Posts Tagged ‘Charley Chase’

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Así como el recorrido artístico de Stan Laurel encaja con la función que ejercería en sus películas como Laurel y Hardy, la de su compañero Ollie nos muestra en contraste una personalidad y ambiciones muy diferentes. Laurel siempre quiso ser un gran artista, Oliver en cambio se conformaba con poder vivir de la interpretación, sin grandes aspiraciones más allá de eso. Mientras Laurel intentaba hacerse un nombre como cómico, Hardy ya era feliz haciendo papeles secundarios para cualquier producción humorística de la época.

Lejos de ser un inconveniente, ese rasgo de personalidad fue seguramente uno de los que contribuyó a que la colaboración artística del dúo perdurara durante tantos años, al no haber peleas de egos entre ellos. Hardy siempre le dejó gustosamente a Laurel el papel de pensador de gags y de que se preocupara por las ideas y planteamientos de sus films, y tampoco le quitaba el sueño que, en consecuencia, éste cobrara más que él. A cambio, Stan siempre respetó las dotes humorísticas de su compañero y, según dicen los que colaboraron con ellos, en los rodajes jamás le daba indicaciones a Oliver sobre cómo tenía que actuar o interpretar los gags, eso era algo que ya sabía que haría a la perfección.

Por tanto, puede que Stan Laurel fuera el gran creador del dúo, pero es innegable que necesitaba a alguien tan valioso como Oliver Hardy, uno de esos artistas que saben ceder modestamente el primer puesto a otros pero que, al mismo tiempo, tienen mucho talento. Hardy tardó años en moldear ese sentido de la comedia que haría que Laurel le apreciara y respetara como compañero. Viendo algunos de los cientos de cortometrajes que realizó antes de convertirse en el “gordo” de “El Gordo y el Flaco”, podemos comprobar no sólo cómo Hardy fue afinando su humor, sino apreciar la evolución de una carrera que parecía que le convertiría simplemente en otro de los divertidos secundarios de oro del slapstick.

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Siempre es un buen momento para reivindicar a nuestro buen amigo Charley Chase, el cómico de slapstick más injustamente olvidado de todos. No solo realizó una serie de cortometrajes realmente divertidos en que demostraba sus dotes como actor, sino que previamente se había hecho un nombre como director convirtiéndose en uno de los realizadores de slapstick más solicitados del momento.

Hoy nos centramos en su faceta de cómico para rescatar Crazy Like a Fox (1926), una de las joyas que protagonizó bajo las órdenes de Leo McCarey, otro de los nombres clave del slapstick aunque luego se haría una carrera alejado del género.

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En algún momento de su autobiografía, Chaplin comenta que en una ocasión un fan le escribió una carta en que le decía que inicialmente el famoso cineasta era el dueño de su personaje, pero que al final acabó siendo el personaje el que le dominó a él, algo que el propio Chaplin reconoció que era cierto. Vista hoy día en perspectiva esa reflexión cobra aun más sentido si tenemos en cuenta que cuando vemos sus primeras películas lo hacemos con una idea predeterminada: la de Chaplin como el gran cineasta, el que consiguió conjugar dos elementos tan dispares como el slapstick y el melodrama, el que consiguió humanizar  a un personaje cómico como era Charlot. De esta forma, existe la tentación de infravalorar sus primeros films y verlos como un inevitable precio a pagar hasta llegar al Chaplin más aclamado. O, dicho en pocas palabras, el peso que tiene sobre nosotros el Chaplin que pronuncia el discurso de El Gran Dictador (1940) hace que el Chaplin de la Keystone nos parezca poca cosa.

No cometan ese terrible error. Ambos Chaplin tienen su interés y creo que resultan complementarios más que estar uno por encima del otro. Y como ejemplo les traemos hoy Charlot Faquín, una película de su etapa en la Keystone, el primer estudio en que trabajó y donde empezó a dirigir sus films. He escogido a propósito una obra que no es de las más citadas de su época Keystone y cuyo estilo y argumento todavía son más simples para defender al primer Charlot en estado puro.

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Amigos lectores, si quieren una pequeña diversión antes de pasar a la apasionante lectura de este artículo sobre Charles Chaplin, les propongo un juego que pondrá a prueba sus conocimientos sobre el célebre cineasta: en todo este post sólo hay una imagen en que aparezca Chaplin. ¿Cuál?
Para ello les animo a que antes de leer su contenido miren todas las fotografías que aparecen e intenten detectar al cómico más célebre del mundo. Cuando hayan visto todas las imágenes, para saber quién es el que sale en cada una ábranlas en una pestaña nueva y les saldrá el nombre en el link.

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Supongo que no les descubro nada nuevo si les digo que en su momento Charles Chaplin tuvo una popularidad inmensa, o quizá convendría matizar, asombrosamente inmensa. Por ello no es de extrañar que enseguida le salieran imitadores por todas partes provocándole numerosos dolores de cabeza. La intención inicial de esta entrada era centrarme en el más famoso de todos, Billy West, pero al final me he dado cuenta de que todo este fenómeno era demasiado complejo y lleno de detalles interesantes como para limitarlo al bueno de West. Así que he decidido escribir sobre el fenómeno Charlot en general contextualizándolo en su época, ya que sólo de esa forma podremos entender la invasión de imitadores de Chaplin y el dilema de hasta qué punto es denunciable o no un imitador. Pónganse cómodos y disfruten de la lectura.

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Si hay un artista de slapstick terriblemente infravalorado a reivindicar, ése es Charley Chase. Aunque en un futuro le dedicaremos una entrada como se merece, de momento decir simplemente que era un cómico que estuvo deambulando por varios estudios probando suerte como actor y director hasta que a mediados-finales de los años 20 consiguió cierto éxito protagonizando una serie de cortometrajes para el estudio de Hal Roach. Su personaje, a diferencia de la mayoría de artistas slapstick, era un atractivo galán que se veía inmerso en situaciones absurdas de las que intentaba salir con la mayor dignidad posible. El film que nos ocupa hoy, dirigido por Leo McCarey (realizador de muchos de los primeros cortos de Laurel y Hardy que luego empezó una exitosa carrera dirigiendo películas de prestigio) es uno de los mayores exponentes de su estilo y de los más adecuados para introducirse en su mundo.

His Wooden Wedding (1)

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