Este post forma parte de un especial dedicado a los inicios de Buster Keaton en el cine sonoro que incluye los siguientes artículos:
Amigos lectores, ya me perdonarán que por unas semanas me permita salirme del ámbito al que suele circunscribirse este blog, esto es, el cine mudo, y que de forma excepcional haga un especial temático en el que abordaremos películas sonoras. Pero hay una razón de peso para ello que seguro que ustedes aceptarán, y es homenajear a una de las más grandes figuras de la era silente, que es Buster Keaton.
Se ha escrito en infinidad de ocasiones sobre las grandes joyas que nos ofreció el genial cómico en su época muda, y no es para menos, ya que no solo son grandes películas y comedias divertidísimas, sino que además son obras que se prestan a todo tipo de análisis y relecturas. Pero en contraste resulta curioso constatar qué poco se ha escrito sobre su época sonora. Obviamente hay un motivo de peso para ello: Buster Keaton perdió el control de su carrera con la llegada del sonoro, dejó de poder dirigir sus películas y todas ellas son muy inferiores a sus grandes obras mudas. ¿Por qué molestarse?








