Especial Greta Garbo (I): de Greta Gustafsson a Greta Garbo

Este post forma parte de un especial dedicado a Greta Garbo que incluye los siguientes artículos:


Estocolmo, 1920

La Sociedad Cooperativa de Consumidores de Estocolmo decide rodar un corto promocional mostrando varias de las opciones de ocio que ofrecía la capital sueca, una película aparentemente de escaso interés más allá de ese momento y lugar que acabaría pasando a la historia por un plano concreto. En una de sus escenas vemos a un grupo de jovencitas tomando el té en la terraza del Strand Hôtel entre las que se encontraba Greta Gustaffson, una jovencita de 15 años que por entonces trabajaba como dependienta en unos grandes almacenes.

Y por una de esas casualidades que jamás nos creeríamos si la encontráramos en una película de ficción, la cámara realiza una panorámica hasta mostrarnos el ocupante de la mesa de al lado, que era ni más ni menos que Lars Hanson, uno de los actores más populares de Suecia. En solo dos años, esa desconocida Gustaffson (que ya se habría cambiado de apellido por el de «Garbo») estaría protagonizando junto a Hanson La Saga de Gösta Berling (1924) dirigida por uno de los directores más importantes del país, Mauritz Stiller; y en seis años los dos actores estarían trabajando en Hollywood coincidiendo juntos en otros filmes. Pero en esa mañana de 1920 poco podía imaginar esa desconocida dependienta que en tan poco tiempo su destino tendría tanto en común con el del prestigioso ocupante de la mesa de al lado.


Aparte de ese corto en este vídeo pueden ver otros anuncios que realizó Garbo de adolescente antes de convertirse en actriz.

Nueva York, años 60

En los años 60 la ciudad de Nueva York ofrecía a sus habitantes todo tipo de variadas formas de entretenimiento, pero quizá una de las más peculiares consistía en «cazar» a Greta Garbo, que vivía desde hacía décadas ahí en un retiro semienclaustrado. Aunque desde hacía mucho tiempo no concedía entrevistas y evitaba apariciones en público, se sabía que la actriz era muy aficionada a dar largos paseos y a comprar en tiendas de antigüedades, de modo que era perfectamente factible encontrársela por la calle, si bien años de experiencia intentando preservar su intimidad la habían convertido en una profesional en el arte de pasar desapercibida entre el gentío de la gran ciudad.

Lo excitante de localizar a la Garbo en uno de sus paseos diarios no era tanto un tema de admiración hacia la actriz (muchos seguramente no habrían visto ni una película suya) como de fascinación hacia ese mito viviente: esa diva de los años 20 y 30 que fue durante un tiempo una de las estrellas más populares del mundo, que se retiró prematuramente a los 36 años y que desde entonces vivió en el más absoluto secreto; sin conceder entrevistas, evitando la atención pública, una figura misteriosa y legendaria de otro tiempo que en plenos años 60 se paseaba por Nueva York oculta tras unas gafas de sol como si fuera una persona más. ¡Qué fuera de lugar parecía esa diva sueca de la era muda e inicios del sonoro en el bullicioso Nueva York de los años 60!

El paraguas era para defenderse de los fotógrafos: en el momento en que detectaba uno lo abría para taparse y estropear la foto que le hicieran.

A veces algún neyorkino le comentaba a otro que la había visto, pero uno no podía estar seguro de si era cierto o si simplemente esa persona se quería marcar un tanto, como el típico niño que alardeaba de haber visto a Santa Claus o los Reyes Magos en su visita a su hogar. No había forma de probarlo, pues era de sobras conocido que la Garbo era muy celosa de su intimidad: no se dejaba fotografiar, no firmaba autógrafos y de hecho no le gustaba ser reconocida. Si uno la localizaba no podía más que admirarla desde la distancia, un trozo de leyenda viviente a unos metros de ti pero sin poder entrar en contacto con ella.

¿Qué sucedió entre estas dos imágenes, de esa adolescente sueca que apareció casualmente en un corto publicitario de la ciudad de Estocolmo tomando té con unas amigas a la legendaria diva que incluso décadas después de haberse retirado seguía generando expectación en sus paseos por la ciudad de Nueva York? ¿Cómo consiguió Greta Garbo crear ese mito a su alrededor? Amigos lectores, les damos la bienvenida a este especial dedicado a la etapa muda de una de las actrices más legendarias de la historia del cine, en que repasaremos algunas de sus películas e intentaremos desentrañar una pequeña parte del misterio que hay a su alrededor. Al igual que hicimos el año pasado con Harold Lloyd, este mes de Enero será el mes temático de Greta Garbo en su blog de cine mudo favorito.


Si desea leer otros artículos escritos por el Doctor Caligari o el Doctor Mabuse sobre Greta Garbo, eche un vistazo a los siguientes links:

3 comentarios en “Especial Greta Garbo (I): de Greta Gustafsson a Greta Garbo

  1. ¡Es verdad! ¡Lars Hanson en la mesa del final! Debo haber visto este clip unas cuantas veces antes y jamás me había fijado en este magnífico actor del cual me he hecho mis propios ciclos privados, por puro placer. Tanto tratar de escudriñar la Garbo y no fijarme en ninguno de los caballeros que aparecen en esa escena menudo desastre como detectective soy! Gracias por empezar este ciclo Garbo, que seguiré con avidez.

    • Si sirve de consuelo, las probabilidades de que los dos coincidieran en el mismo clip cuando ni se conocían eran tan ínfimas que supongo que es algo que uno descarta de entrada… pero sí, un fan del señor Hanson debería haberle reconocido, en penitencia véase alguna película suya este mes.
      Espero que les guste este pequeño ciclo y sirva para reivindicar un poco más a esta gran actriz.
      Un saludo.

  2. ¡Jajaja! Ahora leo la respuesta… !Muy justa penitencia! En descargo de mi doble pecado, puedo garantizar que he revisitado dos tótulos donde aparece este extraordinario actor (La letra escarlata y El delator), antes de tomar nota de tan suave castigo. Seguiré el ciclo con alegre avidez. Feliz jueves, Herr Doktor 🙂

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