«Rex» en latín quiere decir «rey», y Rex Ingram en los años 20 era considerado todo un rey en Hollywood. Erich von Stroheim lo consideraba el mejor director de cine del mundo y fue a quien pidió ayuda para remontar su obra maestra Avaricia (Greed, 1924). Michael Powell dio sus primeros pasos en el cine de su mano, tal y como explicó en su autobiografía, y siempre lo consideró una de sus grandes influencias. Tras el apabullante éxito de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (The Four Horsemen of the Apocalypse, 1921) se convirtió en uno de los cineastas más prestigiosos de Hollywood y muchos le tildaban de genio. Si Ingram no ha trascendido tanto hoy día puede deberse a que tenía un carácter ferozmente independiente, que le llevó a dejar Hollywood a mediados de década para establecerse en la Riviera francesa para filmar en la zona mediterránea, de modo que su carrera en Estados Unidos no fue tan longeva como cabría esperar. Además, con la llegada del sonoro Ingram perdió el interés en el cine y abandonó su carrera para centrarse en otras ocupaciones.
The Three Passions (1928) fue la última obra muda de su carrera, combinando exteriores filmados en Reino Unido (donde sucede la historia) con interiores realizados en el estudio que Ingram tenía en Niza. El punto de partida era la última novela de un escritor amigo de Ingram, Cosmo Hamilton, cuyo título puede inducir a confusión esperando una historia mucho más apasionada (valga la redundancia) de lo que realmente es.







