My Brother Is Coming (Jön az öcsém, 1919) de Michael Curtiz

Como ya sabrán, la Meca del cine estuvo desde siempre plagada de emigrantes provenientes de los más diversos países europeos, los cuales traían con ellos un currículum más o menos vistoso de sus aventuras cinematográficas antes de llegar a la Tierra Prometida. Hay multitud de grandes nombres de Hollywood que tienen en sus inicios una carrera hoy día absolutamente desconocida por estar alejada de lo que harían luego, de modo que si uno rescata algunas enciclopedias o biografías puede encontrarse algunas sorpresas.

Vean la que les hemos preparado hoy: Michael Curtiz, director emblema de la Warner Brothers recordado por clásicos como Casablanca (1942) y la serie de films de aventuras que realizó junto a Errol Flynn, no solo nació en Hungría (un dato que quizá ya conocían) sino que empezó ahí su carrera. De hecho entre mediados y finales de los años 10 era uno de los directores de más renombre de la no muy prolífica industria cinematográfica húngara, un país que en la era clásica ha aportado más ilustres emigrantes que películas (el magnate Adolph Zukor, el productor Alexander Korda o el guionista Emeric Pressburger).

Cuando el experto cineasta decidió emigrar a Austria en 1919 ya había dirigido más de 40 películas, de las cuales apenas ninguna ha llegado a nuestros días. De hecho según reza el prólogo del corto que hemos seleccionado hoy, My Brother Is Coming  (1919) es presuntamente la única que queda de esa etapa.

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Curtiz – por entonces aún con su nombre real, Kertész Mihály – adaptó aquí un poema de contenido sorprendentemente político en que un padre de familia espera la llegada de su hermano, que está luchando en la guerra. Éste es encarcelado pero de repente se le aparece un mensaje revelador («¡Proletarios del mundo, uníos!») que le inspira a escapar y organizar un grupo revolucionario con el que llega a casa para traer a la familia generosas dosis de amor y de socialismo. En realidad no hay que extrañarse tanto por la temática de la película: en 1919 Hungría se había convertido en una República Socialista y es de suponer que el estudio le impuso a Curtiz el argumento de la película como encargo.

Al ser la adaptación de un poema (combinando imágenes con versos del mismo), Curtiz tiene que dar suficiente fuerza visual a los planos, que no se sustentan mediante una narrativa sino que vienen a ser como una serie de retablos. Es de destacar además que, pese a parecer una modesta producción, Curtiz se las ingenia para resolver notablemente las breves escenas de la batalla.

Una curiosidad muy interesante que habría sido divertido que alguien aireara treinta años después en plena caza de brujas en Hollywood. Por suerte para Curtiz, lo que hizo en Europa quedó relegado al olvido.

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