Nuevas Mujeres (Xin nü xing, 1935) de Cai Chusheng

Resulta sorprendente ver una obra como Nuevas Mujeres (1935) y constatar cómo hoy día sigue impactando por la dureza de su mensaje. En lo que se trata de uno de los alegatos feministas más contundentes que haya visto en un film clásico, esta película china narra las diferentes desgracias que asolan a nuestra protagonista, Wei Ming, una mujer moderna que no solo es profesora de música sino que publica artículos en la prensa y ha escrito un libro que está a punto de editarse. Acosada por el Dr. Wang, un miembro de la escuela al que ella rechaza de pleno, éste provoca que la despidan para que así se vea obligada a aceptar sus proposiciones por la escasez de medios. En paralelo, viene a vivir con ella a Shanghai su hermana (que acaba de quedarse viuda) trayendo consigo a la hija que Wei Ming tuvo en un antiguo matrimonio que acabó mal. La niña no obstante está enferma y pronto necesitarán dinero para hospitalizarla.

Inspirada en el suicidio de la actriz china Ai Xia, que había protagonizado obras como A Woman of Today (1933) y escrito un libro como la protagonista de este film, si de algo no se le puede acusar a Nuevas Mujeres es de ser poco clara en sus intenciones. La película expone de forma abierta y sistemática todos los problemas por los que debe pasar una joven atractiva como Wei Ming, que simplemente aspira a ser una mujer independiente. La sociedad le ofrece dos posibilidades de las cuales una le ha fallado por completo (el matrimonio) y la otra le resulta repulsiva (la prostitución). Pero a lo largo del film el resto de personajes le insistirán continuamente para que se deje tentar por la opción del sexo como medio de sustento: el Dr. Wang, que intenta engañarla prometiéndole matrimonio cuando ya está casado; el reportero del diario que publica sus artículos, o su vecina, que le insiste sobre que una mujer tan atractiva no debería tener problemas de dinero.

El único hombre que parece respetarla es el editor que batalla por publicar su libro, quien no obstante la rechaza y no le será de ninguna ayuda. Incluso cuando consigue que saquen a la luz su obra, el logro no es por sus cualidades literarias sino porque el jefe de la editorial queda embelesado por la belleza de esa escritora debutante. De modo que el papel de una chica tan bonita como Wei Ming es el de mero florero o de esclava, tal y como se ve en ese número musical algo pasado de rosca en que una bailarina es azotada a latigazos, causando una gran consternación a la sensible protagonista.

Tal y como indica su título, la película es una reivindicación del papel de la nueva mujer, que se quiere abrir paso por sí misma y no a costa de sus encantos. La película nos muestra de hecho dos ejemplos de nuevas mujeres: por un lado la sensible Wei Ming, de inclinaciones más artísticas (música y literatura) y por el otro su vecina Li Aying, una trabajadora de la fábrica que comparte con Wei Ming su sentido de la independencia pero resulta una mujer mucho más fuerte en todos los aspectos (en una de las pocas escenas algo cómicas de la película, Li Aying se enfrenta literalmente a tortazos con el Dr. Wang en un combate sorprendentemente igualado).

La dirección de Cai Chusheng – autor de uno de los grandes clásicos del cine chino, The Spring River Flows East (1947) – enfatiza ese contraste entre esos dos mundos en la escena nocturna en que vemos en paralelo a Wei Ming obligada a acompañar al Dr. Wang en un music-hall mientras Li Aying da clases a unas chicas de la fábrica. El mundo de los adinerados que trasnochan y se lo pasan bien en contraste con el mundo de los trabajadores.

De hecho, el trabajo de realización de Chusheng es otro de los puntos fuertes de la película, con un estilo muy eminentemente visual, tal y como se puede comprobar en los dos flashbacks más importantes: mientras Wei Ming va a regañadientes con el Dr. Wang en taxi vemos por la ventanilla en flashback cómo fue el encuentro entre ambos, y cuando la hija de la protagonista viaja a reencontrarse con su madre en tren, la historia de su trágico matrimonio nos aparece a partir de una serie de estampas sin necesidad de rótulos.

El otro gran aliciente de la película es sin duda el trabajo de la protagonista, Ruan Lingyu, una de las grandes actrices chinas de la era muda. Lingyu llevaba haciendo películas desde los 16 años y pronto se reveló como una de las grandes estrellas de la industria cinematográfica del país. Viendo películas como ésta o su obra más conocida, The Goddess (1934) – el film mudo por excelencia de la cinematografía china – es fácil entender por qué: no solo era una joven realmente bonita sino sobre todo una excelente y carismática actriz.

Por desgracia Lingyu sufrió en la vida real un desenlace que, en una cruel ironía, es muy similar al del personaje que encarna aquí: si Wei Ming acaba intentando quitarse la vida al final de la película por no soportar tanta presión, Lingyu se suicidaría un mes después del estreno de la película. Al parecer cuando el film se estrenó el mundo de la prensa arremetió muy duramente contra él por la visión tan negativa que daba de los periodistas, y al final los diarios acabaron atacando duramente a la propia Lingyu.

Ésta había pasado por un primer matrimonio fallido y había dejado a su marido por otro hombre. La prensa usó eso como pretexto para lanzar una campaña amarillista difamatoria contra la actriz. Ésta, que era especialmente sensible, no pudo soportar la presión pública a la que estaba sometida y se suicidó en 1935 con tan solo 24 años. Su muerte fue todo un acontecimiento: la procesión funeraria de casi cinco kilómetros de largo fue calificada por el New York Times como el funeral más espectacular del siglo, en el cual además otras tres mujeres se suicidaron.

La similitud del desenlace de Lingyu con el del penúltimo personaje que interpretó es escalofriante. Pero más allá de estas penosas casualidades, el desenlace de Nuevas Mujeres es en sí mismo especialmente trágico: ninguno de los personajes masculinos que la ha maltratado recibe su merecido ni se arrepiente de sus actos, mientras que Wei Ming nunca consigue limpiar su nombre ni hacer justicia.

El plano final de la película nos da a entender que, de entre los dos tipos de «nuevas mujeres» que muestra la película, solo las realmente fuertes pueden subsistir en este mundo dominado por hombres. Es la vecina de la protagonista, la trabajadora de la fábrica, la que seguramente se abrirá paso. En cambio, las mujeres como Wei Ming que destacan por su alta sensibilidad están condenadas a ser pisoteadas y difamadas en una sociedad que solo las quiere como mero objeto sexual. Difícilmente encontrarán muchas películas de la época tan francas y desgarradoras sobre este tema como esta magnífica joya.

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