«You’ve spoilt the picture»

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Al final de La Quimera del Oro (1925), Charlot, un hombre rico gracias al oro que han encontrado en la montaña, se topa con Georgia, la chica que anteriormente le había rechazado pero que ahora parece corresponderle arrepentida de sus actos. Justo cuando se reencuentran, un fotógrafo les pide que posen juntos para un retrato, pero en el instante en que hace la fotografía ambos no pueden evitar besarse. Cuando lo descubre el fotógrafo, éste dice decepcionado “Oh, you’ve spoilt the picture” (“Habéis estropeado la fotografía”).

Francis Bordat, en su interesante libro Chaplin cinéaste propone un nuevo significado que se podría aplicar a esta frase en principio insustancial, pero en primer lugar hay que volver a las primeras obras de Chaplin.

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El Rey de la Comedia de Mack Sennett

El rey de la comedia

Definitivamente una autobiografía de Mack Sennett es un libro que tiene ganado mucho de antemano, ya que se trata de una de esas personas que tenía tanto que contar y que había hecho tantas cosas interesantes que una autobiografía suya difícilmente podría fallar.

Aunque no fue el creador de la comedia fílmica como se ha dicho a menudo, sí que fue el gran propulsor del género creando en 1912 su famoso estudio Keystone, del cual surgieron cientos de comedias que tuvieron un éxito arrollador y que convirtieron el slapstick en uno de los géneros más exitosos del cine mudo. Teniendo en cuenta los talentos que descubrió (Mabel Normand, Chaplin, Roscoe Arbuckle, Harry Langdon, Gloria Swanson) y lo importantísima que fue su aportación a la comedia, su autobiografía promete ser un jugoso caramelo para cualquier cinéfilo.

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Buster Keaton y la evolución de un gag

El gag más famoso e icónico de la carrera de Buster Keaton es muy probablemente el del muro que le cae encima en El héroe del río (1928) dejándolo ileso al estar situado milagrosamente donde estaba la ventana.

Como todos los gags físicos de Buster Keaton, el famoso gag del muro no tenía nada de trucaje, y él mismo lo deja bien claro al filmar el momento sin un solo corte. Realmente, Keaton se jugó la vida por ese plano, y de hecho era experto en hacer acrobacias y jugarse el pellejo por un buen gag (recuérdese si no al actor nadando en los rápidos de La Ley de la Hospitalidad, sumergido a unas temperaturas bajísimas en un lago real para El Navegante o haciendo acrobacias en una moto sin conductor en El Moderno Sherlock Holmes), pero seguramente nunca llegó tan lejos como en éste, en que un error de cálculo de unos centímetros le podría haber costado la vida.

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