Hale’s Tours

En los inicios del cine podemos encontrar numerosos ejemplos de emprendedores que intentaron buscar otra utilidad al cine más allá de la proyección de películas. Uno de los ejemplos más curiosos es el de los Hale’s Tours, que pretendían recrear un viaje a bordo de un tren proyectando imágenes en el interior de un espacio decorado como un vagón.

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El responsable de este invento es George C. Hale, un ingeniero y bombero al que le atraía el mundo del espectáculo. Sin embargo, ya existían previamente algunos antecedentes como un intento en 1895 por parte del novelista H.G. Wells y Robert Paul (uno de los pioneros del cine británico) de simular mediante imágenes en movimiento un viaje a través del tiempo basándose en la novela del primero. El coste era tan elevado que la idea se desestimó.
Otro precedente era el Cinéorama de Raoul Grimoin-Sanson, que simulaba muy ingeniosamente un viaje en vuelo aerostático situando a los espectadores en una plataforma sobre la cual había unos proyectores que mostraban imágenes aéreas alrededor de toda la sala. Incluso los hermanos Lumière tantearon el proyecto con su Maréorama, que simulaba la vista que se tenía desde un barco que partía a la mar.
Pero la idea más exitosa fue la que tuvo en 1902 el inventor William J. Keefe. Se le ocurrió idear una atracción de feria que simulara un viaje en tren en que los pasajeros se sentarían en un recinto parecido a un vagón y frente a ellos se proyectarían las imágenes de lo que verían a bordo del tren. Ya en los inicios del film, Edison había concebido en primera instancia su invento como una atracción de feria, por lo que no es de extrañar que diez años después Keefe y otros inventores pensaran retornar el cine a ese contexto.

La idea de Keefe llegaría a oídos de George C. Hale por su amigo Fred W. Gifford. Ambos creyeron que sería una buena inversión y compraron la patente para explotarla ellos mismos. En 1904 la exhibieron con gran éxito en la Exposición de St. Louis bajo el nombre de Pleasure Railway. Poco después se extendería por los parques de atracciones de todo el país y, más adelante, del mundo.

Hales Tours 2

La atracción duraba de 20 a 25 minutos, de los cuales 15 los ocupaba la proyección del film. Cabían hasta un máximo de 60 personas y la atracción podía llevarse a cabo entre 20 y 75 veces al día. Normalmente cada semana se cambiaba la película con una localización distinta para dar mayor diversidad al repertorio. Inicialmente los films los proporcionaban Edison y Pathé, pero cuando empezó a cosechar éxito el propio Hale se encargaba de contratar a cámaras expresamente para ese trabajo.
Se cuidaban todos los detalles al máximo, como correspondía a una atracción de feria: la parte central de la atracción solía decorarse como una estación y el encargado de recoger los billetes iba uniformado debidamente.
Pese a que en esa época la gente ya debía conocer la existencia del cine, no era raro que los pasajeros del Hale’s Tour gritaran a los peatones que aparecían en la pantalla que se apartaran para no ser atropellados, e incluso se sabe de algunos casos de dementes que iban con mucha frecuencia a la atracción confiando en que un día el tren descarrilara por accidente.

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La edad de oro de los Hale’s Tours fue entre 1905 y 1907, cuando era frecuente encontrarlos en parques de atracciones. El show se exportó incluso a Europa, México, Sudáfrica, Sudamérica y Hong Kong.
Aproximadamente hacia 1912 el espectáculo decayó hasta desaparecer. Los motivos fueron varios: cuando dejó de ser una novedad, al público perdió interés; resultaba difícil conseguir películas nuevas con bastante frecuencia y quizás también influyera que la relación entre el cine y la audiencia estaba cambiando por aquellos años.

Como curiosidad, muchos futuros nombres del cine empezaron en el medio trabajando en uno de estos espectáculos: el primer trabajo de Sam Warner en el cine fue como proyeccionista de la atracción; el primer contacto de Carl Laemmle con el cine serían los Hale’s Tours, y a partir de ahí decidió invertir en este medio, en el que veía un gran futuro; y Adolph Zukor utilizó los Hale’s Tours como vínculo entre su negocio de salones recreativos en Nueva York y su entrada al cine. De hecho, Zukor se dio cuenta de que los Hale’s Tours empezaban a estar de capa caída cuando proyectó Asalto y Robo de un Tren y tuvo tanto éxito que decidió deshacerse de toda la cara parafernalia de los Hale’s Tours y montar un nickelodeon convencional de películas. El resto, como se suele decir, es historia.

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