Especial décimo aniversario: las 100 películas mudas favoritas del Dr. Caligari

Continuando con la celebración del décimo aniversario que ya iniciamos la semana pasada, el Doctor Caligari ha decidido ofrecer a sus lectores otro post de índole más personal. Si hace tiempo para conmemorar su quinto aniversario este Doctor listó sus 50 películas mudas favoritas, tenía sentido pues para que para el décimo aniversario compartiera sus 100 películas mudas favoritas.

Dicho listado no es una mera ampliación del que creó hace 50 años, sino una actualización. Eso quiere decir que los 50 primeros filmes de la lista no son necesariamente los mismos ni en exactamente el mismo orden, ya que esta lista se ha elaborado de cero sin tomar la otra como referencia (lo cual no quita que no haya habido grandes cambios significativos entre ambas). A partir de esto, solo dos puntualizaciones:

  • Ésta es una lista de películas favoritas a nivel personal. No pretende ser un listado que represente las obras más importantes o representativas de la era muda, ni que abarque los principales cineastas, movimientos o tendencias de la época.
  • En este caso, a diferencia del anterior listado, no he puesto límite al número de películas que podía haber de un mismo director. Solo una condición: he incluido únicamente largometrajes (es decir, a partir de unos 40 minutos), ya que si incluía cortos se me complicaba demasiado la cosa. Eso ha implicado dejar fuera el cine de los primeros años, espero que sepan disculparme por ello.

Y sin más dilación aquí va la lista, espero que la disfruten y la encuentren entretenida.

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El Expreso Azul (Goluboy ekspress, 1929) de Ilya Trauberg

Las grandes cinematografías de la era muda son una fuente inagotable de nuevos descubrimientos y pequeñas alegrías, como es el caso de la cinta que rescatamos hoy, El Expreso Azul (Goluboy Ekspress, 1929) de Ilya Trauberg. No sé mucho sobre su director, Ilya Trauberg, del cual he encontrado muy poca información en la red. Sospecho que es el hermano menor de Leonid Trauberg (El Capote, (Shinel, 1926), La Nueva Babilonia (Novy Vavilon, 1929)), ya que ambos nacieron en fechas muy cercanas en la misma ciudad, pero su carrera como director parece más breve y menos conocida. Un dato crucial es que fue asistente de Eisenstein en Octubre (Oktyabr, 1927), ya que la película que tenemos entre manos está influenciada descaradamente por el estilo de su maestro.

De hecho, por dar un titular algo facilón, podríamos decir que El Expreso Azul viene a ser una versión más modesta de El Acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, 1925) pero cambiando el barco en un tren, ya que ambas muestran cómo una serie de personajes sistemáticamente maltratados y humillados se rebelan y se hacen con el control. No obstante, las similitudes con el Eisenstein mudo son de tipo más genérico: el no tener un protagonista individual sino colectivo, el mensaje con una fuerte carga política y, lo más importante de todo, el montaje, como ya veremos más adelante.

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«No sabía que ya lo habían inventado en esa época»: recursos cinematográficos que ya existían en la era muda (II)

Si recuerdan, la semana pasada iniciamos un artículo dedicado a detallar multitud de innovaciones cinematográficas que a veces se piensa erróneamente que son posteriores a la era muda… ¡o incluso pertenecientes a la modernidad! El propósito de estos dos posts es reivindicar una vez más la era muda, a menudo vista de forma totalmente errónea como una época anticuada y superada enseguida con el sonoro, y por supuesto recopilar algunos curiosos hallazgos de esta época. Si el anterior post se centraba en recursos técnicos o de lenguaje cinematográfico, en éste hablaremos más de temas relacionados con el contenido y temática de las películas. Allá vamos:

Guiños metacinematográficos

Los juegos metacinematográficos hacen algo tan aparentemente moderno como destruir ese mundo de ficción construido de forma tan minuciosa y hacen evidente el artificio. Proponen un guiño cómplice al espectador evidenciando que los personajes que vemos son actores y no personas reales. Esto es también algo tan viejo como el mismo cine.

Hace años hablé de una película que vi en Pordenone llamada Fleur de Paris (1916) en que la famosa actriz Mistinguett interpretaba a dos mujeres: a una humilde costurera que guarda un extraño parecido con la actriz Mistinguett y, claro está, a ella misma, la propia Mistinguett, que se acaba encontrando con la costurera. Un argumento de ese tipo en una película estrenada 50 años después parecería un alarde de modernidad, pero en realidad como vemos este tipo de tramas no era tan raras en la época.

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«No sabía que ya lo habían inventado en esa época»: recursos cinematográficos que ya existían en la era muda (I)

Una de las cosas que a este Doctor le gusta hacer en este rincón silente es romper con tantísimos tópicos sobre cine mudo basados en prejuicios o simplemente puro desconocimiento, y demostrar que en realidad la era muda no es una etapa en que el cine aún se hallaba «incompleto». En ese sentido hay muchos recursos que se suelen asociar a épocas posteriores que en realidad ya se utilizaban en la época silente, e incluso a veces uno puede darse la sorpresa de descubrir que hay películas mudas más modernas que la mayoría de filmes de las décadas inmediatamente posteriores.

En realidad la era muda fueron unos años de constantes experimentos y descubrimientos, muchos de los cuales se quedaron paralizados con la llegada del sonoro, al encontrar el cine comercial una forma estandarizada y efectiva de narrar historias. No pretendo con ello criticar el cine sonoro, pero sí constatar que hubo un cierto retroceso al menos en lo que se refiere a la voluntad de probar cosas nuevas y forzar los límites del lenguaje cinematográfico. Para demostrarlo este Doctor se ha propuesto ofrecerles un extenso artículo en dos partes en que desgranará multitud de recursos o elementos que suelen asociarse a décadas posteriores a la era muda (en algún caso incluso a la modernidad) pero que ya se estaban utilizando por entonces. La lista podría haberse hecho incluso más extensa, incluyendo por ejemplo trucajes y efectos especiales que siguen siendo perfectamente vigentes hoy día, pero me temo que en tal caso se me podría ir el texto aún más de las manos.

Para hacerlo más digerible he decidido dividir el contenido en dos posts: el primero se centra en elementos técnicos y recursos de puesta en escena, y el próximo se centrará en aspectos temáticos o de contenido. Espero que lo disfruten y que les haga ver con otros ojos esta maravillosa época de la historia del cine.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2022 (IV)

Crédito: Valerio Greco

6 de octubre – El cóctel de Mabel

Hablando con algunos viejos conocidos del festival oí algunos quejas de que este año teníamos sobredosis de melodramas, y aunque ese género siempre ha estado muy presente en Pordenone es cierto que el ciclo Norma Talmadge está haciendo que haya una sensación de sobreabundancia. En el caso de The Sign on the Door (1921) al principio tuve esa impresión, aun cuando la dirección corría a cargo de un director tan eficiente como Herbert Brenon, clásico nombre respetadísimo en su época y hoy día olvidado por el paso del tiempo. Talmadge es una jovencita que se deja engañar por un bribón, quien intenta seducirla (esto es, violarla, pero dicho de forma más refinada) llevándola engañada a un local de mala muerte. Consigue escapar y años después está casada con un hombre adinerado que tiene una hija veinteañera de su anterior matrimonio. Aparece en escena de nuevo el seductor y, lo adivinaron, intenta hacerse con la hijastra de nuestra Norma.

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Los efectos visuales alucinógenos de Amoki (1927) de Kote Mardjanishvili

Como aficionado al cine mudo que lleva siguiendo esta forma de arte desde mis años mozos en la República de Weimar, lo que me encanta de la era internet es que nos ha permitido llegar no solo a películas mudas que durante mucho tiempo han sido muy difíciles o casi imposibles de conseguir, sino también a centenares de obras que ni sabíamos que existían y que están ahora a un clic de nosotros. Películas que en los años 20 del siglo pasado este inquieto cinéfilo no hubiera descubierto, ¡y eso que procuraba estar siempre atento a todo lo que estrenaba! De modo que si uno se mueve por estos inabarcables mares internautas puede acabar disfrutando un día del visionado de Amok (Amoki, 1927) del prestigioso director teatral Kote Mardjanishvili, la versión filmada en Georgia que todos estábamos esperando del célebre relato de Stefan Zweig.

¿Que la película no tiene subtítulos y ustedes no saben leer en georgiano? Bah, eso en el cine mudo no es ningún problema. Basta con conocer el relato original para seguir la trama aunque no se entiendan los rótulos, (y si no lo han leído, háganlo, es muy bueno). Comprobarán que eso nos sirve de sobras para disfrutar de todas sus virtudes cinematográficas.

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Especial Films Albatros (IV): los 100 rostros de Ivan Mosjoukine/Ivan Mozzhukhin

Este post forma parte de un especial dedicado al estudio Films Albatros que incluye los siguientes artículos:


«No hay nada más doloroso y desagradable que verte a ti mismo en la pantalla. La más mínima falsedad espiritual, aunque sea camuflada por la técnica, se percibe de inmediato, y eso me atormenta durante mucho tiempo».

NOTA: en este post he empleado la versión afrancesada del nombre de nuestro protagonista en lugar de su nombre original en ruso, Ivan Mozzhukhin. El motivo es simplemente que es el nombre por el que más se le suele conocer.

Tres instantáneas de la vida de Ivan Mosjoukine

Como primera toma de contacto con la compleja biografía de un actor tan prolífico y apasionante como Ivan Mosjoukine quedémonos de entrada con tres instantáneas tomadas en diferentes momentos de su carrera y un fragmento de vídeo. La primera instantánea sería en 1920, cuando desembarca en Francia huyendo de la revolución soviética con el estatus de ser la principal estrella del cine ruso. ¿Lograría hacerse un nombre en ese país o quedaría relegado a papeles secundarios como le sucedería a docenas de actores que no consiguieron mantener su caché tras verse obligados a emigrar a otra industria donde no eran tan conocidos? La segunda imagen es otro desembarco, en este caso en Estados Unidos, adonde Mosjoukine ha viajado en 1927 tras hacerse un nombre en toda Europa con la esperanza de convertirse en una de las grandes estrellas masculinas de Hollywood. Lo tiene todo a su favor: talento, físico, fama, experiencia y versatilidad. Una última instantánea, ésta perteneciente a 1939: un Mosjoukine enfermo de tuberculosis en un hospital parisino arruinado y totalmente olvidado por el público. La muerte a los 49 años del que 12 años antes era uno de los actores más famosos de Europa pasó totalmente desapercibida.

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Especial Films Albatros (II): La historia de Albatros

Este post forma parte de un especial dedicado al estudio Films Albatros que incluye los siguientes artículos:


¿Cuál fue el origen de este estudio francés integrado mayormente por rusos? Primero un poco de inevitable contexto histórico. La historia de Albatros se inicia en Rusia con la llegada de la Revolución de Febrero de 1917. El país, por entonces sumido en la I Guerra Mundial, se encontraba en una situación crítica a causa de las numerosas derrotas sufridas en el frente y las condiciones cada vez más duras a las que se vio abocada la población civil, que desembocarían en una revuelta popular que destronaría al zar. En los conflictivos meses posteriores a la revolución, el cine seguiría activo pero atreviéndose a tratar temas antes prohibidos y, por supuesto, más enfocados a la ideología de izquierdas. Como forma de proteger a un sector tan debilitado en estas penosas circunstancias todas las productoras se unieron para evitar competir entre ellas y estar preparadas para una más que posible nacionalización de la industria, pero en 1918 la crisis se hizo insalvable ante la falta de recursos y el boicot del mercado extranjero. La solución pasó por una emigración de la mayor parte de los trabajadores de la industria al sur del país, que por entonces aún no estaba en manos de los bolcheviques, primero a Odesa y luego a Yalta. Finalmente en 1919 Lenin propuso nacionalizar la industria cinematográfica. Fue entonces cuando cobró una gran importancia uno de los principales personajes de nuestra historia: Joseph N. Ermolieff.

¿Quién era ese tal Ermolieff? Pues ni más ni menos que uno de los principales productores de cine en la Rusia imperial, habiendo trabajado en algunas de las películas más importantes de Yakov Protazanov de esos años como La Reina de Picas (1916) o El Padre Sergius (1917). Ermolieff estaba empleado para la filial de Pathé en Moscú y naturalmente tenía contactos en Francia, de modo que cuando la situación en Rusia se complicó de veras llegó a un acuerdo para establecerse en el país galo junto a varias de las figuras de la industria cinematográfica de su patria. Así pues, en enero de 1920 partiría el barco que llevaría a Francia a nombres tan destacados como los directores Aleksandr Volkoff y Yakov Protazanov, o los actores Ivan Mosjoukin y Natalya Lisenko entre muchos otros. Empezaba pues la aventura de los futuros estudios Albatros.

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Especial Films Albatros (I): De pie pese a la tormenta

Este post forma parte de un especial dedicado al estudio Films Albatros que incluye los siguientes artículos:


En otoño de 1920 el último punto de resistencia que quedaba del Ejército Blanco ruso en Crimea fue conquistado por los guerrilleros bolcheviques. En los años convulsos de la Revolución Soviética habían sido muchos los que se habían refugiado en esa zona del sur del país confiando que la revuelta no llegaría hasta ahí, pero cuando el General Wrangel fue derrotado miles de rusos emigraron a otras zonas europeas huyendo de las posibles consecuencias del bolchevismo. Entre este amplio número de emigrantes se encontraban algunos de los nombres más destacados de la cinematografía rusa antes de la revolución, desde actores y directores de prestigio hasta personal técnico. La mayor parte de ellos escaparían a Francia, donde lograrían asentarse en un nuevo estudio bautizado Ermolieff-Cinéma, fundado por otro emigrado ruso como ellos.

Unos pocos años después, en 1922 se produciría un nuevo suceso importantísimo: el jefe del estudio decidió dejar la compañía para probar nuevas aventuras y éste cambió su nombre por el de Films Albatros, teniendo como significativo lema «De pie después de la tormenta». Esto no fue un mero cambio de nombre, con el nacimiento oficial de Albatros hubo también una transformación radical en la manera de hacer películas. Aquí comenzaría la legendaria carrera de uno de los estudios de cine más singulares de toda la era muda.

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Una escena de La Reina de Picas (Pikovaya dama, 1916)

La Reina de Picas (1916) de Yakov Protazanov está considerada como una de las obras clave del cine ruso antes de la llegada de la era soviética. Se trata de una adaptación del relato de Alexander Pushkin (que años después superaría Thorold Dickinson en su versión británica) que trata sobre German, un oficial sin apenas dinero y recursos que una noche escucha la historia de la una anciana condesa, la cual muchos años atrás logró saldar una importante deuda en juego al descubrir un secreto para ganar siempre a las cartas. El ambicioso German se cuela pues en la casa de la condesa dispuesto a arrebatarle el secreto.

Si bien nunca he sido un gran admirador de esta por otro lado notable película, he de reconocer que atesora suficientes virtudes como para destacar entre los largometrajes de mediados de los años 10. Más concretamente hay una escena que me resulta fascinante y que me impresionó por lo moderna que resulta en su planteamiento.

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