Vendémiaire (1918) de Louis Feuillade

¡Cuánto hay por descubrir todavía incluso en las filmografías de nombres más o menos conocidos! Tomen por ejemplo a Louis Feuillade, nombre indispensable de las primeras décadas del cine francés asociado para siempre con sus magníficos seriales como Les Vampires (1915) pero del que apenas se dice nada sobre sus posteriores largometrajes. Y aquí tenemos en pleno 1918 un drama antibélico magnífico, excelentemente realizado y digno de interés llamado Vendémiaire (1918).

Filmado en los últimos estertores de la I Guerra Mundial, la película de Feuillade opta por centrar la atención no en el campo de batalla sino en la situación de los que se han quedado en la vida civil. Los protagonistas son una serie de personajes se dirigen a la zona de Languedoc para trabajar en la vendimia: el padre Larcher con sus dos hijas Marthe y Marie (el anciano además tiene otra hija de la que no sabe noticias desde hace años y otro hijo en el frente), el excombatiente Pierre Bertin que se encuentra de baja, una gitana llamada Sara que debe cuidar sola de su hija al haber perdido a su marido en combate y dos espías alemanes, Wilfried y Fritz, que han matado a dos belgas para tomar su identidad. Además, en los viñedos conocen al dueño de la plantación, otro excombatiente que ha quedado ciego a causa de la guerra.

A partir de aquí, Feuillade va desgranando diferentes historias relacionadas con cada personaje empleando además flashbacks que nos remiten al campo de batalla. La narración del film sorprende por la fluidez con que el director va alternando los dramas sucedidos en el presente (por ejemplo, cuando Sara es acusada injustamente de robo) en paralelo con lo sucedido en el pasado, conectando así ambos mundos. De esta forma, cuando Wilfried muere por inhalar los gases de unas uvas en fermentación resulta especialmente adecuado que hayamos sabido anteriormente que fue uno de los primeros alemanes en utilizar gases tóxicos como arma de combate en el frente.

Del mismo modo, cuando en el tramo final el padre Larcher conoce el destino de su hija Louise, la película juega magistralmente con los puntos de vista: primero se nos hace saber el relato de dos personas del pueblo donde vive ella, que la acusan de haber engañado a su marido en el frente habiéndose acostado con unos alemanes y tenido un hijo; seguidamente se nos narra lo que ha sucedido en realidad y cómo ese hijo en realidad pertenece a su marido. De esta forma, mientras el padre Larcher está hundido al creer que su hija se ha entendido con el enemigo, nosotros conocemos la verdad y se genera cierto suspense a raíz del malentendido cuando aparece el marido de Louise.

En sus casi dos horas y media, Feuillade va entrelazando las diferentes tramas con total naturalidad mientras expone el inevitable mensaje antigermánico destinado a darnos a entender no solo lo malos que son los alemanes, sino los peligros que debían soportar aquellos que se habían quedado fuera del campo de batalla. De forma que en Vendémiaire los héroes no son los soldados, sino sobre todo mujeres: Sara soportando las calumnias y luego intentando desenmascarar a Fritz, o Louise acogiendo a varios alemanes en su casa mientras tiene a su marido escondido.

Otro de los aspectos que más me ha gustado del film es ese tono tan realista que me recuerda por la ambientación rural al Toni (1935) de Jean Renoir pero adelantándose más de 10 años. Así mismo los planos iniciales del Ródano mientras la embarcación desciende son de una auténtica belleza, impregnándonos ya del ambiente campestre que Feuillade cuida con tanto esmero.

Una auténtica joya a descubrir.

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