El Nacimiento de una Nación (The Birth of a Nation, 1915) de D.W. Griffith

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Hablar a estas alturas de una obra tan debatida y tan importante para la historia del cine como El Nacimiento de una Nación (1915) no es una tarea fácil, pero difícilmente podía dejar de pasar por alto el Dr. Caligari una efeméride tan importante como el aniversario del estreno oficial de la película, que tuvo lugar hace hoy exactamente 100 años.

Sin embargo, uno de los aspectos de este film que hace que aún hoy día sea algo peliagudo valorarla es el hecho de que su innegable calidad artística vaya acompañada de un mensaje tan marcadamente racista. No me gusta la idea de atacar la película por su discutible contenido cuando atesora suficientes méritos artísticos que deberían estar por encima de su línea ideológica, pero por otro lado tampoco creo que se deba ignorar ese aspecto polémico escondiéndolo bajo la alfombra, so pretexto de que es una obra tan capital en la historia del cine que uno no debería prestar atención a detallitos sin importancia como su enfoque marcadamente xenófobo. Por ello, he decidido dedicarle dos posts por separado: uno para valorar únicamente los aspectos cinematográficos del film y lo que supuso en la historia del medio, y otro dedicado a su mensaje y toda la polémica que trajo consigo en su época. Ya que, al fin y al cabo, tanto un aspecto como otro van unidos intrínsicamente a todo lo que rodea la película.

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A día de hoy tengo la sensación de que cuando uno pregunta por la película favorita de Griffith (un tema de conversación que seguro tienen ustedes muy frecuentemente con sus amigos y familiares), muy pocos se decantan realmente por El Nacimiento de una Nación. Normalmente ese título se lo suelen llevar más bien films como Intolerancia (1916), Las Dos Tormentas (1920) o Lirios Rotos (1919) – de las cuales esta última sería la predilecta de este Doctor. No obstante, a nivel histórico resulta innegable que la película que tratamos hoy es objetivamente la más importante de su carrera y una de las obras más decisivas de la historia del cine.

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D.W. Griffith y dos de sus colaboradoras habituales: las hermanas Gish

En 1914, D.W. Griffith ya se había ganado a pulso el mérito de ser uno de los cineastas más reputados no solo de Estados Unidos sino del mundo. Es cierto que a veces la historia del cine tiende a exagerar algo su papel como si fuera el único innovador, pero eso no quita que, cuando uno compara sus obras con un film medio de la época, realmente se nota que Griffith tenía ya más que asimilado un lenguaje cinematográfico muy avanzado. Éste, consciente de ello, se volvió cada vez más ambicioso filmando epopeyas más complejas como Judith de Bethulia (1914). Así pues, un día al final del rodaje de este último proyecto convocó a algunos de los miembros de su troupe habitual de actores y técnicos, y les confió que tenía pensado hacer una gran película que narrara la verdadera historia de la Guerra de Secesión. Casi nada.

Griffith acababa de adquirir los derechos de la novela The Clansman (1905) de Thomas F. Dixon Jr. y se proponía llevar a la gran pantalla una revisión de la reconstrucción del sur de Estados Unidos después de la Guerra de Secesión, que incluía además un simpático enaltecimiento del Ku Klux Klan. No obstante su intención no era crear polémica sino hacer la película definitiva sobre ese terrible episodio de la historia americana que dividió al país en dos. Para ello no solo tomó la novela de Dixon, sino que se documentó ampliamente mediante fotografías y otros libros de historia. Testimonios de participantes en el rodaje hablan de cómo Griffith componía las tomas de las escenas bélicas con fotografías que llevaba siempre encima y que utilizaba como referente. La película de hecho hace explícita esa intención de documento histórico al colocar en varios rótulos una leyenda que definía las escenas que seguirían como «facsímiles históricos» citando incluso su fuente. De esta forma, Griffith buscaba legitimar su contenido enfatizando que no era una simple ficción sino una reconstrucción de la época que a veces rozaba la exageración (para la escena del asesinato de Lincoln se procuró que los actores dijeran los diálogos exactos que se pronunciaron en el momento real del homicidio… lo cual es un poco absurdo siendo una película muda).

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Pese al enorme prestigio de Griffith, la magnitud del proyecto (que en realidad quedaría empequeñecida con su siguiente trabajo) sobrepasaba el presupuesto del que disponían, obligando a tomar algunas medidas. Por ejemplo, buena parte de los participantes no cobraban ningún sueldo sino que se les pagaba con un porcentaje de los beneficios finales. Ahora que sabemos que la película tuvo un éxito inmenso es muy cómodo decir que les salió a cuenta, pero en aquel momento era una apuesta arriesgada. Eso provocó que para sustentarse económicamente buena parte del reparto tuviera que trabajar en otras películas en paralelo al rodaje de este film o que, para economizar costes, muchos actores secundarios reaparecieran en papeles pequeños.

Los mayores esfuerzos se hicieron en las escenas bélicas, donde Griffith dirigió entre 300 y 500 figurantes como si fuera un general en el campo de batalla. A modo de anécdota, uno de los actores que participó en esta secuencia dijo que había tal realismo en el campo de batalla que tuvo que defenderse de verdad de los ataques de los soldados del otro frente, que quizá se habían metido demasiado en su papel.

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Al margen de todas estas anécdotas que reflejan lo ambicioso del proyecto, el resultado final estuvo totalmente a la altura de sus ambiciones, no solo a nivel de espectacularidad sino también a nivel cualitativo. Griffith, más seguro de si mismo que nunca, demuestra en El Nacimiento de una Nación un dominio apabullante de los diferentes recursos cinematográficos (el control del montaje, el uso de flashbacks, la cuidada ambientación, travellings y panorámicas…). No en vano, es gracias a ello que el film resiste el paso del tiempo y que se sostiene durante sus tres horas de duración. El uso de todos estos recursos realmente era una necesidad para Griffith, ya que son lo que le permite sustentar una historia tan ambiciosa y con tanto contenido.

Relacionado con esto, es muy interesante leerse las memorias del cámara de Griffith, Billy Bitzer, quien afirma que durante el rodaje de la película fue absolutamente incapaz de entender la forma como el cineasta estaba rodando muchas de las escenas. Bitzer estaba convencido de que el resultado no se sostendría por ningún lado (literalmente la consideraba “una película como las que hacía en la Biograph pero cuatro veces más larga”), y sin embargo cuando acudió al estreno se quedó boquiabierto: todos esos planos que para él carecían de sentido, todas las decisiones de puesta en escena que en el rodaje parecía que jamás funcionarían, en la pantalla cobraban vida propia. La genialidad de Griffith estaba en ser capaz de planificar el rodaje de todas las secuencias sabiendo cómo quedarían en el conjunto del montaje final.

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Vista hoy día creo que una de sus mayores cualidades de El Nacimiento de una Nación es que atesora todas las diferentes facetas de Griffith en un mismo film: el drama intimista, que se desarrolla en la subtrama romántica entre las dos parejas pertenecientes a bandos distintos; el film bélico de tintes épicos en las escenas de batalla; la reconstrucción histórica, en secuencias como el asesinato de Lincoln, y el suspense en el mítico rescate al último momento, que deja el corazón del espectador en un puño. La película consigue combinar todos esos elementos de forma armónica, pasando de escenas bucólicas de amor en mitad de la naturaleza a secuencias frenéticas que hoy día conservan su dinamismo. Además, la troupe de rostros habituales de Griffith están muy bien dirigidos (Lillian Gish, Mae Marsh, Miriam Cooper, George Siegmann) aun cuando sus personajes se mueven, cómo no, en los anticuados códigos del melodrama clásico: como la joven que se suicida para proteger su virginidad o el villano que obliga a la protagonista a casarse con él (por el amor de Dios, señor Griffith, eso ya era ridículo en 1915). Como curiosidad, también pueden ver al excelente director Raoul Walsh en un pequeño pero decisivo papel: ¡el asesino de Lincoln!

Es cierto, que la historia del cine a grandes rasgos tiende a atribuir por completo a Griffith innovaciones cinematográficas que en realidad también llevaron a cabo otros cineastas, del mismo modo que es demasiado reduccionista contemplar El Nacimiento de una Nación como el primer film que incorporó un lenguaje fílmico maduro y trabajado (la culpa de esta visión tan simplista es, en gran parte, de la enorme campaña publicitaria que lo acompañó, en que se atribuía a su director la invención de todos esos recursos). Pero eso no quita que, aunque hubiera otros pioneros, Griffith fuera uno de los cineastas que mejor supo asimilar esos conceptos y darles forma creando escuela, y que El Nacimiento de una Nación fue el film que contribuyó más decisivamente a marcar los pasos que debería seguir el cine en los próximos años.

La película hoy día está libre de derechos, de forma que pueden estar seguros de que cuando les apetezca visionarla la tendrán disponible fácilmente en un clic.

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3 comentarios en “El Nacimiento de una Nación (The Birth of a Nation, 1915) de D.W. Griffith

  1. La vi este pasado mes de mayo por primera vez, nunca antes había tenido ocasión (gracias, Internet). Formidable. Desde entonces tenía pendiente pasar por este rincón para leer lo que se había escrito aquí sobre el particular. Estupendas ambas entradas, ésta y su hermana. No sé si se siente usté muy solo escribiendo estas cosas sin que nadie le conteste, pero por si acaso es así, le animo a seguir. Merece mucho la pena. Y seguro que no soy el único que se lo agradece

    • Querido lector, la afición al cine mudo tiene algo de solitario al no ser un mundo especialmente popular entre cinéfilos, pero gracias a internet no solo podemos acceder a muchas de estas joyas sino reencontrarnos los aficionados a esta fascinante época, lo cual hace que uno se sienta más acompañado. Muchísimas gracias por su comentario, realmente da sentido al tiempo que este Doctor le dedica a este rincón saber que hay gente que está disfrutando de sus contenidos y le anima a uno a seguir trabajando en ello. Un saludo.

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