Los ojos de Ben Turpin

Ben Turpin es uno de los cómicos más icónicos del cine slapstick por un rasgo físico muy concreto que salta a primera vista: sus ojos bizcos. No obstante uno se formula inevitablemente la pregunta: ¿era Ben Turpin bizco de verdad o formaba parte del papel?

Indagando un poco he descubierto que en realidad no nació bizco, y de hecho se puede verificar con algunas de las pocas fotografías que existen de él de joven (como la que hay más abajo) o las que comparte en este blog el autor de su biografía. Resulta pues innegable que la bizquera de Turpin surgió como un recurso humorístico que le distinguiera de otros actores cómicos. Pero entonces, ¿por qué no existen fotografías de él de su época como actor de slapstick sin bizquear? Incluso Buster Keaton, que cuando veía una cámara se quedaba serio para mantenerse en su personaje en todo momento, tiene algunas imágenes en que se le ve riendo, después de todo no es posible mantenerse siempre en personaje o evitar que te hagan una fotografía relajado en el ámbito personal.

Según la leyenda, Turpin se quedó bizco en su época en el vodevil de tanto bizquear sobre el escenario para interpretar su personaje cómico, y sencillamente un día se despertó con un ojo bizco.

«Mis ojos eran normales cuando empecé, no tenía tan mal aspecto. Pero tanto practicar y actuar como Happy Hooligan bizqueando para el papel los dejaron así. Una mañana me levanté y me miré en el espejo. ¡Mi ojo derecho estaba bizco y yo no lo estaba bizqueando a propósito!
Lo froté con mis ojos, pensaba que lo podría devolver a su sitio, pero no funcionó. (…) No sabía qué hacer, así que simplemente lo dejé así. (…) Al principio lloré. Pero me rehice rápido y pensé que quizá había algo de verdad en esa frase de «es mejor así». No me preocupé mucho aunque pensé bastante en ello«.

Obviamente solo Turpin sabe si eso es cierto o fue una historia que se inventó, pero conviene recordar que se pasó muchos años interpretando a ese personaje bizco en el escenario unas dos veces al día durante 10 o 15 minutos por actuación. Lo que sí es verdad es que pronto descubrió que podía solucionar esa bizquera con una operación relativamente sencilla, pero jamás lo hizo. ¿Por qué? Pues porque eventualmente esos ojos bizcos se convirtieron en su marca personal y la clave de su éxito. Tal es así que los aseguró por 25.000 dólares por si acaso un día volvían a estar normales. Esto puede que fuera otro truco publicitario de la época, pero es innegable que este defecto físico acabó convirtiéndose para Ben Turpin en su pasaporte para la fama y la fortuna después de tantos años trabajando duro en el mundo del vodevil.

Bibliografía:

For Art’s Sake: The Biography & Filmography of Ben Turpin de Steve Rydzewski.

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