El Camino de la Fuerza y la Belleza (Wege zu Kraft und Schönheit – Ein Film über moderne Körperkultur, 1925) de Nicholas Kaufmann y Wilhelm Prager

He aquí una de las muchas curiosidades que nos reservaba el cine mudo alemán, El Camino de la Fuerza y de la Belleza (Wege zu Kraft und Schönheit, 1925), una película documental que aspira a ser un canto a las bondades del cuerpo humano y la necesidad de cuidarlo como merece. ¡Casi nada! No se asusten por lo extraño del planteamiento y sigan leyendo, porque hay mucha tela que cortar.

El Camino de la Fuerza y de la Belleza era una producción perteneciente a la división cultural de la UFA, el estudio de cine más importante de Alemania, y se englobaba dentro de lo que se conocían como «películas culturales», es decir, obras que partiendo de una finalidad didáctica mezclaban escenas documentales con otras de ficción alrededor de un tema concreto – otro ejemplo muy curioso es Gefahren der Großstadt-Straße (1924) de Toni Attenberger en que se habla sobre las normas de tráfico, algunos de los trabajos que hace la policía en su día a día y, tal y como indica el título, los peligros que nos pueden acechar en las grandes urbes. En este caso se trataba de un proyecto de Nicholas Kaufmann y Wilhelm Prager que se convirtió en un enorme éxito de taquilla en gran parte apoyado por el contexto en que se realizó. Para entenderlo hagamos antes un breve repaso a la cultura del cuerpo en la Alemania de los años 20.

La Alemania de la República de Weimar había traído consigo un curioso auge en lo que se refería al culto al cuerpo humano y el ejercicio físico. Y aunque en esos años también se experimentó en la sociedad una mayor apertura de miras en la forma de entender la sexualidad en sus más diversas formas, este culto al cuerpo al que nos referimos aquí en realidad no tenía sus raíces en esa tendencia, sino que ya venía de antes. A principios del siglo XX empezó a coger forma lo que se conocía como Freikörperkultur, es decir, una ideología asociada al nudismo y el contacto del hombre con la naturaleza y el sol, una suerte de retorno a los orígenes en que la desnudez dejara de verse como algo vergonzoso. Con la llegada de la República de Weimar, que supuso una época de grandes avances a nivel social y cultural, se dio el vistobueno a las primeras playas nudistas y poco a poco se fueron popularizando entornos donde podía practicarse el nudismo de forma libre y sin complejos.

Hay que entender que nos encontrábamos en una Alemania que, a raíz de su derrota en la I Guerra Mundial y la abdicación del káiser, había roto con su pasado en todos los sentidos. Los valores tradicionales de antaño, que habían perdurado durante décadas, eran cuestionados y sustituidos por otros. Entraba en vigor una sociedad mucho más moderna en que encajaban de lleno una sexualidad más libre y este culto desenfadado al cuerpo. No solo el nudismo empezó a ser aceptado en la sociedad, sino que aumentaron todo tipo de actividades relacionadas con el culto al cuerpo: las asociaciones excursionistas crecían por doquier como setas, como ya comentamos en su momento al hablar del bergfilm o cine de alpinismo; los deportes y la gimnasia se popularizaron más entre la población, y se publicaban con gran éxito libros como Der Mensch un die Sonne de Hans Surén, en que enaltecía ese culto al cuerpo desnudo como un retorno a la naturaleza. Todo esto además contrastaba con el auge de las grandes metrópolis, de modo que este retorno a los orígenes y a los espacios naturales tenía también mucho de nostalgia hacia una especie de pasado mítico e idealizado.

Es pues en este contexto donde podemos entender la enorme popularidad de una película como El Camino de la Fuerza y de la Belleza, que en el fondo no es más que una representación en imágenes de todas esas tendencias de la época. ¿Qué es lo que nos explica exactamente? El filme se propone por un lado reivindicar el culto al cuerpo en todas sus formas de expresión posibles, desde deportes o ejercicios de gimnasia a la danza, y por el otro dar consejos sobre cómo tener un cuerpo saludable. Obviamente el primer aspecto es con diferencia el más interesante de la película al ofrecer las imágenes más llamativas. Se nos muestran deportistas y atletas realizando todo tipo de ejercicios e incluso en ocasiones se utilizan recursos como el ralentizado para recrearse en cómo los diferentes músculos entran en funcionamiento en cada momento.

Este tipo de planos así como otros de grupos de personas realizando ejercicios de forma sincronizada me han traído a la mente el que es uno de los grandes documentales de la historia del cine: Olympia (1938) de Leni Riefenstahl, con el que tiene demasiados nexos en común como para obviarlos. Ambos muestran un nada disimulado culto al cuerpo atlético y utilizan recursos análogos para exhibirlo. ¿Les parece una coincidencia? Pues sepan que la propia Leni Riefenstahl aparece en este filme como bailarina, de forma que es altamente improbable que no lo viera. Ya solo por eso, El Camino de la Fuerza y de la Belleza merecería ser mucho más recordada como un clarísimo precedente de uno de los documentales más importantes de la historia del cine. Obviamente sus autores no tienen la maestría de Riefenstahl tras la cámara, quien tomó prestados algunos de sus recursos llevándolos a la perfección, pero es una muestra más de cómo en la historia del cine siempre hay precedentes de grandes películas a la espera de ser descubiertos.

En su momento el filme tuvo problemas en algunas regiones con la censura por todos los planos que ofrece de cuerpos desnudos, pero en realidad su exhibición no sufrió demasiados percances como cabría esperar siendo una obra que ofrecía tantas muestras de nudismo. Hasta a los más mojigatos les resultaba obvio que esos cuerpos desnudos se exhibían con propósitos educativos o de enaltecimiento de la vida sana, y no con propósitos eróticos. Colocado en perspectiva, nos resulta hoy día más problemático por una posible vinculación con el ideal de hombre germánico ario que propugnaría el nazismo. Pero sinceramente creo que a estas alturas aún podemos ver el documental con la saludable inocencia de ser un documento de la fascinación que había hacia el cuerpo y el ejercicio en esa época, sin otros segundos significados problemáticos que sí tendría que asumir Leni Riefenstahl en sus películas.

Así pues, aunque pueda parecer un artefacto extraño, anímense a echarle un vistazo. Es una película curiosísima y de contenido de lo más heterogéneo. Verán vídeos explicativos sobre cómo respirar adecuadamente, a niños sometidos a ejercicios físicos que hoy día bordarían la ilegalidad (vean la imagen de arriba), excéntricas danzas modernas y de otras culturas, deportistas de la época e incluso algún político realizando ejercicios, pequeñas viñetas que ridiculizan la estresante e insana vida moderna, recreaciones de la Antigua Grecia, gente aparentemente inofensiva defendiéndose de ataques callejeros con jiu-jitsu y algunos de los planos ralentizados más bellos de la era muda. ¡Todo ello concentrado en un mismo filme! ¡Y se pensaban que ésta iba a ser una aburrida película educativa!

8 comentarios en “El Camino de la Fuerza y la Belleza (Wege zu Kraft und Schönheit – Ein Film über moderne Körperkultur, 1925) de Nicholas Kaufmann y Wilhelm Prager

    • Wunder der Schöpfung la tengo también descargada y pendiente de ver con muchas expectativas.
      Y gracias, amigo Florenci, en este caso realmente los gifs eran necesarios para captar la forma como aquí se filmaba tanto movimiento. ¡Un saludo!

      • Diríamos que aquella es como la serie Cosmos, de Carl Sagan, versión iddactismo divertido de le época y lugar. El uso de los carteles en este tipo de películas suele ser mucho menos fluído que en las de ficción (rollo-imagen, rollo-imagen, rollo-imagen, etc. en lugar de esa alegría rítmica en la que los carteles entran y salen sin que te des cuenta, con esas palabras concretas, resaltadas o en cursiva, que se graban en el cerebro mucho más que un diálogo hablado, del cine de ficción profesional) pero siempre contiene imágenes sorprendentes. Yo he saqueado imagenes de ambos documentales para obras de circulación interna, en espectáculos raros. Casi siempre son las que generan más preguntas de los espectadores curiosos «¿de dónde eran las imágenes de esa gente desnuda tirando bolas de hierro al aire?» «¿de dónde essos planetas y eclipses?». Por suerte nunca se me ha acercado ningún heredero de los cineastas ni de ningún ejecutivo de la UFA: mi modo de hacerles propaganda puede que no les entusiasme y me mandan un anguiloso clon de Fritz Rasp para que me liquide 😀

      • No me extraña lo que dices porque son realmente películas bastante peculiares e inusuales para lo que uno espera del cine de los años 20. Cuando uno piensa en cine mudo raramente se imagina a gente desnuda tirando bolas de hierro al aire, jajaja. Otro ejemplo más (y van…) de lo variada que era esa época a nivel de contenido y estilo.
        No tardaré en echarle un ojo a la otra que comentamos. En realidad es que de la República de Weimar me vería hasta un documental sobre el escarabajo pelotero, para qué vamos a engañarnos…
        Un saludo.

    • Solo le digo que me costó escoger momentos concretos de los que hacer gifs animados, porque está repleta de imágenes evocadoras y rarísimas. Es una obra extraña y desigual pero también un documento tan fascinante de su época que seguro que la disfrutará.
      Un saludo.

  1. Una vez vista y difrutada, le diré que los gifs que ha sacado están muy bien escogidos, pero que se ha dejado usted el mejor: la danza bávara de los cazadores furtivos (lucha por la presa) Inenarrable captura.

    Por otro lado, a lo mejor es la primavera que me hace malpensar, pero yo disiento con usted en lo de que esta película no tenga -aparte de su finalidad educativa- la clara intención de animar la vista al personal con erótico resultado. Por mucha República de Weimar que fuera, dudo mucho que el espectador medio tuviera muchas otras oportunidades de ver en un espectáculo público tanta carne tan tersa y la carne, mi querido Doctor…

    Un abrazo bávaro y furtivo (pero sin presa)

    • Jajajaja tiene toda la razón sobre la danza bávara, que ha sido mencionarla usted y no he podido evitar esbozar una sonrisa solo de recordarla. Es quizá la más extraña de todas… ¡y ya es decir!

      Sobre lo que comenta de su erotismo, puede que tenga usted razón. Obviamente sus productores sabían que el componente erótico atraería al público, no eran tan inocentes, pero a mí la forma de mostrar los desnudos no me hizo pensar en ello… pero claro, no es lo mismo ver un «inocente» desnudo en pleno siglo XXI que en los años 20 del siglo pasado, y eso es algo que he obviado con demasiada facilidad – sin ir más lejos algunos cortos eróticos de esa época (que no pornográficos, ése es otro tema) hoy día nos parecerían sumamente inocentes, mostrándonos simplemente a señoras de buen ver quitándose la ropa para darse un baño.

      Un abrazo (pero sin eróticas intenciones)..

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