The Land Beyond The Sunset (1912) de Harold M. Shaw

Hoy rescatamos para ustedes un corto del estudio de Edison protagonizado por un niño que vive en pésimas condiciones en una gran ciudad y que es maltratado por su abuela. Un día consigue unirse a una excursión infantil en el campo organizada por un centro parroquial, que le permite descubrir un mundo totalmente diferente en mitad de la naturaleza. En cierto momento del día, una de las organizadoras explica a los niños un cuento sobre un joven que para escapar de una bruja es conducido por unas hadas en una barca a una tierra donde podrá ser feliz. Nuestro protagonista obviamente se siente muy identificado con esta historia.

The Land Beyond the Sunset (1912) puede parecer el clásico melodrama que denuncia la pobreza infantil, pero más allá de eso se trata de una de las películas más bonitas que he visto de esa época. Encantadoramente inocente en muchos detalles y con un final abierto que es una maravilla. Una pequeña joya a descubrir.

To Sleep So As To Dream (Yumemiru yōni nemuritai, 1986) de Kaizo Hayashi

Filmar un homenaje al cine mudo recreando ese mismo lenguaje es un ejercicio que puede entrañar unos pequeños riesgos. La película puede acabar convirtiéndose en una obra entrañable que contaría con la simpatía de todos los que compartimos esa pasión, pero que quizá no tendría vida propia más allá que como bonito homenaje. Lo interesante (y lo más difícil) es hacer un film que homenajee a esa época y no busque ser una simple copia de un lenguaje que ya no se utiliza, sino que de alguna manera le dé vida propia. Y eso es lo que consigue maravillosamente To Sleep So As To Dream (1986).

En su debut como realizador, Kaizo Hayashi decidió homenajear al cine mudo japonés con una película misteriosa, que lejos de permitir al espectador recrearse cómodamente en su maravillosa estética, le conduce hacia una trama confusa y en ocasiones abiertamente cómica. Los protagonistas son dos detectives a quienes les llega el encargo de localizar a una mujer secuestrada por un tal M. Pathé (¿han captado ya uno de los guiños más obvios de la trama?), el cual reclama un rescate de un millón de yens. Siguiendo las pocas pistas a su alcance se verán envueltos en un confuso entramado de callejones sin salida.

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Abel Gance y la triple pantalla de Napoleón (1927)

Es innegable que Monsieur Gance era un tipo megalómano. Muy megalómano. Como prueba de ello tienen el gran proyecto de su vida, una biografía sobre otra figura megalómana, Napoleón, que duraba más de cinco horas; que solo abarcaba hasta cuando el protagonista consigue el mando del ejército porque el director tenía previsto rodar cinco secuelas más y que, además, tenía como título Napoleón vu par Abel Gance (Napoleón visto por Abel Gance)… Después de todo, ¿no era Abel Gance lo suficientemente importante como para ocupar el título de la película junto a ese tal Napoleón?

Como ven, Monsieur Gance iba a por todas, pero lo más interesante es que Napoleón (1927) es una obra que está realmente a la altura de sus ambiciones: un film monumental, cinematográficamente impecable y técnicamente tan apabullante como adelantado a su época. Ya les hablamos hace un año de algunas de las innovaciones que Gance introdujo en mi película favorita de su carrera, La Rueda (1923), pero en esta ocasión nos centraremos en una de las innovaciones más llamativas de Napoleón: la triple pantalla.

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Where Are My Children? (1916) de Lois Weber y Phillips Smalley

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Where Are My Children? (1916) es una de esas películas que hoy día quizá resulten de más interés por su temática que por el film en sí mismo. No quiere decir eso que este film de Lois Weber y Phillips Smalley carezca de cualidades cinematográficas, pero el hecho de tratar hace 100 años un tema aún hoy día controvertido como el aborto lo dota de un enorme interés.

El protagonista es el Fiscal del Distrito Walton, un hombre respetable y justo que se siente desdichado por no haber podido tener hijos con su esposa. Pero poco sospecha éste que la causa no son problemas de esterilidad sino que su mujer ha abortado a sus espaldas. Un día una joven amiga de la familia se deja seducir (eufemismo) por un hombre y éste pide consejo a la señora Walton para poder detener el embarazo. Ella les encomienda al Doctor Malfit, que ha recomendado en numerosas ocasiones a sus amigas para lances similares (¡en serio!), pero por desgracia en este caso hace un mal trabajo y la joven muere después del aborto provocado. Antes de morir ésta confiesa lo sucedido a su madre, y el Fiscal Walton se encarga de llevar al Doctor Malfit a juicio sin sospechar la relación de éste con su esposa.

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Matrimonio Interplanetario (1910) de Enrico Novelli

Un astrónomo que se pasa horas contemplando el espacio descubre un buen día que no solo hay vida en Marte, sino que allá vive la mujer de sus sueños. Casualmente (porque este tipo de casualidades pueden suceder), ella también se entera de la existencia del astrónomo terrícola y surge el flechazo. Él le envía un telegrama declarándole su amor y el padre de la futura novia acepta el matrimonio siempre y cuando se encuentren en un punto intermedio… digamos la luna, por ejemplo.

Oh venga, seguro que ustedes conocen historias de amor más raras que ésta. Matrimonio Interplanetario (1910) es un  bonito corto de fantasía excelentemente realizado y muy cuidado: las primeras imágenes de Marte están muy bien hechas mediante animación y los decorados obviamente tienen el encanto cartón piedra de la época pero son muy solventes, al igual que los efectos especiales (los dos cohetes que van a encontrarse en la luna).

La película está obviamente inspirada en las fantasías de Méliès, copiando incluso la idea de los selenitas aun cuando no vengan muy a cuento en la trama. Entrañable y bien acabada, merece la pena echarle un vistazo.