Todo menos Georgia: Chaplin y los rótulos de La Quimera del Oro (1925)

Hay muchos motivos por los cuales Charles Chaplin es uno de los más grandes directores de la historia, pero creo que uno de los principales es su elegancia, el conseguir que recursos o ideas que le llevaron días o incluso semanas de trabajo hasta refinarlas parezcan sencillas e incluso engañosamente obvias en la pantalla (recordemos cómo necesitó semanas para pensar en la mejor forma de hacer que el vagabundo y la florista de Luces de la Ciudad se conocieran, un momento que en la película se resuelve tan limpiamente que apenas le damos importancia). Chaplin es el gran padre de todos esos cineastas que abogaban por un estilo de realización invisible, que no se notara que había un artista detrás de la película, la antitesis del exhibicionismo. Hoy se me ha ocurrido reflejar eso simplemente con un pequeño detalle de una de sus grandes obras: La Quimera del Oro (The Gold Rush, 1925) y la forma como utilizó los rótulos para presentar al personaje de Georgia.

De entrada hay que recordar que durante un periodo de la era muda era una práctica frecuente añadir dibujos en los rótulos de las películas de cierto nivel, como una forma de embellecerlas más. El dibujo tenía que encajar con lo que explicaba el rótulo y el tono de la escena. Alguien a quien le gustaba mucho usar este recurso era Harold Lloyd:

Chaplin tenía un estilo mucho más minimalista para estas cosas, pero en La Quimera del Oro utilizó esta idea de forma brillante para introducirnos al personaje de Georgia. Los rótulos pueden verse como una molestia, un mal necesario de la era muda para compensar la ausencia de diálogos sonoros… o, por el contrario, pueden emplearse como un recurso expresivo muy útil. Por ejemplo, pueden aportarnos información sobre un personaje antes incluso de conocerlo como si viniera de un narrador omnisciente de una novela. En este caso Chaplin quería introducirnos a la chica de la película en su primera aparición, pero en lugar de simplemente revelarnos su nombre con un rótulo hizo un pequeño añadido elegante, sencillo y muy bonito:

Fijémonos cómo, antes de ver a Georgia, Chaplin ya nos está dando a entender el papel que tendrá en la trama y nos está ya condicionando con qué ojos hemos de verla. No nos ha dicho nada explícito sobre ella ni nos ha adelantado tampoco ningún detalle sobre su carácter (eso lo veremos conforme avance la historia), pero al poner su nombre junto a una flor entendemos que es «la chica» y que, independientemente de cómo se porte en adelante (y, si han visto la película, sabrán que no siempre se porta muy bien con Charlot), se nos condiciona a que la veamos con ojos bondadosos. He aquí Georgia en su esplendor después del rótulo:

Ahora demos un salto al final de la película. Sabemos que Georgia se ha peleado con el hombre con el que se codeaba y se ha sentido culpable por la forma como trató al pobre vagabundo. Pero desde que Charlot y su compinche han vuelto a buscar el oro no hemos vuelto a saber nada de ella. Charlot, ahora convertido en un hombre rico y famoso, habla orgulloso con la prensa sobre cómo logró dar con el oro, pero su felicidad no es completa. Para explicarnos su malestar, le vemos acariciando una foto de Georgia seguida de un rótulo que me parece precioso por decir tanto con solo tres palabras: «Todo menos Georgia». Tiene todo lo que el dinero puede comprar, pero no lo que realmente quiere:

¿Qué le ha sucedido a Georgia? Se nos podría haber mostrado con imágenes lo que le ha pasado en todo este tiempo u ofrecernos un rótulo que nos lo explicara. Pero mirad cómo la introduce Chaplin en la escena final en el barco, antes de que se reencuentre con el vagabundo:

Es una idea bri-llan-te por muchos motivos. Porque nos da a entender lo que necesitamos saber con solo una imagen (no hace falta explicar nada en detalles, tampoco nos importa, solo queremos que se reconcilie con el vagabundo) y porque reaprovecha la misma metáfora que se usó antes pero dándole un significado adicional. Sigue siendo una flor, pero ahora está marchita. Esta es ahora Georgia:

Esa imagen y el hecho de verla en un barco marchándose de Alaska nos ha dicho todo lo que necesitamos saber. Es un ejemplo perfecto del estilo de Chaplin. Es un recurso que cuando lo vemos aplicado en la película nos parece bonito pero no le damos tanta importancia. Parece engañosamente sencillo, una simple idea ocurrente. Pero la grandeza de Chaplin está en hacer parecer las cosas más sencillas de lo que realmente son, el encontrar para sus problemas narrativos o de puesta en escena soluciones que fluyen a la perfección, que no son tan brillantes como para que llamen tanto la atención que distraigan sobre la historia. Y en este caso además sirviéndose de un recurso (añadir dibujos a los rótulos) que él no solía utilizar muy a menudo pero que aquí hizo suyo… a su manera. No de una forma más «exhibicionista» como la de Harold Lloyd (no lo digo en sentido negativo, Lloyd y sus guionistas eran brillantes con sus rótulos de dibujos y a mí me encantan) sino aplicado a su estilo y su forma de entender el cine. A veces la genialidad está en estos pequeños detalles que, sin que nos demos cuenta, engrandecen la película, y en este aspecto Chaplin era un maestro.

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