La Pobre Niña Rica [The Poor Little Rich Girl] (1917) de Maurice Tourneur

poor little rich girl

La Pobre Niña Rica es una de las numerosas películas que realizó la actriz Mary Pickford encarnando un papel infantil. En el año en que se realizó, 1917, Pickford ya era una actriz muy popular entre el público con sus personajes cándidos e inocentes, que se desmarcaban por completo de la auténtica Pickford, una astuta mujer de negocios que supo administrar a la perfección su carrera.

Esta película narra la típica historia sobre una chica rica (Gwendolyn) que tiene todos los lujos y comodidades que podría desear pero se siente desdichada al no recibir ninguna atención por parte de sus padres ni tener amigos con quien jugar. La premisa algo tópica bordea entre la comedia y el drama, y en la primera parte del film no destaca especialmente más allá de la interpretación de Pickford. La película rebosa por otro lado una inocencia y encanto que con el paso del tiempo se perderían para siempre en el cine: resulta inimaginable hoy día que el público pudiera aceptar a una actriz de 25 años interpretando a una niña de 11 años, y que además ésta saliera airosa no haciendo el ridículo.

El mayor punto de interés se encuentra en el último tramo de película, cuando uno de los criados envenena accidentalmente a Gwendolyn y ésta sufre alucinaciones. Es aquí donde se nota la mano maestra del director Maurice Tourneur (padre del realizador de La Mujer Pantera y Regreso al Pasado, Jacques Tourneur), uno de los primeros cineastas en Hollywood que dio verdadera importancia a la dirección artística. Su labor tras la cámara es lo que dota de interés un film que, de lo contrario, pasaría por un mero producto sensiblero y tópico.

maurice tourneur y mary pickford

Maurice Tourneur dirigiendo a Mary Pickford en una escena

En esa secuencia, se combinan de una forma bastante moderna para entonces las escenas oníricas con las reales, que están muy bien entrelazadas. Gwendolyn, en su delirio, combina realidad y ficción de forma que por ejemplo cuando el fontanero la rescata, también lo visualiza en su sueño. Cuando sus dos padres acuden a su cama también se los imagina en el sueño, en el cual se reflejan sus ansiedades y su incapacidad por poder comunicarse con ellos (en el caso de su madre vemos su obsesión por hacer vida social, en el de  su padre su ajetreada vida laboral). De esta forma, los padres son conscientes de sus errores por las frases inconexas de su hija y al final de la película enmendarán su culpa cuidando de ella mientras se rehabilita.

Para la época resultaba una forma muy original y creativa de dar solución a un conflicto por otro lado bastante tópico. El viaje onírico de Gwendolyn resulta además una secuencia formidable visualmente, llena de pequeños trucos como las imágenes caricaturescas de los malvados criados o el final en que es atraída por la muerte y se salva dejándose guiar a ese País de los Sueños, que no deja de ser el reflejo de las esperanzas de la joven por tener una vida más feliz junto a sus padres.

Esta secuencia, que es la que justifica realmente su visionado, remite directamente a una de las siguientes películas que realizó Tourneur, la excelente El Pájaro Azul (1918), en que la idea de este viaje onírico adquiere entidad propia hasta constituir toda la película y no solo una secuencia. La Pobre Niña Rica sería una primera aproximación a un estilo que el director luego llevaría al máximo y de una forma mejorada en esa obra posterior. Por otro lado, la película que nos ocupa constituyó un nuevo éxito para Mary Pickford en su imparable carrera.

Pueden verla entera en Youtube:

4 comentarios en “La Pobre Niña Rica [The Poor Little Rich Girl] (1917) de Maurice Tourneur

  1. Estoy obsesionándome con esta película con la que he realizado un experimento para comprobar una sospecha sobre los inevitables prejuicios de los que ni tan solo yo puedo escapar. Desde luego desde muy pronto logro olvidar que Mary Pickford es una mujer gracias que posiblemente nos encontremos ante su interpretación auténticamente más graciosa como niña y la dirección de todos los elementos exteriores a ella (decorado, puntos de vista de la cámara, actores) están tan bien coreografiada, tan en su punto (especialmente los actores, tanto los personajes más caricaturescos, que en otras manos siempre acostumbran a pasarse de la raya y pasarse de graciosos y ridículos, como en los personajes más realistas entran y salen de escena con una suavidad maestra, con el gesto más preciso y de una pulidísima legibilidad), pero hay una pregunta que rueda por nuestras cabezas… Nosotros, ya lo sabemos, claro. Pero alguien que no tenga ni idea pillará que esta «niña» en realidad no era lo que parece. Y hace poco he realizado un experimento con mi hija de 21 años, universitaria y que, bueno, a la que sútilmente he conseguido que sea una buena espectadora de cine mudo,también (llegó a escribir un trabajo sobre Metropolis, por gusto, escogiéndola de entre otros muchos títulos de todos los tiempos: disculpen que me haga el padre orgulloso por unos segundos), pero no es tan erudita como para que no le cuele lo que le colé. Le pedí que visionase la película, pidiédole el favor de que no se documentase para nada hasta que yo le preguntase que le había parecido la interpretación de la «niña» protagonista. Al cabo de unos días me escribe un correo lleno de elogios para la «niña». «De las mejores interpretaciones infantiles que he visto nunca! He reído, he llorado…» Vaya, lo que suponía. En ningún momento sospechó nada. Y ya digo, es alguien con ojos en la cara, entrenada a usarlos. Imaginen la estupefacción que tuvo cuando le conté la bola, que la actriz podría ser su hermana mayor. «¡No es posible! ¡me estás mintiendo, papa!» Osea, que a veces cuando sabemos demasiado no sabemos (valga redundancia) hasta que punto la película es buena. Pickford y Tourneur dieron en el clavo más incluso de lo que imaginaba. Bueno, pues eso. me despido deseando que podamos ser felices a pesar de nadar en la riqueza más profunda, como pobres niños ricos que somos todos.

  2. ¡Qué casualidad! Justo hace unos días comentaba en Twitter ejemplos de películas en que actores ya mayorcitos hacían de estudiantes (https://twitter.com/MonsieurHulot/status/1404934785605251081) y alguien mencionó muy hábilmente el caso de Mary Pickford. Y yo siempre le he reconocido que, pese a lo ridículo que puede parecer de entrada si se lo explicas a alguien, realmente la Pickford lo hace tan bien que da el pego, puedes entrar en el juego… pero nunca me había planteado qué pensaría un espectador que la viera sin saber su edad real. Así que tu experimento ha sido muy instructivo, bravo por la Pickford, la admiro aún más si cabe.

    Y por cierto enhorabuena por conseguir que tu hija no tenga los prejuicios comunes al cine silente. No es poca cosa y es otra prueba de algo que fanáticos como tú y yo sabemos, que estas películas hoy día se sostienen perfectamente entendiéndolas como otra forma de hacer cine.

    Un saludo y gracias por compartir esta anécdota.

  3. Sí, realmente reconozco que es una suerte que tengo (y tiene el cine mudo) y supongo que el éxito ha sido mérito de la suerte: mi hijo mayor pasa bastante, e incluso trata de chincharme con el tema, por ejemplo. De todas formas (perdón por llenar el blog de anécdotas personales, pero creo que ésta es buena) el tipo me dió un día una alegría. Estaba en uno de los últimos cursos del instituto, en una clase en la cual el profesor les hablaba a los alumnos sobre los años 20, mientras ilustraba el tema con diversas imágeners proyectadas. De pronto sale cierto fotograma famoso y el hombre va, y suelta: «aquí teneis la famosa escena de Buster Keaton colgado de las agujas del reloj» y se queda tan ancho (así como el resto de la clase, para la cual seguramente sería la primera vez que estaban expuestos a ese fotograma). Mi hijo levanta la mano: «lo siento, ese no es Buster Keaton sinó Harold Lloyd» El profesor que pierde pié, consulta el libro, pide perdón y corrige. Mi hijo me contó la anécdota con una mezcla de agradecimiento por saber algunas cosas que otros no saben, mezclada con esa suficiencia de quien entre lineas te advierte algo como «pero no te confíes, sigo pasando del cine mudo como de las moscas». Vale, niño… Pero bueno, algo es algo. Y un algo que habla de como está este sistema del si cuela cuela, que si los alumnos se van a casa pensando que ese es Buster Keaton usurpando créditos a su pesar, pues da igual». En fin… Un saludo y dejo ya de dar la paliza.

  4. Ningún problema en añadir comentarios de anécdotas personales, amigo Florenci, éste es un rincón para encontrarnos los que compartimos esta afición y a quienes nos hace gracia compartir estas batallitas .
    Me ha hecho gracia ésta sobre tu hijo porque es el típico ejemplo de cómo, por mucho que a uno no le interese, a base de convivir con un apasionado a un tema, a uno se le acaban quedando cosas. En mi caso también me ha sucedido alguna vez con familiares… cuando me entusiasmo con algo es inevitable que la gente de mi alrededor quede «contagiada» de algo de ello. ¡No puedo evitarlo!

    ¡Un saludo!

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