Especial Greta Garbo (III): Greta Garbo vs la Metro-Goldwyn-Mayer

Este post forma parte de un especial dedicado a Greta Garbo que incluye los siguientes artículos:


Greta Garbo fue en su momento una de las empleadas más valiosas de la Metro-Goldwyn-Mayer pero al mismo tiempo una de las que más quebraderos de cabeza le dio al estudio a nivel contractual. Pese a su juventud e inexperencia, la Garbo fue desde el principio una actriz que tenía claro hacia dónde quería orientar su carrera, y de no haber sido por su tenacidad y por sus constantes luchas seguramente no habría podido protagonizar muchas de las grandes obras que hoy han pervivido como clásicos. Es por eso que la historia de los enfrentamientos de la Garbo con la Metro nos sirven para valorar aún más los logros artísticos de su carrera y para entender cómo lidiaban los grandes estudios con las estrellas de la época.

A diferencia de la mayoría de actrices provenientes del viejo continente, Greta Garbo no entró en Hollywood por su carrera, que hasta entonces solo se reducía a dos papeles importantes en el cine – aunque, eso sí, en dos de las películadas más destacadas de esos años: La Saga de Gösta Berling (1925) y Bajo la Máscara del Placer (1925) – sino como una especie de «pack» que venía con el director sueco Mauritz Stiller, que es a quien la Metro-Goldwyn-Mayer realmente quería. Stiller había realizado algunas de las obras más importantes de esos años, y tras el éxito de su compatriota Victor Sjöstrom en Hollywood la Metro decidió hacerse con el segundo gran nombre del cine sueco. Stiller se interesó por la oferta pero insistió en llevarse consigo a la joven Greta Garbo, a quien él había descubierto y que estaba convencido de que tenía un gran talento por delante. Pese a la inexperiencia de la joven actriz, tras ver una copia de La Saga de Gösta Berling Louis B. Mayer pensó que no era mala idea contratar también a esa joven promesa y aceptó incluirla en el trato.

Pero una vez en Hollywood Stiller y su protegida siguieron caminos opuestos y de hecho nunca llegarían a colaborar juntos de nuevo: él no consiguió adaptarse a la forma de trabajar de allá y tuvo que volver a Suecia, mientras que Garbo se convirtió en una de las estrellas más famosas de la época ya desde sus primeros filmes americanos: Entre Naranjos (Torrent, 1926) de Monta Bell y La Tierra de Todos (The Temptress, 1926) de Fred Niblo. Fue tras el estreno de esta segunda película que empezaron los problemas respecto a su contrato. El público y la crítica estaban cautivados por esta joven promesa, y la tercera obra que había filmado, El Demonio y la Carne (Flesh and the Devil,1926) de Clarence Brown, por entonces en postproducción, prometía ser un taquillazo mayor no solo porque era mucho mejor película que las anteriores sino porque durante su rodaje se habían enamorado de verdad los dos protagonistas, Garbo y John Gilbert, por entonces uno de los principales actores del estudio, lo cual aseguraba una jugosa publicidad que atraería al público. Antes de que eso sucediera los dos principales productores encargados del contrato de la Garbo, Louis B. Mayer e Irving Thalberg, decidieron ser previsores y renovar a la actriz por cinco años… eso sí, pagándole lo mismo que cuando llegó como una desconocida. ¿Qué sentido tenía para ella extender su contrato en el tiempo sin ningún beneficio? Obviamente ninguno, de modo que no aceptó y aquí empezó la batalla.

A partir de aquí la Metro inició una serie de tácticas que eran muy comunes a la hora de presionar a grandes estrellas para que aceptaran tratos que no les convenían. En primer lugar, después de El Demonio y la Carne le ofrecieron papeles muy malos a propósito que sabían que la actriz se negaría a aceptar. Esto era una estrategia para darles pie a lo que realmente buscaban: tener un argumento para tenerla en suspensión, esto es, tener a un actor un tiempo sin cobrar como castigo hasta que llegara a un acuerdo con el estudio. La mayoría de grandes estrellas de la época en algún momento pasaban por un trance así, y al final se veían obligadas a capitular porque tenían todas las de perder: era sabido que un gran estudio preferiría arruinar la carrera de un actor prometedor antes que dejar que se marchara a la competencia o que aceptar unas condiciones que el estudio no considerara ventajosas.

Garbo, de apenas 21 años recién llegada a un país extranjero donde no conocía a casi nadie y cuya lengua estaba empezando a aprender, tenia todas las de perder. Por suerte, contó con el apoyo y consejos tanto de Mauritz Stiller (desde la distancia) como de su amante John Gilbert, que tenía experiencia en el trato con los estudios. Aconsejada por ellos exigió varias condiciones para su nuevo contrato, especialmente un mayor salario de acuerdo con su nuevo estatus de estrella (3.000 dólares a la semana) y poder elegir los papeles de sus películas, ya que hasta ahora solo había hecho de vamp (inicialmente la Metro la quería encasillar en ese tipo de personajes para que fuera una especie de nueva Theda Bara). La Metro se negó y puso a la actriz en suspensión cuando ésta se negó a acudir a trabajar para los papeles nuevos que le habían asignado.

Siguió entonces la clásica guerra sucia de los estudios en este tipo de situaciones, consistente en servirse de la prensa (especialmente de columnistas de cotilleos como la insoportable Louella Parsons) para lanzar titulares que sirvieran para hacer presión contra el actor rebelde en cuestión. Así pues se difundió la imagen de Garbo como una joven engreída, caprichosa y avara que exigía más dinero al estudio (algún diario anunció falsamente que la Garbo exigía 5.000 dólares a la semana), obviando, eso sí, que el estudio se negaba a mejorarle las condiciones dada su condición de estrella.

Mientras la situación se alargó durante semanas, la Metro estuvo buscando una posible sustituta en la actriz sueca Mona Martenson, pero pronto descubrirían que la Garbo tenía algo especial y único difícilmente sustituible. Y efectivamente, cuando El Demonio y la Carne se estrenó siendo un éxito aun mayor que los precedentes, Mayer y Thalberg se quedaron sin argumentos para negarle una subida de sueldo. Al final el acuerdo sería de 2.500 dólares a la semana el primer año que irían subiendo los siguientes.

Pero, ay, no estaba todo ganado. Había una condición de la actriz que el estudio seguía sin aceptar: ella pedía hacer un máximo de dos películas al año, y no tres como había hecho ese atareado 1926. Su argumento era que su salud era muy delicada y no podía seguir ese ritmo de trabajo (esto se vería en los años venideros que era cierto, ya que serían frecuentes los rodajes en que la Garbo tendría que ausentarse algunos días por enfermedad), pero la Metro quería sacar el máximo partido de esta gallina de huevos de oro y se negaba a ceder. Llegaron a otro punto muerto.

En esta ocasión probaron con un nuevo anzuelo: en aquellos meses se estaba preparando una adaptación de la prestigiosa Anna Karenina de Tolstoi, cuyo papel protagonista permitiría a la actriz trabajar en una obra de calidad y en un tipo de personaje totalmente diferente a las vampiresas de siempre. Para presionar a la actriz, hicieron circular por la prensa rumores de que estaban haciendo pruebas a varias candidatas y que la mejor posicionada era Joan Crawford. Garbo se mantuvo firme pese a eso.

Norma Shearer, Irving Thalberg, Greta Garbo y John Gilbert

Como forma de intimidarla y recordarle que el estudio tenía pleno poder sobre su carrera, le ofrecieron entonces un papel totalmente secundario en la comedia Adam and Evil (1927), un recordatorio de lo que le esperaba si no cooperaba. Garbo, aconsejada por sus asesores, aceptó al papel contra todo pronóstico para demostrar su buena voluntad y acudió el día que correspondía al plató a hacerse las pruebas de vestuario. Eso tuvo una consecuencia imprevista que hizo que a la Metro le saliera mal el farol: la protagonista del filme, Aileen Pringle, se negó a trabajar en la película si la Garbo también aparecía. El motivo es que aunque su papel era más importante sabía que la Garbo le eclipsaría fácilmente en su película. Mayer consternado se enfadó con Garbo y la desvinculó de ese proyecto que en realidad nunca esperó que la diva aceptaría.

En realidad esto había sido un último y desesperado farol del estudio, que ya se había dado cuenta de que tenía las de perder, puesto que Garbo tenía algo a favor que la diferenciaba del resto de grandes estrellas con las que habían batallado: le daba igual si arruinaban su carrera. La actriz añoraba profundamente su Suecia natal, así como los amigos y familiares que ahí tenía, y pese a que Gilbert la estaba introduciendo en su ambiente social, todavía no se había aclimatado a Hollywood. Que la echaran del estudio obligándola a volver a Suecia no era para ella una perspectiva tan horrible. De hecho por entonces probablemente ella veía este periplo en Hollywood como una etapa temporal de su carrera tras la cual volvería a Suecia con una gran cantidad de dinero y la experiencia de haber trabajado en la Meca del cine, que de hecho es lo que harían compatriotas suyos por entonces asentados en Hollywood como el actor Lars Hanson y el director Victor Sjöstrom. En definitiva, la actriz tenía la sartén por el mango, de modo que la Metro aceptó sus condiciones para un acuerdo en que pactaron un sueldo de 2.000 dólares a la semana que iría subiendo los años siguientes y un máximo de dos películas al año. Con apenas 21 años cumplidos y solo tres películas en Hollywood Garbo había conseguido imponer sus condiciones.


Lars Hanson, Greta Garbo y Victor Sjöstrom: los principales exponentes de la colonia sueca de Hollywood

Sin embargo, eso no quiere decir que no continuara teniendo problemas con el estudio aun cuando su popularidad en taquilla seguía aumentando. Un ejemplo paradigmático fue cuando acabó el rodaje de Orquideas Salvajes (Wild Orchids, 1929) de Sidney Franklin justo a tiempo para marcharse de vacaciones de Navidad a Suecia, su primera escapada a su tierra natal desde que llegó a América años atrás. En lo que parece una especie de pulso entre Irving Thalberg y la actriz, el productor (perfectamente consciente de lo mucho que anhelaba la Garbo realizar ese viaje y que había accedido a protagonizar el filme solo por complacer a la Metro) convocó a la actriz al estudio para hacer tomas adicionales el día que teóricamente ella debía estar en Nueva York para coger el barco a Suecia. No niego que el perfeccionista y meticuloso Thalberg realmente creyera necesario repetir algunas tomas por el bien de la película, pero aun así esa petición era una muestra más de la absoluta indiferencia que sentía el estudio por el bienestar de su principal actriz. Garbo no volvió para hacer esas tomas adicionales y el estudio volvió a castigarla suspendiéndola temporalmente.

En realidad el carácter tan complejo e independiente de la actriz hizo que muchos estuvieran convencidos de que nunca volvería de Suecia, aunque como hoy día sabemos no fue así. Posteriormente su posición en el estudio se afianzó aun más con su exitoso salto al sonoro y al final llegó al punto de tener total libertad no solo para elegir las películas en las que participaría sino también para dar el vistobueno al director y sus compañeros de reparto (un proceso que comentamos en más detalle en el artículo de Transit que hemos vinculado bajo este post). Se convirtió finalmente en una actriz con pleno control de su carrera, pero para ello hicieron falta años de duras batallas con el estudio en las que además salió victoriosa porque realmente estaba dispuesta a abandonar Hollywood si no le dejaban hacer películas como ella quería.

Fuentes de consulta:

  • Greta Garbo – A Life Apart de Karen Swenson.
  • Garbo (2005) de Kevin Brownlow y Christopher Bird.


Si desea leer otros artículos escritos por el Doctor Caligari o el Doctor Mabuse sobre Greta Garbo, eche un vistazo a los siguientes links:

2 comentarios en “Especial Greta Garbo (III): Greta Garbo vs la Metro-Goldwyn-Mayer

  1. Es la primera vez que entiendo el sentido y el orden de los acontecimientos relacionados con la problemática contractual de la Garbo en la MGM. De todo este cacao siempre me ha dado mucha pena Stiller, que no solo volvió a Suecia tan asqueado y desaprovechado sino que acabase su vida tan prematuramente. Es una lástima que no dirigiera su protegida aunque debo reconocer que me gusta mucho lo que hizo Fred Niblo en The Temptress. Muchas gracias por ordenar este pequeño apartado de mi cerebro.

    • ¡Muchas gracias! Realmente es un tema complejo y que logré desenredar en gran parte ayudado con la biografía de Karen Swenson que cito al final del artículo.
      Lo de Stiller es realmente una pena, Gösta Berling había dejado el listón muy alto y parecía que estaba en su mejor momento, pero al final todo se quedó en nada…

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.