Grandma’s Reading Glass (1900) de George Albert Smith

Volvamos al cine de los orígenes, en esta ocasión de la mano de un viejo conocido, el británico George Albert Smith, uno de los pioneros del medio.

El cortometraje que hemos seleccionado hoy, Grandma’s Reading Glass (1900), tiene como aliciente especial el ser uno de los primeros ejemplos que se conoce de uso del primer plano en la historia del cine. Conviene recordar que en los inicios del cine no existía la escala de planos, todo se filmaba en planos generales entendiendo el cine como una prolongación del teatro, donde por tanto debíamos ver siempre todo el escenario y los personajes moviéndose ante nosotros.

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La magia en El Moderno Sherlock Holmes (1924)

El cine de Buster Keaton siempre ha tenido un alto componente fantástico que fascinaba a los artistas surrealistas de la época como Buñuel o Lorca. De todos sus largometrajes, el que potencia más ese aspecto es esa obra maestra llamada El Moderno Sherlock Holmes (1924).

En este film, Buster interpreta a un proyeccionista que fantasea con atravesar la pantalla de cine y convertirse en un personaje de película que consigue todo aquello en lo que ha fracasado en la vida real. De todos los trucos que nos ofrece Keaton, hay dos que destacan con luz propia y que aunque hoy en día están superados gracias a las posibilidades de los efectos digitales, en aquella época parecían trucos de pura magia.

keaton camara

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La Pobre Niña Rica [The Poor Little Rich Girl] (1917) de Maurice Tourneur

poor little rich girl

La Pobre Niña Rica es una de las numerosas películas que realizó la actriz Mary Pickford encarnando un papel infantil. En el año en que se realizó, 1917, Pickford ya era una actriz muy popular entre el público con sus personajes cándidos e inocentes, que se desmarcaban por completo de la auténtica Pickford, una astuta mujer de negocios que supo administrar a la perfección su carrera.

Esta película narra la típica historia sobre una chica rica (Gwendolyn) que tiene todos los lujos y comodidades que podría desear pero se siente desdichada al no recibir ninguna atención por parte de sus padres ni tener amigos con quien jugar. La premisa algo tópica bordea entre la comedia y el drama, y en la primera parte del film no destaca especialmente más allá de la interpretación de Pickford. La película rebosa por otro lado una inocencia y encanto que con el paso del tiempo se perderían para siempre en el cine: resulta inimaginable hoy día que el público pudiera aceptar a una actriz de 25 años interpretando a una niña de 11 años, y que además ésta saliera airosa no haciendo el ridículo.

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Una cuestión de acentos

Una de las cualidades más interesantes del cine mudo era que, al no conocer las voces de los actores que aparecían en la pantalla, éstos tenían un aire casi fantasmal o irreal. En el momento en que hablaban se perdía ese rasgo único y pasaban a ser seres de carne y hueso. Un periodista de la época desarrolló la idea de esta manera:

El pueblerino que se imaginaba que, en caso de que la Señorita X le susurrara «Te quiero», sonaría como una mandolina, ahora escucha a su diosa hablar como una dependienta de tienda masticando chicle. El devoto del seductor carácter inocente de la Señorita Y ahora la mira bajo la triste luz de los «talkies» como una mujer de mediana edad con la voz de una mujer de mediana edad. El granjero que antaño soñaba con la Señorita Z como una exótica y misteriosa dosis de polvo de cantárida ahora la verá simplemente como una inmigrante obesa con músculos sobredesarrollados asistiendo en la negociación de un inglés «pidgin»«.

microfono horror

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Nosferatu (1922) y sus problemáticos derechos de autor

El lenguaje de las sombras - Murnau, primeros años y Nosferatu (parte 2) 052

Nosferatu (1922) es una de las películas más emblemáticas de la historia del cine, pero lo que no se suele recordar es que todo lo que rodeó su producción fue bastante particular y puso en peligro la supervivencia de una de las mayores obras maestras del cine mudo.

De entrada el film no era una producción de la UFA (el estudio responsable de la mayor parte de grandes películas de la época) sino de Prana Film, una productora que se creó con la idea inicial de realizar películas sobre temas sobrenaturales pero que a la práctica sólo produjo Nosferatu. El impulsor del proyecto fue  Albin Grau, un personaje de lo más peculiar. Obsesionado por este tipo de temática y perteneciente a fraternidades esotéricas que rozaban la masonería, tuvo la idea de hacer una película sobre vampirismo cuando durante la I Guerra Mundial conoció a un granjero serbio que le contó que su padre era un vampiro. Cualquier persona se habría tomado eso como una anécdota extravagante, pero para Grau se convirtió en la motivación para hacer una película sobre el tema.

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