Hace 100 años: las mejores películas de 1922

Efectivamente, amigos lectores, aquí tenemos uno de los artículos que no pueden faltar cada año en su rincón silente favorito (esto es, espero, este humilde blog): el listado de las mejores películas que cumplen 100 años, es decir, los mejores filmes de 1922. Mientras a finales de año las revistas de cine nos desbordarán con listados que siguen esa aburrida actualidad no silente, el Doctor Caligari les propone en el ecuador de este 2022 una selección de las 15 mejores películas que recuerda haber visto en el ya lejano año 1922. Vamos a ello y recuerden que al final del post tienen los links de los listados elaborados aquí en los años anteriores.

No voy a detenerme demasiado en hacer un repaso sobre cómo estaba el panorama cinematográfico en 1922 porque a grandes rasgos sigue las líneas que ya comenté en el post dedicado a 1921. Alemania siguió imponiéndose como una de las cinematografías más importantes no ya de Europa sino del mundo, y es significativo cómo en un par de años ha pasado de tener una presencia testimonial en mis tops a acaparar los mejores puestos (y eso que he evitado repetir más de una película de un mismo director). En contraste, los países escandinavos van cediendo poco su hegemonía, si bien veremos que este año se estrenó uno de los filmes más célebres de su periodo mudo. Cabe decir no obstante que he dejado fuera algunas obras bastante interesantes de esos países como la dickensiana Grandes Esperanzas (Store forventninger, 1922) del danés A. W. Sandberg o la finlandesa Anna-Liisa (1922) de Teuvo Puro, que vi hace unos años en Pordenone.

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Rodolfo Valentino y el tango más famoso de la historia

¿No les parece una pena que los jóvenes de hoy día ya no sepan apreciar la belleza y el erotismo del tango? ¡Ah, seguramente este Doctor sea ya un anciano de mentalidad anticuada, pero no puedo dejar de recordar el enorme impacto que tuvo hace un siglo una escena de tango, que se convirtió en una de las más célebres de toda la era muda! Me refiero, por descontado, al baile de Rodolfo Valentino en Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (The Four Horsemen of Apocalypse, 1921) de Rex Ingram. Desgranemos un poco lo que hay tras esta célebre escena.

El tango es un baile de procedencia argentina que surgió a finales del siglo XIX y que empezó a tener una gran popularidad en Europa poco antes de la I Guerra Mundial. Curiosamente, en Argentina era una danza asociada a lugares de dudosa reputación como prostíbulos, pero cuando llegó a Europa fue inmediatamente adoptado por las clases altas. Imaginen por tanto la cara que pondrían los argentinos de la época al ver a unos refinados franceses bailando una danza que ellos asociaban a los bajos fondos.

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Los primeros trailers de la historia del cine: las diapositivas de linternas mágicas

Quizá nuestros lectores más jóvenes, que no llegaron a vivir cómo era la proyección de películas en la era muda o en las décadas inmediatamente posteriores, no sepan que en los viejos tiempos las sesiones de cine eran muy diferentes a hoy día. Por entonces la gente no asistía a la proyección de una película concreta, sino a un programa que incluía diferentes partes: unos cortometrajes previos, un largometraje barato y el plato fuerte de la noche, la película principal que todos querían ver. No solo eso, sino que a menudo la gente entraba y salía de la sala de cine a media película, sin importarle si la proyección ya había empezado. Simplemente uno llegaba, intentaba ir pillando el argumento y disfrutaba de lo que quedara de filme y lo que viniera después.

En todo caso, eso quería decir que a menudo había parones entre películas que servían además para incitar al público a comprar más palomitas o golosinas. Y para no desaprovechar esos minutos, en la era muda era frecuente que se proyectaran diapositivas en la pantalla de distinta índole. Muchas de esas diapositivas que mostraban a modo de linterna mágica eran anuncios de futuras proyecciones, que las productoras distribuían por los cines para que hicieran propaganda de sus próximas películas, y es por ello que he decidido dedicarles una entrada con una selección de algunas de las que se conservan hoy día.

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Introducción al color en la era muda: el color aplicado a la película

El tema del uso del color en el cine de la era muda es demasiado complejo y extenso como para despacharlo en un mero artículo, de hecho hay bibliografía dedicada exclusivamente a este tema. La finalidad de este post reside por tanto en ser más bien una introducción al tema y un repaso a las diferentes técnicas que se utilizaron en esta época. De modo que pónganse cómodos y acompáñenme en este viaje a los inicios del color aplicado manualmente a las películas.

Empecemos derribando una serie de mitos: ni el cine mudo era en blanco y negro, ni el color se introdujo en la era sonora. Los ejemplos que existen de color en la era silente no son pequeñas rarezas ni excepciones, sino que confirman que este tipo de técnicas se utilizaban con suma frecuencia. ¿Por qué, entonces, tantas obras mudas teóricamente en color se han visto durante años en blanco y negro? A menudo algunos lectores me han preguntado extrañados por nuevas ediciones en DVD de clásicos del cine mudo que aparecen ahora con los fotogramas tintados de tonos amarillentos y azulados, cuando de toda la vida se habían visto en blanco y negro (a mí mismo me pasó eso con El Enemigo de las Rubias (The Lodger, 1927) de Alfred Hitchcock cuando pasé de la anticuada versión que había visto siempre a la última restauración). ¿Eran así las películas originariamente? La respuesta es sí. Y si las hemos visto durante años en blanco y negro es por una serie de motivos que desgranaremos al final del post. Pero primero veamos cómo se aplicó el color en las orígenes del cine.

De entrada hemos de tener en cuenta que el color se podía obtener por dos grandes vías dentro de las cuales había multitud de alternativas diferentes: colorear el fotograma después de que se hubiera filmado la película en blanco y negro o capturar el color con la cámara y reproducirlo en el propio fotograma. Para evitar alargarnos aún más, en este post nos centraremos en el primer caso por ser el más habitual y el más específico de la era muda. Empecemos viendo las diferentes técnicas que existían de aplicar este procedimiento.

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El uso del ritmo y del sonido en El Gran Desfile (The Big Parade, 1925) de King Vidor

Aunque el cine mudo era, tal y como indica su nombre, sin diálogos, eso no quiere decir que el sonido no pudiera tener un papel importante tanto en los rodajes como en las proyecciones de películas. Como ejemplo de ello, voy a rescatar dos fragmentos tomados de la excelente autobiografía de King Vidor titulada Un árbol es un árbol que atañen a una de sus obras más míticas: el drama antibélico El Gran Desfile (The Big Parade, 1925). La primera es una muestra de cómo en las filmaciones de las películas los cineastas a menudo se servían del sonido para conseguir determinados efectos de los actores. Es conocido por ejemplo cómo en los rodajes de filmes mudos solía haber músicos interpretando música en el set para inspirar a los intérpretes mientras trabajaban, pero en este caso veremos que se trata más bien de un efecto rítmico. El segundo fragmento es una pequeña divertida anécdota que rompe la idea que tienen algunos cinéfilos de que las proyecciones de estas películas mudas se hacían en un clima de reverencial respeto, en que se cuidaba mucho la música de acompañamiento. Nada más lejos de la realidad, hay crónicas de prensa de la época que se quejaban de pianistas más preocupados en exhibirse que en acompañar la película y, en este caso, veremos cómo a veces los propios directores eran abiertos a experimentos… que a veces se cargaban las películas. Le cedo la palabra al gran King Vidor:

«Con la cooperación del Cuerpo de Transmisiones del ejército de Estados Unidos, habíamos conseguido casi cien bobinas de películas documentales filmadas durante la Primera Guerra Mundial. Para familiarizarme con los distintos métodos de combate que se habían empleado en Europa, estudié atentamente todo aquel material. Un día, al ver un fragmento de película, me di cuenta de que una compañía de soldados estaba pasando por delante de la cámara a una velocidad completamente diferente de la normal. Era el ritmo de un movimiento suspendido, que sugería la existencia de un acontecimiento ominoso. No había banda sonora, pero uno no podía dejar de ver en aquellas imágenes la presencia de la muerte. Entonces un ataúd, cubierto por la bandera, entró en campo, sobre un carromato tirado por caballos. Los hombres formaban parte de un cortejo fúnebre. Se me ocurrió que si lograba reproducir aquella cadencia lenta y mesurada mientras mis tropas americanas se acercaban a primera línea del frente, ilustraría la proximidad de la muerte por medio de un efecto elocuente y poderoso. Estaba en el terreno de mi gran obsesión, la de experimentar con las posibilidades de la «música muda».

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Especial Centenario Nosferatu (IV): Conde Drácula vs Conde Orlock, el vampirismo según Murnau

Este artículo forma parte de un especial dedicado al centenario del estreno de Nosferatu que incluye los siguientes posts:


Introducción: reformulando el mito de Drácula

Como ya sabemos, Nosferatu era una adaptación de la célebre novela Drácula de Bram Stoker, pero en todo caso era una versión muy libre con varias diferencias remarcables. Algunos de estos cambios pueden atribuirse a un simple intento de diferenciarse del original para esconder que no habían comprado sus derechos, pero muchos de ellos en realidad responden a algo más interesante: a una reformulación del mito del vampiro respecto a como lo planteaba Bram Stoker. ¿En qué se diferencian el Conde Orlock del Conde Drácula y qué ha aportado el primero al mito del vampiro? Veámoslo.

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Especial Centenario Nosferatu (III): Die zwölfte Stunde (1930), la versión sonorizada de Nosferatu

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Cuando el cine sonoro irrumpió a finales de los años 20 causó tal sensación entre el gran público que se convirtió en una locura. Los espectadores iban en masa a ver cualquier película que se anunciara como sonora al margen de su calidad, y en consecuencia en esos primeros años de transición los estudios de cine buscaron mil maneras de rentabilizar esa moda: desde el curioso caso de las part-talkies, en que numerosos cineastas se vieron obligados a rodar a posteriori algunas escenas sonoras en su película originalmente muda aunque no pegaran ni con cola, a varios ejemplos de cintas que se vendieron como filmes sonoros cuando en realidad tenían solo incorporados efectos de sonido sincronizados. Cualquier artimaña que justificara anunciar dicho filme como «una obra sonora» era válida.

En algunos casos se llegó incluso al extremo de hacer algo tan de mal gusto como sonorizar películas mudas. Eso fue lo que se hizo con un clásico como Nosferatu (1922), que se reestrenó en 1930 en una versión sonorizada con el título de Die zwölfte Stunde (La Duodécima Hora, es decir, la medianoche). ¿Cómo y de dónde surgió esta rareza?

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Especial centenario Nosferatu (II): Murnau y lo subliminal como forma de filmar el mal

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Por muy tópico que suene, realmente hay películas de las que descubrimos detalles nuevos a cada visionado, que tienen tanta riqueza y pequeños matices ocultos que uno nunca deja de sorprenderse de lo que dan de sí. Sin ir más lejos en mi último revisionado de Nosferatu (1922), que además pude disfrutar en pantalla grande, hubo un plano que hasta entonces me había pasado inadvertido y que me pareció tan llamativo que me ha animado a abrir este post, donde comentaré la forma como F.W. Murnau maneja el clima tan horrorífico de la película a partir de lo subliminal y lo sugerente.

El plano en cuestión tiene lugar en el tramo final de la cinta entre dos escenas. En la primera vemos como la gente del pueblo persigue a Knock, a quien creen responsable de la epidemia de peste. La siguiente es la aterradora escena en que el Conde Orlock observa el hogar de Hutter y Ellen desde la ventana de su casa, situada enfrente. En este nuevo revisionado descubrí para mi asombro que entre el plano de la gente yendo tras Knock y el plano medio de Nosferatu en la ventana hay insertado uno del mar. Dicho plano no tiene ningún contexto que lo justifique. ¿Es para dar a entender el momento del día en que nos encontramos? En tal caso, ¿por qué situarlo en mitad del mar cuando la acción ya hace tiempo que sucede en tierra? Debe haber un motivo para incluir un plano que no tiene ninguna relación entre esas dos escenas. En ningún caso puede ser un error, se ha añadido ahí con una intención concreta, ¿cuál?

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Los efectos visuales alucinógenos de Amoki (1927) de Kote Mardjanishvili

Como aficionado al cine mudo que lleva siguiendo esta forma de arte desde mis años mozos en la República de Weimar, lo que me encanta de la era internet es que nos ha permitido llegar no solo a películas mudas que durante mucho tiempo han sido muy difíciles o casi imposibles de conseguir, sino también a centenares de obras que ni sabíamos que existían y que están ahora a un clic de nosotros. Películas que en los años 20 del siglo pasado este inquieto cinéfilo no hubiera descubierto, ¡y eso que procuraba estar siempre atento a todo lo que estrenaba! De modo que si uno se mueve por estos inabarcables mares internautas puede acabar disfrutando un día del visionado de Amok (Amoki, 1927) del prestigioso director teatral Kote Mardjanishvili, la versión filmada en Georgia que todos estábamos esperando del célebre relato de Stefan Zweig.

¿Que la película no tiene subtítulos y ustedes no saben leer en georgiano? Bah, eso en el cine mudo no es ningún problema. Basta con conocer el relato original para seguir la trama aunque no se entiendan los rótulos, (y si no lo han leído, háganlo, es muy bueno). Comprobarán que eso nos sirve de sobras para disfrutar de todas sus virtudes cinematográficas.

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Especial Films Albatros (V): Films Albatros en 10 películas

Este post forma parte de un especial dedicado al estudio Films Albatros que incluye los siguientes artículos:


Para cerrar este especial dedicado a Films Albatros que tanto ha disfrutado elaborando este Doctor, he pensado que sería buena idea hacer una selección de 10 de las obras que encuentro más destacables de esta productora tan única y especial.

En primer lugar un detalle importante a remarcar: Films Albatros no es un estudio que haya producido en mi opinión un gran número de obras maestras (como es el caso por ejemplo de la más célebre UFA), creo que lo que lo hace tan especial es que casi todas las obras suyas que he visto tienen algo que las hace singulares. Puede que muchas de ellas no acaben de redondear sus ideas o pequen de abusar de recursos melodramáticos, pero siempre encontraremos detalles que las hacen destacar por encima de la media, a veces incluso por encima de filmes que cualitativamente son superiores, por muy contradictorio que suene; ya sea por su extraordinario trabajo de dirección artística, por esa querencia por utilizar todo tipo de recursos visuales de forma tan imaginativa o incluso a veces simplemente un plano suelto.

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