Uno de los fenómenos que más popularidad tuvieron en la era muda y que hoy día ha quedado algo en el olvido son las películas de niños. Había una absoluta locura hacia este tipo de films en que a veces los protagonistas a veces no tenían ni cinco años de edad y no obstante podían convertirse en absolutas estrellas. Y si ya es complicado para un adulto tener que lidiar con todo lo que conlleva la fama, como supondrán más aún debía serlo para estos niños que a menudo estaban totalmente desprotegidos ante la ley. Hay muchas historias con finales más bien tristes de estrellas infantiles que pasaron en cuestión de años de la más absoluta popularidad al olvido absoluto y a tener que vivir en condiciones económicas más bien precarias. En este post les daremos a conocer algunas de ellas.

Empezaré por la actriz que me dio la idea inicial: Baby Peggy, quien a día de hoy ostenta el récord de ser una de las poquísimas intérpretes de la era muda que aún sigue con vida a sus 99 años. Su entrada en el cine fue a través de su padre, que trabajaba como extra en películas de vaqueros. En una visita que hizo en el estudio llamó la atención de un director que propuso contratarla en una serie de cortometrajes protagonizados junto a un perro, Brownie. Las películas funcionaron tan bien que cuando su compañero canino falleció decidieron continuar utilizándola solo a ella. Por entonces tenía únicamente año y medio de edad. Le siguieron más de 150 cortos y largometrajes que la convirtieron en una de las estrellas más grandes de la época, con todo tipo de merchandising asociado a ella, como muñecas Baby Peggy, y más de un millón de cartas al año de fans de todo el mundo. En su mejor momento esta niña de apenas 6 años tenía un contrato de un millón y medio de dólares al año situándola entre los intérpretes mejor pagados de Hollywood. Por desgracia a mediados de década su padre tuvo una discusión con el estudio y a partir de ahí la carrera de Baby Peggy se vino abajo. No tenía más de 7 años.

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Hace tiempo les hablamos de uno de los cortos más importantes de los primeros años del cine: Grandma’s Reading Glass (1900) de George Albert Smith, que incluía de forma muy innovadora unos primeros planos que venían justificados por el elemento de la lupa.

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Cuando en 1920 se estrenó El Gabinete del Doctor Caligari supuso un enorme impacto debido a su innovador estilo influenciado por el arte expresionista, poniendo de moda entre círculos artísticos la idea del cine expresionista como una forma vanguardista de jugar con este medio. Poco tiempo después vería la luz otra obra que llevaba dicho estilo a unos niveles que sobrepasaban por completo al film de Robert Wiene, pero que a cambio apenas tuvo difusión en su momento. De la Mañana a la Medianoche (1920) es en realidad la película más radicalmente expresionista que se realizó en la época, llevando esa influencia a unos extremos que pocas veces se han repetido en el cine. Obviamente, El Gabinete del Dr. Caligari era una obra innovadora, pero combinaba sus ambiciones artísticas con una base más tradicionalmente narrativa. En cambio el film que nos ocupa hoy presentaba un estilo que hacía casi imposible su comercialización.

Se trata de una adaptación de una de las obras de teatro expresionistas más famosas de la época escrita por Georg Kaiser y puesta en producción en 1917. Para llevar esto a cabo se recurrió al director teatral Karl Heinz Martin, que tenía experiencia en producciones de este tipo y optó por hacer una versión muy teatral que fuera lo más fiel posible al estilo de la original.

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Hace ya un tiempo mi colega el Dr. Mabuse comentó en su blog esa maravillosa película que es Soledad (1928) de Paul Fejos. Hoy volvemos a ella pero solo para destacar una escena concreta que me resulta muy interesante por su uso del sonido.

Soledad se trató en su momento como un part-talkie, es decir, una película muda a la que se le incluyeron algunos diálogos hablados para aprovechar la moda del cine sonoro, que hacía que los productores temieran que el público viera a los films totalmente mudos como algo obsoleto. No solo eso, sino que además se le añadieron algunos efectos de sonido. Esto último podría parecer algo anecdótico, pero lo cierto es que el guión aprovecha muy inteligentemente este recurso.

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Hoy compartimos con ustedes un magnífico ejemplo de cine de los orígenes realizado por uno de los autores más importantes de esos primeros años, Ferdinand Zecca. Se trata de Histoire d’un Crime (1901), un relato sobre un asesino que es detenido por la policía y condenado a la guillotina.

El cortometraje presenta el estilo tan característicamente teatral de los orígenes del cine, pero Zecca aporta un detalle sumamente valioso e innovador: mientras el asesino duerme en la celda, éste recuerda en flashback su pasado y los hechos que le llevaron a cometer el crimen, que se ven superimpuestos en la pared de la prisión. Solo por ese detalle Histoire d’un Crime merece un lugar en las historia del cine, pero además resulta un corto muy bien realizado dentro del estilo teatral de los orígenes del medio, y en la época la escena de la guillotina era considerada tan fuerte que a menudo se pedía a mujeres y niños que salieran de la sala para que no la vieran (no nos cabe ninguna duda de que los niños seguramente se esconderían para no perderse precisamente esa escena). Merece mucho la pena que le echen un vistazo.

¿Se les ocurre una mejor imagen de bienvenida al festival?

Comentaba Jay Weissberg en la ceremonia de apertura que Pordenone era un sitio en el que poder aislarnos de todos los problemas del mundo durante una semana, algo más necesario que nunca en los tiempos que corren. Es por ello que el último día de festival se caracteriza porque uno empieza a sentir los primeros síntomas del famoso síndrome post-Pordenone; cuando uno debe abandonar esa cómoda burbuja en que ha vivido aislado durante una semana y volver a la realidad y a las aburridas obligaciones cotidianas (como por ejemplo, en el caso de este Doctor, diseñar nuevas armas químicas e instruir a los becarios sobre cómo evitar que se cuelen intrusos en su guarida). No obstante, antes de que eso sucediera Pordenone nos ha ofrecido aun tres días muy intensos, como verán a continuación.

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Imagen cortesía de Valerio Greco

A lo largo de esta semana, hay ocasiones en que este Doctor siente la tentación de sentarse en algunas proyecciones en la primera fila del Teatro Verdi para poder de vez en cuando asomarse y mirar a los excelentes músicos en acción acompañando al filme. Este año de hecho Herr Caligari se ha escapado a alguna de las “Masterclasses” que se imparten durante el festival, en que músicos expertos en acompañar películas mudas enseñan a otros más jóvenes cómo llevar a cabo este meritorio trabajo. Recomiendo a los asistentes a Pordenone que se escapen algún día para asistir a esas clases, no solo por su valor musical, sino porque en ellas sobre todo se discute de cine, de los detalles que permiten a los músicos ir descifrando sobre la marcha cómo funciona la narrativa de los films e ir adaptando la música a su contenido. Es una experiencia altamente estimulante.

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29 de septiembre

Este año el Dr. Caligari decidió asistir a la proyección gratuita que sirve como prólogo al festival y que tiene lugar en el Teatro Zancanaro de Sacile, un pueblo (muy bonito por cierto) a solo unos kilómetros de Pordenone. En este caso se trataba ni más ni menos que de una de las obras cumbre del cine silente, El Viento (1928) de Victor Sjöstrom, con una orquesta en vivo interpretando una excelente banda sonora compuesta para la ocasión por Günter A. Buchwald. Para sorpresa de los organizadores, el teatro estaba tan lleno que tuvieron que abrir los palcos superiores (de hecho había gente haciendo cola una hora antes… ¡Sjöstrom arrasando en Sacile!).

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Un año más, el Doctor Caligari ha trasladado su cuartel general al pequeño pueblo italiano de Pordenone para acudir al festival de cine mudo más importante a día de hoy: Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone. Es la cuarta vez que este Doctor acude allá para disfrutar de la excelente programación del festival y de la hospitalidad de la organización, que nunca se olvidan de enviar una invitación a Herr Caligari desde aquel año que tardaron un poco más de la cuenta y se despertaron un buen día con una bomba nuclear en el Teatro Verdi. Si quieren conocer los detalles de pasadas ediciones pueden leer los posts correspondientes al 2014, 2015 y 2016, pero pasemos a los detalles sobre este año.

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Es estimulante comprobar cómo incluso hoy día nos siguen llegando pequeñas sorpresas de la era muda en forma de descubrimientos o de restauraciones de films hasta ahora olvidados. Una de las grandes noticias silentes de este año (¡sí! ¡hoy día sigue habiendo de vez en cuando novedades sobre cine mudo!) es la restauración que ha hecho el British Film Institute de la primera adaptación cinematográfica de la novela de Liam O’Flaherty El Delator, hoy día recordada sobre todo por la versión que realizó John Ford en 1935 ganando su primer Oscar y en consecuencia eclipsando a nuestra película de hoy.

Este El Delator (1929) era un proyecto en el que confluían talentos de todo el mundo (algo especialmente habitual en la era muda) pese a tratarse de una producción británica. Su director era Arthur Robinson, un norteamericano que después de estudiar medicina en Alemania decidió dedicarse al cine aportando un pequeño clásico de la era de Weimar, Sombras (1923). En cuanto a su protagonista, el sueco Lars Hanson, era uno de los grandes actores de la época que se dio a conocer con películas de Victor Sjöstrom y Mauritz Stiller y que luego viajaría con ellos hasta Hollywood. Por otro lado, su protagonista era la húngara Lya de Putti, que aparece en unas cuantos clásicos del cine alemán mudo. Y para rematarlo todo, la novela está ambientada en Irlanda, de modo que tenemos aquí una mezcla de talentos de todo el mundo, aunque quizá la influencia que tiene más peso es la alemana, no solo por Herr Robinson, sino también por los directores de fotografía Theodor Sparkuhl y Werner Brandes, que confieren a la cinta una estética muy típicamente germana.

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