Una de las muchas cosas que me encantan del cine de los orígenes es su capacidad por darnos a conocer detalles, costumbres, modas y personalidades de esa época que hoy día la mayoría desconocemos. Por ejemplo, un tipo de cortos que siempre me han llamado la atención y que son muy típicos de los primeros años del cine son las «danzas serpentinas», que además eran especialmente apropiadas para los sistemas de coloreado de la época. Vean un ejemplo filmado por Alice Guy aunque en este caso sin color:
Y entonces un día se me ocurrió tirar del hilo. ¿De dónde salían estas danzas serpentinas? ¿Eran famosas sus intérpretes? Y he aquí que di con dos casos bastante interesantes. El primero es Annabelle Moore, una popular bailarina que actuó siendo una adolescente en la Exposición Universal de Chicago de 1893 y luego en Broadway. Varios cámaras del estudio de Edison la captaron en uno de los primeros filmes de la compañía. Su película fue tan popular que volvieron a contratarla para rodar más cortos, que pueden ver a continuación:
Servidor, debo admitirlo, no entiende de danza, pero es innegable que este tipo de bailes son especialmente hipnóticos para la cámara y, aquí sí que pueden comprobarlo, muy apropiados para experimentar con colores. Moore además transmite mucho encanto con su perenne sonrisa y sus gráciles movimientos. No me extraña la popularidad de la que gozaron estos filmes entonces.
Pero Moore no fue la única, de hecho la bailarina más célebre de danzas serpentinas fue otra americana, Loïe Fuller, que gozó de un enorme éxito internacional con sus imaginativos bailes en que además utilizaba todo tipo de trucos escénicos para crear efectos visuales con los colores. Por suerte para nosotros existen varios cortos de Pathé que captaron su arte, de los cuales hoy les propongo rescatar este de 1905, que es una maravilla visual:
Pese a los pocos años de diferencia respecto a los otros cortos mencionados anteriormente se nota aquí una clara evolución en la técnica. El trabajo de coloreado (atribuido a Segundo de Chomón y sus estudios de coloreado en Barcelona) es una maravilla y además el director se permitió dos efectos especiales para abrir y cerrar la película: al inicio vemos la llegada de un murciélago que de repente se transforma en Loïe Fuller (¿era la señorita Fuller quizá un vampiro?) y luego al final de la danza su imagen se desvanece de forma poética y misteriosa.
Obviamente en la era muda hay muchos más cortos de danzas serpentinas, muchos de ellos protagonizados por intérpretes anónimas, pero sirva esta entrada para reivindicar a estas dos bailarinas que han conseguido llegar a nuestros días gracias a ese invento maravillosamente fantasmal que es el cine.

Yo también estoy fascinado con estas películitas y este tipo de danza. Además, he tenido la suerte de compartir escenario con una especialista actual, muy joven, además. Y, la verdad, vivir esto en directo, a unos pocos metros es muy emocionante, como estar dentro de una de esas películas tan fantasmales (como el acertadísimo adjetivo usado por el doctor). Muy necesaria reivindicación de estas dos bailarinas.