
En las últimas décadas se ha producido una especie de redescubrimiento del slapstick o, mejor dicho, de la forma de verlo, siendo uno de los géneros más reivindicados de las primeras décadas del cine. Este libro de Robert Knopf es un magnífico ejemplo sobre este cambio de mentalidad.
Tal y como indica en la introducción, tradicionalmente se ha juzgado el cine de Buster Keaton (y el de otros cómicos de slapstick) utilizando los mismos parámetros que se usan en el resto de géneros, es decir, por cómo se adecuaban a las normas clásicas: solidez del argumento, psicología de los personajes, narración de la historia… Todo eso está muy bien pero en el caso del slapstick no se puede analizar las películas bajo esas mismas normas sencillamente porque en muchos casos sus autores no pretendían seguirlas. En el caso concreto de Keaton, resulta obvio que a él jamás le preocupó especialmente desarrollar la psicología de sus personajes o la historia en sí más que como un medio de crear gags. Por ello, Knopf propone valorar la obra de Keaton desde tres perspectivas diferentes: el vodevil, el clasicismo cinematográfico y el surrealismo. Estos puntos de vista son complementarios entre sí, y sumándolos dan una visión mucho más completa y heterogénea del que fue uno de los más grandes cómicos de la historia del cine.
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