Posts Tagged ‘Fritz Lang’

Este post forma parte de un especial dedicado a El Gabinete del Doctor Caligari (1920) que incluye también las siguientes entradas:


Obviamente no podíamos acabar nuestro especial temático dedicado a El Gabinete del Doctor Caligari (1920) sin hablar del cine expresionista alemán, que es el movimiento artístico que propulsó el éxito de la película. De hecho la etiqueta “cine expresionista” es una de las que se ha usado con más ligereza a la hora de hablar de cine clásico, hasta el punto de que ha acabado convirtiéndose en un cliché. Parece que sea casi obligatorio al hablar de una película alemana muda citar en algún momento las influencias expresionistas de la cinta y, si hace falta, forzarlas viendo tintes expresionistas en elementos que en realidad no los tienen.

La realidad es que si algo hace del cine alemán de la República de Weimar uno de los periodos más ricos de la historia es la multitud de influencias que maneja, de las cuales el expresionismo es solo una de ellas. Y de hecho, si analizamos la producción cinematográfica de esos años, el número de películas realmente expresionistas en el sentido estricto del término es sorprendentemente bajo. Va siendo hora pues de romper con el mito del expresionismo como un movimiento que define el cine alemán de la época. Y para ello en este post les proponemos analizarlo a fondo y situarlo en el lugar exacto que le corresponde dentro de la producción cinematográfica de los años 20.

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En nuestra anterior entrega les hablamos de las interioridades del rodaje de El Gabinete del Doctor Caligari (1920) y de muchos de los falsos mitos que han surgido a lo largo de los años sobre la génesis de esta obra maestra de la era muda. De todas esas leyendas hay una no obstante que se ha destacado como la más célebre y controvertida: aquella que atiene a su desenlace. Después de que nuestro protagonista, Francis, nos haya relatado cómo consiguió por fin vencer al villano Dr. Caligari, en un inesperado epílogo descubrimos que éste en realidad es el paciente de un manicomio. Seguidamente, aparece el director del sanatorio y Francis le ataca pensándose que es Caligari, dándonos por tanto a entender que toda la historia que hemos visualizado era el delirio de un loco.

Si ya de por sí la particular estética de Caligari supuso un shock para el espectador de la época, su inesperado desenlace era el broche que hacía que uno saliera de la sala aún bajo el impacto de haber visto algo único. Este tipo de giros finales inesperados ciertamente hoy día no son ninguna novedad, incluso son un cliché en ciertos géneros, pero para 1920 era algo totalmente inesperado y refrescante. No obstante, este célebre desenlace es la parte de la película que ha generado más controversias, no solo acerca de quién fue su responsable sino por el hecho de que pudiera alterar por completo su significado. Como a este Doctor no le gusta que se especule falsamente sobre su preciado biopic, me he propuesto desentrañar todos estos aspectos en el siguiente post.

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rodaje metropolis 5

Ser un gran director y una gran persona son dos rasgos que, para desgracia de muchos actores y técnicos, no siempre han ido juntos. El poder que conllevaba ser el encargado de dirigir a todo un séquito de personas es algo que a muchos realizadores se les subía a la cabeza convirtiéndoles en pequeños dictadores que a veces olvidaban que estaban lidiando con otros trabajadores, no con esclavos. Eso fue lo que le sucedió a Fritz Lang en su edad de oro en los estudios de la UFA en Alemania. Su peculiar carácter sumado al hecho de saberse el director más importante de Alemania (y uno de los principales de Europa) le convirtieron en un cineasta que no reparaba en nada a la hora de filmar sus películas: fulminaba los presupuestos del estudio sin inmutarse, discutía tanto con técnicos como con sus superiores y exprimía a los actores hasta el límite. Cualquier cosa con tal de que la película quedara exactamente como él quería.

Como muestra de su difícil carácter, vamos a recordar algunos de los problemas surgidos durante la filmación de su obra muda más célebre, Metrópolis (1927), que este Doctor pudo presenciar en persona como invitado de honor y que, además, se recogen en la imprescindible biografía de Patrick McGilligan The Nature of the Beast.

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Hay una escena de Variété (1925) que siempre me ha gustado especialmente y que hace poco me vino a la cabeza. Ésta tiene lugar poco después de que el protagonista, el trapezista Boss Huller, haya descubierto que su amante Bertha le ha engañado con Artinelli, su compañero de número. Furioso, quiere vengarse y para ello tiene una idea maquiavélica: durante el número de acrobacias que hace con su amante y Martinelli hay una parte especialmente peligrosa en que Martinelli salta desde su trapezio para caer en brazos de Boss. ¿Qué pasaría si le fallara la puntería y no llegara a agarrarle? Martinelli caería al vacío y moriría al instante. Nadie podría demostrar que no ha sido un accidente.

Llega la noche y el trío comienza su famoso número. Pero cuando se acerca la parte más peligrosa, Boss se queda paralizado, dubitativo, mientras observa a los espectadores. Finalmente, se recobra y se inicia el número, pero no lleva a cabo su plan. ¿Por qué? Por el público. Ese público que le observa expectante y a quien no quiere decepcionar. Porque matar a Martinelli de esta forma implicaría hacer creer erróneamente que como artista ha cometido un error, que no ha estado a la altura de las expectativas de la gente. No, los aplausos del público son demasiado cautivadores y por ello Boss no puede evitar desempeñar el número a la perfección, como siempre. Cuando descienden, la audiencia les recibe con una ovación. El protagonista sonríe encantado, disfrutando de toda la admiración que recibe. Pero entonces, se baja el telón y vuelve repentinamente a la realidad. Se acabaron los aplausos y sus minutos de fama. Vuelve a ser el esposo engañado de antes que tiene que solucionar ese molesto triángulo amoroso.

Lo que me gusta de esta escena es la forma como combina el espectáculo que protagonizan los integrantes del triángulo amoroso con el conflicto que subyace por debajo. Martinelli confía su vida cada noche a Boss Huller y no puede ni imaginar el peligro al que se expone al acostarse con la amante de éste. Por otro lado, Huller en un primer impulso prefiere anteponer su orgullo como hombre matando a su rival, pero luego en mitad del número es incapaz de hacerlo, no puede decepcionar a los espectadores. Por ello el momento en que cesan los aplausos es cuando se deshace el hechizo y vuelve a ser consciente de la triste realidad.

variete

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Fritz Lang mujer en la luna

Como es de sobras conocido, todo lanzamiento de cohetes espaciales que se precie va siempre precedido de su consabida cuenta atrás. Pero lo que no es tan conocido es que esta costumbre no se inició en la vida real, sino por influencia de un film.

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lastresluces

Las Tres Luces es sin duda de una de las mejores obras del periodo alemán de Fritz Lang así como la primera gran película de toda su carrera. Parte de ello quizá es debido al hecho de tratarse también de la primera obra que escribió junto a su inseparable guionista (y futura esposa) Thea Von Harbou de principio a fin y con la seguridad de que el guión sería filmado por él mismo.

Se trata de una parábola sobre la muerte y el destino (de hecho el título se tradujo en inglés como “Destiny”) que contiene una historia principal y luego tres breves subtramas que tienen como punto en común la lucha de dos jóvenes contra las circunstancias para que su amor sea posible.

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