Es estimulante comprobar cómo incluso hoy día nos siguen llegando pequeñas sorpresas de la era muda en forma de descubrimientos o de restauraciones de films hasta ahora olvidados. Una de las grandes noticias silentes de este año (¡sí! ¡hoy día sigue habiendo de vez en cuando novedades sobre cine mudo!) es la restauración que ha hecho el British Film Institute de la primera adaptación cinematográfica de la novela de Liam O’Flaherty El Delator, hoy día recordada sobre todo por la versión que realizó John Ford en 1935 ganando su primer Oscar y en consecuencia eclipsando a nuestra película de hoy.
Este El Delator (1929) era un proyecto en el que confluían talentos de todo el mundo (algo especialmente habitual en la era muda) pese a tratarse de una producción británica. Su director era Arthur Robison, un norteamericano que después de estudiar medicina en Alemania decidió dedicarse al cine aportando un pequeño clásico de la era de Weimar, Sombras (1923). En cuanto a su protagonista, el sueco Lars Hanson, era uno de los grandes actores de la época que se dio a conocer con películas de Victor Sjöstrom y Mauritz Stiller y que luego viajaría con ellos hasta Hollywood. Por otro lado, su protagonista era la húngara Lya de Putti, que aparece en unas cuantos clásicos del cine alemán mudo. Y para rematarlo todo, la novela está ambientada en Irlanda, de modo que tenemos aquí una mezcla de talentos de todo el mundo, aunque quizá la influencia que tiene más peso es la alemana, no solo por Herr Robison, sino también por los directores de fotografía Theodor Sparkuhl y Werner Brandes, que confieren a la cinta una estética muy típicamente germana.
Pero pasemos al argumento: en el conflictivo Dublín de los años 20, un miembro del IRA, Gypo Nolan, delata el paradero de un amigo suyo buscado por la policía por asesinato. ¿El motivo? Los clásicos celos, ya que su amante Katie le dice en una discusión por puro despecho que le prefiere a él. Una vez la policía da con el fugitivo, éste intenta escapar pero es tiroteado. Gypo, atormentado por los remordimientos, intenta escapar de los otros miembros de la organización ayudado por Katie, arrepentida de haber provocado esa situación.
Aunque las comparaciones entre ambas versiones de la película son inevitables, un punto a favor de las dos es que cada una propone un enfoque radicalmente diferente del mismo argumento: la versión de Ford se apoya en la actuación tragicómica de Victor McLaglen, que interpreta a un Gypo tontorrón y fanfarrón que delata a su amigo por el dinero; en cambio, en esta versión Gypo es un hombre más astuto que no está interesado en el dinero y que ha cometido ese error por puros celos (por cierto, en la novela no existía tal triángulo amoroso). Ambas películas creo que funcionan perfectamente en su estilo.
A cambio, la versión británica de El Delator es mucho más densa y opresiva, en parte por ese trabajo artístico tan germánico al que hacía referencia, que ofrece un clima que es uno de los aspectos más remarcables de la película. Esta atmósfera encaja perfectamente con el gran tema de la película, el sentimiento de culpa, que en el tramo final acaba afectando también a Katie debido a un error que comete. Podría decirse que todas las desgracias que le suceden a Gypo son a causa de impulsos irreflexivos destinados a hacer daño a alguien querido sin medir las consecuencias (Katie fingiendo no querer a Gypo, el propio Gypo queriendo vengarse de su amigo por robarle a su chica y de nuevo Katie vengándose de Gypo al creerse engañada). Lars Hanson por descontado hace una interpretación extraordinaria otorgando la profundidad que necesita el personaje y Lya de Puttti funciona muy bien como femme fatale. A ello hay que sumarle un extraordinario trabajo de dirección de Arthur Robison, que nos deleita con algunas secuencias magníficas como el asedio de los policías al amigo de Gypo o el tenso velatorio.
Realizada en los estertores de la era muda, la película conoció una versión parcialmente sonorizada que puede encontrarse en Youtube, pero como sucede con los part-talkies no funciona tan bien como la silente. De hecho El Delator es un ejemplo tan claro de las mejores cualidades del cine mudo que hoy día nos resulta casi absurda la idea de que alguien quisiera añadir diálogos a un film que se sostiene tan bien sin ellos.
Me encantan las reiteradas referencias a la «estética germana», en lugar de acudir a la tópica y errónea expresión «cine expresionista», que muchos críticos aplican, sin ton ni son, a cualquier película muda donde haya sombras… Enhorabuena por la reseña…
Celebro que haya notado el matiz de diferencia. Aunque ése es un error en el que creo que todos hemos caído alguna vez, cada vez más evito citar el expresionismo a la ligera y prefiero en algunos casos como éste hablar de estética germana. A veces parece que todas las películas alemanas mudas eran expresionistas, y como admirador del cine germano y del expresionismo creo que hay que diferenciar ambos conceptos por mucho que a veces se crucen.
La película está ya a la venta en DVD y Blu-Ray a través del BFI y de las clásicas webs de venta online. Eso sí, sin subtítulos en español.
Un saludo.
¿Sabes, por cierto, si la película ya está comercializada? Un saludete.
[…] la versión de Arthur Robinson de El Delator (1929) tenía un tono más sombrío y la de Ford se apoyaba principalmente en su protagonista […]