Posts Tagged ‘Victor Sjöström’

La figura del director de fotografía no está suficientemente valorada en el mundo de la historia y crítica cinematográfica. A veces tendemos a dar todo el mérito visual de una película al director y olvidamos con demasiada facilidad (aquí yo mismo entono un “mea culpa”) que gran parte del mérito visual de una película y de su estética viene del trabajo del director de fotografía, que a veces puede venir fuertemente condicionado por las directrices del realizador, pero no siempre es así.

Esto es aún más cierto en la era muda, donde hasta que el oficio se acabó de profesionalizar y especializar, el director de fotografía a menudo tenía que ejercer varias funciones que décadas después se repartirían entre diferentes personas del equipo. Tal es así que a menudo el encargado de la fotografía era también el que manejaba la cámara, el responsable de ciertos efectos especiales… e incluso ¡el que se encargaba del proceso de revelado del filme! A eso hay que sumarle que estos pioneros fueron los responsables de descubrir multitud de efectos y recursos de fotografía que luego se estandarizaron pero que por entonces requerían experimentación y ganas de probar cosas nuevas.

No obstante el trabajo del cámara y director de fotografía sigue sin ser suficientemente reconocido pese a su enorme importancia. Para compensar este vacío, el Doctor Caligari ha decidido compartir con ustedes una selección de 10 de los directores de fotografía más destacados de la era muda. Es sí, la selección se basa en el trabajo realizado por estos directores de fotografía en el periodo silente, de modo que en algunos casos he decidido dejar fuera a ciertos nombres imprescindibles porque creo que la parte más destacada de su trabajo la hicieron en la era sonora (por ejemplo es el caso de James Wong Howe, que trabajó en varios filmes mudos pero empezó a destacar años después ya entrado el sonoro).

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Este post forma parte de un especial dedicado a Greta Garbo que incluye los siguientes artículos:


Greta Garbo fue en su momento una de las empleadas más valiosas de la Metro-Goldwyn-Mayer pero al mismo tiempo una de las que más quebraderos de cabeza le dio al estudio a nivel contractual. Pese a su juventud e inexperencia, la Garbo fue desde el principio una actriz que tenía claro hacia dónde quería orientar su carrera, y de no haber sido por su tenacidad y por sus constantes luchas seguramente no habría podido protagonizar muchas de las grandes obras que hoy han pervivido como clásicos. Es por eso que la historia de los enfrentamientos de la Garbo con la Metro nos sirven para valorar aún más los logros artísticos de su carrera y para entender cómo lidiaban los grandes estudios con las estrellas de la época.

A diferencia de la mayoría de actrices provenientes del viejo continente, Greta Garbo no entró en Hollywood por su carrera, que hasta entonces solo se reducía a dos papeles importantes en el cine – aunque, eso sí, en dos de las películadas más destacadas de esos años: La Saga de Gösta Berling (1925) y Bajo la Máscara del Placer (1925) – sino como una especie de “pack” que venía con el director sueco Mauritz Stiller, que es a quien la Metro-Goldwyn-Mayer realmente quería. Stiller había realizado algunas de las obras más importantes de esos años, y tras el éxito de su compatriota Victor Sjöstrom en Hollywood la Metro decidió hacerse con el segundo gran nombre del cine sueco. Stiller se interesó por la oferta pero insistió en llevarse consigo a la joven Greta Garbo, a quien él había descubierto y que estaba convencido de que tenía un gran talento por delante. Pese a la inexperiencia de la joven actriz, tras ver una copia de La Saga de Gösta Berling Louis B. Mayer pensó que no era mala idea contratar también a esa joven promesa y aceptó incluirla en el trato.

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Este post forma parte de un especial dedicado a Greta Garbo que incluye los siguientes artículos:


A principios de los años 20 Mauritz Stiller era considerado junto a Victor Sjöström el gran director del cine sueco y de hecho el prestigio de ambos era tan grande que no tardarían en ser llamados a Hollywood, donde tendrían futuros muy distintos. Pero antes de que eso sucediera el ambicioso Stiller se propuso realizar la gran película escandinava, que superara todo lo que él y su compatriota Sjöström habían realizado antes, y para ello ¿qué mejor que adaptar la primera novela de la escritora más célebre del país, Selma Lagerlöf, que había proporcionado el material de base para los filmes más destacados de Stiller y Sjöström? De modo que desde su concepción La Saga de Gösta Berling (1924) estuvo pensada como una obra épica de gran presupuesto.

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Hoy destacamos una pequeña curiosidad concerniente a una drama sueco considerado perdido durante décadas hasta que lo descubrió la Cinemathèque Française en 2004: In the Springtime of Life (I lifvets vår, 1912) de Paul Garbagni. La protagonista es la hija fruto de una relación adúltera que, al morir su madre, pasa por toda una serie de vicisitudes: su padre, un hombre adinerado llamado Von Seydling, decide acogerla dejándola a cargo de una mujer de supuesta confianza, que en realidad la usa para mendigar. Otro hombre, Cyril Alm, la descubre en esas circunstancias y la rescata sin saber nada del padre de la niña, así que la adopta como hija propia. Con el tiempo ésta se convierte en una preciosa mujer de la que no podrá evitar enamorarse.

¿Qué tiene de particular este drama? Pues ni más ni menos que podemos encontrar en él a los tres grandes pioneros del cine sueco participando como actores antes de que se hicieran un nombre en la industria como directores: Georg af Klercker, Victor Sjöström y Mauritz Stiller. ¿Qué probabilidades había de que coincidieran los tres en una misma película?

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Durante los años 10, la industria cinematográfica sueca estaba librando una batalla por la respetabilidad que también estaba teniendo lugar en otros países del mundo. Se pretendía demostrar que el cine podía ser una forma de entretenimiento de calidad y así abarcar a un público más amplio y exigente. Y como solía ser frecuente en los inicios del cinematógrafo, un sinónimo de respetabilidad instantáneo era la literatura, así pues, ¿qué mejor idea que adaptar a la gran pantalla las obras de una de las escritoras más prestigiosas del país, la premio Nobel Selma Lagerlöf?

Una de las personas más adecuadas para llevar a cabo dicha tarea era Victor Sjöstrom, un actor y director que rápidamente se había desmarcado por realizar algunas de las mejores películas no solo del país sino de su época. Ya en Terje Vigen (1917) había adaptado un prestigioso poema de Henrik Ibsen – en colaboración con Gustaf Molander en el guion, quien en breve adquirirá más importancia en este relato – de forma más que exitosa, de modo que se aventuró a dar el gran paso de hacer la primera adaptación de una historia de Selma Lagerlöf. Intimidado por el prestigio de la escritora y sabiendo que el cine todavía era un medio carente de respetabilidad, Sjöstrom fue a visitarla y le leyó el guión de La Hija de la Turbera (Tösen från Stormyrtorpet, 1917), que Lagerlöf aprobó. El filme funcionó muy bien y animó a Sjöstrom a emprender uno de los proyectos más ambiciosos de su carrera: adaptar la novela Jerusalén de la misma escritora, una saga que explicaba la historia de una familia de granjeros a través de varias generaciones hasta desembocar en el viaje que varios de ellos hacían a Tierra Santa, donde inician una nueva vida en el seno de una comunidad cristiana.

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Como nuestros lectores más veteranos ya sabrán, una de las tradiciones anuales de este rincón silente es dedicar un post a las mejores películas que se estrenaron justo hace 100 años (abajo del todo tienen los links a ediciones anteriores). Así pues, mientras las webs que siguen la actualidad cinéfila compartirán en unos meses las listas de mejores estrenos del 2019, el ilustre Doctor Caligari en cambio rescatará de sus viejos archivos el top que elaboró en el ya lejano 1919 y que compartió en el cineclub que frecuentaba por entonces las noches que no estaba de juerga en un cabaret en compañía de su inseparable Cesare.

Nos encontramos pues a solo un año del cambio de década decisivo en el que se encuentran la mayor parte de clásicos de la era muda. A causa de ello y de que la finalidad de estas listas no es tanto ser selectivas como dar a conocer títulos, en esta ocasión el Doctor Caligari ha decidido ampliar el Top10 a los 15 mejores filmes de 1919, para no dejar fuera algunas obras también dignas de mención. Pero antes de pasar a la lista, hagamos un repaso a algunos datos importantes sobre 1919 a nivel cinematográfico.

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Un día me gustaría escribir más ampliamente sobre la curiosa experiencia de ver fragmentos de películas perdidas. Visionar minutos sueltos de una obra mucho más larga que no necesariamente corresponden a sus mejores escenas o las más representativas, sino las que por pura arbitrariedad han llegado a nuestros días. Reconstruir a partir de ahí esa película incompleta en nuestras mentes imaginándonos las partes que faltan a partir de lo que sabemos de ella (sinopsis, fotogramas sueltos, críticas de la época) de forma que cada uno de nosotros se la imagina a su manera. Es una irreparable pérdida que estas obras se hayan perdido, pero tiene también su interés este ejercicio de imaginación.

Partiendo de esta reflexión: ¿es The Divine Woman (1928) de Victor Sjöstrom un sensible y exquisito melodrama romántico? ¿O es más bien el clásico producto impersonal holllywoodiense al servicio de sus dos estrellas? Ambas hipótesis podrían ser válidas, pero a no ser que alguien descubra milagrosamente una copia completa del filme nunca lo sabremos.

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Como todo aficionado al cine mudo sabrá, el porcentaje de películas que se han perdido de esa época es dramáticamente alto. No solo eso, sino que cuanto más pasa el tiempo más fácil es que estos filmes se degraden y que por tanto se vuelvan irrecuperables. Las principales filmotecas de todo el mundo tienen todavía literalmente miles de cintas por revisar y catalogar. La mayoría serán de escaso interés, pero siempre queda la esperanza de que haya una joya dada por perdida esperando a que le llegue su turno… si es que se llega a tiempo. Los aficionados a esta época no podemos por menos de estar profundamente agradecidos a todos estos honrados trabajadores de filmotecas y archivos cinematográficos, a los que les debemos alegrías como la que este Doctor se llevó a finales del 2017 cuando se enteró de que se había descubierto en el CNC de París una copia de un filme de la primera época de Victor Sjöstrom, dado hasta ahora por perdido: Judaspengar (1915).

Recordemos que en los años 10 Escandinavia era uno de los países más avanzados del mundo cinematográficamente y Sjöstrom su director más destacado junto a Mauritz Stiller, de modo que todo lo que podamos rescatar de la primera época de sus carreras es de un enorme interés para poder ver cómo fue evolucionando su estilo (lamentablemente la mayor parte de filmes de esa época se perdieron en un incendio en 1941). Judaspengar trata sobre un hombre empobrecido y sin trabajo que vive en una buhardilla con su esposa gravemente enferma y su hija. Un día sale a cazar con un amigo y por accidente mata a un guarda forestal, pero la policía cree que el responsable es su amigo. Éste se oculta en casa del verdadero culpable, quien no puede evitar caer en la tentación de denunciar su paradero a la policía a cambio de la recompensa.

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9 de octubre – El día de Victor Sjöstrom

Hoy yo tenía clarísimo cuál era la película que más ganas tenía de ver: The Price of Betrayal (Judaspengar, 1915) de Victor Sjöstrom, uno de los momentos que más esperaba de esta edición del festival, ya que no todos los años se descubre una película considerada perdida de uno de tus directores predilectos. No obstante, es cierto que el destino es caprichoso, y a veces la películas que se recuperan no son necesariamente remarcables, de modo que fui con expectativas medianas. Bien, pues me equivoqué: Judaspengar es un grandísimo filme que a día de hoy añadiría sin dudarlo a mi lista de obras favoritas de 1915 y que confirma cómo ya en esa fecha tan temprana Sjöstrom se vislumbraba como un excelente director y especialmente avanzado para su tiempo. Dado que me gustaría hablar con más calma de este filme, me reservo escribir un post aparte sobre él tan pronto retorne a mi guarida después del festival. Simplemente añadir que el martes fue sin duda el día de Victor Sjöstrom, ya que a continuación pudimos ver en pantalla grande una de sus mayores obras maestras, La Carreta Fantasma (1921) dentro del ciclo Canon Revisited, dedicado a recuperar clásicos de la era muda.

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Vuelve un año más el post clásico de este Doctor dedicado a las mejores películas que cumplen 100 años este 2018 para aquellos de ustedes que no recuerdan cómo fue 1918 cinematográficamente hablando o, incluso, que no habían nacido aún. No olviden por cierto que abajo del todo tienen los links a las listas de otros años.

El gran acontecimiento de 1918 como sabrán fue el fin de la desastrosa Gran Guerra, que había inspirado ya unas cuantas películas y que sirvió de base para algunos de los films que mencionamos aquí. Pero centrándonos en el cine, uno de los rasgos más interesantes de estos años es que se hacen especialmente visibles las diferencias entre aquellos cineastas que ya dominaban el lenguaje cinematográfico clásico tal y como se desarrollaría posteriormente y los que todavía tenían un estilo que hoy día nos parece más arcaico.

Esto no quiere decir que las películas de estos últimos sean peores sino que es una época apasionante por encontrarse aún a medio camino entre el estilo de cine de los años 10 y el de los años 20. Y lo más curioso es que esa diferencia de estilos no era algo que necesariamente diferenciara los grandes cineastas (Griffith, Tourneur) del resto. Tomen por ejemplo a Marshall Neilan, un notable director hoy día virtualmente olvidado que era un eficiente artesano de películas comerciales de estudio, pero no un artista excepcional o especialmente destacable. Y no obstante si ven la película suya que hemos seleccionado en esta lista comprobarán que tiene un dominio excepcional para la época del montaje, el ritmo y la puesta en escena. Por tanto no nos sirve la distinción entre el cine más artístico y avanzado, obras de artistas geniales, y el más comercial despreocupado por la forma. Y eso hace que todo sea aún más interesante.

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