Aparentemente, Harold Lloyd ya tenía prácticamente acabada su película ¡Qué Fenómeno! (Welcome Danger, 1929) cuando la realidad del cine sonoro se impuso y le hizo darse cuenta de que lanzar un filme mudo en 1929 era un suicidio comercial. Así pues, pese al desembolso económico que suponía, Lloyd volvió a filmar la película con diálogos aprovechando solo unas pocas escenas de la versión muda con efectos de sonido y doblaje. El célebre cómico no era alguien que le temiera al sonoro: su dicción era más que buena y tenía una buena voz. Y sus esperanzas se confirmarían con el que sería uno de sus más grandes éxitos de taquilla, motivado sobre todo porque el público se moría de curiosidad por oírle hablar.
Como película, no obstante, ¡Qué Fenómeno! supone un gran bajón respecto a sus maravillosos largometrajes anteriores. Narrativamente es extrañamente torpe viniendo de un perfeccionista como Lloyd, mezclando de forma confusa una historia de amor, un protagonista botánico obsesionado con recoger huellas dactilares y una trama de intriga en Chinatown. Pero hoy no nos interesa el filme por ese motivo sino porque es un ejemplo perfecto de obra que tiene un pie en el mudo y otro en el sonoro. Y como prueba de ello les propongo rescatar dos de sus mejores escenas, una de las cuales todavía conserva la belleza del silente y otra ya anticipa las posibilidades del sonoro.
La primera escena a destacar es aquella en que Lloyd y la chica se conocen por casualidad gracias a un recurso ingenioso y bellísimo. Ella va a una máquina de fotomatón a hacerse una fotografía de carnet, pero algo sale mal y su retrato no sale. Poco después llega Lloyd y se hace otra fotografía en la misma máquina. El resultado es que ambas exposiciones se mezclan y en la fotografía que recoge Harold aparece él y a su lado la chica que se hizo retratar anteriormente pero a la que éste nunca ha visto. Es un momento visualmente precioso, una forma eminentemente visual muy efectiva de hacer que el chico y la chica se conozcan por primera vez pero con un elemento mágico y misterioso: ¿quién es esa mujer? ¿Por qué ha aparecido de repente en su fotografía? Al igual que en su obra maestra El Tenorio Tímido (Girl Shy, 1924), Lloyd combina un gag con un elemento de romance.
De hecho en adelante Harold fantaseará con esa chica como si fuera su novia de verdad. Los primeros gags de la película vendrán cuando se la encuentre pero sea incapaz de reconocerla, al tomarla por un muchacho. Fíjense qué extraña analogía con el cine mudo: ha visto a la chica, pero al oírla no la reconoce. Para él es una cosa distinta ese ente abstracto y hermoso que se ha materializado en esa imagen fotografiada y el ser humano de carne y hueso que tiene delante.
La siguiente secuencia sucede mucho más adelante, cuando Harold y un policía bobalicón (Noah Young, secundario habitual de su filmografía) entran en el escondrijo de una misteriosa organización criminal de Chinatown. Durante un buen rato la acción se detiene y Lloyd se centra en todas las posibilidades que ofrece ese escondite para generar gags. Pero he aquí un hallazgo brillante que demuestra lo astuto que fue para aprovechar las posibilidades del sonido ya en su primera película hablada: buena parte de los gags vendrán del hecho de que en diversas ocasiones se va la luz y solo oímos lo que sucede, pero no lo vemos; luego, cuando ésta vuelva, descubrimos lo que estaba pasando en realidad.
No les parece nada del otro mundo, ¿verdad? Eso es porque este es un gag tipiquísimo de dibujos animados: se hace la oscuridad, oímos todo tipo de ruidos escandalosos o de lucha (y seguramente solo vemos los iris de los personajes contrastando con el fondo oscuro) y no es hasta que vuelve la luz que visualizamos lo que ha pasado. Pero, claro, estamos en 1929. No sé si es la primera vez que se utilizó este tipo de gag pero, teniendo en cuenta que nos encontramos en los albores de la era sonora, me atrevería a decir que Lloyd fue uno de los primeros en explotar un recurso que luego sería tantas veces explotado. Si ya era un genio del humor silente, aquí nos demostró lo hábil que podía ser también con el sonido. Ay, lástima que luego su carrera sonora fuera poco a poco decayendo.
Pueden ver aquí un fragmento de dicha escena (recuerden que pueden activar subtítulos en español):
Como curiosidad final, ¡Qué Fenómeno! se estrenó en una versión muda y otra sonora, algo bastante habitual en una época en que no todos los cines disponían aún del equipo para proyectar cine sonoro. Sé que ambas versiones sobreviven pero nunca he podido dar con la muda, y me muero de curiosidad por saber qué habrá sucedido en ésta con dichas secuencias a oscuras. Doy por hecho que no existen porque son imposibles de hacer en versión muda, pero me pregunto si Lloyd las sustituyó por otro tipo de gags o simplemente las quitó. ¿Alguien que pueda prestarle a este Doctor una copia de la versión muda de ¡Qué Fenómeno!?


