La Diosa (Shen Nu, 1934) de Wu Yonggang

Aunque tradicionalmente el cine chino clásico ha estado bastante olvidado en occidente salvo contadísimas excepciones, en las últimas décadas ha habido un interesante proceso de reivindicación y, sobre todo, de difusión de algunas de las grandes películas de dicho país. En lo que respecta a su era muda, no son muchas las obras chinas que han llegado a mis manos, pero sin duda una de las más míticas es La Diosa (1934) de Wu Yonggang.

La protagonista es una joven prostituta cuyo principal objetivo en la vida es cuidar de su bebé. Para su desgracia, una noche conoce a un matón que se encapricha con ella y que la toma como si fuera su posesión, quitándole buena parte del dinero que ella gana y negándole el derecho a escapar. Ella aguanta estoicamente esa situación por el bien de su hijo y esconde parte de su dinero para enviarle al colegio. Pero ahí se topará con los prejuicios de los padres de otros niños.

La Diosa es la clásica historia de prostituta de buen corazón, que se sacrifica por el bien de su hijo ante una sociedad absolutamente hostil. De hecho el principal mensaje de la película es esa denuncia a la hipocresía social, que está poniendo pegas continuamente a los intentos de la protagonista por dar a su hijo una vida mejor de la que ella nunca ha podido tener. De manera que a la práctica ejercen el papel de antagonistas tanto el matón como los padres de los otros alumnos, que no quieren que sus hijos se codeen con estas malas influencias. Hundida después de haber luchado tanto en vano, la única solución que se le ocurre a ella es huir de Shangai a otro sitio donde no les conozca nadie.

El debut a la dirección de Wu Yonggang resulta remarcable por tratar de forma seria y con dignidad el tema de la prostitución. En ningún momento se juzga a la protagonista (se entiende que no tiene elección) ni tampoco se explota el tema con sensacionalismo, sino más bien como una forma de crítica social. Y no deja de ser significativo que ese fuerte mensaje de crítica social estuviera presente también en otra de las grandes obras silentes chinas, Nuevas Mujeres (1935), de nuevo con Ruan Lingyu como protagonista, quien se merece un párrafo aparte.

Uno de los motivos por los que la película es recordada es la formidable actuación de Lingyu, una de las mayores estrellas del cine chino de la época que tuvo una trágica y temprana muerte. Acosada por los escándalos que difundía la prensa sobre su difícil vida sentimental, la actriz se acabaría suicidando en 1935 con tan solo 25 años de edad, convirtiéndola en un mito del cine chino. Su suntuoso funeral fue un espectáculo que no tuvo nada que envidiar al de Rodolfo Valentino años atrás en Estados Unidos.

Viéndola en La Diosa es fácil entender la fascinación que despertaba en el público de la época: no solo era muy atractiva, sino que su actuación transmite una gran naturalidad pese a que este tipo de personajes tan melodramáticos se presten a ciertos excesos. Su magnífico trabajo es uno de los aspectos del filme que más se quedan en la mente del espectador y que lo diferencian de otras muchas obras de la época con tramas melodramáticas similares.

El otro gran punto fuerte es la propia dirección de Yonggang: fluida y muy visual, utilizando el mínimo posible de rótulos. El cine sonoro por otro lado no tardaría en llegar a China, de forma que La Diosa acabó siendo un vestigio de una época que ya se había superado en occidente pero que en oriente aún estaba dando sus últimos coletazos.

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