Sanz y el Secreto de su Arte (1918) de Maximiliano Thous y Francisco Sanz

Una de las muchas virtudes del cine silente es que nos permite llegar a rincones inesperados de la sociedad y los artistas de esa época, conocer celebridades o detalles famosos en su momento hoy virtualmente olvidados, ya sea un popular personaje de cómic llamado Foxy Grandpa, las danzas serpentinas… o un famoso ventrílocuo de la época. Hoy les presento a Francisco Sanz Baldoví, también conocido como Paco Sanz, un ventrílocuo célebre a nivel internacional que en aquellos años realizaba con éxito giras por toda España, Portugal y América. Según he podido averiguar, su capacidad para emular diferentes voces era sorprendente y en su momento de mayor celebridad su espectáculo llegaba a contar hasta con 28 muñecos

Como es lógico, a Sanz le tentaba la idea de utilizar el cine para promocionar su espectáculo, y quiso la providencia que una afonía que sufrió en 1917 le obligara a suspender temporalmente su actividad… pero al mismo tiempo le proporcionara la oportunidad perfecta para llevar adelante su proyecto de película, donde lógicamente la voz no haría falta – si se están preguntando qué sentido tiene una película muda sobre un ventrílocuo, les diré que el mismo que un programa de radio con un ventrílocuo, y ahí fue donde Edgar Bergen y su célebre muñeco Charlie McCarthy tuvieron un éxito arrollador en los años 30 y 40… yo tampoco lo entiendo, pero es así.

Volviendo a Sanz, aquí fue cuando entró en escena Maximiliano Thous, un fascinante personaje multidisciplinar que fue escritor, cineasta, político y reivindicador del folklore y la cultura valenciana. Éste y Sanz se aliaron y darían forma a Sanz y el Secreto de su Arte (1918), dirigida por Thous y coproducida por los dos. Se trata éste de un artefacto curiosísimo que combina documental y ficción. En el primer apartado nos muestra los muñecos del espectáculo de Sanz y la recreación de algunos de sus números, mientras que en el segundo nos narra la historia de cómo uno de ellos decide abandonar el show para volver a vivir a su pueblo.

Antes de entrar en materia partamos de la siguiente base: aunque soy un perverso genio del mal, no por ello se cuenta la ventriloquía entre mis aficiones. Dicho en otras palabras, no solo no me hacen gracia los muñecos de ventrílocuo sino que me parecen aterradores, una impresión que creo que muchos compartimos. Esto hace que no me vea capacitado para juzgar la película como aficionado a esta, digamos, forma de arte. Esto en el fondo es una ventaja, porque eso les podrá hacer saber qué elementos de interés posee para los que se acerquen al filme por pura curiosidad o, incluso, cierto morbo, que imagino que serán la mayoría – del mismo modo ruego a mis innumerables lectores aficionados a la ventriloquía que no se tomen a mal mis palabras.

Así pues, desde un punto de vista totalmente personal, lo que más me gusta de Sanz y el Secreto de su Arte es toda la parte destinada a desvelar la mecánica que hay detrás de esos escalofr…. quiero decir, simpáticos muñecos. Resultan especialmente remarcables los planos en que Sanz abre sus muñecos para que podamos ver toda la compleja mecánica que hay en su interior, algo que por otro lado me esperaría que habría guardado como un secreto profesional pero que aquí comparte sin ningún tipo de problema. Por cierto, a modo anecdótico, no puedo dejar de contar que cuando vi la película inexplicablemente caí dormido a medio filme… y me desperté justo cuando aparecía este plano en la pantalla, dándome un susto que no le deseo ni a mi peor enemigo.


Si por mí fuera, este filme de Thous se centraría únicamente en ese aspecto, y no puedo evitar pensar qué maravillas habría hecho con él uno de esos artistas vanguardistas de la época tan fascinados por la mecánica, pudiendo explotar además esa sensación de extrañeza que comporta ver esos muñecos que imitan tan fielmente gestos de personas (aún estamos demasiado lejos para aplicar el concepto de «valle inquietante» aplicado a la robótica, pero desde luego la sensación de mal rollo ya está ahí).

Las actuaciones de Sanz que aparecen en pantalla obviamente quedan deslucidas por no poder oírse sus voces, algo que reconoce incluso un rótulo. Por ello los momentos más interesantes son aquellos que nos permiten disfrutar de su virtuosismo moviendo los muñecos, como ese niño al que lleva andando y, sobre todo, esa escena en un balcón donde el artista consigue animar él solo a cuatro muñecos diferentes, cuyo truco luego veremos que reside en que dos de ellos los controla con unas palancas que mueve con los pies.

Por último al final de la película se nos ofrece la historia de uno de sus muñecos, Liborio, que decide abandonar el espectáculo tras un desengaño amoroso. Aunque inicialmente parecería que veríamos una historia protagonizada íntegramente por muñecos, a la práctica ésta acaba un poco deslucida porque tras la escena inicial el único al que veremos es a Liborio, quien ni siquiera interactúa demasiado con humanos. Más bien da la sensación de que Thous y Sanz medio improvisaron una serie de planos del muñeco en que se le viera rodeado de gente, como en una estación de tren o una corrida de toros, pero ni se desarrolla una mínima historia ni hay gags que partan de la interacción de éste con la gente. Para empeorarlo más, la película nos ofrece además con todo lujo de detalles una corrida de toros aunque no venga a cuento con la trama, supongo que como una forma de complacer al público de la época.

Este tramo final pues desluce un poco la película aunque en su momento parece ser que se llegó a exhibir como corto independiente, de modo que entiendo que resultaría bastante atractivo para el público. Sin el aliciente de ver al virtuosismo de Sanz como animador, hoy día creo que funciona más como reflejo de la Valencia de finales de los años 10 que como film cómico.

Aunque la película fue un éxito en su época, Sanz y el Secreto de su Arte estuvo fuera de circulación hasta que en 1995 los descendientes del famoso ventrílocuo donaron a la Filmoteca de Valencia todas las copias y materiales que tenían relacionados con el filme. Gracias a ello se inició una ardua labor de restauración que nos ha permitido rescatar esta auténtica curiosidad de su época, que además pueden visionar online aquí:

 

2 comentarios en “Sanz y el Secreto de su Arte (1918) de Maximiliano Thous y Francisco Sanz

  1. Hay planos de esta película que realmente son el cielo del infierno (o el infierno del cielo). Entiendo el susto al ver ese plano por el que más de un director australiano o neozelandés de los 80 habría vendido su alma al diablo, jajaja. Vaya, que el corto es ciertamente algo digno de verse, aunque sólo sea para pasarlo mal, como masticar las hojas de una de esas plantas amargas, que producen una sensación asquerosa pero no puedes evitar seguir mordisqueando (bueno, al menos a mi, que soy un poco raro, me pasa). Feliz día, Dr., y que sea sin muñequitos de esos, en la vida real, que ya tiene usted bastante con Cesare.

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