Orígenes del Product placement o Emplazamiento publicitario en la era muda

El «Product Placement» o «Emplazamiento publicitario» es una de las técnicas de marketing más utilizadas en el cine, consistente en colocar un producto de una determinada marca de forma visible dentro de la película. Aunque este tipo de publicidad más o menos encubierta empezó a desarrollarse de forma masiva a partir de los años 80, en realidad se ha utilizado desde los orígenes del cine… ¡no hay casi nada que no se haya inventado antes o que no tenga un clarísimo precedente en el pasado!

El que se considera el primer ejemplo es la versión de Barbazul (Barbe Bleue, 1901) de Georges Méliès, donde en la escena del banquete aparece una gigantesca botella de champagne de la marca Mercier, aunque desconozco si es por motivos publicitarios o simplemente para apelar al espectador mostrando una marca que conocería y le resultaría más cercana.

[EDITADO: en la edición de 2022 del Festival de Pordenone vimos un ejemplo aún más antiguo. Lean aquí al final del post.]

Leer más »

Legado Trágico (Hangman’s House, 1928) de John Ford

Pese a que empezó su extensísima carrera en una fecha tan temprana como 1917, parece haber unanimidad entre los fans de John Ford respecto a que su etapa muda está lejos de ser una de las más brillantes de su filmografía, funcionando más bien como un periodo de aprendizaje con algunos logros puntuales dignos de ser recordados. Teniendo eso en cuenta, Legado Trágico (1928) sería uno de esos ejemplos a destacar, aunque no a la altura de sus mayores logros silentes, como la algo sobrevalorada El Caballo de Hierro (1924), la muy reivindicable Tres Hombres Malos (1926) y, sobre todo, mi favorita, Cuatro Hijos (1928). El filme que nos ocupa ciertamente posee suficientes cualidades que la convierten en una obra notable, pero también algunas carencias que hacen que no termine de redondearse lo que de entrada era una historia con todos los ingredientes necesarios para dar una gran película.

«Ciudadano Hogan» es un irlandés expatriado que un día recibe una carta con una mala noticia que le incita a volver a su tierra natal a llevar a cabo una venganza pese a que está en búsqueda y captura (suponemos que por actos contra el ejército británico). Allá nos encontramos con el juez O’Brien, tristemente famoso por haber enviado a muchos hombres a la horca y cuya hija Connaught está enamorada del honrado pero pobre Dermot. Su padre, a quien le quedan días de vida, se asegura de que ésta se case con el mejor posicionado John D’Arcy, un déspota hipócrita que pronto descubriremos que la persona de la que Ciudadano Hogan quiere vengarse.

Leer más »

Mills in Joy and Sorrow (De Molens die juichen en weenen, 1912) de Alfred Machin

Ya les hablamos en alguna ocasión de Alfred Machin, uno de los grandes pioneros del cine belga y holandés, del que hoy rescatamos uno de sus cortometrajes más sobresalientes, De Molens die juichen en weenen (1912), en que una familia feliz se ve acosada por un vagabundo que, al no recibir ayuda del padre, promete vengarse. Una vez más, Machin vuelve a utilizar como lugar de acción el gran emblema característico del país, un molino, y de hecho no deja de parecerme entrañable que el hijo de la familia le muestre ilusionado a su padre su gran trabajo de artesanía: un pequeño molino hecho por él.

Si le echan un vistazo a la película entenderán por qué Machin es uno de los grandes nombres a rescatar del cine europeo de esos años: la composición de planos es magnífica (la imagen del vagabundo observando el molino desde el puente, el impactante plano final con el reflejo del río…) y la versión que les ofrecemos es una de esas impecables restauraciones de nuestros amigos de Eye que nos permiten poder disfrutar de esta joya en su plenitud. No la dejen escapar, les aseguro que les dejará boquiabiertos.

90 años de la primera proyección de Un Perro Andaluz (Un Chien Andalou, 1929) de Luis Buñuel

Hoy hace exactamente 90 años tuvo lugar la primera proyección de una de las obras más importantes de la historia del cine. Era en Le Studio des Ursulines y se trataba de un doble programa de dos cortos donde paradójicamente la obra perteneciente a un cineasta debutante y absolutamente desconocido eclipsó por completo al supuesto filme principal de la noche. Su autor era un aragonés que según dice la leyenda asistió al estreno con los bolsillos llenos de piedras para arrojárselos a la audiencia en caso de que abuchearan su obra. Se trataba de Un Perro Andaluz (1929) y su creador era Luis Buñuel en colaboración con el pintor Salvador Dalí. Para homenajear la que acabó siendo la gran obra del movimiento surrealista, hemos decidido ofrecerles todos los pormenores relacionados con su gestación incluyendo varios testimonios de los implicados. Pónganse cómodos y disfruten, éste va a ser un post largo pero el tema vale la pena.

A principios de los años 20 Luis Buñuel había ido a cursar estudios universitarios a Madrid, y en la Residencia de Estudiantes trabó amistad con bastantes jóvenes que también seguirían una carrera artística, especialmente Salvador Dalí y Federico García Lorca. En aquellos años nuestro protagonista empezó también a mostrar inclinaciones artísticas pero tuvo que aceptar que no tenía talento para la pintura o la poesía como sus compañeros. En cambio, empezó a mostrar un interés cada vez mayor por el cine, sobre todo a raíz del expresionismo alemán y películas como Las Tres Luces (1921) de Fritz Lang, y al poco tiempo se marchó a Francia donde empezó ejerciendo pequeños trabajos para el cineasta Jean Epstein. Cuando rompió su relación con Epstein éste le advertiría «Tenga cuidado. Advierto en usted tendencias surrealistas. Aléjese de esa gente«. Por suerte no seguiría su consejo.

Leer más »