Posts Tagged ‘cine primitivo’

Hoy rescatamos una de las obras más divertidas de la fructífera escena cinematográfica británica de principios del siglo XX: The ‘?’ Motorist (1906) de Walter R. Booth. Lo que empieza como una comedia sobre un conductor que arrolla a un policía con su coche acaba deviniendo en una maravillosa fantasía cuando el automóvil sube por una pared hasta el espacio exterior y sigue su recorrido por la luna y Júpiter, hasta volver de nuevo a la Tierra.

Un simpático cortometraje que demuestra cómo Booth estaba por entonces sacándole partido a las posibilidades de estos primeros efectos especiales más artesanales.

 

 

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Cuando al inicio de cada película de esta edición online del Festival de cine mudo de Pordenone veo una vez más la magnífica animación introductoria de Richard Williams que se proyecta tradicionalmente al inicio de cada sesión vespertina, uno no puede evitar sentir cierta nostalgia al estar viéndola desde el sofá de casa y no en el Teatro Verdi de Pordenone. Pero en honor a la verdad hay que decir que los organizadores han hecho todo lo posible por mantener esa sensación de comunidad que resulta tan característica del festival: Jay Weissberg, director del evento, introduce cada filme con un vídeo grabado en diferentes entornos característicos de Pordenone para hacernos sentir brevemente como si estuviéramos ahí; después de cada emisión hay una discusión online en la que los “asistentes” al festival pueden hacer preguntas vía chat (una reminiscencia de los coloquios que solía haber al mediodía dedicados a los diferentes programas de esa edición), y se han mantenido las presentaciones de libros y las Masterclasses. No es lo mismo, claro, pero se nota que hay un esfuerzo no solo en el contenido y el apartado técnico, sino en intentar recrear un poco la “experiencia” del festival.

3 de Octubre – Una giornata nostálgica

Muy apropiadamente, el primer día del festival estuvo marcado por cierto sentimiento de nostalgia en sus dos sesiones: la nostalgia hacia otros sitios del mundo que hemos conocido en el pasado y que ahora nos parecen tan inaccesibles y la nostalgia hacia la infancia. El primero era una recopilación de cortos documentales de cine primitivo filmados en diferentes países del mundo, que se seleccionó como guiño a estos meses de obligado confinamiento y las restricciones para viajar que ha causado cierta pandemia de la que quizá hayan oído hablar últimamente. Es curioso pensar cómo estos cortometrajes han vuelto a recuperar en este contexto la finalidad inicial para la que fueron concebidos: en aquellos años la mayor parte de la gente no podía permitirse viajar a países lejanos, y estos sencillos cortos documentales constituían su única forma de contacto con otras culturas de las que entonces solo habían visto fotografías. De modo que irónicamente en este año de restricciones estos cortometrajes sobre Nueva York, Cracovia, El Cairo o Brujas suponen un antídoto contra la incapacidad de trasladarnos a muchos de esos sitios.

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Hoy les ofrecemos una película histórica: Momijigari (1899), el filme de ficción más antiguo que se conserva filmado en Japón y que pueden visionar entero aquí (la versión que circula por Youtube es más corta). Si tenemos en cuenta el bajísimo ratio de supervivencia de la producción cinematográfica japonesa antes de la II Guerra Mundial  debemos sentirnos privilegiados de que algunas como ésta hayan conseguido sobrevivir milagrosamente hasta nuestros días, ya que apenas se conserva material fílmico realizado en la Era Meiji (1868-1912).

Momijigari es una de las primeras películas de ficción que se filmaron en el país, consistentes a menudo de fragmentos de famosas obras de teatro. Este caso no es una excepción, lo que vemos son dos trozos de la obra kabuki Momijigari interpretados por dos de los más grandes actores de la época: Ichikawa Danjuro IX y Onoe Kikugoro V. Y no se piensen que la idea le hacía mucha gracia al veterano Danjuro de 60 años. Como muchos artistas reputados de la época, pensaba que ese invento del cine (llegado a Japón hacía solo dos años) era una burda forma de entretenimiento y no quería tener nada que ver con él, pero finalmente le convencieron con el argumento irrebatible de que una grabación suya podría servir para hacerle pasar a la posteridad (el mismo argumento con el que años después se convencería a otros actores de prestigio como Sarah Bernhardt). Así pues, consintió en filmar dos escenas de la obra kabuki que estaba representando a condición de que no se hicieran públicas hasta después de su muerte, para evitar que esta grabación pudiera hacerle la competencia a sus propias actuaciones.

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Hoy les proponemos rescatar La Légendes des Ondines (1911), un hermoso cortometraje sobre un príncipe que se enamora perdidamente de una sirena hasta el punto de abandonar a su mujer por ella en el día de su boda. Merece destacarse del corto el uso del color y la belleza de algunos planos, como aquellos en que se ve a la sugerente sirena sobre las rocas, absolutamente inolvidables. Y por supuesto uno no puede dejar de apreciar esa gestualidad típica de la época, como cuando justo después de la boda el rey da a entender con una serie de gestos un tanto exagerados que sigue recordando a su amada sirena.

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Como ya les hemos comentado anteriormente por estos lares, en la era primitiva cualquier fuente de inspiración era válida para dar forma a un cortometraje de cine: ya fueran cómicscanciones, personajes célebres de la época, o cuadros e ilustraciones (busquen aquí la referencia a los “tableaux vivants”). En este caso, si ven The Whole Dam Family and the Dam Dog (1905) de Edwin S. Porter sin contexto quizá no le vean la gracia a esta familia que se nos presenta uno a uno para luego dar pie a un sencillo número cómico en que el perro estropea una comida familiar. ¿Por qué mostrarnos en un primer plano a cada miembro para luego simplemente crear un gag genérico?

El origen de este cortometraje está en una canción especialmente popular de la época publicada por George Tottsen Smith y Harry von Tilzer 1905 de idéntico título que se hizo célebre por algo tan tonto como por el hecho de hacer un juego de palabras con un término malsonante de la época (“damn”), utilizándolo como apellido de los miembros de esa familia. Era pues un tema conocido por la gracieta de usar una palabra tabú, ni más ni menos. Y esta cosa tan anecdótica dio pie a una serie de cortos de la época como el que los mostramos que no hacían más que capitalizar esa pequeña moda que generó la canción de marras. De ahí que el corto se base en mostrarnos uno a uno a los miembros de la familia Dam, porque era una forma de apoyarse en la letra de esta canción que la gente conocía a modo de gancho.

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Se acerca una vez más la Navidad, y como de costumbre su rincón silente favorito echará el cierre por unas semanas en las que el Doctor Caligari aprovechará para hacer sus compras navideñas y acudir a algunos eventos navideños que un servidor y su fiel Cesare nunca nos perdemos, como la cabalgata de Reyes, donde la prodigiosa altura de Cesare nos permite dejar a los niños de nuestro alrededor sin casi ninguno de los caramelos que arrojan los Reyes Magos.

Y ya que los he mencionado, les dejamos con este cortometraje primitivo que narra el nacimiento de Cristo, desde cuando la Virgen María recibe la Anunciación hasta la llegada de los Reyes Magos a bendecir al recién nacido. Desconozco quién es el autor del filme, y aunque me consta que el veterano Edwin S. Porter colaboró en su elaboración es bastante probable que fuera en realidad obra del también veterano J. Searle Dawley. Disfruten de su cuidado trabajo de superposiciones (sobre todo la escena en que los pastores reciben la señal del nacimiento de Cristo) y a los aficionados a los detalles técnicos les parecerán curiosas las dos panorámicas que hay al final, una de las cuales en realidad se corta pero intentando simular como si fuera un mismo plano. Por esas fechas los cineastas empezaban a preocuparse poco a poco de dar un buen acabado a sus filmes.

Que tengan unas buenas vacaciones, nos vemos el 2020.

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Imagen: Valerio Greco

Si de por sí la era primitiva de la historia del cine es una época fascinante porque nos permite ver una manera de hacer películas totalmente distinta a la que se estableció como canon en la era clásica, el caso de Japón ejerce para mí una atracción aún mayor. En este país la forma de entender el cine se basaba mucho en la idiosincracia de su cultura, y eso hace que sus películas primitivas tengan unos rasgos bastante diferenciales, como una marcadísima influencia del teatro kabuki y una dependencia excesiva hacia la figura del benshi (las películas no se entendían como algo que pudiera funcionar de forma autónoma, sino que se realizaban contando con que alguien iría explicando las imágenes). Eso provocó que mientras en occidente el cine fue evolucionando a lo largo de los años 10, en Japón el medio siguió durante más tiempo anclado en el pasado (de hecho el país también entró mucho más tardíamente en el sonoro por el enorme poder de los benshi en la industria). Y es a causa de eso que para mí esa etapa del cine japonés siempre me ha generado un interés especial por lo extraña y particular que se me antoja, y más si tenemos en cuenta que casi no se conservan películas de esos años (¡sólo un 0,2%!) y que son muy difíciles de encontrar. Hasta ahora lo único que había podido ver de esa etapa primitiva del cine japonés fueron unos pocos fragmentos de filmes en la edición de Pordenone del 2014, por ello fue para mí una grata sorpresa saber que en la del 2019 se mostraría la versión restaurada de Chushingura (1910-17) de Makino Shozo.

Shozo, considerado como el padre del cine japonés, acabaría formando parte en los años 20 de un movimiento que se propondría renovar la industria cinematográfica japonesa. En otras palabras, buscaría desligarse de la tradición kabuki, cuya influencia estaba provocando que el cine japonés se quedara estancado en un estilo demasiado primitivo: hombres interpretando papeles de mujer, planos demasiado estáticos (literalmente como si estuviéramos viendo teatro filmado), demasiada evidencia de la artificialidad de la puesta en escena (de nuevo como si no se buscara simular que es teatro filmado, sino incluso evidenciándolo), etc. Pero antes de iniciar ese cambio, Shozo, como todos los otros cineastas japoneses contemporáneos suyos, filmaba sus películas sin guion, lo único que tenía era una lista de las escenas a rodar y él mismo iba dando órdenes a sus actores sobre lo que tenían que hacer a medida que se iba grabando. Eso provocaba que las películas de esa época fueran más bien una colección de estampas cuya continuidad dependía o bien del trabajo del benshi al ejercer la función de narrador o bien del previo conocimiento de la historia por parte de la audiencia. Fue tras visionar las películas que llegaban continuamente de occidente que Shozo decidió cambiar la forma de hacer cine en Japón más en sintonía con lo que llegaba del resto del mundo. El filme que nos ocupa es un reflejo muy claro del cine japonés previo a ese movimiento que él mismo lideraría.

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El post de hoy va dedicado a los aficionados a la lectura: An Interesting Story (1905) de James Williamson, uno de los cineastas más importantes del cine de los orígenes perteneciente a la que se conoce como Escuela de Brighton. Se trata de un corto cómico sobre un hombre tan absorbido por la lectura de su libro que se va paseando por la calle sin prestar atención a lo que pasa a su alrededor con funestas consecuencias.

El momento cumbre tiene lugar cuando una apisonadora le pasa por encima y lo deja aplastado hasta que dos ciclistas lo vuelven a inflar con las manchas que usan para sus ruedas. Una imagen que habrán visto en multitud de dibujos animados y que como ven ya se utilizaba en los primeros años del cine.

Disfruten del corto y tomen nota de su valiosa lección: no es buena idea leer mientras uno camina por la calle.

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No hay nada como una saludable dosis de cine de los orígenes para alegrarle el día a uno, y más cuando su responsable es ni más ni menos que el genial Segundo de Chomón. Ante todo debo reconocer que tengo ciertas dudas sobre su autoría, ya que investigando un poco en algunos sitios se le atribuye la dirección a Ferdinand Zecca siendo Chomón el responsable de los efectos especiales, mientras que en otros se atribuye a Chomón la dirección completa del filme. Yo, para no comprometerme y hacer enfadar a ninguno de estos dos magníficos cineastas, he optado por la opción que han escogido muchos de citar a ambos como directores. Después de todo en el cine de los orígenes el tema de las autorías es sumamente complicado y de hecho ya cité por aquí un caso personal también con Chomón.

En todo caso, sea quien sea el director, no nos queda ninguna duda de que el autor de los efectos especiales de Le Voleur Invisible (1909) es el cineasta de origen aragonés, y son precisamente esos trucajes lo mejor de la película. Tal y como dice el título, un ladrón se hace con una copia de El Hombre Invisible de H.G. Wells y utiliza la fórmula para la invisibilidad que se cita en el libro para cometer sus robos, un pretexto magnífico para los clásicos trucajes de Chomón en que parece que los objetos se mueven solos.

 

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Imagen: Valerio Greco

Entramos ya en la recta final del festival y uno no puede evitar soltar el tópico de qué rápido han pasado estos días y lamentarse de que en breve habrá que volver a la rutina del trabajo (en mi caso, ya saben, pasear por pueblos haciendo mi numerito de sonámbulo con Cesare para que luego vaya apuñalando a gente por las noches), pero supongo que tiene que ser así ni que sea para recuperar una cierta normalidad de horarios. Así pues, antes de lamentarnos de que hayan acabado las Giornate, disfrutemos de estos tres días que vienen más que cargados.

10 de octubre – El día de Reginald Denny

Ayer nos comentó el director del festival, Jay Weissberg, que el 9 de octubre era el día oficial de Reginald Denny (desconozco por qué ese día concreto, algún truco publicitario de la Universal). Es una maravillosa casualidad que el día oficial de Reginald Denny coincidiera con el festival de Pordenone que le está dedicando un ciclo… aunque también es mala pata que justo el 9 de octubre no hubiera ninguna película suya en el programa, de modo que Weissberg dijo que en Pordenone celebraríamos su día oficial el 10 de octubre, coincidiendo con la proyección de su película What Happened to Jones (1926) con la presencia de su nieta entre el público.

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