Al contrario de lo que podría parecer, las eminencias en cine mudo no hallan el placer únicamente en encontrar joyas perdidas en rincones ocultos de filmotecas o archivos de coleccionistas. En contadas ocasiones a uno le apetece estar en la playa antes que descubriendo una obra silente inédita del cine armenio. Por ello, cuando llegan estas fechas el Doctor Caligari ya empieza a probar si aún le entra el flotador del año pasado y si su vieja colchoneta no tiene agujeros.

Durante unos meses, el ilustre Doctor dedicará su tiempo no a escribir sobre joyas mudas sino a pasatiempos igual de emocionantes como el de la imagen que pueden ver arriba. Como de costumbre, a finales de Septiembre volverá con ustedes para traerles más cine mudo.

Algo olvidado hoy día fuera de las clases de historia del cine o de teoría del montaje, Lev Kuleshov merecía también una mención en este rincón silente, aunque solo sea por su su rol como padrino de esa magnífica generación de cineastas soviéticos de la era muda.

A diferencia de muchos de los directores soviéticos que se hicieron célebres en los años venideros Kuleshov fue uno de los pocos cineastas que inició su carrera en la era prerrevolucionaria (fue asistente del gran Yevgeni Bauer). Tras años de experimentar con la técnica cinematográfica, fundó en 1920 un laboratorio donde explicar sus teorías a una serie de estudiantes que incluían futuros directores de renombre. De hecho, Kuleshov fue el primer cineasta soviético en dar una gran importancia a la fase de montaje, que luego sería una pieza esencial de dicha cinematografía.

En una época en que se hacía muy difícil la producción fílmica en Rusia, Kuleshov consiguió finalmente tirar adelante con algunos de sus alumnos la película Las Extraordinarias Aventuras de Mr. West en el País de los Bolcheviques (1924), donde pondría en práctica algunos de sus conceptos clave como el célebre “efecto Kuleshov”.

Seguir leyendo »

Hoy rescatamos la primera adaptación cinematográfica que se conoce de la célebre historia de Carlo Collodi publicada en 1883.

Este cortometraje italiano destaca sobre todo por la presencia del célebre cómico Ferdinand Guillaume en el papel protagonista, a quien vemos en la escena inicial saludando al público y convertirse en el personaje de Pinocho tras dar un par de volteretas en el aire. Realmente en sus seis minutos de duración, el film apenas toma del libro la historia del famoso autómata que cobra vida (resulta especialmente hilarante cuando, estando aún inmóvil, le saca la lengua a Gepetto) y poco más. Una vez Pinocho consigue moverse, la película deriva en la clásica persecución entre personajes destruyendo todo a su paso y finaliza cuando la policía detiene a Pinocho, quien parece que tras pocas horas de vida ya tiene problemas con la justicia (¡aunque al final se nos indica que quien carga las con culpas es el pobre Gepetto!).

Más que una adaptación, es una excusa para exhibir las dotes cómicas de Guillaume y partir de un personaje popular que permitía una caracterización extravagante, pero resulta interesante como primer Pinocho cinematográfico.

Estoy seguro de que todos ustedes conocerán el célebre documental Nanook el Esquimal (1922) de Robert Flaherty, considerado el primer gran largometraje del género. Flaherty vivió muchas aventuras durante el rodaje, y como muestra de ello hoy hemos rescatado el fragmento de un artículo suyo de la época, titulado “How I Filmed Nanook of the North” en que habla sobre una fallida expedición para filmar a Nanook cazando osos. Le cedo la palabra a Mr. Flaherty:

Seguir leyendo »

Resulta sorprendente ver una obra como Nuevas Mujeres (1935) y constatar cómo hoy día sigue impactando por la dureza de su mensaje. En lo que se trata de uno de los alegatos feministas más contundentes que haya visto en un film clásico, esta película china narra las diferentes desgracias que asolan a nuestra protagonista, Wei Ming, una mujer moderna que no solo es profesora de música sino que publica artículos en la prensa y ha escrito un libro que está a punto de editarse. Acosada por el Dr. Wang, un miembro de la escuela al que ella rechaza de pleno, éste provoca que la despidan para que así se vea obligada a aceptar sus proposiciones por la escasez de medios. En paralelo, viene a vivir con ella a Shanghai su hermana (que acaba de quedarse viuda) trayendo consigo a la hija que Wei Ming tuvo en un antiguo matrimonio que acabó mal. La niña no obstante está enferma y pronto necesitarán dinero para hospitalizarla.

Inspirada en el suicidio de la actriz china Ai Xia, que había protagonizado obras como A Woman of Today (1933) y escrito un libro como la protagonista de este film, si de algo no se le puede acusar a Nuevas Mujeres es de ser poco clara en sus intenciones. La película expone de forma abierta y sistemática todos los problemas por los que debe pasar una joven atractiva como Wei Ming, que simplemente aspira a ser una mujer independiente. La sociedad le ofrece dos posibilidades de las cuales una le ha fallado por completo (el matrimonio) y la otra le resulta repulsiva (la prostitución). Pero a lo largo del film el resto de personajes le insistirán continuamente para que se deje tentar por la opción del sexo como medio de sustento: el Dr. Wang, que intenta engañarla prometiéndole matrimonio cuando ya está casado; el reportero del diario que publica sus artículos, o su vecina, que le insiste sobre que una mujer tan atractiva no debería tener problemas de dinero.

Seguir leyendo »

Snub Pollard es uno de los muchísimos cómicos de slapstick que aparecían en las pantallas en la era muda y que, aunque nunca se convirtió una estrella, llegó a resultar muy familiar para el público de la época.

Fácilmente distinguible por su vistoso mostacho, Pollard se hizo popular sobre todo apareciendo como secundario en los primeros cortos de Harold Lloyd hasta que el estudio de Hal Roach decidió tenerle como protagonista de una serie de cortos, de los cuales el más famoso es indudablemente It’s a Gift (1923).

Seguir leyendo »

A finales de los años 20, King Vidor había estrenado dos de las grandes obras del cine mudo americano: El Gran Desfile (1925) e Y el Mundo Marcha (1928). Ambos eran dramas que trataban respectivamente sobre la I Guerra Mundial y sobre el fracaso del sueño americano. Como contraste, para su siguiente proyecto Vidor afrontó una comedia ligera que satirizaba sobre Hollywood llamada Espejismos (1928).

Como protagonista contó con la actriz Marion Davies, la amante del magnate de la prensa William Randolph Hearst. Aunque Davies y Vidor tenían muy buena relación, el cineasta tuvo que vérselas con el todopoderoso Hearst para añadir un detalle que a éste le parecía contraproducente para lo que debía ser un proyecto a medida de su amante. Dejemos que Vidor nos lo explique a través de su imprescindible autobiografía Un Árbol Es un Árbol:

Seguir leyendo »

¡Cuánto hay por descubrir todavía incluso en las filmografías de nombres más o menos conocidos! Tomen por ejemplo a Louis Feuillade, nombre indispensable de las primeras décadas del cine francés asociado para siempre con sus magníficos seriales como Les Vampires (1915) pero del que apenas se dice nada sobre sus posteriores largometrajes. Y aquí tenemos en pleno 1918 un drama antibélico magnífico, excelentemente realizado y digno de interés llamado Vendémiaire (1918).

Filmado en los últimos estertores de la I Guerra Mundial, la película de Feuillade opta por centrar la atención no en el campo de batalla sino en la situación de los que se han quedado en la vida civil. Los protagonistas son una serie de personajes se dirigen a la zona de Languedoc para trabajar en la vendimia: el padre Larcher con sus dos hijas Marthe y Marie (el anciano además tiene otra hija de la que no sabe noticias desde hace años y otro hijo en el frente), el excombatiente Pierre Bertin que se encuentra de baja, una gitana llamada Sara que debe cuidar sola de su hija al haber perdido a su marido en combate y dos espías alemanes, Wilfried y Fritz, que han matado a dos belgas para tomar su identidad. Además, en los viñedos conocen al dueño de la plantación, otro excombatiente que ha quedado ciego a causa de la guerra.

Seguir leyendo »

Pocos debuts en el campo del largometraje hay más brillantes y vistosos que el de Vsevolod Pudovkin con La Madre (1926), una de las grandes obras maestras de la era muda. Pudovkin llevaba ya unos años trabajando en el mundo del cine como actor, guionista y asistente de dirección colaborando entre otros con el genial teórico y cineasta Lev Kuleshov. A sus órdenes aprendió su concepción del montaje que harían célebres las grandes obras soviéticas de esos años, especialmente las trilogías de Sergei Eisenstein y el propio Pudovkin, que son las que han alcanzado mayor popularidad.

Comparando el cine de Pudovkin y Eisenstein resulta interesante constatar cómo pese a compartir un cuerpo teórico y una temática muy similares, cada uno entendió el cine de una forma diferente, algo palpable si comparamos los debuts de ambos realizadores al largometraje: La Huelga (1925) en el caso de Eisenstein y La Madre (1926) en el de Pudovkin. El primero concibe sus películas como obras en que no hay protagonistas individuales, sino colectivos (el pueblo, el proletariado). En cambio fijémonos en el tema escogido por Pudovkin: una adaptación de la novela de idéntico título escrita por Maxim Gorky sobre la fallida primera revolución de 1905.

Seguir leyendo »

Siempre me ha encantado que un corto primitivo como Le Cochon Danseur (1907) haya experimentado un inesperado auge de popularidad en nuestra época gracias a internet. Efectivamente la imagen de este ¿simpático? cerdo gigante se prestaba para ser utilizada en gifs animados, y mucha gente a quien seguramente no le interesan especialmente los orígenes del cine ha acabado descubriendo el corto a raíz de ellos – otro tema a comentar serían las rarezas cinematográficas que hemos hallado de esta forma, como es mi caso con una película soviética absolutamente desconocida para mí llamada Counterplan (1932), a la que llegué por un gif bastante difundido de un anciano regalando gatitos con una expresión de júbilo maravillosamente bizarra.

No crean que este anciano Doctor está divagando, las películas de principios del siglo XX suelen estar asociadas a lo que el teórico Tom Gunning bautizó como “cine de atracciones”, es decir, films que no se basaban en la narrativa sino en el acto puro de mirar en sí. Por tanto eran películas que buscaban el voyeurístico placer de mirar o lo que hoy día consideraríamos golpes de efecto. Es por ello que el gif animado, basado en capturar un instante en movimiento especialmente llamativo, es una herramienta bastante apropiada para encapsular pequeños momentos de cine de atracciones, como es el caso de nuestro protagonista de hoy.

Seguir leyendo »

A %d blogueros les gusta esto: