Posts Tagged ‘André Antoine’

La tierra, por tanto tiempo cultivada para el señor, bajo el látigo y la desnudez del esclavo, que no conserva nada, ni aún la piel; la tierra fecundada con su trabajo, apasionadamente amada y deseada en aquella intimidad de todos los momentos, como la mujer de otro, a quien se cuida y se abraza y no se la puede poseer, la tierra, al cabo de siglos de concupiscencia lograda al fin conquistada, convertida en propia, en la alegría y la única fuente de su vida. Y este deseo secular, esta posesión sincera aplazada explicaba su amor por su campo, su pasión por la tierra, por la mayor cantidad de tierra posible, del terrón que se toca y se separa con la mano. Y, sin embargo, ¡qué ingrata y qué indiferente era la tierra! Por mucho que se la adorara, ella no se apasionaba ni producía un grano más. Largas lluvias pudrían las semillas, un viento de fuego secaba los tallos, y un mes de sequía enflaquecía las espigas; y además, había los insectos que roen, los fríos que matan, las malas hierbas que quitan jugo al suelo: todo se convertía en razón de ruina; la lucha era diaria, al azar de la ignorancia y en perpetua vigilancia. Ciertamente estaba furioso de ver que el trabajo no bastaba. Se habían secado los músculos de su cuerpo; se había dado todo entero a la tierra, que después de haberlo mal alimentado, le dejaba miserable, avergonzado por su senil impotencia, y pasaba a los brazos de otro macho, sin apiadarse ni aun de sus pobres huesos que esperaba.” (fragmento del libro de Émile Zola)

André Antoine fue uno de los directores de teatro más importantes e innovadores de finales del siglo XIX y principios del XX. Entre sus muchas contribuciones se encuentra especialmente el acercar el teatro al realismo con una escenografía que buscara recrear la realidad de la forma más rigurosa posible (es decir no se conformaba con meros decorados pintados) y exigiendo a los actores que no interpretaran de cara al público sino que exploraran el interior de sus personajes y actuaran como si no hubiera audiencia.

En los años 10, no obstante, un Antoine algo ahogado por las deudas se vio obligado a dar el salto a un medio mucho más rentable como el cine. Y si bien es cierto que por entonces el medio no gozaba todavía de la respetabilidad del mundo del teatro, hay que decir que nuestro protagonista no hizo el cambio de medio a regañadientes y únicamente por intereses económicos, sino que se propuso desde el principio aprovechar sus capacidades expresivas.

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Como ya sabrán nuestros lectores más antiguos uno de los nombres que más nos gusta reivindicar en este humilde rincón dedicado al cine mudo es el del gran cineasta francés Maurice Tourneur, terriblemente olvidado desde hace décadas pese a ser uno de los creadores más importantes de la era silente además de ser el orgulloso ganador de la primera lista que hicimos de películas que cumplían 100 años el 2014. De cara a revalorizar su figura y darle a conocer como se merece, hemos pensado hacer este post con diez curiosidades sobre su vida y obra que esperemos que les motiven a profundizar en su cine y a apreciar aún más a este director esencial.

1) Su verdadero apellido no era Tourneur

Aunque se llamaba Maurice Thomas, éste decidió cambiar su apellido a Tourneur en sus inicios como actor de teatro, seguramente porque “Thomas” era demasiado vulgar como para que le ayudara a darse a conocer, pero también para romper el vínculo con su padre, con quien tuvo muy mala relación. Al final su carrera como actor no fue especialmente destacada pero le permitió viajar por todo el mundo (incluyendo Sudamérica) y conocer al director André Antoine, que sería el que le introduciría en el mundo del cine.

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No sé cuántas veces he dicho algo similar en este humilde rincón silente, y espero poder decirlo otras muchas más en el futuro, pero es alucinante cómo a estas alturas uno puede seguir descubriendo películas que le obligan a replantearse la versión clásica de la historia del cine. Algún día espero que se le haga justicia a André Antoine, uno de los grandes directores del cine mudo francés que incomprensiblemente permaneció durante años en el olvido y que solo en las últimas décadas empieza a ser reivindicado, pero no mucho más allá de los círculos especializados de seguidores del cine mudo.

Que el neorrealismo italiano no surgió de la nada en los años 40 es algo que creo que a estas alturas está más que demostrado con la constante reivindicación de referentes como la soberbia Toni (1935) de Jean Renoir y algunas obras de los años 30 del infravaloradísimo Alessandro Blasetti. Pero me extraña que se mencionen tan poco los referentes que existen en la era muda, especialmente el caso del cineasta francés André Antoine, quien tiene en su haber películas como La Tierra (1921) o el filme que nos ocupa que presentan varias de las características que se asociaron a ese movimiento… pero 20 años antes.

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Amigos lectores, un año más vuelve el post que todos estaban esperando: el tradicional repaso del Doctor Caligari a los mejores filmes que este año cumplen un siglo o, dicho de otra manera, las mejores 15 películas de 1920 (si quieren consultar los listados de otros años, los tienen abajo del todo). El cambio de década, como ya sabrán, marcaría la entrada a la edad de oro de la era muda. Después de que a finales de los años 10 el cine acabara de consolidarse al encontrar su lenguaje cinematográfico propio, los años 20 supusieron su eclosión definitiva. Lo que hace que el cine de esta década sea tan fascinante es ver cómo tantos grandes cineastas explorarían, cada uno a su manera, las posibilidades de una forma de arte que todavía estaba por ver cuánto daría de sí. Era aún terreno nuevo por explorar.

Así pues uno de los hechos más significativos de este 1920 sería el surgimiento del cine expresionista, al cual le seguirían otras tendencias vanguardistas que iremos viendo en próximos años. Eso conllevó entre otras cosas la entrada con fuerza de Alemania como uno de los países más potentes a nivel cinematográfico del mundo, algo que queda bastante claro en el listado que hemos elaborado. En paralelo, nuestros amigos los suecos seguían ofreciendo algunas de las películas más interesantes del momento, entre las cuales notarán que he omitido un clásico en mayúsculas en mi listado: Erotikon (1920) de Mauritz Stiller, que si bien fue una obra muy exitosa e importante (fue uno de los filmes que empezó a establecer las reglas de las comedias sofisticadas), no se encuentra entre mis favoritas.

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