El cine de atracciones según Tom Gunning

Aunque en un principio el propósito de este blog va más encaminado a comentar películas y curiosidades antes que adentrarse en teoría sobre el cine mudo – lo cual tampoco le supondría un problema a este Doctor – he pensado que sería interesante hacer una pequeña excepción dedicando un post a un concepto tan fundamental como el de «cine de atracciones», desarrollado por el historiador americano Tom Gunning en los años 80. Creo que para los aficionados al cine mudo que no lo conozcan puede resultarles muy útil a la hora de revalorizar cortometrajes de la era primitiva, y por otro lado como yo lo he usado por aquí en ciertas ocasiones (la última vez en mi post especial dedicado a Segundo de Chomón) no estaría de más dedicarle algunas líneas. Así pues, ¡allá vamos!

Tradicionalmente a la hora de hablar del cine de los orígenes, el conocido como cine primitivo, se ha tendido a valorarlo desde una perspectiva que se basaba demasiado en la forma que ha acabado adquiriendo a posteriori esta forma de expresión, es decir, lo que sería el cine narrativo clásico. Eso ha llevado a dos problemas en lo que respecta a valorar como se merece el cine de ese periodo: en primer lugar que se habla de las obras de esos años en base a sus carencias (por ejemplo, son películas que no tienen un montaje mínimamente avanzado o que no manejan una variedad de planos muy amplia) y, en segundo lugar, que hay una mirada inevitablemente condescendiente hacia ellas (son películas que «no saben narrar historias todavía», que por tanto «no funcionan» como filmes).

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150 años de Chomón: redescubriendo a Segundo de Chomón

Parece que fue ayer cuando la Filmoteca de Catalunya anunció por todo lo alto la edición de un magnífico DVD de cortos de Segundo de Chomón y un libro de Joan M. Minguet con la intención de dar a conocer al genial y poco reconocido cineasta terulense. Pero en realidad hace ya 10 años de eso, y en todo este tiempo tengo la impresión de que las cosas han cambiado y que la figura de Segundo de Chomón es poco a poco valorada como se merece. A estas alturas creo que resulta innegable que el calificativo fácil de «el Méliès español», con el que antaño intentábamos vender al cineasta a gente que lo desconocía, no solo no le hace justicia porque Chomón tiene suficiente estatus por si mismo sino que resulta inapropiado, ya que más allá de su predilección por el uso de trucajes ambos directores tuvieron carreras muy diferentes.

No obstante aún hay trabajo que hacer de cara a estudiar su obra y dar a conocer su figura, y por ello la Filmoteca ha decidido aprovechar el 150º aniversario del nacimiento de Chomón para organizar una serie de eventos bajo el título de Any Chomón. Esto incluye no solo proyecciones de películas suyas tanto en Barcelona como en otros cines del mundo, sino más eventos como una serie de charlas que tuvieron lugar el 19 y 20 de octubre en la Filmoteca de Catalunya, donde historiadores y restauradores de diversos países dieron a conocer multitud de aspectos sobre la vida y obra del cineasta. El Doctor Caligari acudió a esas sesiones y ha pensado que sería buena idea compartir aquí algunos de los datos que se compartieron allá.

Para hacer su lectura más amena en lugar de resumir cada conferencia hemos condensado toda la información en un artículo que repasa su biografía y algunos rasgos de su obra. Abajo del todo tienen la lista de todos los ponentes y el título de sus charlas que sirvieron de base para este post. Esperemos que este artículo sirva como otro granito de arena para dar a conocer un poco más a este gran pionero tanto tiempo injustamente olvidado.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2021 (II)

Aunque es cierto que se le pueden poner pegas a esta edición del festival algo descafeinada, que por culpa del Covid no ha sido el gran retorno al formato presencial que esperábamos el año pasado, tampoco vamos a negar que a la práctica el simple hecho de estar aquí disfrutando de estas películas y del ambiente de Pordenone (aunque se echen en falta bastantes rostros conocidos) ha sido una de las cosas más ilusionantes de este año para los que somos habituales. Incluso las pequeñas incomodidades del Teatro Verdi que ya había olvidado (esos famosos asientos que se diseñaron sin tener en cuenta a la gente que mide más de metro ochenta) se me hicieron simpáticas por traerme viejos recuerdos. Pordenone ha vuelto, y esto es lo que nos ha ofrecido en sus primeras jornadas.

Viernes 1 de octubre – La última tentación de Maciste

Después de haberme perdido en los últimos años la clásica sesión pre-inaugural que tiene lugar justo antes del inicio oficial del festival en Sacile (un pueblo a unos 20 kilómetros de Pordenone), esta edición no quise dejarla escapar y fue una elección acertadísima. La película que se nos ofreció en el Teatro Zancanaro fue Maciste all’Inferno (1926) de Guido Brignone, que yo acudí a ver esperando un divertido entretenimiento para abrir boca y acabó siendo para mi asombro un filme más que notable. Pero vayamos por partes.

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El Sexto Sentido (1929) de Nemesio Manuel Sobrevila

No es ningún secreto que España estuvo muy lejos de ser un país destacado en la era muda, y más cuando algunos de sus principales exponentes (Segundo de Chomón, Marcel Pérez) no tardaron en emigrar al extranjero para desarrollar su carrera. Sin embargo si exploramos un poco en su cinematografía nos podremos encontrar algunas agradables sorpresas como este singularísimo filme de Nemesio Manuel Sobrevila: El Sexto Sentido (1929).

Para entender las virtudes de esta obra y su cualidad de rara avis en una industria fílmica poco dada a excentricidades primero debemos tener en cuenta a su autor: un arquitecto, inventor y cineasta de inquietudes culturales que estaba muy al tanto de las últimas tendencias artísticas fuera del país. De modo que más que trabajar en la industria cinematográfica española, Sobrevila era un tipo bien conectado con el mundo cultural y vanguardista que se acercó al cine con ganas de explorar sus posibilidades (no es algo tan raro este tipo de «intrusiones», de hecho en el cine vanguardista francés era de lo más habitual). Y después de un primer filme hoy desaparecido, Al Hollywood Madrileño (1927), se lanzó con esta película que en su momento pasó inadvertida pero hoy día ha sido rescatada como obra de culto.

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Jim le Glisseur (1910) de Ferdinand Zecca

En el cine primitivo eran muy frecuentes los cortos sobre escapismo, en que un personaje lograba escapar de la policía gracias a artimañas únicamente posibles de recrear con la magia del cine. Uno de los ejemplos paradigmáticos es el divertido Jim le Glisseur (1910) de Ferdinand Zecca sobre un ladrón que escapa de la cárcel y se burla de sus perseguidores. En realidad desde el principio tenemos más la sensación de asistir a un número de escapismo que a una historia de policías y ladrones, fíjense sino en los recursos que utiliza la policía contra el pobre Jim: encerrarlo en un baúl y, más tarde, lanzarlo a un río metido en un saco. ¡Eso sí que es abuso de la autoridad!

De hecho si el corto simplemente mostrara cómo Jim escapa de esas situaciones no tendría especial gracia, ya que es algo fácil de conseguir gracias al montaje, la clave está en la desenvoltura cómica del personaje (siempre con esa pipa en la boca con expresión de estar pasando un buen rato a costa de la policía) y, sobre todo, lo imaginativos que resultan los efectos especiales, que aquí son obra de Segundo de Chomón. Y esto es lo que destaca este corto respecto a otros de la época, porque en 10 minutos hay tiempo para todo tipo de ideas descabelladas y divertidas: una bicicleta voladora, policías aplastados y convertidos en una lámina, un personaje atropellado partido literalmente en dos, etc. Les invitamos a que lo descubran ustedes mismos.

Le Voleur Invisible (1909) de Segundo de Chomón y Ferdinand Zecca

No hay nada como una saludable dosis de cine de los orígenes para alegrarle el día a uno, y más cuando su responsable es ni más ni menos que el genial Segundo de Chomón. Ante todo debo reconocer que tengo ciertas dudas sobre su autoría, ya que investigando un poco en algunos sitios se le atribuye la dirección a Ferdinand Zecca siendo Chomón el responsable de los efectos especiales, mientras que en otros se atribuye a Chomón la dirección completa del filme. Yo, para no comprometerme y hacer enfadar a ninguno de estos dos magníficos cineastas, he optado por la opción que han escogido muchos de citar a ambos como directores. Después de todo en el cine de los orígenes el tema de las autorías es sumamente complicado y de hecho ya cité por aquí un caso personal también con Chomón.

En todo caso, sea quien sea el director, no nos queda ninguna duda de que el autor de los efectos especiales de Le Voleur Invisible (1909) es el cineasta de origen aragonés, y son precisamente esos trucajes lo mejor de la película. Tal y como dice el título, un ladrón se hace con una copia de El Hombre Invisible de H.G. Wells y utiliza la fórmula para la invisibilidad que se cita en el libro para cometer sus robos, un pretexto magnífico para los clásicos trucajes de Chomón en que parece que los objetos se mueven solos.

 

Cabiria (1914) de Giovanni Pastrone

En los años 10, la industria italiana fue una de las primeras que empezó a atreverse con grandes producciones espectaculares como El Infierno de Dante (1911), Quo Vadis (1912) o, la más famosa de todas, Cabiria (1914).

Desde el principio Cabiria fue concebida como la película más grande hecha hasta entonces: se tardó dos años en producirla, su presupuesto llegó a la por entonces increíble suma de un millón de liras y su duración era inusitadamente larga (tres horas en su primer montaje, en una época en que los largometrajes todavía estaban en fase de asentarse). Sin duda, se trataba de uno de los proyectos más ambiciosos de las primeras décadas del cine.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (II)

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No hay nada como encontrarse con el mismísimo Douglas Fairbanks dándonos la bienvenida con los brazos abiertos al Teatro Verdi para otra intensa semana dedicada al cine mudo. Durante le Giornate del Cinema Muto, Pordenone vuelve a convertirse durante siete días en un extraño oasis en que los actores han perdido el habla y los cortos de cine primitivo pasan de ser una mera curiosidad a ser joyas aplaudidas efusivamente por un público compuesto sobre todo de archivistas, historiadores y genios del mal.

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Viaje a Júpiter (Voyage sur Jupiter, 1909) de Segundo de Chomón, mi primer contacto con Méliès

Queridos lectores, ya me permitirán que en esta ocasión no me dedique a comentar la película como sería lo habitual, sino que la utilice como excusa para hablar de otro tema relacionado con ella. En todo caso, espero que eso no quite que ustedes la visionen y disfruten como merece.

Le tengo un cariño especial a la película que he seleccionado hoy, ya que se trata (o eso pensaba yo) de mi primer contacto con el cine de Géorges Méliès. Era el primer corto que aparecía en una recopilación de películas suyas que llegó a mis manos, y quedé fascinadísimo por esa forma tan mágica y especial de hacer cine que ha convertido al cineasta galo en uno de los directores más queridos por los amantes de la época muda.

No obstante, cuando tiempo después intenté encontrar este cortometraje me fue virtualmente imposible. De entrada descubrí que el título que se le había asignado, Sueños de un Astrónomo, estaba equivocado con este otro film del director, lo cual dificultó mi búsqueda. Pero no obstante, aun sin saber su título, me extrañó no dar con él en ninguna recopilación de la obra de Méliès.

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La Casa Embrujada (La Maison Ensorcelée, 1908) de Segundo de Chomón

Para adecuarnos un poco a la temática de las fechas en que nos encontramos, el Doctor Caligari les ofrece hoy un ejemplo bastante primitivo de la ya un tanto sobreexplotada temática de terroríficas mansiones encantadas.

El responsable es nuestro viejo conocido Segundo de Chomón, y eso ya saben lo que significa: ¡una saludable dosis de efectos especiales de la época! El argumento no es gran cosa (y en eso me temo que el género apenas ha cambiado): unos viajeros buscan refugio en una casa encantada en la que no paran de suceder hechos inauditos. La aparición de una especie de demonio al principio y, sobre todo, al final sigue resultando algo inquietante y son mis momentos favoritos. Merece destacarse también un largo plano a mitad de metraje en que se ve como todos los objetos adquieren vida y se mueven solos, una reminiscencia de uno de los cortos más célebres de su autor, El Hotel Eléctrico (1905).

Un exponente clarísimo de lo que se conoce como «cine de atracciones», que buscaba más generar impresiones y emociones concretas al espectador antes que narrar una historia.