Bajo la Farola (Unter der Laterne, 1928) de Gerhard Lamprecht

Como ya he comentado por aquí en diversas ocasiones, seguir asociando el cine mudo alemán únicamente con el expresionismo a estas alturas es un error. El legado fílmico que dejó Alemania en los años 20, uno de los más extraordinarios de la historia del cine en mi opinión, va mucho más allá de una corriente o tendencia concreta y legó grandes obras de estilos totalmente distintos. Por ejemplo, en la segunda mitad de la década surgió una tendencia hacia un tipo de cine de crítica social ejemplificado en obras como la magistral Bajo la Máscara del Placer (Die Freudlose Gasse, 1925) de G.W. Pabst, El Viaje a la Felicidad de Madre Krause (Mutter Krausens Fahrt ins Glück, 1929) de Phil Jutzi o Hermanos (Brüder, 1929) de Werner Hochbaum. Uno de los cineastas que más se movió en esa corriente fue Gerhard Lamprecht, un director prolífico y heterogéneo capaz de moverse en registros muy diferentes pero que mostró cierto apego a este tipo de películas en aquellos años. De hecho, el filme que nos ocupa estuvo producido por él mismo y coescrito con su colaboradora habitual, la guionista Luise Heilborn-Körbitz.

Bajo la Farola (Unter der Laterne, 1928) explica la historia de Else, una joven que vive enclaustrada y dominada por su autoritario padre, que no le deja salir de casa a verse con su novio Hans, quien está sin trabajo. Después de una discusión, el padre la castiga una noche sin permitirle entrar en casa y ésta busca refugio en el piso que comparten Hans y su mejor amigo Max. Ahí se les ocurre montar un número de vodevil con un caballo de pantomima que resulta ser un enorme éxito. Pero las cosas se complican: como Else es menor de edad, su padre reclama a la policía que hagan volver a su hija a casa. Ésta escapa y acaba refugiándose en casa del empresario que les ha contratado para hacer ese número, un hombre cínico que quiere aprovechar esa circunstancia para cortejarla. Aunque la joven se resiste a sus intentos, Hans aparece en un momento crucial y, creyendo que ésta se ha convertido en su amante, la abandona. Sin ningún lugar al que acudir, Else no tiene más remedio que sucumbir y convertirse en el amante de este hombre al que desprecia. Pero después de un breve tiempo viviendo una ilusoria vida de lujo, su situación se irá complicando hasta verse abocada lentamente a la prostitución.

Es probable que a muchos espectadores les impresione la crudeza de las películas de crítica social que se hicieron en Alemania por entonces. Pese a que pueda parecer que este género está emparentado con otra de las corrientes fílmicas típicas de la época, el kammerspielfilm, en realidad solo tienen en común el tener como protagonistas a personajes humildes: el kammerspielfilm se centraba en dramas psicológicos en un espacio limitado y con pocos personajes, mientras que los dramas callejeros como el que nos ocupa tenían un mensaje de crítica social mucho más explícito. De hecho Lamprecht lo deja claro desde el rótulo inicial, avisando que este filme es una advertencia a los padres que tratan con demasiada dureza a sus hijos.

Para mí el gran mérito de Bajo la Farola está en cómo explica una historia de sobras conocida (el descenso de una jovencita hasta verse obligada a ganarse la vida «bajo las farolas» de la calle, como reza el título) de forma que resulte totalmente creíble. La larga duración de la película – algo más de dos horas – permite a Lamprecht y Heilborn-Körbitz tomarse su tiempo en explicar la historia, para que entendamos que ese proceso de ser una joven inocente y alegre a una prostituta es algo que va sucediendo de forma gradual e inevitable tras una sucesión de múltiples hechos que la conducirán a ello. No es una mera historia de un padre que echa a su hija de casa y la conduce a la perdición, es más complejo. Vemos cómo incluso su novio la abandona a su suerte a causa de un malentendido y cómo esa aparente vida de lujo que experimenta al principio no es más que una trampa que la acercará aún más a su perdición. A ojos del espectador, Else es la víctima de una serie de personas que en algún momento la han dejado sola e indefensa en un mundo donde una joven como ella está continuamente expuesta al acoso sexual de los hombres. Un aspecto que creo que le da validez extra es el hecho de que Else no es solo víctima de personajes inequívocamente negativos como su padre o el chulo que la acaba obligando a prostituirse, sino también de Hans, que parece una buena persona pero que a cambio se porta terriblemente mal con ella a causa de los celos.

Resulta desalentador ver a la Else del primer segmento de la película, tan juvenil e inocente preparando ese número por otro lado tan simpático como naif de un caballo de pantomima y compararla con la mujer hundida y desesperanzada del final, un mérito que debe atribuirse sobre todo a la actriz Lissy Arna, que interpreta magistralmente el proceso de degradación por el que pasa su personaje. Su interpretación va unida a un guion que transmite muy bien sobre todo esa sensación de cuando un personaje va hundiéndose en la miseria llegando a un punto en que notamos que ya no va a poder salir de ahí. Ni siquiera al final cuando reaparece Hans para intentar ayudarla tenemos ya esperanzas hacia ella. Los personajes desheredados como Else no tienen ninguna posibilidad de recuperarse en una sociedad tan cruel e implacable.

Lamprecht lleva esta historia con muy buen pulso, haciendo gala de un estilo realista que hace creíble lo que estamos viendo sin tener la sensación de que está siendo cruel gratuitamente y sin decantarse por un tono de tragedia melodramática. El retrato de todos esos diferentes espacios de la Alemania de entreguerras (el teatro de vodevil, la tertulia de café donde el padre de Else se junta con otros burgueses, los bares de mala muerte, etc.) resulta además tan certero que supone un aliciente extra para los que somos unos apasionados de ese periodo. Y hacia el final Lamprecht vuelve a evocar de forma muy inteligente la primera escena del filme dándole una estructura circular: el organillero en la calle evocando la misma canción, solo que en la escena inicial sonaba de fondo mientras Else y Hans hablaban a través de la ventana para citarse esa noche, y al final da pie a que la hija que Hans ha tenido con otra mujer le eche una moneda. Los dos personajes de esa escena inicial, que parecían destinados a vivir juntos, al final han tenido dos destinos totalmente dispares, siendo la gran damnificada, cómo no, la inocente joven. Él ha rehecho su vida por completo y la recuerda con nostalgia sin saber qué ha sido finalmente de ella. Sin llegar a ser nunca sermoneador, Lamprecht deja más que clara su visión de ese mundo tan cruel para las jovencitas inocentes abandonadas a su suerte.


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