco y se le encomienda la misión de custodiarlo a Mariutka, la mejor tiradora del destacamento. Pero ambos acabarán enamorándose.

Éste es uno de esos filmes que reflejan a la perfección el agobio físico que sienten sus personajes: el calor, el paisaje desolador, el agotamiento… La historia funciona muy bien y solo se le puede achacar que obviamente le falta metraje y eso dificulta juzgarla como merece ya que presenta un ritmo desigual y se nota que faltan escenas. La copia que vimos era una checoslovaca que se supone que es la mejor que hay, pero ojalá se restaure en el futuro combinando todas las versiones existentes. En definitiva, una muy buena versión que está perfectamente a la altura de la famosa de Grigori Chukhrai del 1956, pero más áspera y con un final donde, por una vez, no triunfa el amor… ¡sino la Revolución!

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The Countryman and the Cinematograph (1901) de Robert W. Paul y Uncle Josh at the Moving Picture Show (1902) de Edwin S. Porter

Siempre me ha fascinado cómo debían ser las primeras reacciones de los espectadores de la época al invento del cinematógrafo, a esas imágenes fotográficas que cobraban vida como fantasmas. Algunos cortos de los inicios del cine satirizaban ese choque con personajes ridículos que reaccionaban ante las imágenes de la pantalla como si fueran reales, de los cuales les he traído los dos más conocidos.

The Countryman and the Cinematograph (1901) del británico Robert W. Paul se cachondea del típico paleto de pueblo que asiste a su primera sesión de cine. El filme nos muestra su reacción ante tres breves escenas: una bailarina a la que éste imita de forma ridícula, un tren que se acerca a la pantalla y le hace salir corriendo y luego una breve escena de amor. De este brevísimo filme me resulta interesante a nivel técnico el encuadre, que debe encajar en la misma imagen al pueblerino y la pantalla de cine, y el hecho de que las imágenes de las películas que ve en realidad estén añadidas con sobreimpresiones. Por otro lado, ¿se trata del primer filme que hace referencia a esa leyenda urbana de la gente que se asustó del tren que se dirigía a la pantalla en la primera sesión de cine de los hermanos Lumière?

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