Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2026 (IV)

Imagen: Valerio Greco

8 de octubre – Florencia, ciudad de pecado

Nadie puede negar que este jueves ha habido un nivel muy alto en el festival. Pero también es cierto que ha sido un jueves con mucha tragedia. No en vano el filme más anunciado ese día era Pest in Florenz (1919) de Otto Ripert con guion de Fritz Lang. Pocas películas hablan tan bien del clima de pesimismo y desastre absoluto que se vivía en la Alemania de posguerra como esta. Una obra desesperanzada que se recrea en esa Florencia decadente del siglo XIV, liderada por una cortesana que logra quitar el poder a los estamentos religiosos y lleva a la ciudad a abocarse a una bacanal sin fin. Incluso un ermitaño que intenta reformarla sucumbe a sus encantos. Solo la llegada de una plaga de peste acabará con este panorama matando a toda la población.

Hay dos aspectos que hacen que Pest in Florenz tenga un interés especial. El primero es un guion donde Lang condena a la humanidad pero no nos ofrece ningún contrapunto esperanzador. Los estamentos religiosos, que son los que abogan por la moralidad, son crueles y tiránicos, no dudando en torturar a la cortesana que afirma que solo tiene como religión «el amor». Y por lo demás la población se nos muestra como gente desbocada y decadente sin ningún tipo de principios. Aun ambientada en un tiempo pasado, la idea de que el ser humano está condenado sobrevuela la cinta, y en el contexto del trauma de posguerra en que se realizó la película, es muy significativo.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2026 (III)

6 de octubre – El cowboy con el biberón

La sesión de Griffith destinada a darnos las vitaminas necesarias para afrontar el día nos ofreció un par de cortos hechos con los recursos mínimos: uno o dos decorados para historias de apenas 10 minutos pero que funcionan muy bien y no se hacen pesadas o estáticas, demostrando que un buen trabajo de realización implica también cuidar la escenografía y saber dirigir a los actores para controlar sus movimientos. Un contraste muy interesante respecto al hallazgo que siempre se suele citar de Griffith, que es el montaje, y que nos demuestra lo bueno que era en otras facetas como cineasta.

The Wooden Leg (1909) es un corto cómico que parte de una premisa que luego reutilizaría el genial Charley Chase, en que un compromiso de boda se interrumpe al hacer creer al pretendiente que la novia tiene una pierna de madera (aún me pregunto cuál sería el problema exactamente, ¿esperarían que los hijos nacieran también con una pata de palo?). The Prussian Spy (1909) ofrece una pequeña escena de suspense con solo dos escenarios, en que una joven oculta a un espía en un armario e intenta que su criada lo salve antes de que lo descubran.

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Princesse Mandane (1928) de Germaine Dulac

Buceando entre los títulos menos conocidos de la filmografía de Germaine Dulac me llevé una sorpresa al encontrar lo que aparentemente debía ser un filme de aventuras llamado Princesse Mandane (1928) filmado justo en su época más involucrada en el cine vanguardista. Pero hay trampa.

Se trata de una adaptación de Pierre Benoît, novelista por entonces muy en boga por sus historias ambientadas en reinos imaginarios y que a menudo contenían tramas que implicaban conspiraciones entre miembros de la nobleza (¿recuerdan los ciclos de Ruritania de Pordenone?). Ya se habían adaptado libros suyos en producciones ambiciosas como L’Atlantide (1921) de Jacques Feyder o Koenigsmark (1923) de Léonce Perret, de modo que a primera vista este filme de Dulac podría parecer otra entrega más de este ciclo, pero no es del todo así.

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Léonce Perret, Koenigsmark (1923) y sus reflexiones sobre el acto de filmar

Que Léonce Perret fue uno de los mejores y más avanzados directores de la década de los 10 a nivel técnico y narrativo es algo que me parece innegable y en lo que no entraremos hoy. Pero aparte de ello hay un aspecto de él que me parece también apasionante, y es cómo en algunas de sus películas reflexiona sobre el aparato cinematográfico y lo que conlleva el actor de filmar/proyectar. El ejemplo más claro es el de uno de sus filmes más celebrados, Le Mystère des Roches de Kador (1912).

En él, la protagonista se encuentra amnésica después de un hecho traumático sobre el que no recuerda ningún detalle. Un especialista la examina y tiene entonces una idea muy avanzada a la época para recuperarle la memoria: grabar una recreación de lo que creen que le ha sucedido y hacérsela proyectar. Al enfrentarse a esa recreación entra en shock y recuerda todo. El cine se propone aquí no solo como una forma de reconstruir la realidad sino como un medio curativo, que consigue restablecer aquello a lo que la memoria no puede dar forma: ya que la protagonista no consigue recordar esas imágenes, el cine se las puede proporcionar para que restablezca el resto del relato. Pero aparte de este ejemplo, me resulta también muy interesante otra escena de un filme bastante posterior del mismo director: Koenigsmark (1923).

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«No sabía que ya lo habían inventado en esa época»: recursos cinematográficos que ya existían en la era muda (I)

Una de las cosas que a este Doctor le gusta hacer en este rincón silente es romper con tantísimos tópicos sobre cine mudo basados en prejuicios o simplemente puro desconocimiento, y demostrar que en realidad la era muda no es una etapa en que el cine aún se hallaba «incompleto». En ese sentido hay muchos recursos que se suelen asociar a épocas posteriores que en realidad ya se utilizaban en la época silente, e incluso a veces uno puede darse la sorpresa de descubrir que hay películas mudas más modernas que la mayoría de filmes de las décadas inmediatamente posteriores.

En realidad la era muda fueron unos años de constantes experimentos y descubrimientos, muchos de los cuales se quedaron paralizados con la llegada del sonoro, al encontrar el cine comercial una forma estandarizada y efectiva de narrar historias. No pretendo con ello criticar el cine sonoro, pero sí constatar que hubo un cierto retroceso al menos en lo que se refiere a la voluntad de probar cosas nuevas y forzar los límites del lenguaje cinematográfico. Para demostrarlo este Doctor se ha propuesto ofrecerles un extenso artículo en dos partes en que desgranará multitud de recursos o elementos que suelen asociarse a décadas posteriores a la era muda (en algún caso incluso a la modernidad) pero que ya se estaban utilizando por entonces. La lista podría haberse hecho incluso más extensa, incluyendo por ejemplo trucajes y efectos especiales que siguen siendo perfectamente vigentes hoy día, pero me temo que en tal caso se me podría ir el texto aún más de las manos.

Para hacerlo más digerible he decidido dividir el contenido en dos posts: el primero se centra en elementos técnicos y recursos de puesta en escena, y el próximo se centrará en aspectos temáticos o de contenido. Espero que lo disfruten y que les haga ver con otros ojos esta maravillosa época de la historia del cine.

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Hace 100 años: las mejores películas de 1921

Siguiendo con toda una tradición de este rincón silente hemos decidido escoger una vez más para ustedes las mejores películas que cumplen un siglo con una selección de los 20 mejores filmes de 1921. Si han leído las anteriores entregas de este tipo de listados (abajo del todo tienen los links a ediciones pasadas) habrán notado que el número de películas escogidas ha ido aumentando a lo largo de los años. El motivo es que a medida que pasa el tiempo la cantidad de grandes filmes que se producían fue aumentando más y más, y como el propósito de estos listados es no solo ofrecer mi selección sino también reivindicar algunas obras olvidadas, he creído conveniente aumentar la lista a 20.

¿Qué nos ofrecía el universo cinematográfico en 1921? De entrada hay un aspecto cada vez más decisivo: Alemania, que había entrado con fuerza en nuestro top del 1920, se afianza definitivamente como una de las mayores potencias fílmicas del mundo tomando el relevo de los países escandinavos, que si bien aquí aún tienen mucho que ofrecer en unos pocos años pasarían a ocupar un papel más secundario al perder a sus principales exponentes. Aparte de los que hemos seleccionado, tenemos este año más filmes alemanes de interés como Corazones en Lucha de Fritz Lang o Die Geierwally de E.A. Dupont, hoy día un tanto olvidado pero en su momento un exitazo de taquilla que versaba sobre la historia de amor entre una chica de pueblo famosa por haber matado un buitre con sus manos y un muchacho que ha matado un oso… ¡ah, ya no se escriben historias como las de antes!

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Le Mystère des Roches de Kador (1912) de Léonce Perret

Si algún lector necesita todavía que le convenzan de que el francés Leonce Perret fue uno de los cineastas clave de los años 10, basta con que le eche un vistazo a la que es una de las obras más importantes de su carrera: Le Mystère des Roches de Kador (1912).

Un hombre acaudalado muere dejando a su hija Suzanne su cuantiosa herencia cuando llegue a la mayoría de edad. Pero en su testamento deja una cláusula según la cual si Suzanne muere o se vuelve mentalmente inestable, será su tutor, el conde Fernand, quien recibirá toda su fortuna. Como supondrán, nada bueno puede salir de todo esto. Fernand, ahogado en deudas, le pide a Suzanne en matrimonio pero ésta le rechaza porque está enamorada del capitán Jean d’Erquy. Desesperado, urde un maquiavélico plan: le hace llegar al capitán una nota haciéndose pasar por Suzanne donde le cita en unas rocas al borde del océano, y minutos antes del supuesto encuentro, va hasta allá con Suzanne, a quien le ha dado un veneno. La joven pierde el conocimiento y Fernand la deja en la orilla confiando que la marea se llevará su cuerpo. Después se oculta entre unas rocas y cuando llega Jean le dispara. Pero su crimen no surtirá efecto, ya que el capitán sobrevive y consigue salvar a la joven, a quien el veneno no ha llegado a matar. Pero una vez ésta se despierta se encuentra amnésica y rozando la locura. Nadie es capaz de desentrañar el misterio de qué ha sucedido y, mientras tanto, Fernand se hace con la herencia.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2019 (II)

Ah, no hay nada como los primeros días de Pordenone. Todo el mundo está todavía fresco y despejado. Las sesiones de las 9 de la mañana nunca están tan llenas como en estos días y uno aún mantiene el optimismo de ver todas las películas que se había propuesto. En el fondo la experiencia de un festival viene a ser encontrar un equilibrio entre verlo todo y darse las horas adecuadas de reposo. Y nunca parece tan factible y realista el plan semanal que se hace uno como en los primeros días.

5 de octubre – Once hombres y una mujer sin piedad + el anuncio más largo del mundo

Los protagonistas de la primera jornada de Pordenone han sido dos franceses… con permiso, claro está, del señor Charles Chaplin, cuya obra maestra El Chico (The Kid, 1921) ha sido escogida como plato fuerte de la sesión de inauguración del festival acompañada por la Orquesta de San Marco de Pordenone. Pero si me disculpan, dejaremos por una vez a Chaplin de lado (habrá numerosas ocasiones para hablar de El Chico) y pasemos a las otras sesiones del día.

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Léonce Aime les Morilles (1913) de Léonce Perret

Hoy es un buen día para dedicarle un post a Léonce Perret, uno de los primeros grandes directores del cine francés que se mantuvo en activo desde los años 10 hasta los 30. De entrada, debo reconocer que yo solo conozco a fondo su etapa de mediados de los años 10, cuando era el cineasta más importante de Francia solo por detrás de Louis Feuillade. En esos años realizó multitud de cortometrajes protagonizados por él mismo en que además el título solía hacer mención explícita al bueno de Léonce.

Léonce Aime les Morilles (1913) es bastante representativo de este tipo de simpáticas comedias. Aquí nuestro protagonista y su bonita acompañante buscan infructuosamente setas por el bosque pero se les adelanta un inglés. Molestos por haberse quedado sin ese manjar, le gastan una broma que acaba dando pie a la parte más divertida del film, en que el pobre inglés intenta beberse todo lo que se encuentra por el camino. Fíjense en los pocos primeros planos que le dedica en un par de esas situaciones y ese ingenioso plano en que intenta beberse el agua de un lago.

De todos modos le está bien merecido, ¿quién es él para robarle a Léonce Perret sus codiciadas setas?

Extraños en el paraíso: cineastas europeos en Hollywood (I)

Desde que Hollywood se convirtió en la gran industria cinematográfica del mundo ha servido como infalible imán para atraer el talento de artistas de todas partes. Durante toda su historia, cineastas de varios países europeos se han dejado seducir por la autodenominada Meca del Cine y han abandonado sus naciones para emprender una carrera en la famosa tierra de las oportunidades. A partir de aquí, los ha habido con más o menos suerte, los que se integraron a la perfección en el sistema realizando películas exitosas y ganadoras de premios y, mucho nos tememos, los que han salido escaldados de la experiencia.

eisenstein-chaplin    Chaplin y Eisenstein, dos de los mayores genios cinematográficos del mundo haciendo el tonto con sendas raquetas de tenis.
Esto no es algo que se vea cada día.

Este proceso ya sucedía en la era del cine mudo, donde el talento de muchos directores y actores europeos no pasó desapercibido para los magnates de la industria. Hay casos en que esa odisea americana fue un “visto y no visto”, como el del alemán E.A. Dupont, que se hizo un nombre a nivel internacional con Variété (1925), consiguiéndole un pasaporte a Hollywood. Pero ahí solo realizó una película, Love Me and the World Is Mine (1927) – hoy día desaparecida – y fue tal fracaso que volvió a Europa, en concreto a Reino Unido, donde siguió trabajando con algo más de suerte. Otros no llegaron siquiera a tener la oportunidad de realizar una película, como es el caso de Serguéi Eisenstein, quien viajó a América a principios de los años 30 para investigar la novedad del cine sonoro y recibió ofertas para realizar algunos proyectos en Hollywood. Habría sido digno de ver qué películas habría hecho el cineasta soviético en un ambiente tan diferente al de la URSS, pero se ejercieron tales presiones políticas contra él que los estudios se vieron obligados a echar atrás sus ofertas.

Seguidamente nos centraremos en el caso de varios cineastas de prestigio que llegaron a América en la era muda con desigual suerte.

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