Especial Greta Garbo (II): La Saga de Gösta Berling (Gösta Berlings saga, 1924) de Mauritz Stiller

Este post forma parte de un especial dedicado a Greta Garbo que incluye los siguientes artículos:


A principios de los años 20 Mauritz Stiller era considerado junto a Victor Sjöström el gran director del cine sueco y de hecho el prestigio de ambos era tan grande que no tardarían en ser llamados a Hollywood, donde tendrían futuros muy distintos. Pero antes de que eso sucediera el ambicioso Stiller se propuso realizar la gran película escandinava, que superara todo lo que él y su compatriota Sjöström habían realizado antes, y para ello ¿qué mejor que adaptar la primera novela de la escritora más célebre del país, Selma Lagerlöf, que había proporcionado el material de base para los filmes más destacados de Stiller y Sjöström? De modo que desde su concepción La Saga de Gösta Berling (1924) estuvo pensada como una obra épica de gran presupuesto.

Su protagonista es Gösta Berling, un joven y atractivo clérigo defenestrado por culpa de su alcoholismo que es rescatado de morir en la nieve por la Comandanta de una extensa y rica propiedad llamada Ekeby, donde ésta aloja a los que se conocen como los doce «caballeros de Ekeby», una serie de hombres aficionados a la bebida, las diversiones y las aventuras que se encuentran bajo su protección. A partir de la llegada de Gösta Berling se suceden varios conflictos: la Comandanta es expulsada de Ekeby por su marido al saber que ésta tenía un amante y los caballeros pasan a ser los gobernantes de dicha propiedad, y en paralelo Gösta Berling tiene unos breves romances con algunas de las mujeres de la localidad como Marianne Sinclaire (que es expulsada de su hogar por su poderoso padre por haber besado a Gösta) o la Condesa Elizabeth, casada con el aburrido Conde Henrik Dohna, que no es más que un instrumento a manos de su madre, la maquiavélica Condesa Marta.

Uno de los motivos que retrasó la producción de La Saga de Gösta Berling fueron las reticencias de la escritora Selma Lagerlöf a la hora de permitir que Stiller adaptara su novela después de las innumerables libertades que se había permitido con otras obras suyas en el pasado (y más en contraste con las adaptaciones generalmente más respetuosas de su compatriota Victor Sjöström, algo en lo que ya profundizamos en otro post dedicado a estas adaptaciones). Al final aceptó permitir la película a cambio del firme compromiso de Stiller de ceñirse a un primer guion que era muy fiel al libro… una condición que por descontado el director no respetó en absoluto.

Cabe reconocer de entrada que La Saga de Gösta Berling era una novela difícil de adaptar al incluir multitud de pequeños episodios dedicados a personajes secundarios alejados de la trama principal, pero lo que debió indignar a Lagerlöf no fue tanto eso como las numerosas licencias que se permitió Stiller a la hora de adaptar la trama principal. De entrada, el cineasta no vaciló en cambiar algunos de los principales hechos de la historia dentro de su cronología e incluso otorgarlos a otros personajes diferentes del libro: la famosa huida en trineo de los lobos que en la novela sucede al principio aquí se utiliza como clímax final y con un personaje femenino diferente al de la novela, y en cambio la reconciliación de la Comandanta con su madre aquí tiene lugar a mitad del metraje mientras que en el libro se sitúa en el desenlace. Estos dos ejemplos nos demuestran los diferentes enfoques de cada autor: para Lagerlöf lo importante es la forma como se redimen todos los personajes después de pasar por su particular calvario, mientras que Stiller piensa la trama en términos más cinematográficos. Es como si el cineasta hubiera cogido todos los elementos del libro (los personajes, el entorno y las diferentes situaciones) y los hubiera combinado a su antojo, dando más énfasis a unos y dejando otros totalmente de lado dando como resultado una película que indudablemente se parece a la obra original por contener los mismos ingredientes pero que tiene un sabor distinto. Y no puedo dejar de imaginarme lo indignada que se sentiría la respetable señora Lagerlöf con el desenlace, en que el destino que se le depara a Gösta Berling es en realidad el contrario que en el libro, alterando por completo la idea de la novela por otra mucho más convencional y adecuada a un final feliz clásico.

Pero, ¿saben qué? Ya me perdonará la señora Lagerlöf pero yo cuando veo una película valoro su calidad independientemente de la fidelidad respecto al material original. Entiendo perfectamente lo decepcionada que ella debió sentirse al ver cómo se perdía el significado y el tono de su obra en esta versión cinematográfica, pero el caso es que funciona a la maravilla. Se nota que lo que más atraía a Stiller del libro era la forma como combina momentos más espectaculares con dramas más íntimos, y que el elemento sobrenatural tan típico del estilo romántico de Lagerlöf aquí parecía interesarle mucho menos que en El Tesoro de Arne (1919). Y en ese sentido, la película es una maravilla, si bien la versión que podemos ver hoy día no incluye todo el metraje completo: inicialmente se estrenó en dos partes que duraban un total de cuatro horas, pero luego se remontaron a un solo filme con la mitad de minutaje. Con el tiempo se encontraron muchas de las escenas recortadas permitiéndonos disfrutar de una versión de algo más de 3 horas.

Pero aun así en un primer visionado la trama puede resultar algo liosa y compleja al incluir tantos personajes diferentes y faltar escenas provenientes del montaje de 4 horas, que permitirían asentar mejor cada subtrama y tener una visión más clara del universo que rodea a Gösta Berling. No obstante en un revisionado todo se entiende mejor y uno puede disfrutar de esta maravilla con mayor claridad.

Se suele recordar hoy día La Saga de Gösta Berling por incluir el primer papel importante de una por entonces desconocida Greta Garbo de la que hablaremos más adelante, pero siendo justos si hay alguien que merezca destacarse aquí es el actor protagonista, Lars Hanson. ¿Todavía no conocen a este extraordinario intérprete que podría ser perfectamente el mejor actor masculino de la era muda? Pónganle remedio, echen un vistazo a su increíble filmografía, quédense boquiabiertos al comprobar en cuántas grandes obras de la época aparece y seguidamente admiren lo grandísimo actor que era. Aquí Hanson ofrece una de sus actuaciones definitivas. El personaje de Gösta Berling ciertamente parecía escrito para él: ese reverendo caído en desgracia por su afición al alcohol, seductor y amigo de las juergas, que se debate continuamente entre dejarse llevar por una vida de placer o intentar una vez más redimirse.

Solo por la escena inicial Hanson merecería todas las alabanzas posibles por su trabajo en esta película: ese momento narrado en flashback en que vemos cómo intenta dar misa estando bajo el efecto del alcohol sabiendo que quizá es su último servicio religioso, durante el cual tiene un último momento de inspiración que le permite dar un discurso conmovedor que le reconcilia con toda la parroquia… hasta que naturalmente él mismo lo echa a perder al no sentirse conforme con la hipócrita aceptación de los presentes. Reconozco que siento debilidad por los personajes de sacerdotes con crisis de fe o venidos a menos, pero en este caso creo que Hanson está especialmente conmovedor transmitiéndonos esa batalla interna entre aferrarse aún a sus creencias religiosas o explotar y dejarse llevar por sus locuras (curiosamente la primera elección de Stiller no era Hanson sino Carl Brisson, pero por suerte para nosotros no estaba disponible y tuvo que «conformarse» con Hanson, que era quizá una elección demasiado obvia para Stiller).

También debemos hacer una mención especial a Gerda Lundequist, que interpreta uno de los personajes más importantes de la trama como es el de la comandanta. Lundequist era una célebre actriz teatral con una carrera muy breve y esporádica en el cine que aquí vino atraída sin duda por el prestigio del material original y del nombre de Stiller, y que pese a encarnar un personaje que no acapara mucho protagonismo en pantalla consigue que se note su fuerte personalidad y la importancia que tiene para el resto.

Pero en todo caso no nos olvidemos de Greta. Cabe decir que el estudio se mostró no sin cierta lógica totalmente en contra de utilizarla para el papel de Condesa Elizabeth. Después de todo Garbo era por entonces una principiante que estaba estudiando teatro y no tenía experiencia en el mundo del cine salvo algunos papeles como figurante. ¿Cómo darle a ella un personaje en la producción más cara y ambiciosa del cine sueco de la época? Si finalmente aceptaron a este descubrimiento de Stiller fue por dos motivos: por confiar en su instinto y porque su personaje tenía una presencia más secundaria en una trama que estaba sustentada mayormente en Hanson, el cual al ser una gran estrella ya les aseguraba el éxito en taquilla.

Esta primera experiencia en el cine en un papel importante fue bastante dura para una Greta Garbo de apenas 18 años. Stiller la había descubierto para cumplir una de sus ambiciones como cineasta: ejercer de Svengali cogiendo a una actriz totalmente inexperta para moldearla totalmente a su antojo haciendo de ella una gran intérprete. Él intuyó en Garbo un físico que podría funcionar en la gran pantalla y un potencial como actriz que podría dar sus frutos si se explotaba a conciencia, y decidió apostar por la joven principiante. Garbo se encontró en un entorno nuevo donde nadie creía en ella (todos la veían como un capricho de Stiller sin especial talento) y donde su protector la trataba con especial dureza para extraer de la inexperta actriz las expresiones que necesitaba para la película. Fue un curso avanzado de interpretación cinematográfica que la agotó física y mentalmente, pero en el cual aprendió muchísimo y estableció unos vínculos con Stiller que rozaban la absoluta dependencia. En Hollywood, donde nunca trabajó bajo las órdenes de Stiller pese a que era el deseo de ambos, Garbo todavía haría consultas al director sobre sus primeros papeles y no fue hasta que esos filmes la consagraron como actriz que comenzó a coger suficiente confianza y a desatarse (a la fuerza, todo sea dicho) de ese vínculo que había establecido con su descubridor en La Saga de Gösta Berling.

Y viéndola en este primer papel, aunque se nota que todavía no había adquirido la destreza que demostraría en tan solo unos años, lo que sí es innegable es que su presencia ya por entonces tenía algo especial. Hay actores que simplemente tienen algo que funciona especialmente bien en la cámara, y Garbo sin duda era uno de ellos, solo había que esperar a que perfeccionara su técnica como actriz. Es cierto que todavía no se percibe la profundidad dramática que nos ofrecería en películas posteriores y que aquí es difícil intuir la estrella que sería años después, pero se nota que Stiller hizo un muy buen trabajo captando su belleza tan especial ayudado por el soberbio director de fotografía Julius Jaenzon.

Pero si bien hoy día La Saga de Gösta Berling es en gran parte recordada por la presencia de una joven Garbo, realmente la película merece ser tenida en cuenta más bien por sus cualidades fílmicas y por ser una de las grandes obras del cine mudo escandinavo. Es una película que sabe alternar entre momentos íntimos de gran sensibilidad (donde Lars Hanson brilla con luz propia) con otros más espectaculares, como la emocionante persecución de los lobos a los protagonistas a bordo de un trineo o la célebre escena del incendio de Ekeby, que Stiller se sacó un poco de la manga para filmar una secuencia espectacular en la que el pobre Hanson acabó quejándose en vano al director de que temía peligrar su integridad física si seguía haciendo más tomas.

Curiosamente la película no causó una gran impresión en Suecia, pero sí en el extranjero, allanando el camino a Stiller como uno de los grandes directores del mundo, capaz de hacer películas tan espectaculares como prestigiosas. Es una pena que en realidad La Saga de Gösta Berling acabara siendo la última gran obra de su carrera, que se vino abajo justo después por una serie de circunstancias que darían para otro post, y que el filme represente tanto la culminación como el final de una apasionante filmografía y de la edad de oro del cine escandinavo.


Si desea leer otros artículos escritos por el Doctor Caligari o el Doctor Mabuse sobre Greta Garbo, eche un vistazo a los siguientes links:

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