Hoy les traemos la primera adaptación cinematográfica que se conoce del famoso relato de Ali Baba y los cuarenta ladrones, realizada por uno de los grandes cineastas de los primeros años del medio, Ferdinand Zecca. Como todas las obras de esa época, el filme se compone de varios retablos/planos generales que todavía le dan una cierta apariencia teatral, pero que en este caso se compensa por el magnífico uso del color mediante el proceso Pathécolor, que es lo que le da vida a la película.
Mes: marzo 2021
La Mudanza (Cops, 1922) de Buster Keaton y Edward F. Cline
Aunque a la hora de valorar la carrera de grandes cineastas siempre tendemos a fijarnos en sus largometrajes (que es el formato «estándar» actual de consumo de películas), en el mundo del slapstick es innegable que algunos de los más grandes logros del género se encuentran en el terreno del cortometraje (de hecho en algún caso como Laurel y Hardy creo que ninguno de sus largos está a la altura de sus cortos o mediometrajes). Además resulta especialmente interesante analizar cómo algunos de los cortos de Chaplin, Harold Lloyd o Buster Keaton ya empiezan a anticipar algunas de las ideas que luego explotarían en profundidad en sus largometrajes más célebres, como podemos comprobar en el filme que hemos seleccionado hoy de Keaton, La Mudanza (aunque me gusta más su título original: Cops).
La película se inicia con uno de esos gags de confusión que tanto gustaban en el slapstick y que solo un año después Harold Lloyd retomaría en El Hombre Mosca (Safety Last, 1923): Buster habla con su chica tras unas rejas que les separan… y que luego comprobamos que no corresponden a la cárcel sino a la entrada de la mansión donde vive ella, por tanto lo que les impide estar juntos es su diferencia social; de hecho, ella se niega a aceptarle como pretendiente hasta que no sea un exitoso hombre de negocios. Dicho y hecho, Buster encuentra una cartera con dinero y se dirige a la ciudad para convertirse en un hombre de provecho. Pero las cosas no salen como tenía previsto, ya que un hombre le estafa haciéndole creer que le vende unos muebles que en realidad pertenecían a una familia que se está mudando y, mientras los transporta en un desvencijado carro, irrumpe ruidosamente en un desfile de la policía y acaba siendo perseguido por cientos de agentes de la ley.
El joven ayudante de dirección de Ben-Hur (1925)
Tal y como les explicamos en su día referente al complejo y costoso rodaje de Ben-Hur (1925) de Fred Niblo, la famosa carrera de cuadrigas fue una de las escenas más difíciles de filmar de la época y para ello se congregó literalmente a miles de extras para que llenaran las gradas. Dado que era imposible que una sola persona pudiera controlar a todos los extras, se hizo un llamamiento masivo para reclutar a los asistentes de dirección que hubiera disponibles en aquel momento. Entre los que acudieron había un joven de 23 años que trabajaba en otro estudio, la Universal, que se llamaba William Wyler.
Wyler era primo de Carl Laemmle, fundador de la Universal, famoso entre otras cosas por su tendencia a contratar a familiares en cualquier puesto disponible. No obstante, Wyler por entonces tampoco gozaba de una posición privilegiada: empezó haciendo trabajos muy pequeños que no se tomaba muy en serio e incluso en una ocasión llegó a ser despedido. Pero en cierto momento se dio cuenta de que le gustaría poder dirigir películas y decidió esforzarse para conseguirlo. No fue en vano, en la época de Ben-Hur ya había sido ascendido a asistente de dirección y ese mismo año dirigiría sus primeras películas (mayormente westerns baratos).
El Golem (Der Golem, wie er in die Welt kam, 1920) de Paul Wegener y Carl Boese
Una de las películas más importantes que el año pasado cumplió un siglo es El Golem (1920) de Paul Wegener. Eso sumado a la reciente restauración que recientemente salió a la venta nos sirve de excusa perfecta para dedicarle una entrada detallada a la que es una de las obras maestras del cine mudo alemán.
Todo empezó cuando el actor de teatro Paul Wegener estaba filmando en Praga la primera versión cinematográfica de El Estudiante de Praga (1913), codirigida por él y Stellan Rye. En medio del rodaje, Wegener se enteró de una leyenda local judía sobre un rabino que en la Edad Media dio vida a un golem para proteger a los habitantes de su gueto. Fascinado por la historia, Wegener se propuso convertirla en película, y de ahí surgiría El Golem (1915), codirigida por él y Henrik Galeen. Por desgracia dicha versión está perdida, lo cual supone una enorme pérdida porque las escenas que sobreviven resultan muy prometedoras (en su momento ya comenté los pocos fragmentos que pude ver en Le Giornate del Cinema Muto del 2017). Lo interesante de esta versión es que Wegener la situaba en la época contemporánea – el presupuesto no daba para recrearla en la Edad Medieval – pero el director quedó muy poco satisfecho con el resultado. A ésta le seguiría una especie de secuela en clave humorística, El Golem y la Bailarina (Der Golem und die Tänzerin, 1917) también codirigida por Wegener, quien encarnaba a un actor que se disfrazaba de golem para impresionar a una bailarina en un baile de disfraces. De nuevo se trata de una película perdida que, si bien no parece tan prometedora como El Golem (1915), tiene como aliciente tanto sus juegos metacinematográficos (con Wegener encarnando a un actor que ha interpretado a un golem en una película) como la idea de extraer partido humorístico a una figura en principio terrorífica (algo que explotarían más a fondo posteriormente cineastas como Tod Browning o James Whale).


