Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (III): 7 y 8 de octubre

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Le Giornate del Cine Mudo tiene la ventaja de que las proyecciones se hacen en un mismo sitio de 9 de la mañana a 11 o 12 de la noche y por tanto no se pisan entre ellas… a no ser, claro está, que uno quiera acudir a algunas de las charlas que se dan en paralelo en el Auditorio de detrás del teatro. Por las mañanas tienen lugar clases especiales donde se enseña cómo hacer el acompañamiento musical adecuado a películas mudas, impartidas por un pianista y con algunos ejemplos ilustrativos. En los últimos días dos de los músicos asistentes a estas sesiones acompañaron la proyección de algunos cortos.

Además, durante la pausa del mediodía algunos expertos dieron charlas sobre temas relacionados con el programa, como el cine de Protazanov, el Technicolor o Chaplin. Yo pude acudir a un par de estas conferencias y fueron muy interesantes aunque desafortunadamente breves. En todo caso es de agradecer el esfuerzo de la organización por organizar estas charlas totalmente gratuitas a las que puede acudir cualquier persona sin acreditación.

Y sin más dilación, sigamos con la crónica.

7 de Octubre

El martes fue uno de los días más intensos para un servidor, comenzando como es habitual con una ración de Barrymore, en este caso Lionel con Jim the Penman (1921). El film tiene lugar en el mundo de la bolsa y las altas finanzas, y tiene como protagonista a un hombre cuya insólita facilidad para falsificar firmas le lleva a enriquecerse y casarse con la mujer que ama, aunque a costa de engañarla. De nuevo muy destacable la interpretación de un torturado Lionel y el clásico final algo excesivo.

Un rasgo que aprecio mucho de estos films de los Barrymore es que en general no son grandes películas, pero reflejan muy bien el nivel medio del cine americano de finales de los 10 y principios de los 20. En general tendemos a conocer de esa época las grandes películas, pero creo que resulta muy instructivo ver también las obras simplemente notables, dirigidas por cineastas desconocidos para la mayoría de nosotros (Kennetth Webb, Charles Maigne, John W. Noble, James Durkin… ¿alguno les suena?) y que siguen líneas argumentales bastante estandarizadas: venganzas, personajes con remordimientos que acaban pagando por sus malos actos, sorpresas finales fáciles de intuir, clímax de suspense al límite, etc. Si de esos años uno ve solo películas de Chaplin o Erich von Stroheim conocerá las grandes joyas de esa época, pero no cómo era el film medio típicamente americano. Este ciclo de los Barrymore no sólo nos ha permitido redescubrirlos a ellos como actores sino tener una visión general de las típicas obras de calidad de Hollywood que no se encontraban tampoco entre sus grandes logros.

jim penman

Seguidamente tuvimos unos cuantos cortos de animación ucraniana, que en general eran o bien de corte político o trailers de films. Para mí el más curioso de todos fue el trailer de El Undécimo Año (1927) de Dziga Vertov, al ser un cruce entre el clásico trailer hollywoodiense que busca crear grandes expectativas y el estilo experimental del cine soviético de la época. Básicamente es una animación abstracta que durante varios minutos nos anticipa la llegada de una grandísima película que sin duda cambiará nuestras vidas. Al acabar se nos dice el título. No tenemos ni idea de qué va el film, pero nos la ha anunciado como algo tan grande que cualquiera se lo pierde…

A continuación pudimos ver una serie de cortometrajes del programa de inicios del Technicolor, aunque en realidad lo que mostraban estos films en concreto eran algunos sistemas de coloreado que se fueron patentando en los inicios del cine hasta que el Technicolor se impuso a sus competidores (desde el coloreado a mano a sistemas como el Prizma Color, el Kelley Color, Pathécolor, Multicolor, etc.). Según el tipo de coloreado el resultado era más o menos solvente, aunque si algo queda claro es que, salvo el último film tratado en Multicolor, el resto no eran competencia al Technicolor.

Pasemos a algunos ejemplos. Vimos la única secuencia en color de una película en blanco y negro llamada Fighting the Flames (1925) en que se enfatizó la presencia del fuego en la escena del rescate final tintando las llamas de rojo. También resultó curioso un cortometraje llamado Coloring the Stars (1926) que básicamente se dedicaba a filmar a estrellas de Hollywood en su tiempo libre con el aliciente de que el público podría verles en color. Es uno de esos cortos que servía de excusa para exhibir un sistema de color nuevo y encontrar financiación.

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Colorful Fashions from Paris, (1926) un film que usa el Technicolor para mostrarnos el último grito en moda parisina

Uno de los más divertidos sin duda fue Le Home Moderne (1929), en que a lo largo de tres minutos nos sugería con qué colores empapelar las diferentes habitaciones de nuestra casa… según los estándares de 1929, claro. El momento culminante llegó cuando se nos mostró la propuesta para decorar un despacho: ni más ni menos que empapelarlo de color rosa. Tomen nota.

Changing Hues (1922) utilizaba un sistema de coloreado muy pobre pero tenía la gracia de que jugaba con la autorreferencia: el film, que está en blanco y negro, nos muestra a un pintor que le pregunta a una chica por qué siempre va vestida de gris cuando el color que más le pega es el rosa (¡otra vez el rosa!). La chica tinta su ropa y entonces el color de la ropa en la película pasa a ser el del tinte. La última muestra fue la escena final de una película americana, Married in Hollywood (1929) de Marcel Silver, que tiene lugar en el mismo rodaje de un film. El sistema que usaron aquí, Multicolor, es sin duda el más efectivo de todos los que vimos, y de hecho acabó siendo el único competidor serio al Technicolor.

La siguiente proyección llevaba como título Frank Ormiston-Smith, el joven padre del cine de montaña y se trataban de varios cortometrajes filmados en terrenos montañosos, desde esquiadores haciendo saltos con más o menos suerte (los vídeos graciosos de caídas no nacieron con Youtube, aquí hay una buena cantidad de ejemplos) a la excursión de una serie de personajes por un evocador paisaje nevado. Curioso.

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Pasamos al ciclo de comedias de Protazanov y, atención, porque la cosa se pone seria ya que El Proceso de Tres Millones (1926) es una de mis absolutas favoritas de todo el festival. Definitivamente ésta es una de esas películas de las que necesito hablar con más calma, así que me reservo detalles para un post que publicaré en breve. De entrada decir que es una comedia absolutamente hilarante que cuenta con tres ladrones protagonistas: uno de poca monta (nuestro viejo amigo Igor Ilinsky, a quien ya mencioné en El Sastre de Torzok, repitiendo mismo tipo de papel cómico), uno de guante blanco y… ¡un banquero! A partir del robo de tres millones de rublos se siguen una serie de situaciones que crítican la codicia de una sociedad avariciosa, pero sobre todo sin perder el sentido del humor. No es un film aleccionador, es una comedia de enredo ligera y con muy buenos gags. A reivindicar desde ya.

El tercer Barrymore del día (me salté el segundo por ser un film incompleto y necesitar de un poco de descanso y exposición a la luz del día) fue The Call of Her People (1917) con Ethel. El argumento parte de las típicas historias sobre niños secuestrados por gitanos que luego se reencuentran con sus padres (¿no les suena de algunos cortos de Chaplin y Griffith?) así como del conflicto entre el espíritu gitano y la sociedad tradicional americana.

En este caso nuestra amiga Ethel es la niña secuestrada por gitanos… y, ay, la imagen inicial de una Ethel Barrymore de casi 40 años tocando la guitarra al lado del río con una larga melena gitana es inolvidable (un rasgo que me encanta del cine mudo es ver a actores de cierta edad haciendo de jóvenes, como Mary Pickford insistiendo en sus personajes de joven inocente a medida que pasaban los años o, sin ir más lejos, en el film de Lionel Barrymore que vi ese mismo día se le describía como «un joven» sin ningún maquillaje que escondiera sus 40 años). Una vez retorna a su auténtica familia entrará en conflicto su espíritu indomable con la ordenada vida de clase alta de su padre. Como sospecharán, por ahí anda un hombre que se enamorará de ella y otro gitano que intentará que retorne para esposarla. La película se anima mucho en su frenético tramo final con una persecución algo salida de madre (¿cómo pueden salir tantos perseguidores de un pequeño pueblecito?) pero aún así muy emocionante… lástima que el desenlace se haya perdido y no sepamos qué fue al final de Ethel. Se lo dejo a su elección.

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Le siguió una auténtica obra maestra que ya conocía pero tenía ganas de ver en pantalla grande: El Tesoro de Sir Arne (1919), mi película favorita de Mauritz Stiller y una de las mejores películas del cine escandinavo de la que me niego a hablar en un sólo párrafo, así que ya le dedicaré un post más adelante. Uno de mis momentos favoritos del día, y por cierto un acompañamiento musical especialmente inspirado.

La sesión de noche estuvo enfocada a oriente y contó con un par de sorpresas muy interesantes. La primera fue la proyección de unos cortometrajes acompañados por la interpretación del benshi Ichiro Kataoka (si no saben qué es un benshi, me ahorro la explicación porque ya la di en un post al que les remito). Según David Robinson, la idea surgió de pensar una manera original de celebrar el centenario de la creación del personaje de Charlot, y para ello se les ocurrió reflejar la universalidad del personaje con una proyección de algunos de sus primeros cortos de la época Keystone con la interpretación de un benshi. Pero primero vimos un mediometraje japonés de la época, Kenka Yasubei (1928) con su acompañamiento verbal. Tiene como protagonista a un samurai alcoholizado y dado a la mala vida que defrauda a su tío al no poder ayudarle en un enfrentamiento. Arrepentido, se propone vengarle luchando él solo contra todo el clan culpable de su muerte. Bastante bien.

Sobre los films de Chaplin no vamos a entrar ahora, pero simplemente decir que deslució un poco el hecho de que los comentarios del benshi no estuvieran subtitulados como se hizo en las proyecciones en la Filmoteca de Barcelona y de Madrid que mencioné en el post anterior, de forma que su interpretación sirvió más como un complemento a las películas. Decir como curiosidad que en Japón había un benshi especializado en narrar los films de Charlot llamado Ichiro Sugiura, que llegaba al punto de disfrazarse como el actor inglés en sus interpretaciones.

kenka yasubei

La siguiente sorpresa de la noche fue una película china, Pansidong (1927) de Darwin Dan, que fue presentada por el nieto del director. Aunque el film tuvo un éxito extraordinario en su momento (adaptaba una leyenda muy conocida por el público, los actores eran estrellas y se invirtió un gran presupuesto en ella), estuvo desaparecida al igual que la mayoría de obras de su director. Se la daba por irremediablemente perdida hasta que el 2012 fue hallada una copia en… ¡Oslo! Gran parte de la magia de los descubrimientos de películas perdidas es que a menudo aparecen copias en los sitios más insólitos (recuerden sino el metraje recuperado de Metrópolis en Buenos Aires).

A la película le faltaban los primeros rollos, lo cual implica que no se ve en imágenes el inicio de la trama y, lo más importante, que nos quedamos sin una escena erótica con desnudos femeninos (según parece, Dan era conocido por el alto nivel de erotismo de sus películas… y estamos hablando de los años 20). El estilo no se parece en nada al de las pocas películas chinas que he podido ver de esa época como Street Angel (1937) de Mu-jih Yuan, que sigue una línea realista. Ésta tira por derroteros fantásticos y eso me gusta. No sé si entendí bien la trama, pero la idea es que un monje budista emprende un viaje junto a (ojo al dato) un hombre mono y un hombre cerdo, pero en el transcurso de sus aventuras se adentra en una cueva donde varias mujeres lideradas por una mujer-araña gigante intentan seducirle para quedarse con su alma. El monje intenta resistirse mientras sus compañeros van al rescate.

Dejando de lado aspectos que ya se imaginarán como el encanto de las escenas de magia con los efectos especiales de la época, los decorados o lo bizarro que resulta todo para un occidental, hay algo que me sorprendió muy gratamente de la película y es su increíble sentido del humor. Los rótulos están plagados de comentarios irónicos que siguen siendo graciosos vistos en una época y cultura radicalmente diferentes de la China de los años 20. De hecho han sobrevivido mucho mejor al paso del tiempo que muchos de los chistes que podéis ver en rótulos de películas americanas. Aparte de ese detalle, la película es entretenida (¿cómo no va a serlo teniendo entre sus protagonistas a un tipo con una cabeza de cerdo?) y mantiene su encanto.

pansidong

8 de Octubre

Empezamos el miércoles con el ciclo de Technicolor, en concreto con un largometraje filmado con el sistema que fue su gran competidor a principios de los años 20: el Prizma Color. El film es The Glorious Adventure (1922) de J. Stuart Blackton, del que no esperaba mucho y efectivamente así fue. Es un lujoso drama de época que en su momento se publicitó a lo grande por ser el primer largometraje filmado íntegramente en Prizma Color, y si bien el uso que hace de los colores está muy cuidado, la película en sí es del montón. El hecho de que al inicio se vea la mano del director firmando orgullosamente su crédito como realizador y que su nombre salga en todos los rótulos, ya da a entender que era un proyecto ambicioso. Pero es cine academicista con muchas ínfulas en su peor expresión, es decir, entendiendo que cuanto más literario sea, mejor será el film: una cantidad insoportable de rótulos con muchos diálogos, docenas de personajes que se nos presentan hasta perdernos aún cuando solo unos pocos son de relevancia… Lo único destacable es el gag final en que se juega con un recurso muy típico del cine mudo, que es introducir a cada personaje con su primer rótulo de diálogo, de modo que acabamos descubriendo de esa forma que la mujer de malas pulgas es la esposa del bruto que pretende llevarse a la chica.

El siguiente evento no fue un film sino una interesante conferencia de Ichiro Kataoka sobre los benshi en que además nos puso algunos audios de ejemplo de los benshi más destacados de la época. Como no creo que tenga sentido resaltar aquí los datos más relevantes de la charla, los he añadido  en el post que escribí sobre benshi para complementarlo.

gloriousadventure1922

La sesión de mañana se cerró con varios cortos alemanes de inicios de la primera década del siglo XX que tanteaban con el sonido. Consistían en números de operetas y canciones populares en que los actores simulaban cantar y que luego imagino que debían proyectarse con la canción de la que hacían el «playback» para dar la sensación de estar oyéndoles cantar (se les conocía como Tonbilder). La finalidad de esto era hacer llegar a gente de fuera de las grandes ciudades alemanas los últimos éxitos de operetas que se podían ver en la capital. Imagino que muchos de ustedes pensarán que 50 minutos de alemanes haciendo como que cantan operetas en planos fijos puede ser un suplicio a no ser que uno sea fan del género, pero yo creo que pueden ser muy interesantes si uno sabe buscarles la puntilla, más allá de la curiosidad histórica.

Por ejemplo, al notar que estos cortometrajes eran de poco presupuesto y filmados de forma rápida, decidí fijarme en detalles amenos de los figurantes que no tienen protagonismo. A veces todos están metidos en su papel y uno no ve nada destacable, pero a la larga uno siempre acaba encontrando pequeños momentos muy entrañables. Por ejemplo, en el primer corto se veía a un montón de gente en una escena de palacio en la que cantaban dos personajes. Me fijé que al fondo en el centro había dos mujeres que tenían una nada disimulada cara de total aburrimiento y que iban mirando de un lado a otro seguramente confiando que eso acabara. En el lateral derecho noté una mujer mirando a cámara con una extraña cara de enfado, ¿quizá el director le había prometido un «gran papel» y había acabado de figurante en el lateral derecho?

En otro de los cortos un coro de gente canta alrededor de los protagonistas. Rápidamente localizo al fondo a la izquierda una pequeña mujer que, al contrario que sus compañeros totalmente metidos en sus papeles, parece estar algo perdida. Está medio escondida entre la multitud pero cuando reaparece mira a cámara (¿quizá están dando instrucciones a los actores y ella, a diferencia de los otros, comete el error de mirar a quien les está hablando?), más adelante decide hacer como que también canta pero se la ve tan poco convencida que no cuela, y al final de todo, mientras todos se quedan estáticos en la pose final, nuestra amiga vuelve a mirar a cámara («¿ya se ha acabado?«).

tonbilder_06Yo tampoco sé de qué va disfrazado el hombre de la derecha.

Un corto que en principio parecía muy aburrido, visto desde este prisma fue bastante divertido. Era simplemente una banda que fingía entonar una melodía, no hay ni bailes, ni personajes disfrazados. Pero me fijo en que a la izquierda hay un flautista que se toma muy en serio su papel y en mitad de la actuación pasa una página del libreto en que está observando el pentagrama. La página no obstante no se sostiene, pero él, que está realmente metido en el personaje, vuelve a pasarla intentando que se sujete. Como resultado el libreto se cae, el flautista sonríe y lo recoge rápidamente para colocarlo en su sitio y sigue su actuación como si nada. ¿Podrían haber hecho una segunda toma? Sí, pero ¿qué más da? Parte del encanto de este tipo de cortometrajes es que sus creadores no se preocupaban demasiado de su calidad. También me gustó especialmente un número de bailarinas que para mí tenía un especial encanto por el hecho de que éstas iban bastante descoordinadas entre sí. Mi favorita es una del centro que, a diferencia del resto, no sonríe a cámara y va visiblemente más descoordinada que las demás.

Por último, dos duetos que me gustaron por razones distintas. Uno cantado a medias por un hombre y una mujer pero que tenía como banda sonora una interpretación de esa canción cantada solo por un hombre, de modo que cuando le llegaba el turno a ella, parecía tener una voz muy masculina. El otro lo interpretaba una divertida pareja que entona una canción sobre tener una cita a medianoche, y en este caso la gracia está en que se nota que se lo estaban pasando tan bien que, aunque no nos guste la canción, acaba resultando contagioso su buen humor.

Por la tarde tuvimos nueva sesión japonesa. El primer cortometraje era una pequeña preciosidad llamada El Movimiento de las Nubes alrededor del Monte Fuji (1929-1938), que tiene un origen bastante curioso. De hecho no se trata de un film propiamente dicho y su autor es un físico, Masanao Abe, que desde un observatorio se dedicó a grabar la formación de nubes en el Monte Fuji durante varios años para estudiar su formación y movimiento. Recientemente un historiador del cine recuperó esas imágenes grabadas y las montó en un corto documental de cinco minutos que muestra la belleza de los contrastes entre luz, nubes en movimiento y el imponente monte al fondo.

ukiyoNoten como el personaje femenino es interpretado por un hombre (este tipo de actores se conocían como Oyama), algo muy presente en el cine japonés de los orígenes.

Los otros dos films son obras japonesas recientemente descubiertas que, a diferencia de las de la sesión anterior, son gendai-jeki (argumentos contemporáneos): Nasanu Naka (1916) de Masao Inoue, de la que solo se han conservado unas pocas escenas cuya trama es incomprensible sin haber leído previamente la contextualización del programa del festival, y Ukiyo (1916) que sí contaba con subtítulos de la explicación del benshi (aunque la trama, sobre matrimonios de conveniencia y deudas de juego sigue siendo algo confusa igualmente). En general me dejaron mejor sabor de boca las películas de época del otro día.

Y para acabar el día una de las mayores sorpresas del festival: La Statua di Carne (1921) de Mario Almirante. Se trata de un film italiano recientemente redescubierto que empieza con un estilo que parece una agradable comedia ligera y luego desemboca en un drama que se parecía de una forma sorprendente a Vértigo (1958). A saber, un hombre que ha perdido a la mujer de la que estaba terriblemente enamorado encuentra a otra idéntica a ella y le pide que se vaya a vivir a una casa suya donde tendrá que vestir las ropas de su amada y responder a su nombre. ¿Quién nos diría que ya existía al menos una obra previa con tantos puntos en común con una de las mayores y más conocidas obras maestras del cine? La historia, amigos lectores, nunca dejará de sorprendernos.

statua di carne

Enlaces al resto de las crónicas del Doctor Caligari en Pordenone:

pordenone 2014 1

pordenone 2014 2

pordenone 2014 4

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