Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (II): 4, 5 y 6 de octubre

teatro verdi

A causa de su carácter más modesto respecto a otros festivales en lo que a recursos se refiere (que no en cuanto a programa), Le Giornate del Cine Mudo se concentra en un solo recinto, el Teatro Giuseppe Verdi, donde se proyectan la totalidad de las películas. El recinto fue reformado recientemente y, al ser un teatro, cuenta con un foso en que los músicos pueden interpretar el acompañamiento de las películas a piano, que casi siempre ha sido excelente. El programa además tiene el detalle de acreditar el pianista que acompaña cada proyección, lo cual nos permite constatar que el festival ha congregado a intérpretes de todos los países (sospecho que el oficio de pianista para películas mudas no está en alta demanda y no muchos pueden desaprovechar un evento así).

Sin más preámbulos comencemos la crónica de los tres primeros días (algunas de las películas que cito las reseñaré de forma más extendida en el futuro).

4 de Octubre

Por problemas logísticos, no pude asistir a las primeras proyecciones pero sí acudí al pase de la película When a Man Loves (1927) de Alan Crosland (más conocido como «el tipo que dirigió El Cantor de Jazz«). Aunque ya se habían visto otras películas antes, ésta fue oficialmente la proyección inaugural del festival, precedida por un discurso del director del mismo, David Robinson, que se inició con las emotivas palabras de «Welcome home!».

La idea de esta sesión era recrear lo que sería un programa completo de cine en América en 1927, y de hecho con la entrada daban una reproducción de lo que sería un folleto de por entonces con dicho programa (por si algún lector no lo sabe, antes de la proyección de un largometraje siempre le precedían algunos cortometrajes, de manera que una entrada de cine equivalía más a una pequeña programación de films que al visionado de solo una película). En este caso, no pude dejar de pensar en lo irónico que era que los cortometrajes que preceden al film inaugural de un festival de cine mudo sean… ¡cortos sonoros destinados a mostrar las maravillas del Vitaphone!

whenamanloves

Pasando a When a Man Loves, ésta formaba parte del ciclo dedicado a los Barrymore y, resumiendo mucho, se trata de un film basado por completo en el excepcional carisma de John Barrymore. La clave está en cómo logra mantener el contrapunto cómico del personaje combinándolo con su faceta de galán heroico (algo parecido a lo que hacía Douglas Fairbanks). A cambio el argumento avanza un poco a trompicones y la dirección de Crosland es correcta, pero cabe reconocer que pese a sus dos horas resulta muy entretenida y Dolores Costello está encantadora. Como curiosidad, al final hay una escena con sonido sincronizado, algo típico de la época que encaja con los cortos de antes al recordarnos que el film se hizo en los años de transición al sonoro.

5 de Octubre

Empezamos el día con una película alemana recientemente redescubierta, Das Frauenhaus Von Rio (1927) de Hans Steinhoff, clásico director comercial de la época que despachaba películas de buena calidad media y exitosas sin detenerse en aspectos artísticos. Para mí era un gran aliciente sobre todo por tratar un tema tan comentado en aquella época como es la trata de blancas pero me resultó algo decepcionante. A la práctica el film deja algo de lado ese tema hasta el final y se centra en cómo un delincuente de poca monta urde un plan para vengarse de un mafioso que tras su actividad fraudulenta esconde una vida respetable con mujer e hija (ya supondrán que el blanco de su venganza será la hija). Bien filmada con alguna escena especialmente destacable (el momento en que el delincuente se imagina su respetable vida futura sentado en una oficina), pero tampoco memorable.

frauenhausvonrio

Le siguió la magnífica Regeneration (1915) de Raoul Walsh dentro del programa Canon Revisited, y pude volver a comprobar la forma tan audaz como Walsh consiguió hacer un retrato del mundo del hampa integrado con un estilo auténticamente sucio y callejero. Un clásico.

Seguimos con los Barrymore. La primera fue una película incompleta de Ethel Barrymore, The Awakening of Helena Richie (1916), de la que a la práctica solo pudimos ver la presentación de los personajes y poco más. La siguiente es la película más antigua que se conserva de su hermano John, The Incorrigible Dukane (1915), y nos volvió a ofrecer los ingredientes que destaqué de la del día anterior: un John Barrymore que en la primera media hora explota su vis cómica con excelentes resultados (interpreta al malcriado hijo de un millonario que es enviado a la construcción de una presa a ejercer de capataz para «hacerse un hombre» y, por un incidente desafortunado, es confundido con un vagabundo), y en el tramo final se convierte exitosamente en un héroe al desbaratar un plan de corrupción relacionado con la presa. Al ser más breve que When a Man Loves creo que su visionado resulta más agradecido y pasa volando. De nuevo, bravo por John.

Pasamos a la selección de cine de los orígenes del día, esta vez cortos de estilos muy distintos que tenían como rasgos en común el estar relacionados con el mundo del automóvil: dos cortos documentales que a partir del viaje de los protagonistas por las montañas se dedicaban a mostrar la belleza de la naturaleza (uno destacaba por el excelente coloreado, el otro por lo contrario, ya que el blanco y negro le daba a los paisajes un tono casi abstracto magnífico), unos cuantos relatos cómicos que se basaban en la premisa de «un tipo que es un peligro al volante arrasa con todo y un montón de gente les persigue furiosa» (destaco en concreto Les Débuts d’un Chauffeur (1909) de Géorges Halott), un drama sobre un adulterio con un final exageradamente dramático que hizo reír a los asistentes (una pista, el título es L’Automobile della Morte de 1912) y un muy buen film de suspense sobre un joyero que huye de unos atracadores que le quieren quitar unas joyas, Jewel Thieves Outwitted (1913) de Frank Wilson – ¿quién dice que en esa época sólo Griffith sabía crear suspense?

leonce flirt

Pero el ganador de esta selección es sin duda Léonce Perret con la comedia Léonce Flirte (1913) en la que él mismo encarna a un marido dado a ligotear con mujerzuelas que es sorprendido por su esposa. Ésta huye de casa y él la persigue para reconciliarse, pero a causa de una avería acaban pasando la noche en la casa de un pescador obligados a compartir cuarto sin haber hecho las paces. Esa escena es la que hace que el corto sea tan destacable, con Léonce interactuando directamente con el espectador de forma pícara dándonos a entender cómo está intentando ganarse a su esposa. Cuando consigue que le deje compartir cama, ella señala a cámara avergonzada y ponen un biombo en medio para ocultarse. Por encima del biombo, Léonce hace con las manos un gesto de victoria. Genial.

Dentro de los descubrimientos y restauraciones, pudimos ver la noruega Pan (1922) única obra dirigida por el actor Harald Schwezen basada en una novela muy prestigiosa. Me dejó un sabor agridulce. La primera mitad de película era extraordinaria, de lo mejor que he visto en el Festival. Es la historia del Teniente Glahn, que vive semirretirado junto a su perro en una cabaña en el bosque, haciendo sólo esporádicos contactos con la gente del poblado. Ahí tiene un romance con una chica que se vuelve algo confuso. Y no hay más, la magia está en que prácticamente no hay argumento y el film se concentra en la relación de los personajes (muy bien interpretados, con mucha sobriedad) y, sobre todo, en la relación de éstos con el paisaje, tal y como ya habían hecho antes los suecos Mauritz Stiller y Victor Sjöstrom. En su primera media hora o tres cuartos, Pan me pareció una película increíblemente madura y moderna, pero luego creo que pierde todo ese encanto cuando entran en juego conflictos más contundentes. Para rematarlo hay un largo epílogo en África que se me hizo eterno y previsible, además de romper con la unidad de espacio del resto del film. Siendo una adaptación, entiendo que solo eran fieles al autor, pero aún así me dejó mal sabor de boca. Lástima.

Pan

Encarando el tramo final del día, el ciclo Technicolor nos ofreció la mítica Ben-Hur (1925) de Fred Niblo, y aquí debo confesarles que no iba muy predispuesto a favor del film porque no me gustan los peplums. Pero, qué demonios, al final acabé rindiéndome ante la evidencia de que es un gran entretenimiento y que salvo el tramo final dedicado a Jesucristo, el resto pasa volando. No entraré aquí en detalles sobre su rodaje, pero Ben-Hur es una muestra perfecta de Hollywood llevado a su máxima expresión: es tan épica, tan grandilocuente, tan excesiva, tan todo que resultaría ridícula si no estuviera impecablemente acabada. Realmente una película en que se trata la vida de Jesucristo como un mero argumento secundario es cualquier cosa menos modesta.
A destacar la escena de la carrera de cuadrigas (si pueden verla en pantalla grande, sigue siendo espectacular) y las escenas dedicadas a Jesús coloreadas dándoles un tono más pictorialista y artístico.

Le siguió una película breve con Lionel Barrymore, The Strong Man’s Burden (1913) de Anthony O’Sullivan, en que encarna a un policía que tiene a un hermano delincuente. Historia típica pero bien resuelta. Y acabamos el día con otro descubrimiento, el film italiano I Guffi della Caverne (1913) de Achille Consalvi, típica producción sencilla de la época sin grandes ambiciones más allá de causar emociones fuertes al público. Entretenimiento que en sus 20 minutos tiene tiempo de hablar de organizaciones criminales secretas, chantajes y dos hermanos que se reencuentran. En los años 10 los cineastas iban directos al grano.

benhur

6 de Octubre

Empezamos el día con más Lionel Barrymore: The Copperhead (1920) de Charles Maigne, basada en una obra teatral que el actor había protagonizado en Broadway con gran éxito, de forma que esta adaptación fue planteada como una gran producción que funcionaría con toda seguridad en taquilla. Es una de esas películas con un sabor tan auténticamente americano que puede atragantarse un poco. Ambientada en la Guerra de Secesión, es un drama sobre un granjero que finge ser sudista (el título es el nombre con el que se conocía a los simpatizantes del bando sureño) para conseguir información secreta. En definitiva, un drama patriótico un tanto alargado en su último acto que se basa sobre todo en el personaje de Barrymore. También sale Abraham Lincoln interpretado por un tipo que espero que le hubieran maquillado en exceso porque parecía una estatua de cera viviente.

Me estrené con el ciclo de comedias Protazanov con El Sastre de Torzok (1925), y si bien no sabía qué esperar de estos films, mi primera toma de contacto fue más que positiva. Una comedia de enredos muy divertida con un protagonista bobalicón en la línea de Harry Langdon o Stan Laurel que se enfrenta a una casera viuda que se quiere casar con él contra su voluntad (él prefiere a una vecina mucho más joven y bonita, y no podemos culparle). Hacia el final aparece también un billete de lotería que acabará de enredar aún más la trama y dará pie a un desenlace frenético (de hecho la premisa inicial era hacer un film que promocionara la lotería del estado, pero el guión no toca el tema hasta la mitad del metraje). Muy simpática y bien acabada, además de contar con un buen protagonista cómico, Igor Ilinsky, el film conoció un éxito enorme en la URSS. No me alargo más porque volveremos a Protazanov e Ilinsky más adelante.

protazanov sastre

Le siguió el primer encuentro dentro del ciclo Barrymore con la hermana, Ethel. El film es The White Raven (1917) de George D. Baker, un drama sobre una mujer de mala vida que urde una venganza contra un socio de su padre que le arruinó por completo. A destacar la fuerza que le imprime Ethel a la protagonista (no conozco muchas actrices de esa época capaces de dotar de carácter a personajes así) en una historia por otro lado tan prototípica como fácil de enganchar al espectador (¿a quién no le gustan las venganzas?). Por otro lado, me fascina el increíble parecido entre los hermanos, pero sobre todo entre Ethel y Lionel. ¡A veces viendo a ésta me da la sensación en algunos planos de estar viendo a Lionel con peluca! ¿Sólo me pasa a mí? Quizá es que dormí demasiado poco estos días y no es bueno a mi edad…

La sesión de tarde empezó de forma inmejorable con mi favorita del día e incluso una de mis predilectas de todo el festival: Synthetic Sin (1929) de William Seiter. Pero primero de todo una pregunta: ¿conocen a Colleen Moore? Estoy casi seguro de que no. Fue una de las actrices de éxito de la época asociadas a la estética flapper, como Louise Brooks o Clara Bow, pero al no quedar apenas obras suyas visibles, ha caído injustamente en el olvido. La historia es así de injusta.

Sirva esta introducción para hacer un contundente alegato a favor de Colleen Moore, a la que yo no había tenido el placer de ver en acción hasta ahora. Al menos en esta película está extraordinaria. Tiene una comicidad apabullante, pero además de hacer reír mantiene un encanto especial que la hace irresistible. La película es ella. Desde que empieza, se apodera cruelmente de la cámara y no deja ni una migaja a sus compañeros. Se adueña de cada escena en que aparece ya sea con su cándida inocencia (interpreta a una chica de buena familia que para ser actriz decide probar lo que es la «mala vida» en un hotel de mala muerte de Nueva York) o con sus números cómicos (la escena en que intenta probar sus dotes interpretativas arrancó algunas de las risas más sonoras del Festival e incluso el público le dedicó un aplauso espontáneo). Una comedia ligera, entretenida, con un guión simple pero bien hilado y una protagonista irresistible. Por favor, queremos más, espero que haya más películas suyas disponibles y que estén a la altura.

colleen moore

De una comedia tan ligera pasamos a una de las sesiones que más me interesaba aunque no era de fácil visionado. Se trata de una serie de films japoneses de los orígenes, que suscitaban mi atención porque son películas extremadamente difíciles de encontrar – o al menos para mí lo está siendo – y era la primera vez que podría ver unas cuantas. Se hacen difíciles de digerir porque son films pensados para ser vistos con el comentario de un benshi (en el siguiente post volveremos a esto) y además el cine japonés de esa época era muy estático para nuestros cánones. Para mí fue fascinante porque era muy diferente al cine que se hacía en occidente en esos mismos años, tanto por ese estilo tan primitivo como por el contenido, pero hubo parte del público que comprensiblemente se aburrió.
Los cuatro primeros films eran más breves y basados cada uno en un mismo plano, mientras que el quinto duraba media hora e incluía montaje además de, afortunadamente, subtítulos con el comentario del benshi para que entendiéramos el argumento. Se titulaba El Gran Incendio de la Puerta Kaminarimon (1916) y contaba con uno de los mayores actores mudos japoneses como protagonista, Matsunoke Onoe. A destacar para mi gusto las escenas de lucha. No es que se note que estén coreografiadas, es que son coreografías. No solo no se oculta sino que se busca a propósito que tengan ese estilo tan estilizado y rítmico huyendo de cualquier realismo. Una sesión única y muy especial.

incendio puerta kaminari

La mayor decepción del día y una de las mayores del festival fue otro redescubrimiento, en este caso una versión alemana de Lady Hamilton (1921) dirigida por Richard Oswald que fue planteada como una gran producción de prestigio. La aparición del gran Conrad Veidt como Capitán Nelson nos las hacía prometer felices, pero el film acaba siendo plomizo, largo (dos horas), con una dirección rutinaria que no saca partido de sus ingredientes y terriblemente carente de interés salvo por la actuación del ya mencionado Veidt. Que tras dos horas de películas uno tenga la sensación de no haber conocido del todo a la protagonista no es una buena señal. Prescindible del todo.

Acabamos la jornada con una serie de cortos de cine de los orígenes provinientes de la Associazione Italiana per le Ricerche di Storia del Cinema, en los que encontramos de todo. Algunos a destacar: The Vacuum Cleaner Nightmare (1906) sobre una aspiradora que lo aspira absolutamente todo, incluyendo un vagabundo al que convierte en un atractivo hombre trajeado; un par sobre niños haciendo gamberradas que esperemos que hayan acabado en un reformatorio (Toto s’Amuse (1907) en que el tal Toto tiene un concepto algo peculiar de lo que es divertirse, y L’Encrier Perfectionné (1910) con un final que ya se adelanta a Cero en Conducta (1933) de Jean Vigo); Un Atleta di Nuovo Genere (1909) sobre un gitano que ataca a la gente a barrigazos (una lástima que el tipo disfrazado de oso no adquiera más protagonismo); o Il Cane di San Bernardo (1907), un elogio a la labor de rescate de esta raza de perros.
Menciono por último mis dos favoritos. El primero es Une Maison en Réparations (1909), divertidísima comedia sobre un matrimonio que intenta trasladarse a su nueva casa estando aún en obras. El segundo era mi gran aliciente de este ciclo, El Poder del Amor (1911) del danés August Blom, uno de los directores más importantes de la época. Es un drama de apenas media hora que resulta sorprendente para el año en que se produjo por la relación tan humana y cálida que esboza entre sus dos protagonistas. No me decepcionó.

maison reparations

Enlaces al resto de las crónicas del Doctor Caligari en Pordenone:

pordenone 2014 1

pordenone 2014 3

pordenone 2014 4

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