Especial Buster Keaton sonoro (IV): los cortometrajes de Educational y Columbia

Este post forma parte de un especial dedicado a los inicios de Buster Keaton en el cine sonoro que incluye los siguientes artículos:


Resulta chocante pensar que Buster Keaton fuera expulsado de la Metro a las primeras de cambio cuando todos sus filmes habían funcionado bien en taquilla y solo los últimos habían flojeado un poco. La poca fiabilidad que daba su alcoholismo no era motivo suficiente en una industria repleta de grandes talentos con problemas con la botella o temperamento difícil, pero en su caso se sumaron además dos factores esenciales: la animosidad que le tenía Louis B. Mayer y el hecho de que la Metro solo le viera como uno más de los cómicos del estudio, y que por tanto podía ser fácilmente reemplazable. Pero aun así en 1933 ningún gran estudio se fiaba ya de él y su situación económica era crítica, por ello acogió con los brazos abiertos la proposición que le hizo llegar Ernest Pagano, su exguionista de El Comparsa (Spite Marriage, 1929): hacer una serie de cortometrajes para Educational Pictures.

El eslogan de la compañía por entonces era que sus filmes constituían «la especia del programa», refiriéndose al programa prototípico que se exhibía en un cine de la época, que incluía noticiarios, cortometrajes cómicos o de dibujos animados y los largometrajes. Pese a que es un emblema simpático, se puede leer algo significativo entre líneas sobre la escasa importancia de dicha productora: los cortos de Educational no es que no fueran el plato principal, es que ni siquiera eran el entrante o el postre, solo el condimento. Educational nació en la era muda como una distribuidora de cortometrajes que a finales de los años 20 decidió pasarse a la producción. Por desgracia los costes adicionales y el cambio de panorama que implicó la llegada del sonoro pusieron a la compañía en una situación más inestable. Nunca se recuperaría del todo y cerraría a finales de los años 30, pero por el camino produjo numerosos cortos para los que se solía emplear a jóvenes aspirantes que se estaban abriendo camino o a antiguas estrellas en decadencia, como el mentor y amigo de Keaton, Roscoe Arbuckle.

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Especial Buster Keaton sonoro (III): Buster Keaton en la MGM

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En uno de los peores largometrajes sonoros de Buster Keaton, Calles de Nueva York (Sidewalks of New York, 1931), hay un momento muy curioso en el que se hace inevitable ver un subtexto adicional que obviamente sus creadores no tuvieron en mente al dar forma a la escena. En este instante del filme Keaton quiere declararse a la mujer a la que ama, pero no se ve capaz de hacerlo por no saber qué decirle, de modo que se le plantea una curiosa estratagema: grabar su declaración en un disco y luego ponérselo a ella fingiendo que es él hablando en ese momento. Pero como no se le ocurre qué decir, mientras graba su discurso su cómplice le va pasando frases románticas para ir pronunciando que corresponden a títulos de revistas y novelas que va cogiendo de un quiosco al azar. El gag está en que al final por error lee la frase de una revista en que dice que le pegará una patada, acabando así su romántica declaración.

¿No es esta escena un reflejo exacto de la situación en que se encontraba Buster Keaton en sus filmes sonoros de la Metro? El problema tanto de Keaton como del personaje que encarna aquí no es que no sepan hablar (repitámoslo una vez más: Keaton se adaptó instantáneamente a la novedad del sonoro) sino más bien de las frases que le hacía pronunciar el estudio, y que él se veía obligado a recitar sin mucho convencimiento. El Buster Keaton artista estaba tan limitado a expresarse como el ridículo personaje de esta película, que tiene que recurrir a leer textos de revistas baratas para aparentar estar declarándose. Aunque inicialmente esta situación funcionara en la vida real y en esta escena (en la primera parte de la declaración grabada seduce realmente a la chica), a la larga ambas estaban condenadas al fracaso.

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Especial Keaton sonoro (II): anatomía de una caída

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En los años 20 Buster Keaton era uno de los artistas de cine más grandes del mundo. Solo Chaplin y Harold Lloyd le superaban en el terreno de la comedia, y eso porque ambos eran posiblemente los cineastas más populares de la época. ¿Cómo pudo pues perder tan repentinamente el control de su carrera a finales de los años 20? La respuesta está en que Chaplin y Lloyd eran sus propios productores y controlaban su obra. No solo eran grandes artistas sino que además supieron desenvolverse muy bien como hombres de negocios para conseguir una independencia absoluta. No era ése el caso de Keaton. Sus filmes de los años 20 habían sido producidos por Joseph M. Schenck, un importante productor independiente que tenía en nómina a otros nombres tan importantes como la actriz Norma Talmadge, que era además su mujer y la cuñada de Keaton.

Si Keaton no se lanzó en su momento de mayor éxito a probar a producir películas de forma independiente fue simple y llanamente porque a él la parte financiera no le interesaba ni tenía madera para moverse entre hombres de negocios. Pero durante mucho tiempo eso no le pareció ningún problema, ya que Schenck le dejó su propia unidad de producción dándole libertad creativa absoluta. ¿Qué necesidad había pues de complicarse la vida si ya podía hacer las películas que quería? Esto no se reveló como un problema hasta que en 1928 los hermanos Schenck vendieron su contrato a la Metro-Goldwyn-Mayer. Esto, que puede verse como una especie de traición, para ellos no era más que un acuerdo económico más. Para él fue el gran punto de inflexión que acabaría con su edad de oro.

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Especial Buster Keaton sonoro (I)

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Amigos lectores, ya me perdonarán que por unas semanas me permita salirme del ámbito al que suele circunscribirse este blog, esto es, el cine mudo, y que de forma excepcional haga un especial temático en el que abordaremos películas sonoras. Pero hay una razón de peso para ello que seguro que ustedes aceptarán, y es homenajear a una de las más grandes figuras de la era silente, que es Buster Keaton.

Se ha escrito en infinidad de ocasiones sobre las grandes joyas que nos ofreció el genial cómico en su época muda, y no es para menos, ya que no solo son grandes películas y comedias divertidísimas, sino que además son obras que se prestan a todo tipo de análisis y relecturas. Pero en contraste resulta curioso constatar qué poco se ha escrito sobre su época sonora. Obviamente hay un motivo de peso para ello: Buster Keaton perdió el control de su carrera con la llegada del sonoro, dejó de poder dirigir sus películas y todas ellas son muy inferiores a sus grandes obras mudas. ¿Por qué molestarse?

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A Little Girl Who Did Not Believe in Santa Claus (1907) de J. Searle Dawley y Edwin S. Porter

Amigos lectores, se acercan ya las Navidades y seguramente muchos de ustedes formarán parte de esos cínicos con nulo espíritu navideño, que piensan que es solo una fiesta consumista, que se han perdido sus auténticos valores originales o, mucho peor, ¡que no crean en Santa Claus! Para todos ustedes va dedicado este corto de la factoría Edison, A Little Girl Who Did Not Believe in Santa Claus (1907) de J. Searle Dawley y Edwin S. Porter, con la esperanza de que les haga cambiar de opinión.

El argumento es el siguiente: tenemos dos niños que son amigos pero que discrepan respecto a la figura de Santa Claus: ella no cree que exista, pero él sí. La pequeña pero crucial diferencia entre ambos es que ella está en un hogar humilde donde los regalos navideños seguramente sean escasos o nulos, mientras que él pertenece a una familia adinerada y, por tanto, cada año recibe un montón de regalos, . ¡Así claro que es fácil creer en Santa Claus!

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Hace 100 años: las mejores películas de 1925

Sé que todos ustedes, fieles lectores, lo estaban esperando, ¿y quién es este Doctor para decepcionarles? Aquí va la clásica lista que les ofrecemos cada año de las mejores películas que han cumplido un siglo, es decir, las mejores películas de 1925.

A medida que nos adentramos más en la década de los años 20, más difícil se hace realizar una selección acotada de títulos y uno entra en el dilema de no querer extenderse mucho pero, al mismo tiempo, querer dejar un hueco a tantas grandes películas menos conocidas. Es por ello que en esta ocasión se ha ampliado la lista a 20 títulos. Veamos lo que nos ofrecía el mundo cinematográfico en 1920.

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Now, You Tell One (1926) de Charley Bowers y Harold L. Muller

De entre todos los grandes cómicos que surgieron en la era muda Charley Bowers es uno de los que más necesita una urgente reivindicación hoy día tanto por lo poco que suele citarse como por lo sumamente originales que son sus películas. Lo que hacía a Bowers especial como cómico es que en sus filmes le gustaba alternar imagen real con segmentos de animación stop motion. Esto hace que, si ya de por sí las comedias slapstick más alocadas tengan un punto surrealista que luego en el sonoro solo mantuvo el cine de animación, las suyas vayan aún más lejos. Desde el momento en que la animación stop motion adquiere un papel tan importante, todo es posible, el único límite es la imaginación.

De entre todos los cortometrajes suyos que he visto me apetece destacar Now, You Tell One (1926) no solo por ser muy divertido sino uno de los más absurdos (que ya es decir). La acción se inicia en un club de mentirosos, en que los asistentes se retan a ver quién dice la mentira más grande, incluyendo historias sobre elefantes entrando en el Capitolio o un hombre que atrapa a un ladrón ocultándose dentro de un sombrero. Como ninguna de esas mentiras les llama la atención, uno de sus miembros sale en busca de alguien con una historia mejor y se topa con Bowers, que tiene un relato aún más imposible de creer.

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El Mundo Perdido (The Lost World, 1925) de Harry O. Hoyt

Resulta curioso constatar cómo existe una cierta relación entre el cine de animación y los dinosaurios desde los inicios del medio. Tal y como ya explicó en detalle Estrella Millán en este excelente artículo, existen numerosos ejemplos de filmes mudos que daban forma a estas criaturas prehistóricas – de hecho no es casual que uno de los primeros grandes personajes de animación fuera un dinosaurio. Esto tiene una explicación. Desde el siglo XIX el interés por la paleontología aumentó muchísimo a raíz de la identificación de unos restos de dichos animales por parte del paleontólogo Richard Owen, quien acuñó por primera vez el término «dinosaurio» para definir a estas criaturas fantásticas de la familia de los reptiles. Eso despertó la curiosidad por dicha temática incluso más allá de los círculos científicos y especializados. Al gran público le fascinaba imaginar esos seres gigantescos que habitaban nuestro planeta tiempo atrás. Y gran parte de esa fascinación lógicamente radicaba en que esos animales estaban extinguidos, solo podían «visualizarse» a través de ilustraciones que reconstruían lo que se intuía a través de sus restos óseos.

En paralelo en esos años el cinematógrafo se popularizó. La capacidad de capturar imágenes en movimiento permitía que una persona que jamás hubiera salido de su pueblo pudiera ver todo tipo de animales exóticos moviéndose en una pantalla ante sus ojos (esto quizá les parezca una obviedad, pero créanme, para un espectador de principios del siglo XX fue un impacto brutal). Pero lo que una cámara de cine jamás podrá filmar es un dinosaurio. ¿Cómo suplir esa carencia? Aquí es donde entra en juego el cine de animación: era la única forma de que el público, fascinado por esos animales, pudiera ver una recreación de cómo deberían ser en movimiento. De ahí que el stop motion fuera una técnica especialmente suculenta para animar a estos seres del jurásico. Un león en movimiento podía verse en una película pero también en un zoológico. Un dinosaurio en movimiento solo podría verse en cine. Es importante tener todo esto en mente antes de entrar en materia con la película que tenemos entre manos, porque nos permitirá entender el enorme impacto que tuvo en su época y la percepción que tuvo el público de la misma.

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L’Acqua Miracolosa (1914) de Eleuterio Rodolfi.

Cuando decimos que la edad de oro del cine italiano tuvo lugar en los años 10 puede creerse que eso se deba a las películas de divas y sus ostentosos peplums… y sí, es cierto que esos fueron los principales géneros y los que dieron más fama al cine silente italiano, pero hay más. Realmente en esos años se realizaron multitud de filmes (especialmente cortometrajes) de todo tipo de géneros que son un dechado de imaginación y creatividad: desde películas de acción a comedias. Y hoy les traemos una muestra: L’Acqua Miracolosa (1914) de Eleuterio Rodolfi.

La premisa es la siguiente: Gigetta es una mujer emparejada con el Caballero Cornelio, un hombre mucho mayor que ella que se lamenta de que no tengan descendencia a quien legar su apellido. Su vecino de arriba es el Doctor Rodolfi, que está enamorado de Gigetta y, además, es el médico de cabecera de Cornelio. Éste le propone entonces un remedio para su problema: que su esposa pase un tiempo en unos manantiales que contienen unas aguas curativas que hacen milagros. Cornelio acepta la idea pero, como no puede acompañar a su esposa, la manda sola. Poco imagina que el Doctor Rodolfi se citará con ella en el balneario para vivir un romance. Pero al final todo va bien porque tiempo después Gigetta queda embarazada y Cornelio se lleva una alegría al saber que esas aguas termales surgieron efecto… aunque no en el sentido que él imagina.

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What Made Her Do It? (Nani ga kanojo o sô saseta ka, 1930) de Shigeyoshi Suzuki

Si les parece que están teniendo una mala racha o que últimamente no les sonríe la suerte, échenle un vistazo a todas las peripecias que ha tenido que sufrir la pobre Sumiko a lo largo de su vida. Se trata de una joven inocente y llena de buenas intenciones que se va a vivir a casa de sus tíos en el campo con la idea de estudiar y ser alguien de provecho. Lo que no sabe es que, después de haberla enviado allá, su padre se ha suicidado por no poder soportar una vida de tantas estrecheces económicas y que sus tíos, que viven en la miseria, no solo la van a maltratar sino a venderla a un circo.

En el circo no solo se le obligará a protagonizar un peligroso número de lanzamiento de cuchillos sino que continuará recibiendo malos tratos. Su compañero Shintaro le propone huir hacia un futuro mejor pero definitivamente la suerte no sonríe a Sumiko, ya que acaban separados a causa de un accidente. He aquí una lista de las eventualidades que le sucederán a continuación: es obligada a formar parte de una banda de ladrones, la policía la detiene, acaba de criada en la casa de un importante político pero es despedida al rebelarse por el trato denigrante que se le dispensa, un nuevo amo la intenta violar, se reencuentra con Shintaro y deciden suicidarse juntos porque no soportan tanta pobreza… y al final acaba en un estricto orfanato cristiano.

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