La Marca de Fuego [The Cheat] (1915) de Cecil B. De Mille

Un filme como La Marca de Fuego (1915) puede ser afrontado desde muy diversos puntos de vista. Puede verse como uno de los primeros grandes logros de Cecil B. De Mille, tanto a nivel comercial como artístico; puede analizarse también como ejemplo de la madurez a la que estaba llegando el cine en esos años tan cruciales, y por último es además una obra que se presta a debatir sobre su polémico contenido.

A nivel cinematográfico no puede suscitar ninguna duda o debate: La Marca de Fuego es una gran película marcadamente moderna para la época. Aunque De Mille solo llevaba un año en el mundo del cine, el agitado ritmo de trabajo que seguía (filmó más de 10 películas en 1914, y otras tantas en 1915) le permitió coger el punto en relativamente poco tiempo a ese invento tan sofisticado. Aunque aún quedaban algunas marcas del cine primitivo (como cierto estatismo a la hora de basarse principalmente en planos generales) cuando uno ve La Marca de Fuego ya tiene la sensación de que su contenido sigue una estética fílmica: los decorados y la iluminación están muy cuidados, las interpretaciones son menos exageradas y el montaje deja discurrir fluidamente la historia.
Hay incluso algunos momentos visualmente brillantes, como la escena del disparo en que De Mille juega con las sombras de los personajes tras las paredes de tela. En ese sentido se trata de una película absolutamente fundamental.

Otra cosa es su polémico contenido. Contamos con un trío protagonista que es presentado en los créditos iniciales con un plano de cada uno que lo define a la perfección: Haka Arakau, filmado de forma misteriosa parcialmente a oscuras; Richard Hardy, trabajando incansablemente en su escritorio, y su mujer Fannie vestida elegantemente (al menos lo que en la época se entendía como elegante) y dirigiendo una sonrisa a cámara. Empieza el drama.

El marido es un corredor de bolsa que trabaja infatigablemente, ella una esposa mimada que se dedica a malgastar todo el dinero de su esposo. Hara es un comerciante de marfil de origen birmano que se mueve en su círculo social. Enfrentado ante ciertas dificultades, Richard pide a su mujer que modere sus gastos a la espera de que suban algunas acciones en las que ha invertido. Un amigo de Fannie le avisa no obstante de que su marido ha hecho una mala inversión y le anima a que le deje 10.000 dólares para invertir en un negocio mucho más seguro. Al no tener dinero a mano, Fannie decide tomar prestada felizmente esa cantidad de la organización local de la Cruz Roja de la que ella es tesorera. ¿Se imaginan el resto? Fannie pierde el dinero y aparece el astuto Hara dispuesto a prestarle la cantidad para que no se descubra nada… a cambio de ciertos favores poco honorables, claro. Ella acepta.

Pero entonces su marido aparece repentinamente con una fortuna que ha ganado gracias a sus astutas inversiones y ella puede recuperar por fin los 10.000 dólares que le prestó Hara. El problema está en que éste no se contenta con que le devuelvan la cantidad e intenta violarla. Fannie le dispara para defenderse y huye. Richard descubre lo sucedido y decide acarrear las culpas para evitar que su mujer pise la cárcel.

¿Es La Marca de Fuego un filme racista? Aunque la respuesta más obvia es sí, hay algunos matices a hacer. De entrada, ¿el argumento podría tener sentido de forma idéntica con un personaje occidental en lugar de Hara? La respuesta es de nuevo, sí. Pero desengañémonos, lo que hace tan especial y fascinante la película es que el antagonista sea un oriental, un elemento externo y diferenciador al resto de personajes. De Mille siempre supo cómo provocar al público y ya desde joven lo demostró.

Lo que es innegable es que la escena final en que se intenta linchar a Hara carecería de sentido si éste fuera un occidental, ya que parecería una reacción absolutamente desmedida. En cambio, siendo éste un oriental, entendemos por qué reaccionan así y se podría entender incluso como un reflejo de los prejuicios raciales de la época.

Por otro lado hay que decir que quien contribuye decisivamente a hacer que el personaje sea tan fascinante es el actor Sessue Hayakawa, primer intérprete de origen oriental que consiguió un notable éxito en Hollywood, especialmente a raíz de este filme. Es cierto que De Mille hace un trabajo espléndido en la forma de presentarle en pantalla pero el gran mérito es de Hayakawa, con una interpretación sorprendentemente contenida para la época, dando a entender claramente su odio y sus impulsos pero sin mostrarlos claramente, manteniendo cierto misterio.

Para la posteridad queda la magnífica escena en que Hara marca a Fannie en la espalda con un hierro ardiente que utiliza para «firmar» sus posesiones. Más allá de lo horrible del acto en sí, simbólicamente está marcándola como si fuera suya, y cabe reconocer que es una escena muy lograda para impactar al espectador.

No pensaron igual los japoamericanos de la época, que se escandalizaron ante la película por la imagen que se daba de ellos. Por eso, cuando se reestrenó años después se cambió la nacionalidad del protagonista de un japonés a un birmano, ya que el porcentaje de birmanos en Estados Unidos era suficientemente minoritario como para que no pudieran montar un escándalo.

Con su ambigüedad moral y su impecable estilo cinematográfico, La Marca de Fuego es una de las grandes películas americanas de mediados de los años 10.

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