The «Teddy» Bears (1907) de Wallace McCutcheon y Edwin S. Porter

Por si hay por ahí algún insensato que aún se piensa que Edwin S. Porter fue una especie de «one hit wonder» cuyo único filme de interés es Asalto y Robo de un Tren (The Great Train Robbery, 1903) aquí les ofrecemos una entrañabilísima obra que se le atribuye a él y otro director del estudio Edison, Wallace McCutcheon: The «Teddy» Bears (1907), una adaptación del popular cuento de «Ricitos de Oro y los tres osos».

El corto en cuestión comienza con una estampa idílica en que un pequeño oso juega inocentemente en la puerta de su casa hasta que sus padres le mandan volver adentro. El travieso jovencito se muestra reacio e intenta escabullirse, pero finalmente consiguen atraparle y a los pocos minutos vemos a los tres saliendo vestidos de forma elegante a dar un paseo. Todo parece bucólico hasta que de repente se desata el conflicto cuando una niña que parece desconocer el concepto de «propiedad privada» decide internarse en la casa. A partir de aquí supongo que ya saben lo que sucede: la simpática criatura se come con toda la tranquilidad del mundo la comida del oso pequeño y luego se duerme en su cama, pero antes de que eso suceda Porter se permite desviarse del cuento para ofrecernos una pequeña sorpresa en forma de una breve escena en stop-motion:

Efectivamente, ¡la familia de osos tiene varios ositos de peluche que bailan y hacen cabriolas!

La cinta es sumamente entrañable y tiene detalles que me parecen deliciosos, como ese cuadro de papá oso con gafas en el dormitorio que nos demuestra que se ha tenido un cierto cuidado a la hora de confeccionar este pequeño cuento fílmico, atendiendo a detalles como ése que en aquella época todavía no podemos dar por sentados. Además, ningún efecto digital podrá sustituir al encanto de ver a tres tipos disfrazados de oso, algo que me gusta especialmente en la escena en que se van a dormir con sus correspondientes pijamas.

Visto así, me resulta algo anticlimático el final en que un cazador mata a Papá Oso y Mama Osa, y no solo capturan al osito huérfano sino que le roban los ositos de peluche que vimos antes. Aunque Porter no lo plantea así para mí es claramente un final triste. Yo iba con la familia de osos, no con la niña que se ha colado en su casa sin que nadie la invitara.

6 comentarios en “The «Teddy» Bears (1907) de Wallace McCutcheon y Edwin S. Porter

  1. Como Vd. dice, la cinta resulta realmente entrañable. Y esos peluches pequeños se me antojan un anticipo de Toy Story.
    Gracias por el enésimo descubrimiento.

    • ¡Cierto! De hecho la idea de los juguetes cobrando vida es muy frecuente en el cine mudo, supongo que es la fantasía de todo niño que juega con ellos.
      Gracias por el comentario, un saludo.

  2. No recordaba ese final tan bestia. ¡Que bruto Mr. Porter! Me ha destrozado. E. S. Porter és un grande. A él deberían atribuírsele mucho más que a Griffith gran parte del perfeccionamiento del lenguaje cinematográfico (mérito compartido por muy diversos nombres, de todo el mundo). Incluso llegó a realizar largometrajes bastante más sofisticados de lo que se espera de él, aunque nunca fue un hombre del nivel de sofisticación del otro, claro. Pero de los pioneros-pioneros desde luego es uno de los cuatro o cinco nombres de mención obligada. Gracias por el apunte y recordarnos esta joyita.

    • Porter es un pionero a rescatar más allá de su «one hit wonder» que se menciona siempre. Incluso en algún libro viejo de historia del cine se decía que no hizo nada interesante más allá de ese título, ¡qué injusticia! Yo reconozco que debo verme alguno de sus filmes de más duración, pero uno no da para todo habiendo tantos títulos por descubrir (por suerte).

      • Descubrí el trabajo de Porter, más allá de su archiconocido hit, en un extenso ciclo que dió la Filmoteca de la Generalitat, en los años 90, llamado Before Hollywood. No perdí ninguna sesión. Porter era, de mucho, el pionero que más ideas nuevas aportaba. En la era Internet he descubierto que el ciclo no me había encaminado tan mal (aunque, claro, me ha ayudado a llenar lagunas sobre otros pioneros que conocía mal… ¡y los que me quedan, también!). Las aportaciones de Porter al lenguaje cinematográfico, desde el punto de vista estríctamente gramatical yo me atrevo a decir que fue muy superior al de Griffith y al de casi cualquier otro. El hombre, eso sí, era un tipo sencillo, sin demasiadas pretensiones intelectuales, ni demasiada sutileza psicológica y tal y tan proclive a robar ideas a otros como cualquier otro colega de su tiempo (lo cual hace más árdua la tarea de adjudicar pódiums inamovibles sobre quien fue primero en nada). Incluso con alguna zafiedad considerable por el camino, (siempre divertida para los que estamos tan fatal como yo, eso sí). Yo tampoco he explorado sus largos, alguno de ellos antologado por sabios que admiro. Aprovechemos lo que podamos, que la vida es corta, aunque el Dr. Caligari sea inmortal.

  3. Firmo totalmente su última frase. Resulta agobiante tener tanto por explorar todavía, pero que siga siendo así. ¡Quién nos diría en los tiempos pre-internet que de repente tendríamos a nuestra disposición más cine de los orígenes del que podríamos asimilar! Un abrazo.

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