La Grazia (1929) de Aldo de Benedetti

Uno no deja de encontrarse sorpresas de todo tipo aún hoy día rebuscando joyas silentes en los rincones más ocultos de oscuras filmotecas o de la red. Vean por ejemplo el caso de La Grazia (1929), una película italiana recientemente restaurada de la que este Doctor no tenía ni la más remota idea, y que resulta ser un film con suficientes cualidades como para rescatarlo del olvido.

Su director es Aldo de Benedetti, un prolífico guionista cuya carrera abarca desde los años 20 hasta los 70 y que en toda su vida sólo dirigió tres films, de los cuales éste es el último. El material de base era una novela de Grazia Deledda que más tarde se adaptaría en forma de ópera, un drama con un desenlace religioso ambientado en un pequeño pueblo de Cerdeña.

El protagonista es Elias, un joven que llega a una zona recóndita a inspeccionar unas tierras que ha heredado y se enamora de una pastora llamada Simona. Aunque ésta le rechaza, después se reencuentran en el pueblo durante Nochebuena y ahí la pastorcita no puede evitar sucumbir ante el atractivo extranjero. Al día siguiente éste le promete que después de que vuelva a su pueblo para conseguir los papeles necesarios, vendrá a casarse con ella. Pero por el camino una fuerte nevada le atrapa y acaba en la casa de una mujer acaudalada. La dueña de la mansión se encapricha de él y le seduce. Elias cede y acaba con ella… mientras Simona sigue esperándole  en su pueblo y da luz a un niño.

La Grazia es uno de esos ejemplos de películas de finales de la era muda, en que los rótulos eran más prescindibles que nunca, ya que se había llegado a tal dominio de las imágenes que la palabra escrita era innecesaria – de hecho si llegan a una versión de la película sin subtítulos, no se preocupen si no dominan el italiano, hay poquísimos rótulos y su contenido se puede deducir por las imágenes. ¡Ah, no hay nada como esa magia especial del cine mudo a finales de los 20! El hecho de que además fuera la época del canto del cisne de la era silente le da además un encanto extra, como si viéramos los últimos coletazos de una forma de hacer películas destinada a morir justo cuando había logrado la perfección.

A nivel de argumento, el film se basa sobre todo en los contrastes: ese pueblo rocoso y nevado en contraste con el pueblo de Elias (que nunca llegamos a ver pero nos es descrito a menudo) cálido y al lado del mar, las sencillas casas de los pueblerinos en contraste con la moderna mansión art déco de la femme fatale, y por supuesto el amor puro surgido por un flechazo entre Elias y Simona en medio de la naturaleza en contraste con la relación enfermiza (casi masoquista) entre éste y la femme fatale, que tiene lugar en una casa en que permanecen encerrados sin que éste se vea capaz de salir, como si fuera víctima de un hechizo perverso.

No se trata de una película redonda, y de hecho creo que la larga escena final (la más importante del film y la que le da título) podría haberse acortado un poco, pero aun así La Grazia tiene en algunos momentos esa magia especial del cine mudo, como el encuentro entre los dos protagonistas o la escena del catárquico milagro final. Una película a rescatar del olvido.

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