Now, You Tell One (1926) de Charley Bowers y Harold L. Muller

De entre todos los grandes cómicos que surgieron en la era muda Charley Bowers es uno de los que más necesita una urgente reivindicación hoy día tanto por lo poco que suele citarse como por lo sumamente originales que son sus películas. Lo que hacía a Bowers especial como cómico es que en sus filmes le gustaba alternar imagen real con segmentos de animación stop motion. Esto hace que, si ya de por sí las comedias slapstick más alocadas tengan un punto surrealista que luego en el sonoro solo mantuvo el cine de animación, las suyas vayan aún más lejos. Desde el momento en que la animación stop motion adquiere un papel tan importante, todo es posible, el único límite es la imaginación.

De entre todos los cortometrajes suyos que he visto me apetece destacar Now, You Tell One (1926) no solo por ser muy divertido sino uno de los más absurdos (que ya es decir). La acción se inicia en un club de mentirosos, en que los asistentes se retan a ver quién dice la mentira más grande, incluyendo historias sobre elefantes entrando en el Capitolio o un hombre que atrapa a un ladrón ocultándose dentro de un sombrero. Como ninguna de esas mentiras les llama la atención, uno de sus miembros sale en busca de alguien con una historia mejor y se topa con Bowers, que tiene un relato aún más imposible de creer.

Uno de los aspectos que más me gustan de Now, You Tell One es curiosamente uno que podría verse como un defecto: una casi ausencia de trama, de modo que la mínima historia es una excusa para llevarnos de una situación excéntrica a otra. Eso no quiere decir que Bowers no supiera construir narrativas más clásicas. Por ejemplo en He Done His Best (1926) se explica cómo intenta dirigir un restaurante con uno de sus excéntricos inventos y así conseguir a su chica. Como vemos el tipo de tramas y de personaje le emparentan con Buster Keaton: su gusto por los inventos absurdos, la idea del hombre que para lograr a la chica ha de superar una prueba que demuestre su validez y esa personalidad aparentemente ausente, como si no fuera un personaje de este mundo. Pero aun así los filmes de ambos son totalmente distintos.

En el que nos ocupa el invento estrella de Bowers es una poción mágica que hace crecer cualquier cosa de las plantas. El dominio que tiene Bowers del stop motion le lleva a conseguir proezas como mostrarnos cómo crece un sombrero de paja de su cabeza mientras él sigue moviéndose. Hay una fluidez y naturalidad que no tiene nada que ver con el aspecto más rudimentario de algunos de estos efectos especiales cuando los vemos en comedias slapstick más baratas donde se hacen obvio los cortes.

La cosa se desmadra cuando conoce a una chica de la que se enamora y decide ayudarla con su problema: una colonia de ratones que están sembrando el terror en una granja. De hecho vemos al maltrecho gato escayolado por su enfrentamiento con los malditos roedores y a uno de esos ratoncitos saliendo de un agujero con una pistola. Los efectos especiales de Bowers llegan al punto de mostrarnos incluso a gatitos creciendo de esas plantas, una imagen casi digna de un Cronenberg.

Bowers no tenía el dominio del gag de los más grandes (¿quién lo tenía, por otro lado?) pero resulta muy interesante y con ideas muy personales. Hay gags tan surreales que son casi de dibujos animados, como el dueño de la granja llevando consigo un caddie de golf que le transporte las escobas que usa para atacar los ratones, y algún momento muy llamativo como la introducción de la chica en la historia: un plano de unas piernas sobre una valla. Una imagen totalmente descontextualizada y que no entendemos. ¿De quién son? ¿Qué hacen ahí? No es de extrañar que a los surrealistas franceses les encantara el universo de Charley Bowers.

El cómico es uno de esos personajes que aún hoy día resultan un tanto misteriosos. No se sabe mucho sobre su vida más allá de lo que conocemos de su carrera en el cine (alternando proyectos de pura animación con estos cortos cómicos protagonizados por él mismo) y con la llegada del sonoro pasó a ser una figura olvidada como tantos contemporáneos suyos. Su último trabajo fue, curiosamente, en colaboración con Joseph Losey, un cortometraje financiado por petroleras sobre las bondades del petróleo, que parece uno de esos cortos educativos que se parodiaban en los Simpson y que incluía algunas escenas de stop motion.

Losey comentaba que nadie conocía demasiado a ese misterioso personaje que era Bowers, ni siquiera tenían una idea ni aproximada de su edad real. No parece que fuera una persona fácil y a uno le tienta pensar que era en cierta forma como uno de los personajes de sus cortometrajes: un inventor metido en su mundo y algo ajeno a la aburrida realidad.

6 comentarios en “Now, You Tell One (1926) de Charley Bowers y Harold L. Muller

  1. ¡Qué fantástica sorpresa! No conocía a este cineasta y ha sido todo un descubrimiento para mí. No me extraña que lo admiraran los surrealistas, es un no parar de imaginación desbordada. Desde la escena de los elefantes entrando en el congreso todo es alucinante y la técnica de stop-motion utilizada es de una rara perfección. Gracias por revelarnos tales novedades y difundir a estos cineastas tan olvidados.

    • Hola Escarlati. Qué alegría descubrirte a Charles Bowers, porque realmente es un cineasta imaginativo, simpático y muy especial. Si te gustó este cortos tienes otros por el estilo que no te decepcionarán. La era muda es realmente un pozo sin fondo de descubrimientos.

      Un saludo y gracias a ti.

  2. ¡Qué buena reseña sobre una de las comedias de Bowers que más me gustan! Aunque debo confesar que todas las que hizo me chiflan.

    Por si alguien quiere ampliar información acerca de esta fascinante figura, dejo por aquí el enlace a mi tesis doctoral: “Charles R. Bowers, análisis biográfico y autoral”, que puede consultarse en abierto y gratis:

    https://riunet.upv.es/entities/publication/4c0235b3-17c7-454d-9688-01a6a5c6fa09

    Saludos animados,

    Adrián Encinas

    • Ostras, Adrián, ¡menuda sorpresa!

      Mi más sincera enhorabuena por haber escogido a Charley Bowers como tema de tesis doctoral y haberla completado. Espero de verdad que tu trabajo tenga toda la difusión posible, porque no es habitual querer dedicarle un trabajo académico de tal envergadura a cómicos olvidados como él. Gracias por tu comentario y por compartir aquí tu trabajo.

      Un saludo.

  3. Hola! Vengo a agradecer el descubrimiento, enorme! Disfruté de lo lindo con el corto, pura imaginación. Gracias por tu trabajo de divulgación que sigo hace tiempo, aunque no siempre puedo «profundizar». Saludos

    • Hola Ignatius,

      Muchas gracias, qué ilusión contribuir a descubrir un cómico tan original y olvidado, me alegro mucho de que te entusiasmara. Te recomiendo seguir profundizando en sus otras obras, no te decepcionarán.

      Gracias por tu comentario, un saludo.

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