Hoy compartimos con ustedes un magnífico ejemplo de cine de los orígenes realizado por uno de los autores más importantes de esos primeros años, Ferdinand Zecca. Se trata de Histoire d’un Crime (1901), un relato sobre un asesino que es detenido por la policía y condenado a la guillotina.

El cortometraje presenta el estilo tan característicamente teatral de los orígenes del cine, pero Zecca aporta un detalle sumamente valioso e innovador: mientras el asesino duerme en la celda, éste recuerda en flashback su pasado y los hechos que le llevaron a cometer el crimen, que se ven superimpuestos en la pared de la prisión. Solo por ese detalle Histoire d’un Crime merece un lugar en las historia del cine, pero además resulta un corto muy bien realizado dentro del estilo teatral de los orígenes del medio, y en la época la escena de la guillotina era considerada tan fuerte que a menudo se pedía a mujeres y niños que salieran de la sala para que no la vieran (no nos cabe ninguna duda de que los niños seguramente se esconderían para no perderse precisamente esa escena). Merece mucho la pena que le echen un vistazo.

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¿Se les ocurre una mejor imagen de bienvenida al festival?

Comentaba Jay Weissberg en la ceremonia de apertura que Pordenone era un sitio en el que poder aislarnos de todos los problemas del mundo durante una semana, algo más necesario que nunca en los tiempos que corren. Es por ello que el último día de festival se caracteriza porque uno empieza a sentir los primeros síntomas del famoso síndrome post-Pordenone; cuando uno debe abandonar esa cómoda burbuja en que ha vivido aislado durante una semana y volver a la realidad y a las aburridas obligaciones cotidianas (como por ejemplo, en el caso de este Doctor, diseñar nuevas armas químicas e instruir a los becarios sobre cómo evitar que se cuelen intrusos en su guarida). No obstante, antes de que eso sucediera Pordenone nos ha ofrecido aun tres días muy intensos, como verán a continuación.

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Imagen cortesía de Valerio Greco

A lo largo de esta semana, hay ocasiones en que este Doctor siente la tentación de sentarse en algunas proyecciones en la primera fila del Teatro Verdi para poder de vez en cuando asomarse y mirar a los excelentes músicos en acción acompañando al filme. Este año de hecho Herr Caligari se ha escapado a alguna de las “Masterclasses” que se imparten durante el festival, en que músicos expertos en acompañar películas mudas enseñan a otros más jóvenes cómo llevar a cabo este meritorio trabajo. Recomiendo a los asistentes a Pordenone que se escapen algún día para asistir a esas clases, no solo por su valor musical, sino porque en ellas sobre todo se discute de cine, de los detalles que permiten a los músicos ir descifrando sobre la marcha cómo funciona la narrativa de los films e ir adaptando la música a su contenido. Es una experiencia altamente estimulante.

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29 de septiembre

Este año el Dr. Caligari decidió asistir a la proyección gratuita que sirve como prólogo al festival y que tiene lugar en el Teatro Zancanaro de Sacile, un pueblo (muy bonito por cierto) a solo unos kilómetros de Pordenone. En este caso se trataba ni más ni menos que de una de las obras cumbre del cine silente, El Viento (1928) de Victor Sjöstrom, con una orquesta en vivo interpretando una excelente banda sonora compuesta para la ocasión por Günter A. Buchwald. Para sorpresa de los organizadores, el teatro estaba tan lleno que tuvieron que abrir los palcos superiores (de hecho había gente haciendo cola una hora antes… ¡Sjöstrom arrasando en Sacile!).

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Un año más, el Doctor Caligari ha trasladado su cuartel general al pequeño pueblo italiano de Pordenone para acudir al festival de cine mudo más importante a día de hoy: Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone. Es la cuarta vez que este Doctor acude allá para disfrutar de la excelente programación del festival y de la hospitalidad de la organización, que nunca se olvidan de enviar una invitación a Herr Caligari desde aquel año que tardaron un poco más de la cuenta y se despertaron un buen día con una bomba nuclear en el Teatro Verdi. Si quieren conocer los detalles de pasadas ediciones pueden leer los posts correspondientes al 2014, 2015 y 2016, pero pasemos a los detalles sobre este año.

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Es estimulante comprobar cómo incluso hoy día nos siguen llegando pequeñas sorpresas de la era muda en forma de descubrimientos o de restauraciones de films hasta ahora olvidados. Una de las grandes noticias silentes de este año (¡sí! ¡hoy día sigue habiendo de vez en cuando novedades sobre cine mudo!) es la restauración que ha hecho el British Film Institute de la primera adaptación cinematográfica de la novela de Liam O’Flaherty El Delator, hoy día recordada sobre todo por la versión que realizó John Ford en 1935 ganando su primer Oscar y en consecuencia eclipsando a nuestra película de hoy.

Este El Delator (1929) era un proyecto en el que confluían talentos de todo el mundo (algo especialmente habitual en la era muda) pese a tratarse de una producción británica. Su director era Arthur Robinson, un norteamericano que después de estudiar medicina en Alemania decidió dedicarse al cine aportando un pequeño clásico de la era de Weimar, Sombras (1923). En cuanto a su protagonista, el sueco Lars Hanson, era uno de los grandes actores de la época que se dio a conocer con películas de Victor Sjöstrom y Mauritz Stiller y que luego viajaría con ellos hasta Hollywood. Por otro lado, su protagonista era la húngara Lya de Putti, que aparece en unas cuantos clásicos del cine alemán mudo. Y para rematarlo todo, la novela está ambientada en Irlanda, de modo que tenemos aquí una mezcla de talentos de todo el mundo, aunque quizá la influencia que tiene más peso es la alemana, no solo por Herr Robinson, sino también por los directores de fotografía Theodor Sparkuhl y Werner Brandes, que confieren a la cinta una estética muy típicamente germana.

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Al contrario de lo que podría parecer, las eminencias en cine mudo no hallan el placer únicamente en encontrar joyas perdidas en rincones ocultos de filmotecas o archivos de coleccionistas. En contadas ocasiones a uno le apetece estar en la playa antes que descubriendo una obra silente inédita del cine armenio. Por ello, cuando llegan estas fechas el Doctor Caligari ya empieza a probar si aún le entra el flotador del año pasado y si su vieja colchoneta no tiene agujeros.

Durante unos meses, el ilustre Doctor dedicará su tiempo no a escribir sobre joyas mudas sino a pasatiempos igual de emocionantes como el de la imagen que pueden ver arriba. Como de costumbre, a finales de Septiembre volverá con ustedes para traerles más cine mudo.

Algo olvidado hoy día fuera de las clases de historia del cine o de teoría del montaje, Lev Kuleshov merecía también una mención en este rincón silente, aunque solo sea por su su rol como padrino de esa magnífica generación de cineastas soviéticos de la era muda.

A diferencia de muchos de los directores soviéticos que se hicieron célebres en los años venideros Kuleshov fue uno de los pocos cineastas que inició su carrera en la era prerrevolucionaria (fue asistente del gran Yevgeni Bauer). Tras años de experimentar con la técnica cinematográfica, fundó en 1920 un laboratorio donde explicar sus teorías a una serie de estudiantes que incluían futuros directores de renombre. De hecho, Kuleshov fue el primer cineasta soviético en dar una gran importancia a la fase de montaje, que luego sería una pieza esencial de dicha cinematografía.

En una época en que se hacía muy difícil la producción fílmica en Rusia, Kuleshov consiguió finalmente tirar adelante con algunos de sus alumnos la película Las Extraordinarias Aventuras de Mr. West en el País de los Bolcheviques (1924), donde pondría en práctica algunos de sus conceptos clave como el célebre “efecto Kuleshov”.

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Hoy rescatamos la primera adaptación cinematográfica que se conoce de la célebre historia de Carlo Collodi publicada en 1883.

Este cortometraje italiano destaca sobre todo por la presencia del célebre cómico Ferdinand Guillaume en el papel protagonista, a quien vemos en la escena inicial saludando al público y convertirse en el personaje de Pinocho tras dar un par de volteretas en el aire. Realmente en sus seis minutos de duración, el film apenas toma del libro la historia del famoso autómata que cobra vida (resulta especialmente hilarante cuando, estando aún inmóvil, le saca la lengua a Gepetto) y poco más. Una vez Pinocho consigue moverse, la película deriva en la clásica persecución entre personajes destruyendo todo a su paso y finaliza cuando la policía detiene a Pinocho, quien parece que tras pocas horas de vida ya tiene problemas con la justicia (¡aunque al final se nos indica que quien carga las con culpas es el pobre Gepetto!).

Más que una adaptación, es una excusa para exhibir las dotes cómicas de Guillaume y partir de un personaje popular que permitía una caracterización extravagante, pero resulta interesante como primer Pinocho cinematográfico.

Estoy seguro de que todos ustedes conocerán el célebre documental Nanook el Esquimal (1922) de Robert Flaherty, considerado el primer gran largometraje del género. Flaherty vivió muchas aventuras durante el rodaje, y como muestra de ello hoy hemos rescatado el fragmento de un artículo suyo de la época, titulado “How I Filmed Nanook of the North” en que habla sobre una fallida expedición para filmar a Nanook cazando osos. Le cedo la palabra a Mr. Flaherty:

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