Redescubriendo a Francis Ford

«Durante mucho tiempo, cuando la gente oía el nombre de Ford referido a una película, solía preguntar: «¿Ford? ¿Algo que ver con Francis?». Muy pronto, a menos que no se cumplan las expectativas actuales, dirán: «¿Ford? ¿Algo que ver con Jack?«.

The Moving Picture Weekly, Junio de 1917

Dudo que haya ningún fan del cine clásico que no esté familiarizado con el nombre de John Ford, seguramente el director americano por excelencia. Pero no obstante, ¿cuántos fans del cine mudo saben siquiera de la existencia de su hermano mayor, Francis Ford? Su nombre ha pasado a engrosar en la interminable lista de estrellas de la era muda que cayeron en el más absoluto olvido con el paso de los años, incluso muchas veces antes del advenimiento del sonido. Y si a día de hoy alguien se acuerda de él, me imagino que deben ser únicamente los fanáticos de John Ford, que lo tendrán identificado como uno de los miembros de la John Ford Stock Company, ese grupo de actores a quien el director tenía por costumbre utilizar siempre que podía en sus películas, aunque fuera en papeles muy pequeños. Pero en realidad Francis Ford tuvo suficiente entidad en su momento como director y actor para ser recordado al margen de su famoso hermano menor. Eso sin olvidar que fue gracias a él que John entró en el mundo del cine.

Viendo en las películas de John Ford ese entrañable personajillo al que solía dar vida Francis Ford, resulta chocante pensar que ese mismo tipo 20 años atrás había dirigido, escrito y protagonizado algunos de los proyectos de mayor éxito y envergadura en el Hollywood de los años 10. Teniendo en cuenta que en la época de los films de John Ford prácticamente nadie sabía del pasado de Francis (o si lo sabían era de forma más bien vaga: «fue un cineasta de éxito», pero sin recordar con exactitud hasta qué niveles lo había sido; la comunidad de Hollywood y la crítica tenían mucha facilidad en aquellos tiempos para olvidar a los pioneros de la era muda, y si no que se lo digan a Griffith), los grandes logros de Francis han sido durante mucho tiempo una especie de secreto que solo conocían unos pocos, hasta que algunos biógrafos de John Ford como Joseph McBride o Tad Gallagher comenzaron a sacarlos a la luz. Va siendo hora de que en este humilde rincón también le hagamos justicia.


Si observan con atención podrán reconocer a un jovencito John Ford en esta foto del rodaje de uno de los seriales de Francis Ford y Grace Cunard (ambos en el centro).

Nacido en Portland en 1881 (13 años antes que John) con el nombre de Francis Feeney, nuestro protagonista fue desde temprana edad un joven muy inquieto. Después de intentar en vano unirse a la Guerra Hispano-estadounidense (le devolvieron a casa tan pronto descubrieron que era menor de edad), estuvo durante mucho tiempo saltando de un empleo a otro, huyendo de casa para seguir alguna estrafalaria aventura (¡incluyendo unirse a un circo!) y volviendo luego con el rabo entre las piernas. Esta personalidad tan inquieta siguió siendo muy característica de él en su futura etapa como cineasta, moviéndole a pasar de un proyecto a otro a un ritmo frenético y buscando siempre innovar y embarcarse en producciones más ambiciosas. Eso a la larga acabaría girándose en su contra, mientras a cambio su hermano John desarrolló sus inquietudes artísticas tirando por un estilo más austero y además fue muy astuto al encontrar una forma de poder hacer lo que quería siguiéndole el juego a los grandes estudios.

En todo caso, después de muchos intentos frustrados, Francis decidió marcharse definitivamente a probar suerte en Nueva York en el mundo del teatro. Eso sí, dejó tras de sí a su suerte a una pobre muchacha embarazada, lo que seguramente influyó en su decisión de no volver a Portland pasara lo que pasara. Francis, que pronto adquirió el nombre artístico de Francis Ford, no tuvo mucho éxito en el teatro, de modo que decidió probar suerte en el cine, que por entonces era visto como el hermano pequeño y menos prestigioso del teatro donde seguramente no pondrían tantas pegas a sus escasas dotes de actor. Se unió a la compañía que tenía el hermano de Géorges Méliès, Gaston, en América y empezó haciendo de todo un poco hasta que consiguió dirigir sus primeras películas, en su mayoría westerns, de las que destaca Under the Stars and Bars (1910).

Pronto se pasó a la compañía del productor Thomas Ince, una de las personalidades más prestigiosas del mundo del cine en la época, donde consiguió hacerse un nombre como director y actor. Algunas de las pocas obras que se conservan dirigidas por él pertenecen a esa época, como los westerns The Post Telegrapher (1912), Custer’s Last Fight (1912) y The Invaders (1912), que se pueden encontrar por Youtube.

Tras ver estas películas uno puede confirmar que realmente Francis Ford es un nombre que merecería ser recordado al margen del parentesco con su hermano menor, y que Griffith no era el único pionero que estaba dando forma a un tipo de cine más maduro en aquellos años. Los personajes tienen un tratamiento mucho más realista de lo que uno vería en otras obras de esa época y Ford demuestra una enorme habilidad en la dirección tanto para las grandes escenas (estas películas están plagadas de secuencias de batallas con muchos extras que en aquel entonces, sin casi ningún precedente cinematográfico, resultarían muy difíciles de planificar) como para aquellas más intimistas, dándoles un tono más humano evitando las sobreactuaciones típicas de la época (véase por ejemplo ese conmovedor momento de The Invaders en que se nos insinúa un pequeño romance entre una india y un blanco). Por otro lado, películas como The Post Telegrapher (1912) manejan con mucha soltura la edición, utilizando el montaje paralelo que en aquellos años Griffith estaba perfeccionando. No creo que hubiera muchos cineastas americanos de la época capaces de desenvolverse tan bien en todos estos aspectos.

Además de todo esto, también fueron muy valoradas en su momento sus habilidades como actor. Lejos de especializarse en un tipo de personaje, Ford no tenía ningún problema en hacer indistintamente de galán, de villano, de indio o incluso encarnar a personajes ilustres como el general Custer y Abraham Lincoln (este último el que más le gustaba interpretar).

Francis no ignoraba que poseía un gran talento, y por ello después de unas desavinencias con Ince en 1913 cambió de nuevo de compañía, en este caso la Universal. Allí, asociado con la que por entonces era su amante, la actriz Grace Cunard, se especializó entonces en el género que le haría más popular con diferencia: los seriales de intriga. Este tipo de películas por entonces estaban en plena ebullición, y Ford y Cunard fueron dos de sus principales artífices. Aunque apenas se conservan ejemplos de esta época para juzgarlos, por sus argumentos podemos saber que no tenían nada que ver con los westerns que hemos visto anteriormente. Más bien seguían los principios del serial: alocadas películas de intriga donde podía pasar literalmente cualquier cosa. El primero fue Lucille Love, que narraba las aventuras de la protagonista enfrentada a un peligroso villano (el propio Frank) por todo el mundo.

En algunos de los seriales más sonados de Ford y Cunard, como The Campbells Are Coming (1915) se empleaban miles de extras y decorados muy costosos, mientras que en otros como The Twins Double (1914) Ford experimentó con la técnica utilizando superimposiciones para que Grace Cunard pudiera encarnar a tres personajes distintos que en ocasiones se encontraban en un mismo plano (¡todo ello compaginado con su labor de guionista y actor junto a Cunard!). Francis era por entonces un talento en ebullición: siempre con ganas de probar cosas nuevas y de hacer películas aún más ambiciosas.

Fue en esa época aproximadamente cuando sucedió el milagro: un miembro de la familia Feeney reconoció a Frank, del que hacía años que no sabían absolutamente nada, como el protagonista de una película que echaban en el cine local. A partir de aquí la familia retomó el contacto con su hijo pródigo por carta y éste acabó volviendo años después de visita al hogar familiar, donde de paso aprovechó para filmar una película medio improvisada usando a su familia como actores (¡en aquellos años cualquier momento y lugar era bueno para hacer un film sobre la marcha!).

En paralelo a las aventuras de su hermano Frank, un John Feeney de 20 años acababa de ingresar en la Universidad de Maine para estudiar agricultura, pero la abandonó desilusionado a los pocos meses. Sin ningún plan por delante, le preguntó a su hermano si le podía conseguir algún trabajo en Hollywood. Éste, que por entonces era un actor y director muy reputado, podía permitirse enchufar a un miembro de su familia en sus películas, y sin pensarlo dos veces, John Feeney se dirigió a la Tierra Prometida en 1914. No obstante, su primera toma de contacto no fue muy prometedora. Pese a que John tenía aspiraciones de trabajar como guionista, su hermano le contrató para trabajos físicos de peón de obra. ¿Para eso había atravesado John todo el país? Quizá Francis pretendía que John se ganara el ascenso a un puesto más suculento, o quizá sencillamente quería aprovecharse de su situación de superioridad para abusar de él, algo que seguramente vendría de familia, ya que John en su futura carrera como director haría eso muy a menudo con otras personas (incluso con su propio hermano mayor). Poco a poco le permitió ocuparse de otras tareas, de modo que en los siguientes años John fue haciendo trabajos de actor, cámara, encargado de atrezzo y un largo etcétera empapándose de los pormenores de la profesión.

Francis junto a su hermano John y dos miembros más de la familia Ford.

No obstante, pese a la oportunidad que Francis le brindó a su hermano, su trato con él era a menudo bastante cruel. Cuando le dejó aparecer como actor en sus películas era sobre todo para que hiciera de doble en escenas de riesgo que incluían explosiones o saltar de coches en marcha. En una ocasión una granada explotó un poco antes de lo previsto y le estalló tan cerca de la cara que estuvo a punto de perder la vida. El comentario de Francis cuando acudió a visitarle al hospital fue «Te ha venido de un pelo… un segundo más tarde y el público habría adivinado que estaba usando un doble en estas escenas«. Décadas después, durante el rodaje de El Juez Priest (1934) de su hermano John, Francis, que tenía un papel secundario como era habitual, estaba tumbado en una carretilla del plató medio adormilado. John entonces mandó que alguien le atara una cuerda unida a las bridas de un caballo e hizo que el animal saliera corriendo arrastrando a su hermano por el suelo, momento en el cual el propio John gritó «¡Esto es por lo de la granada!«. Los Ford ciertamente eran gente rencorosa.

En esos años Francis seguía en plena cresta de la ola con seriales tan ambiciosos como The Broken Coin (1915) en los que él y Grace Cunard eran los protagonistas y John normalmente interpretaba algún papel pequeño. Desafortunadamente, apenas se conservan muestras del John Ford actor. Una de las que quedan es The Bandit’s Wager (1916), un western en que interpreta precisamente al hermano del personaje que encarna Francis Ford.

Y curiosamente, fue en el momento en que su hermano John tuvo la oportunidad de debutar como director por su cuenta en 1917 cuando la carrera de Francis empezó a dar bandazos. Él y Grace, conscientes de su popularidad, empezaron a tener enfrentamientos con el estudio. Además, su último serial, The Purple Mask, no funcionó muy bien, provocando la separación de la pareja y la ruptura de Francis con la Universal. Lejos de amedrentarse, Francis fundó una nueva compañía, Fordart Films con la que estrenó un film bélico, Berlin Via America (1917), y más adelante probaría suerte con otros seriales como The Silent Mistery (1918) y The Great Reward (1920). Por esa época Francis empezó a cansarse de trabajar como actor, consciente además de que ya no atraía tanto al público como antes, y con la llegada de los años 20 su carrera como director empezó a ir en declive.

Los tiempos habían cambiado. Esos seriales tan alocados e imaginativos basados en tramas rocambolescas que a menudo podían improvisarse durante el rodaje estaban pasados de moda. Además, seguramente Francis había perdido la efervescente creatividad que le había permitido tirar adelante tantísimos proyectos. Su historia es la misma que la de muchas estrellas de esa época que pasaron de gozar una gran popularidad a caer en el absoluto olvido en cuestión de años. Eran tiempos muy cambiantes en el cine, y no todos supieron adaptarse a ellos. En 1928 un Francis Ford que ya hacía tiempo que había perdido el favor del público filmó su última película, The Call of the Heart, y anunció que en adelante se dedicaría únicamente a ser actor. En IMDb se le acreditan 179 títulos como director, más incluso que a su hermano John, que también tiene una filmografía inabarcable.

Frank y John mantendrían una relación bastante tensa el resto de sus vidas. Francis se sintió comprensiblemente resentido por el enorme prestigio de ese hermano pequeño al que él había introducido en el mundo del cine y enseñado la profesión, algo que todo el mundo pareció olvidar cuando John se convirtió en uno de los directores más prestigiosos de Hollywood. Uno de los pocos que siempre lo tuvo presente fue el actor Frank Baker, uno de los miembros de la John Ford Stock Company al que el propio Ford le confió hacia el final de su vida que era una de las pocas personas que le caía bien porque nunca le hizo la pelota. Comentaba el actor que en ocasiones, cuando Ford preparaba una escena y le preguntaba qué le parecía, Baker solía responder escuetamente «Esto ya lo he visto antes«, haciendo referencia a que él siempre veía en el trabajo de John reflejos de lo que había hecho antes Francis. A John ese tipo de comentarios le molestaban mucho porque, según Baker, en el fondo siempre sintió tanto celos como admiración por su hermano, pero realmente tampoco tenía motivos para ello puesto que en esa época casi nadie opinaba como Baker. Más adelante, en una entrevista a Peter Bogdanovich, John reconocería abiertamente la enorme influencia que tuvo su hermano en él: «Era un gran cámara, no hay nada de lo que están haciendo hoy día, esas cosas que se supone que son nuevas, que él no hubiera hecho. Era un buen artista, un gran músico, un actor jodidamente bueno, un buen director, y un maestro en todas esas cosas. Simplemente no podía concentrarse en una cosa demasiado tiempo. Pero él era la única influencia que nunca tuve trabajando en el cine«.

Cuando la carrera de Frank llegó a su fin y éste se hundió en el alcoholismo, John procuró siempre ayudarle dándole papeles en la mayoría de sus películas, haciendo de él uno de los rostros más habituales de la John Ford Stock Company. Pero al mismo tiempo, en vez de darle papeles que le permitieran a Frank desplegar su talento ni que fuera como secundario de carácter, John siempre le proporcionaba personajes pequeños de bobalicones y/o borrachos, algo que muchos entendieron como una forma de humillarle al mismo tiempo que le ayudaba. Eso no quita que en su abanico de papeles haya a menudo personajes entrañables y con mucho encanto, como el del anciano de El Hombre Tranquilo (1952), o algunos donde pudo tener algunos breves momentos de lucimiento, como en Corazones Indomables (1939). De hecho es a través de esos papeles como Francis Ford ha pasado a la posteridad, y gracias a los cuales hemos podido rascar en su pasado y conocer su anterior carrera como realizador, ya que por desgracia no queda casi nada de sus más de 100 películas como director.

Al morir Frank en 1953, su hermano John, quizá sintiéndose culpable por cómo le había tratado durante décadas, le organizó un grandioso funeral extrañamente impropio para un cineasta que hacía tiempo que había pasado al más absoluto olvido. Solo los miembros más antiguos de la John Ford Stock Company pudieron entender que ésta era la forma que tenía el director de reconciliarse con ese hermano con el que nunca acabó de llevarse bien pero al que le debía su carrera como cineasta.

 

Un  pequeño homenaje a Francis Ford como miembro de la John Ford Stock Company, con una recopilación de algunos papeles que realizó en las películas de su hermano. De arriba a abajo: Prisionero del Odio (1936), El Joven Lincoln (1939), La Diligencia (1939), Corazones Indomables (1939), Caravana de Paz (1950) y El Hombre Tranquilo (1952).

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