Aunque los fanáticos del cine mudo seguramente tengamos fama de ser viejos aburridos cuyo concepto de diversión es revisionar por centésima vez una película de Murnau, tampoco somos ajenos a otros placeres más comunes y populares como ver películas sonoras (!!) e incluso disfrutar de planes típicamente veraniegos en buena compañía.

Esto es lo que tiene pensado hacer el Doctor Caligari en los próximos meses, en los que piensa disfrutar de las playas del Mediterráneo junto a su buena amiga Louise Brooks, al lado de la cual es imposible aburrirse. Les invitamos a que ustedes también se den un tiempo de vacaciones al aire libre en compañía de su estrella de cine mudo favorita hasta el retorno del Doctor Caligari a finales de Septiembre.

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En Cuerpo y Alma (1925) posee de entrada el aliciente de ser uno de los pocos filmes mudos que han sobrevivido a día de hoy del director afroamericano Oscar Micheaux, además de suponer el debut cinematográfico de Paul Robeson, uno de los actores negros más importantes surgidos en Estados Unidos en aquella época.

Tanto Oscar Micheaux como Paul Robeson son dos figuras fundamentales a la hora de hablar de cine afroamericano que darían por sí solos para un extenso artículo, y de hecho en su momento ya escribimos uno dedicado al primero. Hoy nos centraremos en la que fue su única colaboración juntos.

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Hoy les proponemos este divertido corto cómico, Rincasare non è Sempre Facile (1912), protagonizado por uno de los principales actores y directores de los primeros años del cine italiano: Ernesto Vaser. Proveniente de una familia de raíces teatrales, Vaser dio exitosamente el salto al cine en la primera década de siglo trabajando en filmes de todo tipo de géneros.

Ésta es una de las muchas comedias que realizó encarnando al personaje de Fringuelli, quien en este caso es un hombre que quiere hacer una escapadita a París pero a su mujer y temible suegra les hace creer que viaja a otro paraje más inofensivo. A su retorno, descubre horrorizado que el tren en que supuestamente debía haber vuelto se ha retrasado un día por una nevada y que, para que no se descubra la mentira, debe ocultarse en su propia casa hasta el día siguiente, lo cual no resultará especialmente fácil.

Un cortometraje sencillo y divertido para lucimiento de Vaser. A mí me resulta especialmente gracioso cuando, oculto en lo alto de un armario, nos da a entender que se muere de hambre con un par de gestos lastimosos, ¿quién podría ser tan cruel como para no empatizar con este pobre hombre que solo ha querido echar una cana al aire? Disfruten pues de la película y no teman si no entienden los rótulos, ya que conociendo la premisa se sigue perfectamente.

El “Product Placement” o “Emplazamiento publicitario” es una de las técnicas de marketing más utilizadas en el cine, consistente en colocar un producto de una determinada marca de forma visible dentro de la película. Aunque este tipo de publicidad más o menos encubierta empezó a desarrollarse de forma masiva a partir de los años 80, en realidad se ha utilizado desde los orígenes del cine… ¡no hay casi nada que no se haya inventado antes o que no tenga un clarísimo precedente en el pasado!

El que se considera el primer ejemplo es la versión de Barbazul (Barbe Bleue, 1901) de Georges Méliès, donde en la escena del banquete aparece una gigantesca botella de champagne de la marca Mercier, aunque desconozco si es por motivos publicitarios o simplemente para apelar al espectador mostrando una marca que conocería y le resultaría más cercana.

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Pese a que empezó su extensísima carrera en una fecha tan temprana como 1917, parece haber unanimidad entre los fans de John Ford respecto a que su etapa muda está lejos de ser una de las más brillantes de su filmografía, funcionando más bien como un periodo de aprendizaje con algunos logros puntuales dignos de ser recordados. Teniendo eso en cuenta, Legado Trágico (1928) sería uno de esos ejemplos a destacar, aunque no a la altura de sus mayores logros silentes, como la algo sobrevalorada El Caballo de Hierro (1924), la muy reivindicable Tres Hombres Malos (1926) y, sobre todo, mi favorita, Cuatro Hijos (1928). El filme que nos ocupa ciertamente posee suficientes cualidades que la convierten en una obra notable, pero también algunas carencias que hacen que no termine de redondearse lo que de entrada era una historia con todos los ingredientes necesarios para dar una gran película.

“Ciudadano Hogan” es un irlandés expatriado que un día recibe una carta con una mala noticia que le incita a volver a su tierra natal a llevar a cabo una venganza pese a que está en búsqueda y captura (suponemos que por actos contra el ejército británico). Allá nos encontramos con el juez O’Brien, tristemente famoso por haber enviado a muchos hombres a la horca y cuya hija Connaught está enamorada del honrado pero pobre Dermot. Su padre, a quien le quedan días de vida, se asegura de que ésta se case con el mejor posicionado John D’Arcy, un déspota hipócrita que pronto descubriremos que la persona de la que Ciudadano Hogan quiere vengarse.

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Ya les hablamos en alguna ocasión de Alfred Machin, uno de los grandes pioneros del cine belga y holandés, del que hoy rescatamos uno de sus cortometrajes más sobresalientes, De Molens die juichen en weenen (1912), en que una familia feliz se ve acosada por un vagabundo que, al no recibir ayuda del padre, promete vengarse. Una vez más, Machin vuelve a utilizar como lugar de acción el gran emblema característico del país, un molino, y de hecho no deja de parecerme entrañable que el hijo de la familia le muestre ilusionado a su padre su gran trabajo de artesanía: un pequeño molino hecho por él.

Si le echan un vistazo a la película entenderán por qué Machin es uno de los grandes nombres a rescatar del cine europeo de esos años: la composición de planos es magnífica (la imagen del vagabundo observando el molino desde el puente, el impactante plano final con el reflejo del río…) y la versión que les ofrecemos es una de esas impecables restauraciones de nuestros amigos de Eye que nos permiten poder disfrutar de esta joya en su plenitud. No la dejen escapar, les aseguro que les dejará boquiabiertos.

Hoy hace exactamente 90 años tuvo lugar la primera proyección de una de las obras más importantes de la historia del cine. Era en Le Studio des Ursulines y se trataba de un doble programa de dos cortos donde paradójicamente la obra perteneciente a un cineasta debutante y absolutamente desconocido eclipsó por completo al supuesto filme principal de la noche. Su autor era un aragonés que según dice la leyenda asistió al estreno con los bolsillos llenos de piedras para arrojárselos a la audiencia en caso de que abuchearan su obra. Se trataba de Un Perro Andaluz (1929) y su creador era Luis Buñuel en colaboración con el pintor Salvador Dalí. Para homenajear la que acabó siendo la gran obra del movimiento surrealista, hemos decidido ofrecerles todos los pormenores relacionados con su gestación incluyendo varios testimonios de los implicados. Pónganse cómodos y disfruten, éste va a ser un post largo pero el tema vale la pena.

A principios de los años 20 Luis Buñuel había ido a cursar estudios universitarios a Madrid, y en la Residencia de Estudiantes trabó amistad con bastantes jóvenes que también seguirían una carrera artística, especialmente Salvador Dalí y Federico García Lorca. En aquellos años nuestro protagonista empezó también a mostrar inclinaciones artísticas pero tuvo que aceptar que no tenía talento para la pintura o la poesía como sus compañeros. En cambio, empezó a mostrar un interés cada vez mayor por el cine, sobre todo a raíz del expresionismo alemán y películas como Las Tres Luces (1921) de Fritz Lang, y al poco tiempo se marchó a Francia donde empezó ejerciendo pequeños trabajos para el cineasta Jean Epstein. Cuando rompió su relación con Epstein éste le advertiría “Tenga cuidado. Advierto en usted tendencias surrealistas. Aléjese de esa gente“. Por suerte no seguiría su consejo.

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Cada vez más se está reivindicando el papel de las mujeres cineastas en ámbitos tan diversos como el guion, la edición y la realización. Aquí no quisimos ser menos y hace tiempo dedicamos un post a las directoras más importantes de la era muda, entre las cuales destacan especialmente dos nombres: Alice Guy y Lois Weber, que es la que nos ocupa hoy.

No obstante, la necesidad de recuperar a estas pioneras puede acabar, paradójicamente, volviéndose en su contra, porque puede llevar a la idea equivocada de que Lois Weber necesita un apoyo especial para destacar su nombre, que lo que la hace digna de mención es la rareza de ser una mujer en un mundo de hombres; y en realidad las películas de Lois Weber se reivindican por sí solas, al margen de que las haya dirigido una mujer. En otras palabras, su nombre debería ser recordado a la hora de repasar las primeras décadas del cine sin necesidad de hacer una reivindicación feminista (que nunca está de más, obviamente), ya que su importancia histórica como directora, al margen de su género, se sustenta por sí sola – no en vano en cierto momento de su carrera fue la directora mejor pagada de Hollywood.

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Éste es uno de esos cortometrajes que apenas precisa de explicación porque su impagable premisa lo dice todo: una mujer lleva a su bebé a una incubadora milagrosa (“12 meses de crecimiento en una hora”, asegura el cartel; por otro lado no se pierdan los otros carteles de fondo que muestran el antes y el después de su uso), pero lo acaba dejando por error más tiempo del indicado… con resultados calamitosos. Uno de esos divertidísimos cortometrajes que muestran lo imaginativo que era el cine de los orígenes.

Como nuestros lectores más veteranos ya sabrán, una de las tradiciones anuales de este rincón silente es dedicar un post a las mejores películas que se estrenaron justo hace 100 años (abajo del todo tienen los links a ediciones anteriores). Así pues, mientras las webs que siguen la actualidad cinéfila compartirán en unos meses las listas de mejores estrenos del 2019, el ilustre Doctor Caligari en cambio rescatará de sus viejos archivos el top que elaboró en el ya lejano 1919 y que compartió en el cineclub que frecuentaba por entonces las noches que no estaba de juerga en un cabaret en compañía de su inseparable Cesare.

Nos encontramos pues a solo un año del cambio de década decisivo en el que se encuentran la mayor parte de clásicos de la era muda. A causa de ello y de que la finalidad de estas listas no es tanto ser selectivas como dar a conocer títulos, en esta ocasión el Doctor Caligari ha decidido ampliar el Top10 a los 15 mejores filmes de 1919, para no dejar fuera algunas obras también dignas de mención. Pero antes de pasar a la lista, hagamos un repaso a algunos datos importantes sobre 1919 a nivel cinematográfico.

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