Cuando al inicio de cada película de esta edición online del Festival de cine mudo de Pordenone veo una vez más la magnífica animación introductoria de Richard Williams que se proyecta tradicionalmente al inicio de cada sesión vespertina, uno no puede evitar sentir cierta nostalgia al estar viéndola desde el sofá de casa y no en el Teatro Verdi de Pordenone. Pero en honor a la verdad hay que decir que los organizadores han hecho todo lo posible por mantener esa sensación de comunidad que resulta tan característica del festival: Jay Weissberg, director del evento, introduce cada filme con un vídeo grabado en diferentes entornos característicos de Pordenone para hacernos sentir brevemente como si estuviéramos ahí; después de cada emisión hay una discusión online en la que los “asistentes” al festival pueden hacer preguntas vía chat (una reminiscencia de los coloquios que solía haber al mediodía dedicados a los diferentes programas de esa edición), y se han mantenido las presentaciones de libros y las Masterclasses. No es lo mismo, claro, pero se nota que hay un esfuerzo no solo en el contenido y el apartado técnico, sino en intentar recrear un poco la “experiencia” del festival.

3 de Octubre – Una giornata nostálgica

Muy apropiadamente, el primer día del festival estuvo marcado por cierto sentimiento de nostalgia en sus dos sesiones: la nostalgia hacia otros sitios del mundo que hemos conocido en el pasado y que ahora nos parecen tan inaccesibles y la nostalgia hacia la infancia. El primero era una recopilación de cortos documentales de cine primitivo filmados en diferentes países del mundo, que se seleccionó como guiño a estos meses de obligado confinamiento y las restricciones para viajar que ha causado cierta pandemia de la que quizá hayan oído hablar últimamente. Es curioso pensar cómo estos cortometrajes han vuelto a recuperar en este contexto la finalidad inicial para la que fueron concebidos: en aquellos años la mayor parte de la gente no podía permitirse viajar a países lejanos, y estos sencillos cortos documentales constituían su única forma de contacto con otras culturas de las que entonces solo habían visto fotografías. De modo que irónicamente en este año de restricciones estos cortometrajes sobre Nueva York, Cracovia, El Cairo o Brujas suponen un antídoto contra la incapacidad de trasladarnos a muchos de esos sitios.

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En circunstancias normales éste sería un día especialmente feliz para el Doctor Caligari, porque se encontraría en Italia a solo un día del inicio de su evento favorito del año: el Festival de Cine Mudo de Pordenone, al que lleva acudiendo religiosamente desde hace 6 años. Pero si bien hay muchos adjetivos con los que calificar este 2020, está claro que “normal” no sería uno de ellos. Si hace un año nos dijeran que un pangolín y los dudosos criterios gastronómicos de la cultura china a la hora de escoger qué animales merece la pena probar tendrían como consecuencia una pandemia global, seguramente les tildaríamos de locos, pero estas cosas pasan. En consecuencia mucho me temo que los organizadores del festival se han visto obligados a posponer la edición del 2020 para el año que viene y, a modo de consolación, han montado una mini versión online.

¿Qué nos ofrecen este año? Desde luego no es una edición normal del festival simplemente trasladada al formato online, sino como bien dice el subtítulo que le han añadido una edición “limitada” consistente en una proyección en streaming de un largometraje por día y, los fines de semana, de una sesión extra de cortometrajes por la tarde. Por tanto este año no les voy a comentar los diferentes programas del festival porque no los hay, lo que tenemos es una selección de filmes que representa bastante bien todo lo que suele ofrecer Pordenone: una combinación de rarezas, títulos medianamente conocidos y restauraciones, provenientes además de todo tipo de países (en este caso las muestras más exóticas llegan de China y… ¡Grecia!). Pueden echarle un vistazo al programa aquí.

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Uno de las manifestaciones artísticas más curiosas surgidas en el fértil contexto de la cinematográfia soviética muda fue el colectivo artístico conocido como la Factoría del Actor Excéntrico, abreviado como FEKS. Se trataba de un grupo variopinto de artistas de diferentes disciplinas que buscaban nuevas formas expresivas alejándose de las tendencias predominantes, sobre todo de aquellas que se asociaban con el arte burgués. Su apuesta fue, tal y como indica el nombre, el excentricismo como forma creativa, emparentado de alguna forma con el surrealismo y el dadaísmo. Los dos grandes artífices de ese movimiento fueron Leonid Trauberg y Grigori Kozintsev, quienes junto a otros artistas como Sergei Yutkevich firmaron en 1921 un primer “manifiesto excéntrico”.

Provenientes de disciplinas muy variadas, los miembros del FEKS inicialmente trabajaron en el teatro hasta que se dieron cuenta de que la forma artística que más se adecuaba a sus inquietudes era el cine, donde podían combinar elementos visuales provenientes de otras artes plásticas, su afición por formas de entretenimiento popular (el circo, el vodevil, etc.) y su admiración a cineastas como Chaplin. Y de las películas que realizaron juntos Trauberg y Kozintsev La Nueva Babilonia (1929) constituyó sin duda la obra más destacada del FEKS y uno de las últimos grandes filmes del cine mudo soviético, basado en los incidentes relacionados con la Comuna de París, de la que mencionaremos cuatro datos para aquellos de ustedes que son demasiado jóvenes para haber vivido dichos acontecimientos.

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Después de estos meses de obligado encierro por culpa de cierto virus, ahora que parece que ya podemos salir de nuevo a disfrutar de las ventajas del verano – aunque sea llevando mascarilla – es un buen momento para cerrar este humilde rincón silente durante unos meses. Y para compensar tanto tiempo de obligado aislamiento con la única compañía de mi fiel Cesare (un gran sirviente pero algo parco en palabras, como todos los hipnotizados) este Doctor se ha buscado un acompañamiento más agradecido para estos días de playa, más concretamente las bellas “bathing beauties” que ven en la imagen de arriba.

Y por descontado no piensen que este Doctor se olvida de ustedes, con la llegada del otoño a finales de Septiembre volveremos aquí para ofrecerles más cine mudo. ¡Nos vemos en unos meses!


Si se sienten especialmente solos sin el Doctor, les recordamos que pueden encontrarnos en nuestras redes sociales: Facebook, Tumblr y Twitter, donde acabamos de incorporarnos recientemente junto al Dr. Mabuse de la mano de Monsieur Hulot, nuestro Community Manager experto en nuevas tecnologías.

Ahora que definitivamente ya se ha asentado el verano (al menos en el hemisferio en que se encuentra este Doctor) y que parece ser que por fin podemos salir libremente a chapotear a la playa es un buen momento para rescatar uno de los maravillosos cortos que hicieron el genial dúo Leo McCarey y Charley Chase. El primero, como ya sabrán, acabaría siendo un prestigioso director de Hollywood, pero en la época muda destacó sobre todo por dirigir algunos divertidísimos cortos de slapstick para gente como Laurel y Hardy o Charley Chase. En cuanto al bueno de Chase, es uno de los cómicos favoritos de este rincón silente al que nunca nos cansamos de reivindicar.

Hoy les traemos No Father to Guide Him (1925), una divertida comedia en que nuestro protagonista intenta recuperar la custodia de su hijo pese a los intentos de su temida suegra de separarles. El momento cumbre sucede en una playa donde Charley pierde su ropa, dando pie a varias situaciones de caos y confusión que vistas hoy día resultan doblemente divertidas: ¿no les parece maravilloso que las mujeres se muestren tan consternadas al ver al bueno de Charley con la ropa interior de la época, que hoy día no escandalizaría ni al más mojigato?

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Nada en el mundo se puede comparar con el rostro humano. Es un terreno que uno nunca se cansa de explorar. No hay una mejor experiencia en un estudio que presenciar la expresión de un rostro sensible bajo el misterioso poder de la inspiración, ver cómo se anima desde el interior y se vuelve poesía” Carl Theodor Dreyer

Una de las cosas que más me fascinan de Carl Theodor Dreyer como cineasta es su capacidad de conseguir que en sus películas funcione aquello que en la teoría no debería hacerlo. Por ejemplo, en Vampyr (1932) realizar una película de terror con un protagonista que evidentemente no sabe actuar y un argumento que no se sostiene por ningún lado, o en Ordet (1955) filmar de forma creíble y emotiva una resurrección que emocionaría hasta al ateo más convencido. ¿Cuántos cineastas habrían salido airosos de retos así, consiguiendo no solo buenos resultados sino algunas de las mejores películas de la historia del cine? Y esto es precisamente uno de los aspectos que más me intriga de La Pasión de Juana de Arco (1928). ¿Cómo puede funcionar una película muda que adapta un juicio real y que por tanto contiene multitud de rótulos y hace un uso abusivo de los primeros planos? Pues he aquí lo más inaudito de todo, ¡funciona!

Ya comentamos anteriormente todos los elementos que hacen de esta obra una de las películas más míticas de la era muda, pero más allá de esos detalles extrafílmicos, resulta una obra fascinante. Aunque retrospectivamente se ha clasificado el filme dentro de las vanguardias de la época, Dreyer siempre negó tajantemente que La Pasión de Juana de Arco fuera una obra vanguardista. Él no buscaba experimentar con el lenguaje cinematográfico, simplemente fue fiel al recurso que pensaba que mejor le permitiría transmitir el avance del juicio. Y en ese sentido, La Pasión de Juana de Arco es ante todo una de las más grandes muestras del poder expresivo del rostro humano. Sirviéndose solo de la imagen (¡qué diferente habría sido el efecto de esta película de haberse hecho en el sonoro! ¿habría funcionado filmarla así solo unos años después?) Dreyer consigue con esta concatenación de primeros planos transmitir las sensaciones que sentía la protagonista y conmovernos profundamente sin darnos nada más a que agarrarnos: no se nos presenta previamente al personaje para que lo conozcamos mejor, ni se utilizan apenas trucos cinematográficos para romper la posible monotonía del juicio (flashbacks, sobreimpresiones que reflejen el estado mental de la protagonista…), lo cual le da al filme una pureza especial.

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No estábamos haciendo un filme. Estábamos viviendo un drama, el de Juana, y fuimos enviados para salvarla“. Ralph Holm (asistente de Dreyer)

La Pasión de Juana de Arco (1928) es sin ningún lugar a dudas una de las obras más míticas de la era muda, uno de esos filmes como Nosferatu (1922) o El Acorazado Potemkin (1925) que se han convertido por sí mismos en iconos del cine de los años 20. No es por tanto tarea fácil desgranar una obra tan legendaria y de la que se ha escrito tanto, pero este Doctor se propone hacerle justicia como Dios manda en un especial dividido en dos partes, la primera de las cuales se centra en su complejo rodaje y todas las desventuras que sufrió el filme una vez finalizado.

El mito alrededor del filme

Hay películas que han pasado a la historia no solo por su calidad, sino también por el halo mítico que las rodea y las leyendas que han generado. Con esto no estoy infravalorando ni mucho menos su valor como películas, sino resaltando que en el imaginario cinéfilo han llegado a ser “algo más” que obras maestras, y que suscitan fascinación no solo por su contenido sino por lo que rodeó al filme en sí. Me refiero por ejemplo a todos los mitos que rodearon a El Gabinete del Doctor Caligari (1920) – que ya traté en este post – o a Nosferatu (1922) – los símbolos ocultos que hay en la película, lo problemático de los derechos del filme y la leyenda alrededor del actor protagonista, que tiempo atrás oí decir en más de una ocasión que era un tipo misterioso e inquietante (¿quizá un vampiro de verdad?) cuando en realidad era un actor teatral.

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Hoy les ofrecemos una película histórica: Momijigari (1899), el filme de ficción más antiguo que se conserva filmado en Japón y que pueden visionar entero aquí (la versión que circula por Youtube es más corta). Si tenemos en cuenta el bajísimo ratio de supervivencia de la producción cinematográfica japonesa antes de la II Guerra Mundial  debemos sentirnos privilegiados de que algunas como ésta hayan conseguido sobrevivir milagrosamente hasta nuestros días, ya que apenas se conserva material fílmico realizado en la Era Meiji (1868-1912).

Momijigari es una de las primeras películas de ficción que se filmaron en el país, consistentes a menudo de fragmentos de famosas obras de teatro. Este caso no es una excepción, lo que vemos son dos trozos de la obra kabuki Momijigari interpretados por dos de los más grandes actores de la época: Ichikawa Danjuro IX y Onoe Kikugoro V. Y no se piensen que la idea le hacía mucha gracia al veterano Danjuro de 60 años. Como muchos artistas reputados de la época, pensaba que ese invento del cine (llegado a Japón hacía solo dos años) era una burda forma de entretenimiento y no quería tener nada que ver con él, pero finalmente le convencieron con el argumento irrebatible de que una grabación suya podría servir para hacerle pasar a la posteridad (el mismo argumento con el que años después se convencería a otros actores de prestigio como Sarah Bernhardt). Así pues, consintió en filmar dos escenas de la obra kabuki que estaba representando a condición de que no se hicieran públicas hasta después de su muerte, para evitar que esta grabación pudiera hacerle la competencia a sus propias actuaciones.

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En 1926 se estrenó en Berlín Misterios de un Alma (Geheimnisse einer Seele) de G.W. Pabst, la primera película de la historia en tratar el tema del psicoanálisis. El filme fue un éxito de público y crítica que se convirtió enseguida en un clásico del cine mudo alemán. Pero hay una pregunta que resulta inevitable hacerse: ¿qué pensaba al respecto Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis? ¿Él también compartía el entusiasmo hacia ese filme?

El proyecto nació tiempo atrás cuando la UFA tuvo la idea de hacer una película que explicara al gran público la teoría del psicoanálisis, que en aquellos momentos estaba teniendo cada vez más renombre, y por ello pensaron que sería buena idea involucrar a Freud en el proyecto para darle más prestigio. Desafortunadamente el gran hombre no estaba muy por la labor. Como muchos otros intelectuales y científicos de la época, Freud consideraba el cine como una especie de sofisticado espectáculo de feria, aun cuando en 1925 ya se estaba empezando a erigir como una forma de arte por derecho propio. De hecho antes de que la UFA le contactara ya le había llegado una oferta de Hollywood, más concretamente de Samuel Goldwyn, ofreciéndole una generosa suma para que colaborara en un filme sobre los grandes amores de la historia aportando sus conocimientos científicos sobre las pulsiones erotico-amorosas. Freud rechazó la oferta.

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En su cortometraje El Polo Norte (1922) Buster Keaton protagonizaba una escena que quizá al espectador actual se le haga extraña en una comedia, en que el protagonista descubría que su mujer le ha engañado con otro hombre y se ponía a llorar. En realidad eso era un gag en que parodiaba uno de los recursos más recurrentes de una de las grandes estrellas del western de la época, William S. Hart, como podemos comprobar en una dramática escena de Wagon Tracks (1919) en que el protagonista descubre que su hermano menor ha sido asesinado y llora junto a su cuerpo; algo que desde nuestra visión actual del western nos podría parecer muy poco propio de un cowboy.

Aquí Hart encarna a Buckskin Hamilton, un vaquero que debe conducir una caravana de carromatos por el desierto después de reunirse con su hermano. Por desgracia, la noche antes de su encuentro éste recibe un disparo en la espalda durante una partida de póker cuando descubre que sus oponentes hacían trampas. Para complicar más las cosas, el autor del crimen hace creer a su hermana, que se ha visto involucrada accidentalmente en la refriega, que en realidad es ella quien le ha matado accidentalmente. Aunque ella admite ante Hamilton ser la autora del crimen, éste tiene sus dudas. Así pues, cuando durante la travesía por el desierto confirme sus sospechas intentará vengarse del auténtico asesino de su hermano.

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