The Wishing Ring: An Idyll of Old England (1914) de Maurice Tourneur

Hace tiempo que este Doctor le quería dedicar una entrada como Dios manda a The Wishing Ring (1914), una de las películas más maravillosas realizadas antes de El Nacimiento de una Nación (1915) de Griffith, que es el filme que marca el antes y el después en la era muda.

De entrada cabe decir que la cinta que nos ocupa hoy es una de las más importantes de uno de los nombres clave del cine americano de la segunda mitad de los 10: Maurice Tourneur, hoy día algo eclipsado por su hijo Jacques, pero en su momento considerado uno de los cineastas más importantes de América (junto a John Ford y su hermano mayor Francis, éste es uno de los casos más significativos que conozco de un hijo/hermano menor de un director de gran prestigio que lograra eclipsar por completo a su mentor). Si Griffith era el gran innovador sobre todo en términos narrativos y de puesta en escena, Tourneur merece un sitio en toda historia del cine por el enorme cuidado que ponía en la composición de los planos y la ambientación de sus films. Lo cual no quiere decir que Griffith no cuidara esos detalles ni que los films de Tourneur no estuvieran excelentemente narrados, pero es innegable que el francés iba por muy delante de sus contemporáneos en ese aspecto.

Y en ese sentido The Wishing Ring es uno de los ejemplos por excelencia de dicho logro. Les reto a que encuentren más películas contemporáneas o anteriores a ésta realizadas con tal cuidado y mimo de los planos, con unas composiciones tan conseguidas como evocadoras, pero que al mismo tiempo sigan manteniendo su realismo sin caer en un pictorialismo irreal. El mérito de Tourneur no se restringe solo a la forma como captura los paisajes, sino también a escenarios recreados por él como el campamento gitano, o a encuadres luego tan imitados como el plano del padre de la protagonista leyendo en el jardín visto desde el interior de la casa, de donde sale su hija para darle una buena noticia. Pueden parecer planos fáciles, pero en aquella época implicaban un gran dominio de la iluminación así como de la profundidad del encuadre entre estos dos espacios.

La historia hoy día puede parecerles anticuada, pero ahí reside gran parte de su encanto: el protagonista es el hijo malcriado de un conde que, tras ser expulsado del instituto, se enamora de la sencilla hija de un parroco y le hace creer que posee un anillo que cumple todos los deseos que ella se proponga. Esta comedia sencilla y entrañable encaja perfectamente con la ambientación bucólica que propone Tourneur y que a veces le lleva a recrearse en escenas irrelevantes a nivel de guión pero de una gran belleza, como la fiesta campestre. Basta con dejarse llevar por el tono del film y disfrutarlo con una sonrisa de oreja a oreja.

A su favor hay que decir que Tourneur de vez en cuando rompe con ese tono tan idílico burlándose de los personajes, como cuando el protagonista visita la casa de la chica y ésta le ofrece con toda la dulzura del mundo una bebida que tiene un sabor espantoso, y posteriormente le regala una canción al piano que hace aullar a su perrito.

Esta pequeña joya estuvo considerada desaparecida durante décadas, pero por suerte el historiador Kevin Brownlow encontró por casualidad una copia en manos de un coleccionista inglés y ha hecho que esté disponible para todos los fanáticos del cine mudo. Una de las muchas razones por las que estar en deuda con Mr. Brownlow: haber rescatado una película preciosa que sirve para reivindicar además el talento de un cineasta tan olvidado como Maurice Tourneur.

4 comentarios en “The Wishing Ring: An Idyll of Old England (1914) de Maurice Tourneur

  1. ¡Que maravilla! Estoy teniendo una temporada Tourneur tremenda. En este caso el hijo estaría totalmente de acuerdo en que el padre tuviese el seguimiento y valoración superior que merece. Los historiadores y muchos supuestos cinéfilos no saben muy bien que hacer con Tourneur (yo mismo hasta hace poco no sabía como encajarlo más allá del adjectivo «pictórico» envenenadamente bueno y totalmente insuficiente), y en parte se entiende porque la historia y la divulgación no lo han puesto fácil. Pero te encuentras con críticas de, por ejemplo, La mano del diablo, de 1943, seguramente muy positiva que, ante la típica escena 100% tourneriana, tipo sombras chinescas (algo que lo debía tener loco porque a la mínima que puede el hombre juega con las siluetas, ya desde las películas más antiguas que le hemos visto) y dicen «maravillosas escenas de tipo expresionista»… ¡cuando el hacía esto mucho antes que los alemanes se hubiesen saltado de la cuna y jamás le llamó expresionismo! (otra cosa son Vidor o Ingram, que en entrevistas admiten haberse sorprendido y haber adoptado influencias alemanas, en su momento). Es como si a un anciano pionero de la música electrónica de los años 50 le dijeran que en ciertos fragmentos de su obra parece tener una influencia «microtechno minimal». En fin… Gracias por estas reseñas tan profundas, en primera persona. Utilísimas, lúcidas y llenas de buen humor.

    • ¡Coincido totalmente contigo! Una de las cosas que más me desespera de ciertas reseñas o críticas de la era muda es el excesivo uso del término «influencia expresionista» para todo, supongo que porque es la corriente más famosa de la era muda o quizá la más reconocible visualmente, pero la realidad es mucho más compleja y Tourneur ya hacía películas expresamente «irreales» por motivos artísticos antes de Caligari (El pájaro azul es un ejemplo clarísimo). Esto es algo que por cierto la biografía que leí de Tourneur remarca mucho, así que no es algo que solo nos «moleste» a nosotros.

      Tourneur es ciertamente alguien difícil de clasificar. En la historiografía clásica los únicos cineastas de Hollywood de mediados de los 10 que se resaltan son Griffith y Chaplin; y en los años 20, que es la década en que se suelen tener más en cuenta los cineastas mudos, Tourneur estaba de capa caída. Luego en Francia dio un curioso paso al sonoro cambiando totalmente de estilo, que hace que sea más difícil encasillarlo.

      Por suerte gracias a internet vamos redescubriendo multitud de cineastas hasta ahora olvidados y a cada año que pasa aprendemos cosas nuevas y reescribimos nuestra visión de la historia del cine.

      Gracias por el comentario, ¡un saludo!

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