Buster Keaton y la evolución de un gag

El gag más famoso e icónico de la carrera de Buster Keaton es muy probablemente el del muro que le cae encima en El héroe del río (1928) dejándolo ileso al estar situado milagrosamente donde estaba la ventana.

Como todos los gags físicos de Buster Keaton, el famoso gag del muro no tenía nada de trucaje, y él mismo lo deja bien claro al filmar el momento sin un solo corte. Realmente, Keaton se jugó la vida por ese plano, y de hecho era experto en hacer acrobacias y jugarse el pellejo por un buen gag (recuérdese si no al actor nadando en los rápidos de La Ley de la Hospitalidad, sumergido a unas temperaturas bajísimas en un lago real para El Navegante o haciendo acrobacias en una moto sin conductor en El Moderno Sherlock Holmes), pero seguramente nunca llegó tan lejos como en éste, en que un error de cálculo de unos centímetros le podría haber costado la vida.

Años después, Keaton confesó que se arriesgó tanto seguramente por encontrarse en una etapa difícil de su vida. Por entonces estaba distanciado de su mujer y el divorcio iba a ser inminente. Además, había empezado a coquetear con el alcohol y sus anteriores películas habían perdido dinero. Estaba a punto de empezar la fatal decadencia que le hundiría su carrera. Estaba en un estado anímico tan decaído que el jugarse la vida con un gag tan peligroso no era algo que le importara demasiado, de hecho quizás años atrás no lo habría hecho. No sé hasta qué punto creerle, puesto que ya había interpretado antes decenas de gags peligrosos, pero sí que es cierto que éste lo era especialmente al no depender de sus capacidades físicas sino de un cálculo que podía salir mal y serle fatal.

En todo caso, cuando llegó el momento de rodarlo, parte de su equipo se negó a formar parte de lo que muchos veían como un suicidio absurdo. El mismo director de la película, Charles Reisner, abandonó el set para no ser testigo de esa locura y rezó para que todo saliera bien. Como ya sabemos, no solo fue así sino que constituyó un momento irrepetible.

El gag sin embargo no era nuevo, y rastreando un poco podemos encontrar dos referentes anteriores en la carrera de Buster Keaton.

La primera vez que aparece es en uno de los últimos cortos que codirigió y coprotagonizó junto a Roscoe «Fatty» Arbuckle, Back Stage (1919), en que Fatty y Keaton interpretan a dos actores que hacen todos los papeles de una obra de teatro. En cierto momento Fatty interpreta a un enamorado cantando a su amada al pie del castillo en el que vive. Por desgracia, Buster tropieza y tira el decorado del edificio, que cae sobre Fatty pero lo deja ileso al pasar por la ventana.
En esta primera versión del gag, aún no hay sensación de peligro al ser un decorado, e incluso el gag no destaca especialmente dentro del corto. Se sucede rápido y sin consecuencias. De hecho, si nos fijamos, el gag incide más en la reacción de Fatty que en la caída del muro en sí mismo. No debemos olvidar que Arbuckle no era tan amante del peligro como Keaton.

La segunda aparición la encontramos en One Week (1919), el segundo corto de Keaton como director y el primero que estrenó. Aquí los protagonistas son unos recién casados que van a vivir a una casa prefabricada construida por ellos mismos. En cierto momento, ella es elevada accidentalmente a lo alto de un muro y Buster la pierde de vista. Cuando la llama, la pared cae sobre él y al girarse la encuentra.
Aquí el gag tiene más importancia y el muro es real, pero se trata más de un gag para rematar la escena que de un momento que busque crear tensión.

Finalmente tenemos El Héroe del Río. En esta ocasión el gag sucede en mitad de la complejísima secuencia del tornado, en que Buster escapa en todo momento de milagro de una catástrofe. En esta ocasión el muro es más grande y por tanto mayor el riesgo. Para enfatizarlo, esta vez Buster lo filma desde un plano general frontal, de forma que remarca el peligro real y que no hay truco. Resulta un momento impresionante y divertido al mismo tiempo, que resume su estilo combinando humor y acrobacias arriesgadas.

Lo que en el corto de Arbuckle era un simple gag más y en One Week una sorpresa que coge desprevenido al espectador, en El Héroe del Río se convierte en un gag antológico que además resume en cierto modo el gran tema del cine de Keaton: su enfrentamiento con un mundo complejo – en todas sus películas Keaton de una forma u otra debe luchar o adaptarse a un medio hostil que a menudo hasta cobra vida.

Analizando la evolución del gag podemos ver el paso desde su nacimiento en Back Stage, su moldeamiento al estilo Keaton en One Week y su representacion definitiva en El Héroe del Río llevando su estilo propio al máximo extremo.
También puede verse el cambio de un actor primerizo en el cine aún bajo las órdenes de su mentor Arbuckle, a un prometedor director de comedia ya pasando a la dirección de sus primeras obras, hasta llegar al Keaton de El Héroe del Río en el momento cumbre de su carrera como artista habiendo alcanzado su pico creativo pero, al mismo tiempo, iniciando su descenso personal.

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