El Expreso Azul (Goluboy ekspress, 1929) de Ilya Trauberg

Las grandes cinematografías de la era muda son una fuente inagotable de nuevos descubrimientos y pequeñas alegrías, como es el caso de la cinta que rescatamos hoy, El Expreso Azul (Goluboy Ekspress, 1929) de Ilya Trauberg. No sé mucho sobre su director, Ilya Trauberg, del cual he encontrado muy poca información en la red. Sospecho que es el hermano menor de Leonid Trauberg (El Capote, (Shinel, 1926), La Nueva Babilonia (Novy Vavilon, 1929)), ya que ambos nacieron en fechas muy cercanas en la misma ciudad, pero su carrera como director parece más breve y menos conocida. Un dato crucial es que fue asistente de Eisenstein en Octubre (Oktyabr, 1927), ya que la película que tenemos entre manos está influenciada descaradamente por el estilo de su maestro.

De hecho, por dar un titular algo facilón, podríamos decir que El Expreso Azul viene a ser una versión más modesta de El Acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, 1925) pero cambiando el barco en un tren, ya que ambas muestran cómo una serie de personajes sistemáticamente maltratados y humillados se rebelan y se hacen con el control. No obstante, las similitudes con el Eisenstein mudo son de tipo más genérico: el no tener un protagonista individual sino colectivo, el mensaje con una fuerte carga política y, lo más importante de todo, el montaje, como ya veremos más adelante.

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«No sabía que ya lo habían inventado en esa época»: recursos cinematográficos que ya existían en la era muda (II)

Si recuerdan, la semana pasada iniciamos un artículo dedicado a detallar multitud de innovaciones cinematográficas que a veces se piensa erróneamente que son posteriores a la era muda… ¡o incluso pertenecientes a la modernidad! El propósito de estos dos posts es reivindicar una vez más la era muda, a menudo vista de forma totalmente errónea como una época anticuada y superada enseguida con el sonoro, y por supuesto recopilar algunos curiosos hallazgos de esta época. Si el anterior post se centraba en recursos técnicos o de lenguaje cinematográfico, en éste hablaremos más de temas relacionados con el contenido y temática de las películas. Allá vamos:

Guiños metacinematográficos

Los juegos metacinematográficos hacen algo tan aparentemente moderno como destruir ese mundo de ficción construido de forma tan minuciosa y hacen evidente el artificio. Proponen un guiño cómplice al espectador evidenciando que los personajes que vemos son actores y no personas reales. Esto es también algo tan viejo como el mismo cine.

Hace años hablé de una película que vi en Pordenone llamada Fleur de Paris (1916) en que la famosa actriz Mistinguett interpretaba a dos mujeres: a una humilde costurera que guarda un extraño parecido con la actriz Mistinguett y, claro está, a ella misma, la propia Mistinguett, que se acaba encontrando con la costurera. Un argumento de ese tipo en una película estrenada 50 años después parecería un alarde de modernidad, pero en realidad como vemos este tipo de tramas no era tan raras en la época.

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«No sabía que ya lo habían inventado en esa época»: recursos cinematográficos que ya existían en la era muda (I)

Una de las cosas que a este Doctor le gusta hacer en este rincón silente es romper con tantísimos tópicos sobre cine mudo basados en prejuicios o simplemente puro desconocimiento, y demostrar que en realidad la era muda no es una etapa en que el cine aún se hallaba «incompleto». En ese sentido hay muchos recursos que se suelen asociar a épocas posteriores que en realidad ya se utilizaban en la época silente, e incluso a veces uno puede darse la sorpresa de descubrir que hay películas mudas más modernas que la mayoría de filmes de las décadas inmediatamente posteriores.

En realidad la era muda fueron unos años de constantes experimentos y descubrimientos, muchos de los cuales se quedaron paralizados con la llegada del sonoro, al encontrar el cine comercial una forma estandarizada y efectiva de narrar historias. No pretendo con ello criticar el cine sonoro, pero sí constatar que hubo un cierto retroceso al menos en lo que se refiere a la voluntad de probar cosas nuevas y forzar los límites del lenguaje cinematográfico. Para demostrarlo este Doctor se ha propuesto ofrecerles un extenso artículo en dos partes en que desgranará multitud de recursos o elementos que suelen asociarse a décadas posteriores a la era muda (en algún caso incluso a la modernidad) pero que ya se estaban utilizando por entonces. La lista podría haberse hecho incluso más extensa, incluyendo por ejemplo trucajes y efectos especiales que siguen siendo perfectamente vigentes hoy día, pero me temo que en tal caso se me podría ir el texto aún más de las manos.

Para hacerlo más digerible he decidido dividir el contenido en dos posts: el primero se centra en elementos técnicos y recursos de puesta en escena, y el próximo se centrará en aspectos temáticos o de contenido. Espero que lo disfruten y que les haga ver con otros ojos esta maravillosa época de la historia del cine.

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Finding his Voice (1929) de Max Fleischer y F. Lyle Goldman

¿Alguna vez se han preguntado por las complejidades técnicas de ese nuevo invento llamado cine sonoro? ¿No han deseado conocer los detalles sobre cómo funciona? ¿Y no les gustaría conocer la explicación de primera mano de unos simpáticos personajes animados? Si es así, están de enhorabuena, porque hoy hemos rescatado para ustedes Finding his Voice (1929), un corto educativo de animación codirigido por F. Lyle Goldman y el gran Max Fleischer.

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Cowards Bend the Knee (2003) de Guy Maddin

Este post cierra una especie de trilogía de artículos dedicados al cineasta Guy Maddin que este Doctor ha publicado en otras páginas web durante estas semanas. Los otros artículos son:

  • «Volviendo al pasado para explicar el presente: la «Me Trilogy» de Guy Maddin«, publicado en Transit Cine.
  • «Propuesta para una posible película muda musical», texto sobre Dracula: Pages from a Virgin’s Diary (2002) publicado en el fanzine del Festival de Terror Molins.

Han sido varios los cineastas que en las últimas décadas han decidido recrear la estética y el lenguaje de la era muda, pero creo que nadie lo ha logrado de una forma tan fidedigna y brillante como el canadiense Guy Maddin, quien no solo ha capturado mejor que nadie la apariencia de los filmes mudos, sino que además ha ido más allá del logro estético y darles un sentido.

Maddin, un director que en la primera parte de su carrera se movía sobre todo en círculos experimentales, ya desde sus inicios mostraba un enorme interés por utilizar recursos del cine de décadas pasadas como forma expresiva propia. El punto de inflexión llegaría con su cortometraje The Heart of the World (2000), en que abrazó definitivamente la estética de película muda adoptando además un montaje frenético muy influenciado por las vanguardias soviéticas. Tras este gran logro seguiría ese camino con Dracula: Pages from a Virgin’s Diary (2002) y, justo después, con Cowards Bend the Knee (2003), el primero de una trilogía de películas abiertamente autobiográficas.

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Capital Execution (Henrettelsen, 1903) de Peter Elfelt

El fotógrafo Peter Elfelt fue el primer gran pionero del cine danés. Desde 1897 Elfelt rodó multitud de cortometrajes documentales captando escenas de su país, pero también se animó a probar suerte con la ficción realizando Capital Execution (Henrettelsen, 1903), que estaba basado en un caso real bastante truculento: el de una mujer condenada a muerte por haber matado a dos niños.

El filme original parece ser que duraba unos siete minutos, pero hoy día solo conservamos un minuto escaso que, no obstante, creo que resulta de lo más sugerente.

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El traumático rodaje de El Circo (The Circus, 1928) de Charles Chaplin

En las memorias de Chaplin solo hay dos largometrajes que éste evita mencionar: El Circo (The Circus, 1928) y Un Rey en Nueva York (A King in New York, 1957)  – tampoco habla de La Condesa de Hong Kong (A Countess from Hong Kong, 1967) pero porque esta película la filmó después de haber publicado su autobiografía. En el caso de Un Rey en Nueva York la ausencia parece tener motivos obvios: en su momento el filme se consideró una decepción y el propio Chaplin era consciente de que quedaba mucho mejor como final del libro decir que había cerrado su filmografía con una obra tan aplaudida y con un tono tan elegíaco como Candilejas (Limelights, 1952) en vez de con un filme menor. Aunque es un tanto absurdo hacer como que no existe una película por ese motivo, y más al ser tan reciente para el público en el momento en que se editaron sus memorias, me imagino que el vanidoso Chaplin no quería acabar su texto con una obra considerada un paso en falso.

Sin embargo el caso de El Circo puede parecer más extraño. Se trata de una de sus grandes películas (durante mucho tiempo de hecho fue mi favorita suya, y hoy día solo la sitúo detrás de Luces de la Ciudad (City Lights, 1931)), fue un absoluto éxito de crítica y taquilla en su momento e incluso se le otorgó un Oscar especial. ¿Por qué eludir una obra como ésa en sus memorias? La respuesta está en su conflictivo rodaje, que fue el más difícil de su carrera.

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Just Around the Corner (1921) de Frances Marion

Esta es una reseña que empecé escribiendo para mi crónica de las Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2022, que fue donde descubrí la película, pero dado que me estaba quedando algo larga para un artículo en que se comentaban muchos otros filmes y que se trata de una obra que merece más reconocimiento, he decidido dedicarle un post aparte. Me permitiré empezar con el mismo párrafo que le dediqué en el post original de las Giornate del Cinema Muto.

Hay películas que desde sus primeras escenas te hacen darte cuenta de que nos encontramos ante algo especial y precioso. Luego, obviamente, no todas mantienen las expectativas y en su desarrollo acaban cayendo en algunos clichés o pierden ese tono que las hacía tan únicas. En tales casos, uno siempre piensa «Lástima, con lo bien que empezaba…» pero se queda con las buenas sensaciones del inicio. No obstante, hay otras que mantienen esa buena impresión a lo largo de todo el metraje, durante el cual uno está disfrutando de su contenido al mismo tiempo que teme que no se eche a perder la película. Just Around the Corner (1921) pertenece a ese segundo grupo. Es una de esas joyas ocultas que los cinéfilos fantaseamos con encontrar buceando en la era clásica y que, sí, van apareciendo, pero no siempre es fácil dar con ellas. También ha sido la gran sorpresa de esta edición del festival, ya que servidor no tenía especiales expectativas hacia ella.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2022 (IV)

Crédito: Valerio Greco

6 de octubre – El cóctel de Mabel

Hablando con algunos viejos conocidos del festival oí algunos quejas de que este año teníamos sobredosis de melodramas, y aunque ese género siempre ha estado muy presente en Pordenone es cierto que el ciclo Norma Talmadge está haciendo que haya una sensación de sobreabundancia. En el caso de The Sign on the Door (1921) al principio tuve esa impresión, aun cuando la dirección corría a cargo de un director tan eficiente como Herbert Brenon, clásico nombre respetadísimo en su época y hoy día olvidado por el paso del tiempo. Talmadge es una jovencita que se deja engañar por un bribón, quien intenta seducirla (esto es, violarla, pero dicho de forma más refinada) llevándola engañada a un local de mala muerte. Consigue escapar y años después está casada con un hombre adinerado que tiene una hija veinteañera de su anterior matrimonio. Aparece en escena de nuevo el seductor y, lo adivinaron, intenta hacerse con la hijastra de nuestra Norma.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2022 (III)

4 de octubre – ¡Viva Italia y viva Letonia!

Si hoy tienen uno de esos días en que lo que les apetece es ver una película muda letona de tintes épicos, Lacplesis (1930) de Aleksandrs Rusteiķis es justo lo que están buscando. Permitan que les describa el inicio: vemos a una dama encerrada en un castillo, donde es asediada por un extraño antagonista que parece sacado de Los Caraconos (1993) y que quiere hacerla suya. Mientras unos brujos lanzan una maldición sobre un broche de la joven para que ésta se enamore de ese perverso personaje, en paralelo vemos la llegada del héroe, que asalta el castillo. Se carga a todo el que se le pasa por delante, evita que los brujos acaben de lanzar la maldición al broche, mata por accidente al secuaz del antagonista y se enfrenta con él a un duelo a espada… ¡Y todo ello no es más que el prólogo de la película! Porque tras 20 minutos de fantasías épicas en la línea de Los Nibelungos (Die Nibelungen, 1924) de Fritz Lang, resulta que todo ello eran ensoñaciones de un niño que está leyendo un libro. Ese niño crecerá y se enfrentará también a una serie de enemigos en unas fechas decisivas para la nación letona: la Revolución de 1905, la I Guerra Mundial y la proclamación de independencia del país.

Lacplesis es una obra ambiciosa, épica y a ratos algo confusa, en que se nota que se puso toda la carne en el asador para construir el gran relato fílmico sobre el país. Es por ello una obra algo difícil de juzgar a veces por aquellos que, siento reconocerlo, no estamos muy versados en la historia de Letonia, ya que combina elementos de folklore (el tal Lacplesis tiene que ver con una antigua leyenda del país) con hechos históricos y políticos filmados en lugares reales – de hecho la razón de ser del filme era celebrar el 10º aniversario de su independencia.

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