El final de El Último (1924)

Rótulo El Último

Aquí, en el lugar de su humillación, el viejo se marchitaría miserablemente el resto de su vida y la historia realmente se habría terminado. Pero el autor se hace cargo de lo que todos han abandonado añadiéndole un epílogo en el que las cosas transcurren aproximadamente así, como, lamentablemente, no suelen transcurrir en la vida.

Pocas veces un solo rótulo ha dado tanto que hablar. Se trata del epílogo de El Último de F.W. Murnau, una de las más grandes películas alemanas de la era muda que contribuyó a dar prestigio internacional al cine germano junto a Varieté (1925) y los films de Fritz Lang.

Esta obra es un contundente drama sobre un orgulloso portero de hotel que es relegado a trabajar en los lavabos pero se niega a aceptarlo y roba su uniforme, confiando así engañar a sus vecinos. Éstos no tardan en descubrir la verdad y el protagonista acaba siendo humillado y volviendo cabizbajo a su nuevo empleo.

Se trata de una película prácticamente perfecta e irreprochable… de no ser por un pequeño gran “pero”: su final. No es que se trate de un final flojo, sino más bien desconcertante. Después de que todo parezca indicar que al protagonista le espera un negro desenlace, repentinamente se nos muestra un epílogo feliz absolutamente surrealista: un día acude a los lavabos un excéntrico millonario que dejó estipulado en el testamento que su fortuna iría a parar a la persona en cuyos brazos muriera. Al fallecer siendo atendido por el ex-portero, éste se convierte automáticamente en un hombre rico. Las últimas escenas nos muestran básicamente al protagonista dándose un festín en el restaurante del hotel invitando a la única persona que le consoló en su momento de decadencia, el guardián nocturno.

Final El Último1

Todos los críticos y cinéfilos que conocen el film se han preguntado durante años qué significaba ese desenlace intentando buscarle una explicación. De entrada resulta una escena final que se desmarca por completo del resto del por tres motivos: por el tono tan jocoso en contraste con el estilo más oscuro y realista del resto de la película; por lo surrealista de la situación, que no encaja con el resto del guión, y por incluir un rótulo cuando el resto de la película evitaba expresamente incluirlos. De hecho ese mismo rótulo ya da a entender que este final es un añadido al decir “la historia realmente se habría terminado”.

¿Cómo interpretar esto? He leído durante bastante tiempo diversos libros sobre Murnau y cine alemán de la época pero nunca he encontrado una explicación de primera mano de los implicados en la producción, de manera que solo nos quedan las conjeturas.
Algunos autores afirman que este final fue impuesto por el productor Erich Pommer o bien por el protagonista Emil Jannings para contrarrestar ese desenlace tan triste. El guionista Carl Mayer y el director F.W. Murnau se sintieron entonces tan contrariados ante esta imposición que decidieron sabotear su propia película añadiendo un final que resultara obvio que no iba en serio. Eso explicaría que no encaje para nada con el resto de película, ya que estaría buscado así expresamente para que el público pudiera entender ese guiño. Otra explicación que he leído es que se trata de una parodia de los happy endings de Hollywood ideada por el guionista Carl Mayer quizá como burla a la que ya por entonces era la industria dominante en el mundo del cine.

A mí personalmente no me acaba de convencer ninguna de las dos explicaciones, sobre todo por ser El Último una producción que estuvo enfocada desde el principio como una obra de prestigio. Por tanto, ¿qué sentido tenía forzar un drama realista con un final feliz? Es cierto que los finales felices son más agradables, pero al ser una obra con ínfulas artísticas no se estaba buscando satisfacer al público con un desenlace fácil. Más bien al contrario, un final trágico habría dado aún más patetismo al entrañable protagonista.

Final El Último2

De lo que sí estoy convencido es de que es un añadido respecto al resto de la película: el mensaje del rótulo aludiendo a que “la historia realmente se habría terminado” es bastante explícito y las circunstancias que llevan al personaje a enriquecerse son tan cómicas que difícilmente pueden tomarse en serio como un final feliz legítimo. La duda que siempre nos quedará es quién y por qué elaboró ese final. Es cierto que la figura del malvado productor que impone un happy ending es muy tentadora pero, quién sabe, quizá no era más que una broma de Murnau y Mayer saboteando su propia película de prestigio.

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