Where Are My Children? (1916) de Lois Weber y Phillips Smalley

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Where Are My Children? (1916) es una de esas películas que hoy día quizá resulten de más interés por su temática que por el film en sí mismo. No quiere decir eso que este film de Lois Weber y Phillips Smalley carezca de cualidades cinematográficas, pero el hecho de tratar hace 100 años un tema aún hoy día controvertido como el aborto lo dota de un enorme interés.

El protagonista es el Fiscal del Distrito Walton, un hombre respetable y justo que se siente desdichado por no haber podido tener hijos con su esposa. Pero poco sospecha éste que la causa no son problemas de esterilidad sino que su mujer ha abortado a sus espaldas. Un día una joven amiga de la familia se deja seducir (eufemismo) por un hombre y éste pide consejo a la señora Walton para poder detener el embarazo. Ella les encomienda al Doctor Malfit, que ha recomendado en numerosas ocasiones a sus amigas para lances similares (¡en serio!), pero por desgracia en este caso hace un mal trabajo y la joven muere después del aborto provocado. Antes de morir ésta confiesa lo sucedido a su madre, y el Fiscal Walton se encarga de llevar al Doctor Malfit a juicio sin sospechar la relación de éste con su esposa.

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Buena parte de la película está basada en el caso de Margaret Sanger, muy conocida en la época por su lucha por el control de natalidad y que había despertado mucha polémica en esos años con su libro Family Limitation (en la película aparece un Doctor que es procesado por haber publicado un libro de la misma temática, un obvio guiño a la realidad). Quizá ello fue lo que ayudó a que el film fuera un enorme éxito de taquilla, lo cual no impidió que fuera censurado en algunos estados como Pennsylvania.

Vista hoy día, Where Are My Children? resulta una obra un tanto confusa porque, a nuestros ojos, combina principios que nos parecen contradictorios pero que en la mentalidad de la época sí que podían tener sentido. De entrada, nos resulta peliagudo la posición de Weber a favor de la eugenesia (dar luz únicamente a niños que sean genéticamente fuertes para mejorar la raza, una doctrina por entonces bien vista por influencia de Darwin pero que el nazismo se encargaría de desprestigiar del todo). Dicha postura queda reflejada en el primer juicio de la película, en que un tal Doctor Homer se posiciona a favor del control de natalidad explicando los casos que ha visto de familias pobres y desgraciadas que tienen numerosos hijos. No obstante, más adelante Weber critica duramente a las amigas de clase alta de la señora Walton por abortar. La idea pues es bastante clara: Weber defiende que las familias de clase baja no deberían tener hijos si no pueden permitírselo, pero en cambio las de clase alta tienen casi el deber de traer niños al mundo.

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Ciertamente es una idea muy poco progresista en pleno siglo XXI, pero no tanto para 1916. Puede que la mentalidad de Weber no fuera estrictamente feminista, pero sí bastante progresista para ser una ferviente cristiana que de hecho entendía el cine como una nueva forma de ejercer una labor educativa. El simple hecho de tratar de forma abierta el tema del control de natalidad y el aborto era algo muy atrevido para los estándares de la época, y solo unos años después el simpático Código de Censura Hays impediría que se pudiera volver a hablar del tema durante décadas en Hollywood (Weber de hecho fue una de las más ardientes defensoras de la libertad de expresión en el cine y condenaba la censura).

Por otro lado, pese a ser una película codirigida por una mujer resulta sorprendentemente poco feminista, situando todas nuestras simpatías claramente en el personaje de Walton y mostrándonos a su esposa y sus amigas como mujeres insensatas. Uno de los mensajes que parece transmitir puede tener sentido desde la mentalidad cristiana de entonces pero hoy día nos parece terriblemente anticuado: el hecho de que la señora Walton no quiera tener hijos es visto como algo negativo, y desde la perspectiva del film casi se da a entender que ella ha negado sus hijos a su marido por egoísmo (¿no existe pues la posibilidad de que simplemente no quiera ser madre?). Cuando éste descubre que su mujer es una cliente estrella de la clínica de aborción se lo echa en cara con la gran frase de la película: «¿dónde están mis niños?«. Nótese el matiz siniestro de la pregunta: la señora Walton ha «robado» sus posibles hijos a su marido. Podemos entender que una cineasta cristiana como Weber esté contra el aborto, pero esa imposición del deber materno a su protagonista femenina se nos antoja muy inadecuada.

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También hay que tener en cuenta que el film es hijo de su época y que tiene una visión todavía algo victoriana especialmente evidente en algunas escenas. Por ejemplo, la escena en que la joven sabe que está embarazada un rótulo sentencia «El salario del pecado» condenándola de antemano. Del mismo modo, las sobreimpresiones de los rostros de los futuros niños que aparecen para representar un embarazo resultan entrañablemente naif.

Más impresionante resulta la secuencia inicial, muy deudora del estilo más pomposo y simbólico de Griffith, en que se ven las diferentes partes del cielo y el destino de los niños deseados y los no deseados. De todos estos trucajes mi favorito es el que cierra la película, que aunque ideológicamente creo que es algo peliagudo por la idea que quiere transmitir, sigue pareciéndome emotivo: vemos a los Walton sentados junto al fuego, resignados ante la idea de que nunca podrán tener hijos (aparentemente a causa de la afición de la señora Walton a abortar) y una sobreimpresión de los niños que nunca tuvieron jugando a su alrededor. Seguidamente vemos a la pareja ya envejecidos y a sus hijos perdidos, ya adultos, yendo a visitarles en su vejez. De nuevo es quizá una idea poco apropiada pero realmente consigue conmover.

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2 comentarios en “Where Are My Children? (1916) de Lois Weber y Phillips Smalley

  1. Película extraña y atrevida. No puedo dejar de preguntarme por qué un hombre con tanto instinto paternal como Walton se casa con una mujer que sólo aspira a ser adorno de salón.

    • Hola Elisabeth, el amor es ciego o quizá simplemente Walton NECESITABA un adorno de salón y se casó con esa mujer. Fuera bromas, el personaje es ciertamente estereotipado, pero le sirve a Weber para expresar su idea. Es un filme que ciertamente visto hoy día se nos hace algo extraño.
      Un saludo.

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