
Imagen cortesía de BCN Film Fest
Cuando rescatamos grandes obras de la era muda o pequeñas joyas ocultas hay que tener en cuenta que a menudo no son representativas de la mayor parte del cine que se producía en la época. Lógicamente las que captan nuestra atención son las que tienen algo que las hace especiales o que cuentan con una gran estrella o director como aliciente, incluso aunque no sea una de sus mejores obras. Una de las cosas que aportan festivales como las Giornate del Cinema Muto de Pordenone son no solo las joyas o felices redescubrimientos sino este tipo de filmes medianos que están aún más condenados al olvido que las grandes obras de su época (¡y eso no es decir poco precisamente!). Pero a veces se da una situación especial que permite desempolvar un filme que en circunstancias normales no habría vuelto a salir más a la luz, como es el que nos ocupa hoy.
Los Cines Verdi son a día de hoy uno de los más longevos de la ciudad de Barcelona y este año han decidido celebrar su centenario con una idea muy interesante: recuperar el primer filme que se proyectó en dicha sala el 11 de febrero de 1926, cuando sus dueños decidieron convertir lo que hasta entonces era un teatro en un cine que se bautizó entonces como Salón Ateneo Cine. Y, tal y como habrán imaginado, la película que inauguró dichos cines no fue ninguna obra mítica ni ningún clásico, sino una cinta francesa de la que yo no tenía la más mínima referencia: Los Náufragos del Destino (Les Naufragés du Sort, 1921) de un director también desconocido para mí, Roger de Châteleux, que firma bajo el pseudónimo de Chalux.





